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¿Imperio Presidencial o Presidencialismo Imperioso?

La presidencia imperial fue el nombre con que un renombrado historiador contemporáneo de nuestro país definió a esa suerte de monarquía casi-perfecta compuesta por una misma casta de políticos, burócratas, generales, «hijos de papá» (hoy diríamos «mirreyes») y toda clase de personajes ligados directamente al sistema gubernamental, al poder en nuestro país, y al gobierno mismo, al compararlo con un reinado en el que sencillamente el trono se le va dejando como herencia al más próximo en la línea sucesoria.  Frase que, acuñada por la época en que padecíamos los últimos lustros de un muy prolongado primer período del priísmo,  aludía simultáneamente a esa calidad de «intocables» que, en términos de crítica, tenían todos los mandatarios nacionales, a quienes sólo les hacía falta la hilera de condecoraciones junto a la solapa del saco para completarles el aire de déspotas, más que caudillos, que adquirían apenas les era impuesta la banda presidencial.  El nombre mismo del que por mucho tiempo fue edificio sede del gobierno al tiempo que residencia oficial, es decir: el Palacio Nacional, les daba ya de por sí las condiciones para sentirse con el derecho a ser queridos cual si hubieran sido semi-dioses, y tratados a cuerpo de rey en el sitio donde se plantaran.  Situación que, vale decirlo, parece haber degenerado en una tendencia totalmente opuesta en nuestros días, acaso por ese nuevo despertar cívico del mundo merced al ruido de «las redes sociales».  Y la presidencia imperial aquella, que se fue finalmente por el voto democrático de los mexicanos en el que ya parece muy lejano año 2000, volvió por sus fueros y a través de la misma vía en el ciclo verano-otoño 2012: el grupo político Atlacomulco, que tantos presidenciables aportó al acervo burocrático nacional, empezó a incubar la nueva dinastía desde la segunda mitad del pasado decenio.  Así fue como resurgieron esa imaginaria figura y la del dinosaurio, el «alter ego» monstruoso de tan singular sistema político.

Ahora bien: en la actualidad, cuando tal reedición de la presidencia imperial se ha desgastado al punto de exterminio como en una especie de acto kamikaze de la política, más que por los errores cometidos, la falta de sentido social en aspectos como el costo de los energéticos para el consumidor, y el empecinamiento en la aplicación de reformas legales que no cuentan con una clara aceptación, ya no digamos el respaldo, de la mayor parte de los mexicanos, se logra avistar, en el horizonte electoral y desde hace ya un buen tiempo, un par de variantes de esa forma de gobierno, como posibilidad real propuesta por dos corrientes ideológicas diametralmente opuestas: derecha e izquierda.  Una de tales variedades de la presidencia imperial vendría siendo exactamente su opuesto: el imperio presidencial.  Imperio preideencial, por aquello de que una familia llegada al poder se crea con el privilegio divino de perpetuarse (como si fuera un reclamo noble de la realeza), pero desde la presidencia, cual es el caso de esa especie de familia peluche venida a más de apellidos Calderón Zavala.  Efectivamente, y como no ocurrió jamás en el siglo pasado ni los anteriores, o nunca en la  historia de nuestra patria (para acabar pronto), se propone que sea la esposa de un expresidente mexicano: doña Margarita Zavala, ni más ni menos, quien contienda para suceder al actual mandatario nacional.  Lo más cercano que se había estado en México de tener a una ex «primera dama» como abanderada a la presidencia fue, paradójica pero también curiosamente, durante el mandato del primer presidente que llegó a tal cargo bajo una bandera opositora, en lo que ha sido la histórica transición a la alternancia que encarnó Vicente Fox Quesada.  Martha Sahagún, quien había sido vocera suya desde sus tiempos como gobernador de Guanajuato, empezó a hacerse ver y escuchar, hasta el punto de sonar como sucesora, desde el momento mismo en que se convirtió en la señora de Fox, al casarse con el presidente en pleno sexenio.  Fue precisamente lo prematuro de su lanzamiento como presidenciable el factor que dio al traste con sus aspiraciones, si acaso las tuvo, ante el embate inmisericorde de analistas, la prensa y el resto de los medios masivos de difusión.

