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Charly y su mujer no tuvieron problema alguno para inscribir a sus dos menores en una de las mejores escuelas públicas que hay no sólo en Tampico, sino en toda la conurbación: situada en la zona de esta ciudad que antaño se conocía como “ruta colonias”, a cinco minutos del centro y distante apenas dos o tres cuadras de la avenida Hidalgo, el plantel no está sobre-poblado, pero es una primaria de las que aportan los mejores resultados en las pruebas de medición del aprovechamiento escolar y en las llamadas “olimpiadas del conocimiento”. El ciclo escolar ya estaba muy avanzado (si acaso faltaban 2 meses y medio para su conclusión), pero a la familia, de origen venezolano, no le negaron en absoluto el ingreso del par de estudiantes. “Se puede decir que es como si estuvieran en un colegio de mi país: les enseñan cosas que allá para nada aprenden en una escuela pública, y las instalaciones son excelentes, tienen muy buena calidad educativa”, expresa el pater-familia, al compartir su testimonio con el autor de MÉXICO BRAVO.

La empresa donde trabaja desde hace apenas un año, de capital tamaulipeco, decidió apoyarlo para que se trajera a los integrantes de todo su núcleo familiar, y ahora viven aquí mucho mejor que en la complicada, económicamente restringida, racionada y cada vez más incierta Venezuela. Y sí: a sus patrones, el conocimiento y desempeño laboral que les aporta, sus habilidades todas, que cualquier profesional de esta zona podría estar fácilmente ejerciendo, los tienen bastante a gusto.

A la inversa: José y su esposa, nativos de Tampico y quienes llevan años trabajando en puestos gerenciales para una naviera trasnacional, fueron promovidos para su traslado a un país de centroamérica, cerca del canal de Panamá, desde que inició el sexenio peñanietista (por dar sólo alguna referencia cronológica). Por vivienda amueblada y escuela particular para sus dos parejitas de niñas y niños, el corporativo no reparó en apoyos. Aunque se mudaron un verano, para esperar a que los pequeños concluyeran sus estudios en Tampico, tuvieron que esperar hasta enero del año siguiente para que sus hijos pudieran iniciar un muy distinto ciclo escolar, y aún así mantuvieron su buen nivel académico. Y allá está haciendo su vida toda la familia. Él dice que, ciertamente, adaptarse a esa otra cultura parecería fácil, pero no todo son similitudes, empezando por los hábitos alimenticios: allá se come tortilla, pero no abundan las tortillerías, y el chile no forma parte de la dieta básica. Lo más diferente, señala, es la cultura laboral en general: a pesar de la dura auto-crítica, en México somos mucho más trabajadores y responsables que en aquella nación, donde incluso existe, en los centros laborales, una xenobia al revés de la que padecen muchos connacionales nuestros no sólo en el extranjero, sino dentro de empresas asentadas en territorio mexicano. Ahí, en el país centroamericano donde reside la familia tampiqueña, es la clase obrera la que ya está pre-dispuesta y a la defensiva ante algún superior de procedencia extranjera. Pero esa joven pareja de profesionales mexicanos ha sabido lidiar muy bien, y de forma pacífica, con tal situación: al fin de sangre mexicana, son cálidos y amables con los de otras nacionalidades dentro o fuera de su propio país.

La joven madre de familia protagonista de este tercer y distinto caso habita una de las zonas residenciales más exclusivas del sur de Tamaulipas: al desarrollo inmobiliario sólo se puede acceder después de que uno se reporta ante el vigilante de la caseta que hay en el único arco de acceso a ese lugar, circundado, todo, por una barda de entre 4 y 5 metros de altura. El mayor de sus hijos concluyó su educación primaria el año pasado, y decidieron, entre ella y él, que estudiaría el siguiente nivel en la secundaria más cercana a su domicilio, una escuela que no solamente es pública, sino además del tipo técnico. Y ahí hizo ya el primer grado sin mayor problema, por el contrario: con muy buenas calificaciones, con todo y que también sigue tomando las clases particulares de violín en las que lo inscribió su mamá cuando apenas iba en primaria. Su hermano, el de enmedio, había estado haciendo toda la instrucción básica en un prestigiado colegio, pero como empezó a padecer asedio dentro de su salón, al pasar a quinto grado la materfamilia optó por cambiarlo a otra escuela igual de buena, aunque más cerca de su casa y, en este caso, del sector público. El sábado pasado estuvo ella en la ceremonia de fin de cursos del tercero y más pequeño integrante de su familia, que terminó el preescolar en un kínder de paga. Irá a primero en el colegio al que acudía su hermanito, porque a la mamá le gustan los métodos de enseñanza y, principalmente, la muy estricta seguridad que hay en esa institución.

