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Opinión

El eco de Michoacán y la advertencia del norte

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Otra vez Michoacán. Otra vez el gobierno federal con el uniforme de la esperanza y el gesto de la autoridad. En 2006, Felipe Calderón bajó de un helicóptero para anunciar el “Operativo Conjunto Michoacán”, y con él, la famosa —y sangrienta— “guerra contra el narcotráfico”. Hoy, Claudia Sheinbaum presenta su “Plan Michoacán por la Paz” como la primera gran prueba de fuego de su administración.

Cambia el discurso, cambia el tono… pero el escenario es el mismo: un crimen que desafía al Estado, un gobierno que promete paz y un país que escucha, escéptico, los tambores que dicen no ser de guerra.

La presidenta evita cuidadosamente las palabras que marcaron la época calderonista. No habla de enemigos ni de “combates frontales”, prefiere hablar de reconstrucción, justicia y tejido social. Pero el lenguaje no cambia la geografía de la violencia: Michoacán sigue siendo el epicentro del temblor nacional, ese punto donde la realidad se impone a la retórica.

Y aunque el nombre del plan suene conciliador, en el terreno la narrativa se diluye. Los despliegues militares se multiplican, los retenes se endurecen, las operaciones llevan consigo la misma fragancia del pasado: la del poder que busca imponer orden sin entender que el miedo, en México, se volvió un idioma que todos dominamos.

Mientras tanto, el norte del país empieza a vibrar en una frecuencia muy parecida a la que en otro tiempo destruyó la estabilidad de Tamaulipas. En las carreteras que conectan los ductos y las terminales, los transportistas de combustibles han comenzado a vivir bajo amenaza. En los patios de carga, los hombres duermen dentro de las cabinas, cuidando más su tanque que su vida. El robo, la extorsión y los bloqueos son ya parte del paisaje cotidiano.

Y el murmullo crece.
El de los choferes, los empresarios, los sindicatos que empiezan a coordinarse, discretamente, cansados de pagar piso y de enterrar compañeros. Se oyen rumores de un paro en cadena, de una maniobra calculada para frenar el flujo de combustible… incluso del que surte a los aeropuertos. Un movimiento así —si ocurre— no sería solo una protesta: sería una sacudida económica capaz de poner a prueba la estabilidad de un gobierno que presume paz mientras su infraestructura energética se tambalea.

Tamaulipas ya conoce ese libreto. Lo vivimos cuando las carreteras se volvieron territorios prohibidos, cuando los policías locales dejaron de servir a la ley y empezaron a servir a sus verdugos. La historia se repite con la frialdad de quien no teme ser descubierta. Hoy, en las comandancias de algunos municipios fronterizos, se respira ese mismo tufo que precede a la infiltración: el silencio cómplice, las patrullas que desaparecen a ciertas horas, los informes que nunca llegan.

Sheinbaum promete no caer en los errores del pasado, pero las señales no son alentadoras. La “guerra” ya no se llama guerra, se llama plan; los soldados ya no son ejército, son Guardia Nacional; y las cifras, en lugar de cuerpos, son porcentajes cuidadosamente alineados en las conferencias de prensa.

En Palacio Nacional parecen convencidos de que las gráficas bastan para contener la realidad. Que mientras los números bajen, el país respira. Pero allá afuera, en las carreteras del norte, los transportistas saben que la estadística no frena balas ni impide cobros de piso. Y los michoacanos —esos que ya vieron este ciclo antes— saben que los planes por la paz suelen nacer de la guerra que se niega a ser llamada por su nombre.

Tamaulipas, durante el calderonismo, fue la advertencia que nadie quiso leer. Hoy vuelve a asomar su sombra: una frontera en tensión, policías divididos, crimen que se adapta más rápido que la política.

Quizá el gobierno no quiera escucharlo, pero el país entero siente ese rumor incómodo, el que anuncia que algo grande se está gestando bajo la superficie. Y cuando los camiones de combustible se detienen, cuando el rugido de los motores calla en señal de protesta, el eco no solo se escucha en las terminales o los aeropuertos: retumba en el corazón del poder.

Porque a veces, la historia no se repite por destino… sino porque el poder se empeña en no aprender de su propio espejo.

En la intimidad…  El rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Dámaso Anaya Alvarado, visitó la Escuela Preparatoria No. 3 con el propósito de extender el vínculo con su comunidad estudiantil, académica y administrativa, además de constatar los avances en infraestructura y desarrollo académico que impulsa este plantel universitario.