El otro nuevo tipo de presidencia imperial que llega como propuesta hasta nuestros días es esa clase de presidencialismo imperioso propuesto por la persona de Andrés Manuel López Obrador, quien está por empatar a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en el número de veces que consecutivamente se ha postulado para presidente de México.  La palabra «presidencialismo» es un traje que le viene muy a la medida y que luciría gustoso el tabasqueño, si se tiene en cuenta el significado de tal término, que se refiere a una cultura ya erradicada, pero que estuvo no sólo arraigada en el sistema político nacional durante todas las décadas anteriores a la derrota del PRI en aquella elección presidencial del 2000, sino incluso aceptada dentro de la sociedad mexicana a lo largo de todo ese tiempo al que el peruano Vargas Llosa bautizó como «dictadura perfecta».  La práctica, como uso y costumbre tradicional, de rendir pleitesía, respetar al máximo y casi ni tocar en el sentido crítico a la figura del presidente, ni desde una primera plana, ni desde el seno del hogar, ni en la calle, so pena de ser arrestado, si no es que hasta desaparecido, era común entonces, en esa era del «presidencialismo», para el que sólo se valía, como comentarios hechos en público, las alabanzas, la idolatría y aplausos.  Vítores y porras al pisar las plazas públicas, abrazos, besos y apapachos, eran, por decir lo menos, una exigencia sobre-entendida, pero, ¡ay de aquél o aquélla que se atrevieran ya no digamos a hablar mal, sino a decir en un acto oficial o a través de algún medio que el presidente en turno no había hecho tal o cual cosa bien…! Le llegaba una investigación segura por parte de los órganos de seguridad, o mínimo una auditoría hacendaria.  Y cuando uno, hoy en día, opina en contra de don Peje por redes sociales, o enfrente de alguien que sea su simpatizante, por más sana y respetuosa que sea dicha opinión, si es contraria a los intereses del señor AMLO, ¿qué es lo que ocurre, por lo regular?  Pues nada: el arrebato imperioso, impetuoso y molesto de aquel que ha escuchado, leído o visto al detractor de su muy personal divinidad, justo como lo hace el mismo sujeto de la adoración, es decir, Andrés Manuel López, cada vez que alguien no habla a su favor, por más que se trate de su propio hermano.  El presidencialismo imperioso en su más pura expresión.

¿Quién habría podido pensar que el eslabón perdido de las dos sopas políticas que para el futuro inmediato se nos ofrece como alternativa a un casi desahuciado dinosaurio priísta, iba a ser ni más ni menos que el fundador del primer partido que postuló a AMLO, y que lo hizo dos veces candidato, o sea, Cuauhtémoc Cárdenas?  Y es que, aparte de esto último, que lo une al de Tabasco, está el hecho de que, como lo hace ahora Margarita Zavala, el hijo del general Lázaro Cárdenas Del Río buscó, allá en 1988, regresar en realidad a Los Pinos, donde ya había vivido, y de hecho nació, gracias a que el jefe de su familia logró ser presidente de México en ese entonces.  Un regreso que Cárdenas Solórzano sí había ganado al final por la vía derecha, y no pretendiendo impugnar finales de fotografía escrutados por ciudadanos, ya que en 1988 era el gobierno federal el que organizaba las elecciones, y no existía el INE.  Y fue el gobierno federal el que tumbó aquella elección con el apagón aquél y la tristemente célebre «caída del sistema», cínica maniobra orquestada desde la secretaría de gobernación, rectora entonces de los comicios, y de la que estaba a cargo el otrora priísta Manuel Bartlett Díaz… amigo y cercano colaborador, ahora, del Peje.

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Opinión

A ver si muy, muy el Becker

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“El niño verde tamaulipeco”, Karl Heinz Becker Hernández, compareció ante el Congreso del Estado y presentó cifras, programas, árboles sembrados, manglares restaurados, tortugas liberadas y escrituras entregadas. Sí, sin sobresaltos, ni exigencia alguna, el secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente cumplió con el protocolo político-administrativo que exige la glosa del informe gubernamental. ¡ZZzzz..!

Ah, pero, que no se emocione, porque el verdadero examen apenas comienza para él. Una cosa es comparecer con números heredados y otra muy distinta cargar sobre los hombros el tamaño del desastre ambiental, urbano y territorial que Tamaulipas arrastra desde hace años. ¡Ya sé! No tiene pruebas, pero, tampoco dudas, y, guste o no, el nombre de Karhl Heinz inevitablemente  debe separarse y alejarse del desgaste que dejó Karina Lizeth Saldívar Lartigue al frente de la dependencia.
Hoy el llamado “niño verde” tamaulipeco ya no puede refugiarse en la narrativa de continuidad institucional. La Secretaría ya es suya. Los pendientes también… y mire que son demasiados, hasta parece que son muchos para él.