Nallely vivió casi toda su infancia, la adolescencia y buena parte de su juventud en Acapulco, Guerrero. Hasta hace relativamente poco, cuando se casó y debió mudarse al estado de México, en el que ahora es madre de familia y ama de casa. Ella, joven aún y con una pequeñita a la que en un par de años deberá llevar ya a la primaria, acaba de concluir su instrucción básica. Mediante el sistema de educación para los adultos es que lo logró, y verdaderamente feliz lo compartió a sus amigos en una red social. De espíritu noble y más bien pacífica, afable, gentil, Nallely ha expresado, por ese mismo medio, su apoyo a la causa del magisterio que se opone a la aplicación de la reforma educativa (y los cambios en la relación obrero-patronal que a ellos y al sistema educativo les representa), así como apoya también al activismo de otras organizaciones sociales y civiles que, vía redes, han estado manifestándose en contra del gobierno. Nallely no está a favor de la violencia. Nallely tampoco apoya la opresión de los trabajadores, sean estos del sector magisterial, de alguna otra dependencia o de la iniciativa privada. Ella jamás ha sido burócrata. En Acapulco llegó a vender artesanías, pero también a colaborar en un programa de televisión. Padeció la pobreza , y en su etapa más dura siendo ya una mujer adulta, cuando era el único sostén de un hogar que conformaban ella y una señora de muy avanzada edad. Nallely podrá no entender mucho de política, y con seguridad ni le interesa, pero sabe perfectamente una cosa, porque estuvo en el centro del problema y fue de los millones de afectados por esa situación que hay en todo México: el doble mal, pobreza extrema-falta de acceso a la educación, que en este momento tiene enfurecida a más de la mitad de nuestro país, son la más triste realidad en esa buena parte del territorio nacional que son estados como Guerrero, Oaxaca, Chiapas, y Veracruz, además de Michoacán y otras entidades del sur, centro y norte de la república mexicana. Un doble mal, pobreza extrema-falta de acceso a la educación, que inevitable y fácilmente se ha convertido también en la causa enarbolada por cualquier clase de grupo, organización o partido, con motivaciones y propósitos cualesquiera.

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Opinión

Chiquita y al pie, de Peña Nieto a Sheinbaum

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Más allá de que en estados como Tamaulipas, hay un antes y un después en materia de seguridad. Los mexicanos, y más los amantes del futbol, pero, en general, el país entero le debe un golazo al expresidente Enrique Peña Nieto.

Para los que no le saben a los deportes, y mucho menos al futcho, hay una regla no escrita que solo los conocedores y las grandes aficiones respetan: Los goles se gritan con toda la fuerza y energía, pero también se recuerdan para siempre.

Aquí no importa si quien los anotó ya no viste la camiseta, si salió del club por la puerta de atrás o si parte de la tribuna decidió convertirlo en villano; nada de eso es considerado. Cuando una jugada termina con el balón al fondo de la red y cambia el rumbo del juego, pero, además, marca la historia del club, el nombre de ese futbolista jamás se borra.

En México se experimentará lo que ninguna otra nación ha conseguido.

El 11 de junio, cuando el silbatazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 marque el arranque de la máxima fiesta del fútbol, nuestro país será el primero en albergar tres Copas del Mundo. ¡Dios bendito, santo, glorioso y poderoso…! ¡Viva México!

Es imposible que las emociones no invadan al individuo. Este momento marca una época, y lo estás viviendo; eres testigo de algo que no sabemos cuándo será, ni quién será el siguiente país que pueda decir lo mismo que los mexicanos. Tres veces, tres, ¡ptm!

Pero, hablemos con honestidad intelectual, sin filias partidistas y sin las pasiones que suelen contaminar cualquier análisis; hay un nombre que no puede quedarse en la banca de la historia: Enrique Peña Nieto.