Durante su recorrido, realizado en el marco del programa “Un día con tu rector”, Dámaso Anaya fue recibido por la directora del plantel, Maribel Soberón García, junto con docentes y estudiantes, quienes compartieron los logros, proyectos y experiencias que distinguen a esta preparatoria.

El rector destacó la importancia de mantener un contacto directo con la comunidad universitaria escuchando de primera mano sus inquietudes y acompañando sus avances, como parte de una administración cercana y comprometida con todos los programas educativos de la UAT.

Como parte de su visita, constató el avance de la construcción de la techumbre en la explanada central, que servirá para actividades sociales, culturales y deportivas, y que forma parte del compromiso institucional de mejorar los entornos educativos y promover la convivencia estudiantil.
Asimismo, recorrió el centro de cómputo, recientemente modernizado con 40 nuevas computadoras de última generación y tres pantallas interactivas instaladas tanto en el área de cómputo como en aulas del plantel.

Durante su estancia, el rector conoció al grupo del programa bilingüe, una de las principales fortalezas académicas de la Preparatoria No. 3, que permite a los jóvenes cursar diversas asignaturas en inglés, fortaleciendo sus competencias lingüísticas, comunicativas y de liderazgo desde el nivel medio superior.

El rector expresó su reconocimiento al trabajo de los docentes y al esfuerzo de los estudiantes que participan en este programa, reiterando su interés en fortalecer la enseñanza del idioma inglés y en promover el desarrollo integral del estudiantado de este nivel educativo.

En otro punto del recorrido, sostuvo un diálogo cercano con el personal docente que participa en el curso de homologación de Unidades de Enseñanza-Aprendizaje, quienes compartieron sus experiencias y reflexiones sobre los procesos de enseñanza en el nivel medio superior. Asimismo, visitó las aulas, el laboratorio de ciencias, estands de emprendimiento estudiantil y diferentes espacios del plantel, donde convivió con alumnos destacados, reconociendo su entusiasmo, talento y compromiso con la comunidad universitaria.

Con esta visita, el rector reafirma su compromiso de impulsar una educación media superior de calidad, cercana y transformadora, centrada en el crecimiento académico, humano y social de sus estudiantes, fortaleciendo con ello la misión institucional de servir con excelencia a la sociedad tamaulipeca.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

Opinión

El fin lo están logrando

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Durante años, alrededor de dos décadas, hablar de Tamaulipas en medios nacionales e internacionales era hablar de miedo, terror, ríos de sangre, ejecuciones, y masacres.

Carreteras vacías al caer la noche.
Ciudades sitiadas por enfrentamientos.
Balaceras convertidas en rutina.
Migración empresarial.
Y familias enteras aprendiendo a vivir entre convoyes militares, retenes y silencio.
Y creo que me quedé corto.

Por eso resulta imposible minimizar lo que acaba de revelar el Institute for Economics and Peace (IEP), uno de los centros de análisis más serios del mundo en materia de paz, conflicto y riesgo global.

Los datos son contundentes. No, no son los otros datos de ya saben quién.

De acuerdo con la más reciente investigación, el IEP, informó que en el  Índice de Paz México 2025, Tamaulipas pasó de ser el estado número 29 en condiciones de paz en 2015, a colocarse hoy en la posición número 10 nacional.

Diecinueve lugares escalados en apenas una década.
No es propaganda.
No es discurso político.
No es percepción.
Son cifras.

El estudio documenta que los homicidios y los delitos cometidos con armas de fuego cayeron cerca de un 70 por ciento en territorio tamaulipeco durante ese periodo.

No es broma, Tamaulipas, ha sido un estado históricamente golpeado por la disputa criminal, por todo lo que transita en la ruta del golfo, y este resultado, representa algo más profundo que una estadística: representa recuperación institucional.

Pero cuidado.

Sería irresponsable adjudicarle todo el mérito a un solo gobierno.
Y también sería mezquino negar que existe una mejora evidente.

La realidad es que Tamaulipas comenzó a modificar su estrategia de seguridad desde hace dos administraciones, y ya bajo el gobierno morenista de Américo Villarreal Anaya, esa inercia no solamente continuó, sino que encontró algo fundamental: coordinación política con la Federación, de manera aún más solida.
Ahí está probablemente la diferencia más importante.