Se supone que representa la nueva generación de políticos tamaulipecos, esos que no saben mirar hacia atrás para echar culpas, ni encontrar justificaciones estultas; se cree que es de los que sacan el pecho y alzan la cara por la verdad, y así es  como lo quieren ver los ciudadanos, sobre todo el gobernador Américo Villarreal Anaya, quien le dio la confianza, pero, con más ganas lo esperan en la zona metropolitana de Tampico.

Para entender la dimensión del reto. En el sur de Tamaulipas, existen descargas clandestinas sobre cuerpos de agua, crecimiento urbano desordenado, rellenos de lagunas que pretenden utilizarse como zonas de transferencia, invasiones toleradas durante años, rezagos en planeación territorial y una presión industrial permanente sobre lagunas, drenes y sistemas naturales que sobreviven prácticamente por inercia, pero, mejor allí le paramos, no sea que se espante y renuncie al cargo.

Porque no, no, Becker, ya no hay discurso que alcance y proteja la sustentabilidad. En Tamaulipas, pero muy en particular en la zona metropolitana de Tampico, se ocupa autoridad, traer los pantalones bien puestos y el cinturón bien apretado, porque mientras en los informes aparecen manglares restaurados y campañas ambientales, en el sur del estado continúan operando prácticas que durante años encontraron comodidad en la omisión institucional.

El tema no solo se trata de sembrar árboles para la fotografía oficial; lo bueno y por lo que serás recordado es por impedir que sigan contaminando los vasos lacustres y sistemas hídricos frente a las propias narices del Estado, y eso implica confrontar intereses, gente poderosa de saco y corbata. Muchos, por cierto.

Karl Heinz Becker tiene juventud, formación y cercanía política con el proyecto estatal. Nadie puede regatearle eso. Pero precisamente por esa misma condición generacional, la exigencia sobre él debe ser mayor y no menor. Porque Tamaulipas ya no necesita funcionarios “guapitos” y fotogénicos; necesita perfiles capaces de tomar decisiones incómodas.

La comparecencia dejó claro que la SEDUMA tiene rumbo administrativo. Lo que falta saber es si tiene carácter político y operativo para enfrentar lo que otros simplemente dejaron crecer. En el tema ambiental hay que entrarle al conflicto. Clausurar. Frenar. Ordenar. Regular. Molestar intereses económicos y políticos cuando sea necesario.

Bueno, muy pronto vamos a descubrir de qué está hecho el “nuevo” titular de la SEDUMA.

En la intimidad…  Como parte de su agenda de trabajo en la Ciudad de México, el director del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, Juan Dionisio Cruz Guerrero, sostuvo una reunión con la directora general del CONOCER, Guillermina Alvarado Moreno, en busca de consolidar nuevos proyectos académicos y de certificación laboral para la comunidad tecnológica del sur de Tamaulipas.

La apuesta no es menor. El Tec Madero busca convertirse próximamente en entidad certificadora CONOCER, lo que permitiría ampliar procesos de capacitación y certificación de competencias para estudiantes, docentes y sectores productivos.

La ruta parece correcta en un momento donde la educación tecnológica necesita vincularse mucho más con la realidad industrial y laboral de la región. Si el proyecto avanza, el Tecnológico de Ciudad Madero podría fortalecer su presencia no solo académica, sino también como un actor relevante en la formación técnica y profesional especializada del sur del estado.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

El rector esta jugando con fuego

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El rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, le esta metiendo fuego directo a la silla rectoral como nadie o muy pocos en la historia lo han hecho, exacto, no es normal. No pertenece a la lógica de las universidades públicas mexicanas acostumbradas a sobrevivir entre subsidios, ceremonias, grillas sindicales y discursos reciclados sobre “excelencia académica”.

Lo del MVZ, VA más allá, del simple hecho de convertir a la UAT en un jugador técnico real dentro del tablero nacional, estoy seguro que va más allá y es arriesgado.

Un avión universitario equipado con tecnología canadiense capaz de levantar información geoespacial con precisión quirúrgica es un proyecto científico de los escuelas del primer mundo, pero, también es un asunto de ajuste erritorial y poder técnico. Poder de información. Poder presupuestal a futuro. Poder para sentarse con federación, empresas, desarrolladores, organismos ambientales y proyectos energéticos. Poder hacer lo que quiera.