Hace ocho años, el 13 de junio de 2018, cuando faltaban apenas unos días para que concluyera su sexenio y cuando la atención nacional estaba puesta en la contienda presidencial, el entonces mandatario anunció una noticia que terminaría cambiando la posición de México en el mapa deportivo mundial.

A las 07:09 horas comunicó que la FIFA había elegido la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para organizar el Mundial de 2026.

Aquella mañana no se ganó una elección.

Se ganó una sede.

Y en términos futbolísticos, conseguir una Copa del Mundo equivale a ganar la final más complicada que existe fuera de la cancha.

La candidatura norteamericana compitió, negoció, convenció y terminó levantando el trofeo antes de que se disputara el primer partido, y sí, fue gracias a su gabinete, a él, a su visión primer mundista.

Usted acaba de aprender que las sedes mundialistas no se sortean. Se conquistan. Se trabaja durante años. Se construyen con relaciones diplomáticas, infraestructura, credibilidad internacional y capacidad logística.

La FIFA no entrega la organización de su torneo más importante a países improvisados.

La pone en manos de quienes considera capaces de recibir a millones de visitantes, garantizar seguridad, mover economías enteras y proyectar una imagen de estabilidad ante el planeta.

Por eso, cuando Peña Nieto afirmó que la decisión representaba un reconocimiento y un voto de confianza para México, no estaba pronunciando una frase protocolaria.

Estaba describiendo exactamente lo que había ocurrido y lo que él dejaba como legado. México aquel año marcó un gol de media cancha ante el mundo, o fue algo así como ese remate que va al fondo de la red en el último segundo para el campeonato.

Hoy todos los celebran.

Ahora, cuando las cámaras internacionales enfoquen el Estadio Azteca, cuando los narradores recuerden que ningún otro país ha organizado tres mundiales y cuando los aficionados extranjeros recorran nuestras ciudades, estarán observando el resultado de una candidatura obtenida durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

En la actualidad, su figura sigue dividiendo opiniones, ah sí, pero, cuando la FIFA buscó sede para 2026, México estaba en la alineación titular.

Cuando se negoció la candidatura, Peña Nieto ocupaba la dirección técnica del país.

Y si, quizá el expresidente nunca levante la Copa.

Quizá nunca aparezca en los homenajes oficiales.

Quizá ni siquiera sea mencionado durante las ceremonias que veremos esta semana.

Pero eso no cambia el resultado.

Cuando México entre al terreno de juego para inaugurar su tercer Mundial, él ya lo había anunciado desde hace ocho años, y esto lleva la firma de Enrique Peña Nieto.

Ah, por cierto… Fue el mismo Peña Nieto quien impulsó el regreso de la Fórmula Uno a la Ciudad de México en 2015, después de veintitrés años de ausencia, pero, esa es otra historia.

¿ya entendiste su ausencia?

En la intimidad… Mientras el planeta entero se acomoda frente al televisor para seguir la Copa Mundial de 2026, Tampico decidió mirar también hacia sus propias vitrinas.

Porque antes de los estadios llenos, de los patrocinadores multimillonarios y de las figuras internacionales, el fútbol se construye con memoria.

Por ello, la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya anunció la exposición “Más de un Siglo de Fútbol en Tampico”, una muestra que promete convertirse en una auténtica cápsula del tiempo para quienes crecieron escuchando historias de la Jaiba Brava, de los viejos campeonatos y de los héroes locales que hicieron rodar el balón en esta región.

Más de cien jerseys, trofeos, fotografías y objetos históricos permitirán recorrer la evolución de un deporte que durante más de un siglo ha sido parte del ADN tampiqueño.

La exposición estará abierta del 23 de junio al 10 de agosto en Expo Tampico.

Entrada libre.
Porque los mundiales duran unas semanas.
Los campeonatos algunos años.

Pero las pasiones que nacen alrededor de una pelota pueden sobrevivir generaciones enteras.

davicastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La UAT metió en problemas a Dámaso y al gobernador

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—¿Qué pasaría si nunca muero y no tuviera la oportunidad de volver a nacer de nuevo? Ese es el verso o cuestionamiento principal de la famosa canción «Amores perros», interpretada por Control Machete y Ely Guerra.