Al fin en  Tamaulipas entendieron algo que otros estados siguen sin comprender:

La seguridad no es moneda de cambio, ni se pone en la mesa de negociación política en cada cambio sexenal. En esta entidad tan golpeada ya entendieron que en materia de combate a la inseguridad se ocupa continuidad.

Necesita dinero.
Necesita inteligencia.
Necesita respaldo militar.
Y necesita que la Federación no quite el pie del acelerador.

El problema de México es que muchas veces la seguridad pública se administra bajo venganzas políticas.

Llega un nuevo gobernador y destruye lo que hizo el anterior.
Reinicia estructuras.
Cambia mandos.
Borra estrategias.
Y el crimen organizado aprovecha cada vacío.
Con todos los errores, diferencias ideológicas y tensiones partidistas, los dos últimos gobiernos entendieron que aflojar la seguridad habría significado regresar al infierno.

Eso no significa que el Estado viva una paz absoluta.
Sería falso decirlo, pero, una cosa también debe decirse: el Tamaulipas de 2025 – 2026 ya no es el Tamaulipas de 2010.

Y eso, para un estado que estuvo tan cerca del colapso institucional, ya representa una noticia enorme.

Porque la paz no llega de golpe.
La paz primero llega como algo pequeño:
Una carretera que vuelve a usarse de noche.

Un comercio que decide no cerrar.
Una inversión que regresa.
Una familia que deja de escuchar disparos.

Y quizás apenas ahora, una década después, Tamaulipas comienza lentamente a recuperar algo que había perdido: la posibilidad de respirar.

En la intimidad… Mientras Tamaulipas intenta también reconstruir su imagen hacia el exterior, el estado acaba de encontrar una vitrina privilegiada en México Desconocido, publicación considerada durante décadas como uno de los principales referentes turísticos, culturales y de identidad nacional del país.

La revista dedica un recorrido completo a los 43 municipios tamaulipecos, mostrando una cara del estado que durante años quedó sepultada bajo titulares de violencia.

Y en el corazón de ese recorrido aparece el sur tamaulipeco.

El Tampico de Mónica Villarreal Anaya, que emerge como una ciudad donde conviven historia, naturaleza y modernidad:
la Laguna del Carpintero y sus cocodrilos; el Canal de la Cortadura; los antiguos edificios del Centro Histórico; los museos interactivos; la rueda de la fortuna frente al río; la gastronomía huasteca mezclada con cocina contemporánea; y ese extraño encanto marítimo que convierte a Tampico en una de las ciudades más singulares del Golfo de México.

Quizá ahí también exista una señal silenciosa.

Porque los estados dejan de ser conocidos por la violencia cuando empiezan nuevamente a ser conocidos por su cultura, sus paisajes y su gente.

Y Tamaulipas, después de tantos años de oscuridad, parece decidido a volver a mostrarse al país.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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El fin lo están logrando

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Durante años, alrededor de dos décadas, hablar de Tamaulipas en medios nacionales e internacionales era hablar de miedo, terror, ríos de sangre, ejecuciones, y masacres.

Carreteras vacías al caer la noche.

Ciudades sitiadas por enfrentamientos.

Balaceras convertidas en rutina.

Migración empresarial.

Y familias enteras aprendiendo a vivir entre convoyes militares, retenes y silencio.

Y creo que me quedé corto.

Por eso resulta imposible minimizar lo que acaba de revelar el Institute for Economics and Peace (IEP), uno de los centros de análisis más serios del mundo en materia de paz, conflicto y riesgo global.

Los datos son contundentes. No, no son los otros datos de ya saben quién.

De acuerdo con la más reciente investigación, el IEP, informó que en el  Índice de Paz México 2025, Tamaulipas pasó de ser el estado número 29 en condiciones de paz en 2015, a colocarse hoy en la posición número 10 nacional.

Diecinueve lugares escalados en apenas una década.

No es propaganda.

No es discurso político.

No es percepción.

Son cifras.

El estudio documenta que los homicidios y los delitos cometidos con armas de fuego cayeron cerca de un 70 por ciento en territorio tamaulipeco durante ese periodo.

No es broma, Tamaulipas, ha sido un estado históricamente golpeado por la disputa criminal, por todo lo que transita en la ruta del golfo, y este resultado, representa algo más profundo que una estadística: representa recuperación institucional.

Pero cuidado.

Sería irresponsable adjudicarle todo el mérito a un solo gobierno.

Y también sería mezquino negar que existe una mejora evidente.