Mientras otras universidades siguen atrapadas discutiendo plazas, cuotas políticas y guerras domésticas, la Autónoma de Tamaulipas está poniendo científicos canadienses a capacitar personal especializado, calibrando sensores LiDAR desde el aire y construyendo herramientas capaces de mapear el territorio con niveles de precisión que hace apenas unos años parecían exclusivos de agencias federales o corporaciones privadas.

Ahora el  ecosistema político mexicano sabe que existe la UAT, pero, no solo eso, que su rector sabe de andares, aunque, el que se mueve demasiado rápido empieza a convertirse en amenaza. Y el médico veterinario se está moviendo rápido. Demasiado rápido.

La vieja cultura universitaria tamaulipeca estaba diseñada para administrar el día a día, hoy ya no. Hoy la universidad aparece en conversaciones técnicas, científicas y gubernamentales, sí, en las mesas de politica de primer nivel  donde antes ni siquiera figuraba. Por eso Dámaso Anaya está jugando con fuego, y el problema será el tamaño de la expectativa que está construyendo alrededor de su rectorado.

Pero que importa, si dentro de algunos años, cuando esta generación de estudiantes recuerde su paso por la UAT, probablemente no hablará de los informes administrativos ni de las fotografías oficiales. Hablará del momento en que la universidad decidió dejar de comportarse como una oficina pública y empezó a imaginarse como una institución capaz de competir tecnológicamente con cualquiera.

En la intimidad… El regreso al calendario original del ciclo escolar 2025-2026 dejó algo muy claro: la educación pública mexicana sigue gobernándose más por control político que por planeación pedagógica.

La presidenta Claudia Sheinbaum entendió rápidamente que modificar el cierre del ciclo escolar implicaba abrir una grieta innecesaria con el magisterio, las entidades federativas y millones de familias. La estabilidad terminó imponiéndose sobre cualquier experimento administrativo.

Mario Delgado Carrillo operó el mensaje con precisión: se mantienen los 185 días efectivos, pero se concede flexibilidad regional donde el calor extremo o la presión logística del Mundial 2026 obliguen a mover piezas.

En otras palabras: el centro conserva el control, pero concede oxígeno político a los estados.

Y en Tamaulipas, Miguel Ángel Valdez hizo lo que corresponde dentro de la nueva disciplina morenista: cerrar filas con el proyecto federal y respaldar la narrativa educativa impulsada desde Palacio Nacional y por el gobernador Américo Villarreal Anaya.

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Opinión

Vacaciones adelantadas y rezago educativo a cuestas

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

El anuncio sobre la posible conclusión anticipada del ciclo escolar en México a
partir del 5 de junio abrió una discusión que va mucho más allá del calendario
académico. La polémica comenzó cuando Mario Delgado declaró públicamente
que, en reunión con secretarios de educación de las entidades, se había acordado
adelantar el cierre escolar para proteger a niñas, niños y adolescentes de las altas
temperaturas y, además, ajustar actividades ante la realización del Mundial de
Futbol. Sin embargo, horas después, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que
no existía una decisión oficial y que únicamente se trataba de una propuesta en
evaluación. Esa contradicción exhibió, una vez más, la falta de coordinación y
comunicación clara dentro del propio gobierno.
Más allá de la confusión política, el tema ha generado indignación porque toca uno
de los aspectos más sensibles para cualquier país: la educación. Reducir
semanas del ciclo escolar no es un ajuste menor ni un trámite administrativo.
Implica modificar contenidos, acelerar procesos pedagógicos y dejar incompletos
aprendizajes fundamentales. En un sistema educativo que todavía arrastra
rezagos profundos desde la pandemia, cualquier reducción del tiempo en las aulas
representa un golpe adicional para millones de estudiantes.
El problema no es únicamente que se suspendan clases antes de tiempo; el
verdadero debate es qué mensaje envía esta decisión. Resulta preocupante que el
argumento del Mundial aparezca entre las razones principales para considerar el
cierre anticipado. La protección ante las olas de calor puede ser legítima y
necesaria, especialmente en estados donde las temperaturas alcanzan niveles
extremos, pero mezclar esta medida con la organización de un evento
internacional alimenta la percepción de que nuevamente las prioridades
gubernamentales están enfocadas en intereses externos antes que en el bienestar
educativo del país.
Aunado a lo anterior se hace evidente la falta de planeación pues la elección de
México como sede del Mundial se conoce desde años atrás y pareciera que recién
hay que implementar acciones logísticas que aminoren el impacto de miles de
visitantes y extranjeros que para más de una figura pública serán la prioridad de la
agenda pública.
La molestia social también surge porque parece ignorarse la realidad cotidiana de
miles de familias mexicanas. Tres meses prácticamente completos sin actividades
escolares representan una carga enorme para las personas cuidadoras,
especialmente para las mujeres, quienes históricamente asumen la mayor parte
del trabajo doméstico y de crianza. Muchas madres trabajadoras tendrán que
resolver quién cuida a sus hijas e hijos mientras ellas cumplen jornadas laborales.