¿Cuántas veces? —continúa la interrogante.

Y quizá esta canción del año 2000 debería estar en la playlist de la comunidad universitaria de la UAT.

¿Qué pasa cuando una universidad logra que sus estudiantes conozcan el mundo? —No, tonto, esto ya no es la canción.

Cuando el universitario viaja, la sensación no siempre es la óptima; a veces, solo una coincidencia provoca un viaje exponencial, pero nunca se sabe; la realidad es que, cuando un joven sale de su ciudad, de su estado o de su país, regresa distinto. Regresa con nuevas referencias, nuevas comparaciones y nuevas exigencias. Descubre que existen otras formas de enseñar, de investigar, de emprender y hasta de gobernar. Y una vez que eso ocurre, difícilmente vuelve a conformarse con lo que antes consideraba normal.

En este caso, la rectoría del MVZ Dámaso Anaya Alvarado, la administración del presidente municipal de su municipio —me refiero al de los estudiantes viajeros— y el rumbo de Tamaulipas en manos del gobernador Américo Villarreal Guerra, son y serán juzgados.

Sí, la Universidad Autónoma de Tamaulipas pasó de registrar alrededor de 80 estudiantes en programas de movilidad académica a más de 600 jóvenes participando en intercambios, estancias de investigación y experiencias formativas fuera de sus campus.

Tamaulipas poco a poco giró de la inseguridad, la migración, las crisis económicas o la falta de oportunidades a la oportunidad de que cientos de universitarios estén cruzando fronteras académicas; eso sin duda alguna es un cambio de fondo. Quizá uno de los más importantes.

El rector Dámaso Anaya Alvarado y todo su equipo tienen toda la razón al destacar este crecimiento. La movilidad académica amplía horizontes, fortalece competencias y acerca a los estudiantes a realidades que difícilmente podrían conocer desde una sola aula. Negarlo sería absurdo.

Ah, pero eso sí, los jóvenes que participan en programas de investigación, intercambios internacionales o experiencias como el Disney Cultural Exchange Program no vuelven únicamente con fotografías y certificados. Regresan con expectativas distintas sobre el mercado laboral, la innovación, la competitividad y las oportunidades profesionales, y ese es uno de los grandes desafíos para el Estado.

Definitivamente, la movilidad académica es una extraordinaria herramienta de desarrollo regional. Pero también puede transformarse en una fábrica involuntaria de talento para otros estados y otros países si no existen condiciones suficientes para retener a quienes regresan.

Así que a trabajar se ha dicho, al doble, y a pensar en grande, Tamaulipas, ya basta de pensar en chiquito, porque los más de 42 mil estudiantes matriculados no son prestados para las estadísticas.

En la intimidad…  Esta semana, la Federación reconoció la estrategia «Cero Rechazo» impulsada por la Secretaría de Salud de Tamaulipas para la atención de mujeres con cáncer de mama y cáncer cervicouterino. El reconocimiento provino de Ricardo García Gaeta, director del Programa Cáncer de la Mujer del Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva, una voz con autoridad técnica para evaluar resultados más allá de discursos políticos.

Detrás de ese reconocimiento existe una realidad que merece destacarse.

El cáncer de mama y el cáncer cervicouterino continúan siendo dos de las principales amenazas para la salud de las mujeres mexicanas. Frente a ello, la administración estatal decidió apostar por una lógica sencilla, pero profundamente humana: ninguna paciente debería quedar sin atención por cuestiones administrativas.

La titular de la Secretaría de Salud, Adriana Marcela Hernández Campos, ha insistido en que la coordinación entre instituciones debe estar por encima de las diferencias burocráticas. No parece una postura menor cuando se habla de enfermedades donde el tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las más de 79 mil acciones preventivas registradas durante 2025 muestran que la estrategia no se ha quedado en el discurso. Mastografías, pruebas de VPH, citologías y exploraciones clínicas representan miles de oportunidades para detectar a tiempo una enfermedad que sigue cobrando vidas todos los días.

Los resultados todavía deberán medirse a largo plazo. Así ocurre con cualquier política pública seria. Pero cuando la Federación reconoce un modelo estatal y cuando diversas instituciones de salud se sientan en la misma mesa para coordinar esfuerzos, vale la pena señalarlo.