La realidad es que Tamaulipas comenzó a modificar su estrategia de seguridad desde hace dos administraciones, y ya bajo el gobierno morenista de Américo Villarreal Anaya, esa inercia no solamente continuó, sino que encontró algo fundamental: coordinación política con la Federación, de manera aún más solida.

Ahí está probablemente la diferencia más importante.

Al fin en  Tamaulipas entendieron algo que otros estados siguen sin comprender:

La seguridad no es moneda de cambio, ni se pone en la mesa de negociación política en cada cambio sexenal. En esta entidad tan golpeada ya entendieron que en materia de combate a la inseguridad se ocupa continuidad.

Necesita dinero.

Necesita inteligencia.

Necesita respaldo militar.

Y necesita que la Federación no quite el pie del acelerador.

El problema de México es que muchas veces la seguridad pública se administra bajo venganzas políticas.

Llega un nuevo gobernador y destruye lo que hizo el anterior.

Reinicia estructuras.

Cambia mandos.

Borra estrategias.

Y el crimen organizado aprovecha cada vacío.

Con todos los errores, diferencias ideológicas y tensiones partidistas, los dos últimos gobiernos entendieron que aflojar la seguridad habría significado regresar al infierno.

Eso no significa que el Estado viva una paz absoluta.

Sería falso decirlo, pero, una cosa también debe decirse: el Tamaulipas de 2025 – 2026 ya no es el Tamaulipas de 2010.

Y eso, para un estado que estuvo tan cerca del colapso institucional, ya representa una noticia enorme.

Porque la paz no llega de golpe.

La paz primero llega como algo pequeño:

Una carretera que vuelve a usarse de noche.

Un comercio que decide no cerrar.

Una inversión que regresa.

Una familia que deja de escuchar disparos.

Y quizás apenas ahora, una década después, Tamaulipas comienza lentamente a recuperar algo que había perdido: la posibilidad de respirar.

En la intimidad… Mientras Tamaulipas intenta también reconstruir su imagen hacia el exterior, el estado acaba de encontrar una vitrina privilegiada en México Desconocido, publicación considerada durante décadas como uno de los principales referentes turísticos, culturales y de identidad nacional del país.

La revista dedica un recorrido completo a los 43 municipios tamaulipecos, mostrando una cara del estado que durante años quedó sepultada bajo titulares de violencia.

Y en el corazón de ese recorrido aparece el sur tamaulipeco.

El Tampico de Mónica Villarreal Anaya, que emerge como una ciudad donde conviven historia, naturaleza y modernidad:

la Laguna del Carpintero y sus cocodrilos; el Canal de la Cortadura; los antiguos edificios del Centro Histórico; los museos interactivos; la rueda de la fortuna frente al río; la gastronomía huasteca mezclada con cocina contemporánea; y ese extraño encanto marítimo que convierte a Tampico en una de las ciudades más singulares del Golfo de México.

Quizá ahí también exista una señal silenciosa.

Porque los estados dejan de ser conocidos por la violencia cuando empiezan nuevamente a ser conocidos por su cultura, sus paisajes y su gente.

Y Tamaulipas, después de tantos años de oscuridad, parece decidido a volver a mostrarse al país.

davidcastellanost@hotmail.com

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Dan parón en seco a la doctora

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La política no suele cambiar, y si lo hace, es casi nada.

Ni los discursos.

Tampoco la forma en cómo se dan las giras de trabajo.

Bueno, qué decir de las promesas fantasmas que parecen las mismas.

Y… ni hablar de la frialdad con la que se dirigen los de la ayudantía de los machuchones, “por seguridad”.

¡Péguense un fokin baño!

Bueno, desafortunadamente, las historias de terror que experimenta el ciudadano a la hora que pretende hablar con el gobernante, esas, no, tampoco, casi nunca cambian, y si sucede, no suele ser para bien. Existen pocos políticos que detienen su paso.

Pero, como un milagro, la tarde del pasado viernes en Tampico, la Dra. Adriana Marcela Hernández Campos frenó el paso entre los asistentes. Escoltas y funcionarios se sobresaltaron, pero, ella les ordenó seguir su camino, porque ella ya había plantado sus pies firmes al suelo de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Campus Tampico Madero,  para escuchar a un hombre que llevaba demasiado tiempo convertido en fantasma dentro del sistema de salud de Tamaulipas.

Edgar Ramos, ya no hablaba como un trabajador del sector salud. Era más un sobreviviente.

Dos años sin salario pueden destruir muchas cosas. Primero la tranquilidad. Después, la estabilidad de una familia. Luego la dignidad. Y al final, algo todavía más delicado: la esperanza.