Otras simplemente no contarán con opciones, lo cual profundiza en desigualdades
ya existentes.
En ese contexto, el gobernador Samuel García reaccionó rápidamente al anunciar
apoyos dirigidos a madres y padres de familia para enfrentar el posible cierre
adelantado. Más allá de simpatías políticas, el gesto evidencia que sí es posible
pensar en medidas complementarias para proteger a la infancia y acompañar a las
familias. Sin embargo, también deja al descubierto otro problema estructural: la
desconexión entre los distintos niveles de gobierno. Mientras la federación lanza
propuestas ambiguas, los estados intentan responder sobre la marcha a
escenarios que ni siquiera han sido oficialmente definidos.
La educación mexicana ha atravesado demasiados cambios en pocos años.
Primero fue la interrupción provocada por la pandemia; después vinieron
modificaciones curriculares, debates ideológicos sobre los nuevos libros de texto y
ahora posibles recortes al calendario escolar. Cada transformación se presenta
como urgente o necesaria, pero pocas veces se construye con una visión de largo
plazo que coloque realmente al estudiante en el centro.
La discusión debería ir más allá de si las clases terminan en junio o en julio. Lo
verdaderamente importante es preguntarnos qué tipo de educación queremos
sostener en medio de crisis climáticas, cambios sociales y presiones políticas.
¿Verdaderamente queremos avanzar en este tema? O es más conveniente un
país con los estadios llenos, las pantallas prendidas y las aulas vacías.

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Opinión

La nueva tendencie ¡pufff!

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Hoy por hoy ya no basta con ganar elecciones. Ahora también hay que dominar el algoritmo.
La política en el mundo dejó de existir únicamente en  plazas públicas o mesas de café; hoy, también se juega entre métricas, tendencias, percepción digital, engagement emocional y guerras de narrativa en tiempo real. Tiempo real.

En México, los tradicionalistas siguen creyendo que el poder se construye unicamente con espectaculares y estructuras territoriales, mientras los nuevos votantes consumen política según el contenido en su pantalla del celular, correcto, deslizando el dedo sobre la pantalla.
Y precisamente en esa transición entre la vieja política analógica y la democracia del scroll infinito, el partido Movimiento Ciudadano encontró una beta política que podría convertirlo en algo mucho más grande que un partiducho emergente en Tamaulipas.

Hoy Morena monopoliza la conversación en el país desde Palacio Nacional. El PAN sigue atrapado en “modo avión” tras la derrota presidencial; y el PRI permanece convertido en un “archivo comprimido” de lo que alguna vez fue el sistema político mexicano… MC entendió antes que nadie que las nuevas generaciones ya no solamente militan, también se conectan.

Samuel García lo convirtió en espectáculo digital. Mariana Rodríguez entendió el lenguaje emocional de las plataformas. Luis Donaldo Colosio Riojas capitalizó el peso simbólico de la nostalgia política con estética de futuro. Y Dante Delgado terminó creando algo parecido a una startup electoral disfrazada de partido político naranja o fosfo- fosfo, según el espacio en el país donde milites.

Pero cuidado… mucho cuidado, Dante.
Una cosa es ser tendencia y otra muy distinta convertirse en estructura real de poder.

Y, aquí aparece Tampico. Lo que ocurre hoy en el sur de Tamaulipas no debe analizarse como un simple crecimiento municipal. Sería un error de lectura política y hasta de interpretación de datos. Lo de MC Tampico es más parecido a un laboratorio territorial donde Movimiento Ciudadano comenzó a validar si su narrativa digital podía traducirse en posicionamiento auténtico fuera de Nuevo León y Jalisco.