En una época donde abundan los anuncios espectaculares, la doctora Adriana Hernández Campos parece haber optado por una ruta menos vistosa, pero más importante: fortalecer los mecanismos que permiten que una mujer reciba atención cuando más la necesita.

Y en materia de salud pública, pocas cosas tienen mayor valor que eso.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Libertad de expresión en tiempos de IA

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Cada 7 de junio, México conmemora el Día de la Libertad de Expresión, una fecha
establecida en 1951 con el propósito de reconocer la importancia de una prensa
libre en la vida democrática del país. Más de siete décadas después, la efeméride
sigue vigente, aunque las preguntas que plantea han cambiado. Ya no se trata
únicamente de defender el derecho a informar y opinar sin censura; también es
momento de reflexionar sobre cómo se ejerce el periodismo en una época
marcada por la inteligencia artificial, las redes sociales y las nuevas formas de
consumir información.
Durante gran parte del siglo XX, el periodismo fue el principal intermediario entre
los hechos y la sociedad. Hoy, ese papel se comparte con algoritmos, plataformas
digitales y creadores de contenido que informan desde TikTok, YouTube o
Instagram. En este escenario, la libertad de expresión enfrenta nuevos desafíos: la
velocidad de la información, la desinformación y la dificultad para distinguir entre
contenidos verificados y aquellos generados artificialmente.
La irrupción de la inteligencia artificial ha intensificado este debate. Para algunos,
representa una amenaza para el ejercicio periodístico debido a su capacidad para
producir textos, imágenes y videos en cuestión de segundos. Para otros,
constituye una herramienta capaz de fortalecer el trabajo de investigación,
automatizar tareas rutinarias y facilitar el análisis de grandes volúmenes de datos.
La realidad es que la IA no sustituye el criterio periodístico; más bien, obliga a
redefinirlo.
La función esencial del periodismo continúa siendo la misma: verificar,
contextualizar y explicar los hechos. Ningún algoritmo puede reemplazar por
completo la responsabilidad ética que implica contrastar fuentes, comprender
contextos y asumir las consecuencias de la información publicada. Sin embargo,
ignorar el potencial de la inteligencia artificial sería tan contraproducente como
rechazar internet a finales de los años noventa. El desafío consiste en aprender a
utilizar estas herramientas sin renunciar a los principios fundamentales de la
profesión.
Esta transformación tecnológica también coincide con un cambio generacional.
Las audiencias más jóvenes consumen información de maneras muy distintas a
las de generaciones anteriores. Investigaciones recientes del Reuters Institute
muestran que los jóvenes recurren cada vez más a plataformas de video, redes
sociales y creadores digitales para informarse. Esto ha provocado que las
narrativas tradicionales compitan con formatos más breves, visuales e interactivos.

Un ejemplo de esta nueva cultura digital puede observarse en el fenómeno de
Backrooms. Lo que comenzó como una leyenda urbana nacida en internet terminó
convirtiéndose en una producción cinematográfica impulsada por Kane Parsons,
un creador que inició su trayectoria en YouTube. Estudios académicos identifican
el atractivo de Backrooms en elementos como la nostalgia digital, los videojuegos
y la construcción colectiva de historias en línea. Más recientemente, producciones
como Backrooms y Obsession han demostrado que las narrativas creadas por
jóvenes en plataformas digitales pueden competir con éxito en la industria
audiovisual tradicional.
Lejos de ser una curiosidad cultural, estos casos muestran que la Generación Z no
solo consume contenidos de manera diferente, sino que también produce nuevas
formas de narrar la realidad. El periodismo tiene la oportunidad de aprender de
estos formatos sin sacrificar el rigor informativo. Adaptar el lenguaje no significa
renunciar a la verificación; innovar en la narrativa no implica abandonar la
búsqueda de la verdad.
En esta época no se trata de hablar de libertad de expresión solo como una
conquista democrática, sino también desde el cuestionamiento del futuro, entender
que los contenidos ahora pueden surgir en segundos y van de la mano con
propuestas innovadoras de nuevas generaciones para comunicar, en medio de
este panorama es innegable también un cambio en el ámbito periodístico. La
libertad de expresión seguirá siendo un derecho fundamental, pero su defensa
dependerá cada vez más de la capacidad de periodistas y ciudadanos para
ejercerla con responsabilidad, pensamiento crítico y compromiso con los hechos.