Pero, para suerte de Ramos, esa tarde del 15 de mayo en Tampico, la escena tuvo algo profundamente humano.

La Dra. Sí, ella pudo seguir caminando. Ya había terminado el evento.

Pudo sonreír de lejos, alzar su mano y hacer una mueca agradable; estrechar la mano rápido y prometer “revisar el caso”, indicar a sus subordinados atender la situación como hacen tantos funcionarios que administran tragedias ajenas desde la comodidad de un escritorio.

Pero no.

La doctora se quedó ahí.

Escuchando.

Mirándolo a los ojos.

Muy consciente de que detrás de cada expediente existe una persona.

Y quizá, quizás eso fue lo que más desconcertó a Edgar.

Porque después de años peleando contra abogados, oficios, tribunales, firmas, amparos y silencios, ya no esperaba humanidad de nadie, ¡de nadie!

Y mucho menos de “la nueva”  a cargo de una institución que prácticamente lo obligó a convertirse en una sombra, mientras la desmantelaban y desordenaban para hacer cualquier tropelia.

La historia de Edgar es brutal por sencilla.

Ganó juicios laborales.

Ganó laudos.

Ganó resoluciones.

Y aun así perdió la paz, y su familia la estabilidad economica.

En contexto. La Secretaría de Salud lo reinstaló… pero sin pagarle.

Como si trabajar gratis fuera una condena administrativa normal en Tamaulipas.

Veintidós meses sobreviviendo entre la desesperación y el desgaste. Viendo cómo la burocracia de Vicente Joel se convertía en tiempo de castigo.

Por eso los cambios en Salud Tamaulipas no fueron solamente un ajuste de nombre.

Para Edgar significó algo más, fue como un milagro.

La caída de Vicente Joel Hernández Navarro fue, primero, un golpe seco. Después, una pequeña posibilidad. Una de esas esperanzas tímidas que uno no se atreve a tocar por miedo a que desaparezcan.

Y entonces apareció ella.

Tampiqueña, por adopción. Fronteriza de nacimiento.

Egresada de la Facultad de Medicina de la UAT.

¡Correcto! Médica antes que política.

La escena enmarcada por el crepúsculo de aquel fin de semana naciente parecía escrita con demasiada precisión para no convertirse en símbolo: Adriana Marcela regresando a su alma mater ya como secretaria de Salud del estado, mientras enfrente tenía a un trabajador “moribundo”, “triturado” por el mismo sistema que ahora ella debe reconstruir.

Porque eso es lo verdaderamente difícil.

No administrar hospitales.

No encabezar conferencias.

No cortar listones.

Lo verdaderamente difícil será enfrentar la maquinaria silenciosa que vive dentro de Salud Tamaulipas. Esa estructura que sobrevivió a secretarios, gobernadores y sexenios completos. Ese aparato que aprendió a ignorar el dolor humano mientras firmaba oficios y repartía poder.

La doctora todavía no se topa completamente con eso; habrá quien asegure y diga que se llama sindicato.

Otros los clasifican como  grupos internos.

Pero, son las presiones.

Los intereses.

Esas historias enterradas.

Aunque esa tarde que le digo, la doctora dejó algo claro: su mayor fortaleza podría ser justamente lo que otros consideran debilidad… El humanismo.

La Dra. Adriana Marcela hizo algo peligrosamente distinto: permitió que el dolor ajeno la tocara, y eso, en el servicio público mexicano, casi nunca termina siendo cómodo para los jefes, aunque para Edgar, que no salió de ahí con una solución inmediata. Ni con el millón de pesos que le deben. Ni con justicia; si  de una cosa estoy seguro, seguro es de que salió con

Tiempo.

Atención.

Respeto.

Y a veces, cuando alguien ha vivido años en el abandono, eso basta para seguir resistiendo un día más… un día más.

En la intimidad… El gobernador Américo Villarreal Anaya reconoció el crecimiento académico de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y felicitó al rector Dámaso Anaya Alvarado por mantener estándares de excelencia educativa en la entidad.

Durante la ceremonia de honores a la bandera, Villarreal Anaya destacó además el reconocimiento honoris causa otorgado por la UAT al secretario federal de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, resaltando su trayectoria científica y humanista vinculada históricamente con Tampico.