Y los metadatos políticos indican que no. En 2019, MC apenas generaba interacción electoral en Tampico. Poco más de dos mil votos. Un rendimiento marginal dentro del ecosistema político local. Apenas suficiente para colocar a Edgar Treviño en el Cabildo porteño.

A simple vista parecía un dato irrelevante.
Pero en la política real, hay acciones que al inicio parecen invisibles y terminan convirtiéndose en tendencia orgánica.

Porque mientras muchos dentro y fuera del partido daban por hecho que Movimiento Ciudadano seguiría siendo una cuenta secundaria dentro del mapa político tamaulipeco, Edgar lo convirtió en un partido con actividad permanente.
Y así cambió el comportamiento del algoritmo social.

El entonces joven regidor Edgar Treviño entendió algo que la vieja política todavía no termina de comprender: la ciudadanía ya detecta el contenido basura, por eso MC Tampico dejó de aparecer solamente en temporadas electorales como esos influencers que reviven cada tres años para vender una candidatura.

El solitario  regidor de MC, comenzó a mantenerse online políticamente todo el año.
Posicionamientos constantes en el Cabildo. Activismo visible. Agenda pública permanente. Narrativa moderada. Sin confrontaciones innecesarias. Sin convertirse en máquina de odio digital. Sin perder tiempo en guerras de bots… ni en lo territorial.

Y eso terminó generando algo mucho más poderoso que un trending topic: credibilidad.
Lo anterior ha provocado que la  votación creciera más del 300 por ciento en la última  elección, sí, ayudó la ola naranja nacional. Ayudaron Samuel, Mariana y Colosio con millones de reproducciones en redes. Pero reducir el crecimiento de MC únicamente al fenómeno influencer sería tan superficial como medir liderazgo por cantidad de likes.

Porque los likes no gobiernan.
Los seguidores no operan casillas.
Las vistas no movilizan estructuras.

Y los filtros de Instagram no ganan elecciones.
Movimiento Ciudadano Tampico comenzó a construir algo más complejo y más rentable políticamente: comunidad, si logra entender que el futuro no está en fabricar candidatos con filtros, sino liderazgos con credibilidad, podría dejar de ser un partido satélite para convertirse en punta de lanza política estatal.

Porque en esta nueva era de hiperconectividad política, donde todos quieren viralizarse y pocos saben construir, quizás el verdadero poder ya no esté en quien hace más ruido…

Sino en quien sabe permanecer en la conversación.

En la intimidad… La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), encabezada por el rector MVZ Dámaso Anaya Alvarado, participó en las brigadas “Transformando Familias” organizadas por el Sistema DIF Tamaulipas y el Gobierno del Estado, celebradas este jueves 7 de mayo en el municipio de Abasolo.

Sumada a estas jornadas itinerantes de servicios integrales, la UAT instaló módulos de atención y asistencia social en las áreas de enfermería, derecho y veterinaria, con la participación activa de estudiantes y docentes universitarios.

En este marco, el rector Dámaso Anaya destacó la oportunidad que representa para la UAT colaborar junto con el gobernador Américo Villarreal Anaya y la presidenta del Sistema DIF, Dra. María de Villarreal, en el desarrollo de estas brigadas, las cuales tienen como fin acercar asistencia social, salud y educación gratuita a las comunidades más vulnerables del estado.
De igual manera, expresó su reconocimiento a estas acciones enfocadas en el desarrollo social, la salud de la mujer y apoyos funcionales a quienes más lo necesitan.

La brigada “Transformando Familias”, dedicada en esta ocasión al Día de las Madres, instaló desde temprana hora sus servicios y módulos de atención en la Explanada de Usos Múltiples, ubicada en la zona centro de la cabecera municipal de Abasolo.

La población de este municipio acudió a recibir los múltiples servicios ofrecidos en un esfuerzo conjunto entre el Sistema DIF Tamaulipas, las instituciones y dependencias gubernamentales, con el objetivo de llevar bienestar directamente a la comunidad.

En los módulos se brindó una amplia atención en consulta médica, nutricional, dental y salud de la mujer; se llevó a cabo la entrega de lentes, aparatos auditivos, funcionales y medicamentos, además de información sobre alfabetización, preparatoria abierta, becas y créditos educativos.

Por parte de la UAT, colaboró la Facultad de Enfermería Victoria, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria y la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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