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Opinión

Entre la gira y el misterio

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Hay políticos que salen corriendo cuando aparece una crisis mediática. Hay otros que se esconden detrás de un comunicado. También existe el títere o fachada, que pareciera que es el mandatario, pero es un sometido y, para tomar decisiones, le pide permiso a uno y otro. La lista pudiera ser interminable, pero, entre todos estos y más, se encuentra el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya.

Mientras medio México discute una publicación del diario Los Angeles Times, él sigue inaugurando en sus andadas, echándole ojo a los programas sociales, hablando de hospitales, carreteras, becas y bienestar como si nada estuviera ocurriendo.

Y eso está chido. Suceda lo que suceda en esta extensa campaña venida del norte, el gobernador de Tamaulipas debe seguir su ruta, su agenda pública, porque del otro lado de la frontera todavía intentan descifrar exactamente cuál es su papel dentro de la narrativa construida por el periódico norteamericano.

De hecho, el propio periodista Steve Fisher, autor de la investigación, reconoció en una entrevista televisiva que aún no le queda claro si Américo Villarreal está colaborando con autoridades estadounidenses en alguna investigación o si forma parte de las personas sujetas a revisión. Un pequeño detalle para la mesa de redacción; algo así como: los que lanzaron la bomba no saben pa’ dónde la aventaron.

Pero, bien… allí tienen a Morena con una probadita de su propio chocolate del “bienestar” que durante años recetó con singular alegría. Vean al exgobernador Cabeza de Vaca; por eso se fue más cachetón de como llegó al poder. Sí o acaso ya se les olvidó; en el obradorismo vimos desfilar expedientes mediáticos, filtraciones, investigaciones periodísticas y acusaciones públicas que muchas veces eran suficientes para instalar una sentencia política antes de que existiera una sentencia judicial. ¡Pinchi AMLO!

Mientras tanto, Américo sigue recorriendo Tamaulipas hablando de resultados. Presume más de 24 mil millones de pesos anuales en programas de bienestar, más de 800 mil beneficiarios, hospitales en construcción, infraestructura carretera, modernización aduanera y una mejora en las finanzas estatales reconocida por organismos evaluadores.

También presume una administración que, según sus números, ha logrado reducir costos administrativos, fortalecer la recaudación y disminuir la presión de la deuda pública.

Así va Américo, muy a su estilo, pero, consciente de que, digan lo que digan en EEUU, los periodistas mexicanos y tamaulipecos, incluso, lo que piensen en su casa no vale nada, y será el tiempo el que marcará la pauta, el ritmo y validará lo que venga. Así que dos años del triunfo de la presidenta Claudia Sheinbaum y con el respaldo que ha brindado a Tamaulipas, los resultados ahí están; bajo los principios de un gobierno humanista y con el manejo honesto de los recursos, dice AVA: “Se avanza desde el punto de vista social, de equidad, de justicia distributiva y de oportunidades más justas para todos y todas”, expresó el gobernador, durante el programa «Diálogos con Américo».

En la intimidad… La Universidad Autónoma de Tamaulipas, bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, puso en marcha un curso-taller de Economía Circular para el Desarrollo Sostenible que involucra a docentes, investigadores, estudiantes, personal administrativo y dependencias gubernamentales de todo el estado.

Puede parecer un tema técnico, pero no lo es.

Hablar de economía circular es hablar de cómo producir más desperdiciando menos. De cómo reutilizar recursos. De cómo enfrentar los desafíos ambientales que ya están tocando la puerta de Tamaulipas a través de sequías, estrés hídrico y cambios climáticos cada vez más evidentes.

La apuesta universitaria contempla capacitación durante siete semanas, proyectos aplicables a espacios universitarios y una mirada hacia la transición energética que inevitablemente marcará las próximas décadas.

A veces la política se consume en el escándalo del día.

La academia, en cambio, suele trabajar para resolver los problemas de los próximos veinte años.

Y esa diferencia, aunque no siempre genere encabezados, también merece ser contada.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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