Por su parte, y luego de estar presente en la ceremonia cívica de este lunes, el rector acompañó al gobernador Américo Villarreal y a su esposa, María de Villarreal, en el recorrido inaugural de la ruta CONECTA, un proyecto que vendrá a modernizar la movilidad y el transporte público en Ciudad Victoria.

Dámaso Anaya dijo que las nuevas unidades híbridas que adquirió el Gobierno de Tamaulipas serán de mucho beneficio para los estudiantes de la ciudad, subrayando que la UAT está haciendo lo propio con un modelo similar en el sur del estado, apoyando este esfuerzo del ejecutivo estatal.

Aseguró que, gracias al apoyo del gobernador, la UAT ha logrado avanzar significativamente en el crecimiento de la matrícula escolar, infraestructura, equipamiento y calidad educativa, además de ofertar nuevas carreras que responden a las necesidades del desarrollo regional.

davicastellanost@hotmail.com

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AVA se sacó la lotería

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La ingenuidad no tiene lugar en la política, y menos cuando se trata de tomar una decisión tan importante como es la disputa de la Presidencia de la República.

El mexicano suele tener la memoria muy, pero, muy corta, y quizás no se acuerde de ese “tiro político” que se aventó Américo Villarreal Anaya hace años, cuando todavía no existía una candidatura definida y la lucha interna en Morena apenas comenzaba a incendiar al partido, justo, esa decisión hoy adquiere otro valor. Fue el primer gobernador del país en alinearse abiertamente con Claudia Sheinbaum Pardo cuando otras corcholatas pretendían ganarle, en Tamaulipas, el gobernador no titubeó y le apostó a Claudia, no a Ebrard como hicieron en Nuevo Laredo, ni con Adán como sucedió en Reynosa y Ciudad Madero. Américo no esperó encuestas. No pidió permiso. No calculó tiempos. Tomó partido.

Y en política, cuando alguien se la juega así es porque sabe hacia donde van a mover el poder los que le rodean. Hoy, Sheinbaum instalada en Palacio Nacional,  Américo está convertido en uno de los gobernadores más cercanos al centro político del país, y queda claro que aquella definición temprana fue una construcción de bloque.

La ecuación es simple: si a Sheinbaum le va bien, a Américo también. Y viceversa.

Por eso desde Tamaulipas se insiste tanto en hablar de estabilidad financiera, eficiencia administrativa y transparencia institucional. El gobierno estatal entiende perfectamente que, en el segundo piso de la 4T, la supervivencia política ya no dependerá únicamente del control electoral o de la operación territorial. También dependerá de quién pueda sostener resultados auditables y gobiernos sin escándalos estructurales.

Ahí está el dato que “salva” al propio Villarreal Anaya y repite desde que Adriana Lozano, estaba a cargo de las finanzas estatales: dos años consecutivos sin observaciones de la Auditoría Superior de la Federación.

También lo es la reducción de la deuda pública estatal. Más de mil millones de pesos pagados en una entidad acostumbrada durante décadas al crecimiento permanente del endeudamiento. También lo son los más de 21 mil millones de pesos en obra pública ejercidos apenas a mitad del sexenio.

El mensaje del gobierno tamaulipeco es claro, y trabaja para construir una imagen específica: disciplina, control y gobernabilidad.

Por eso cada proyecto estratégico termina conectado con el discurso nacional de transformación: la segunda línea del acueducto de Victoria, el Puerto Multimodal, la tecnificación agrícola, la modernización del transporte público y la carretera Mante-Ocampo-Tula aparecen bajo una lógica de integración regional que coincide casi milimétricamente con la visión federal.

No es casualidad…. Américo entendió antes que muchos hacia dónde caminaría Morena. Y esa lectura hoy le otorga cercanía, interlocución, respaldo federal, y blindaje.

En la intimidad… Hay operadores que hacen ruido. Y hay otros que empiezan a construir poder desde la discreción.

Juan Dionisio Cruz Guerrero parece haber entendido perfectamente cómo funciona esa lógica.

En menos tiempo del que muchos esperaban, ya consiguió dos visitas del gobernador Américo Villarreal Anaya al Instituto Tecnológico de Ciudad Madero.

La más reciente no fue cualquier acto protocolario. Fue la inauguración de la pista de atletismo rebautizada con el nombre del “Ing. Américo Villarreal Guerra”, el apellido más simbólico del actual grupo político gobernante en Tamaulipas.

Y ahí estuvo todo el aparato político del sur: alcaldes, legisladores, gabinete estatal, deportistas, estudiantes y estructura universitaria.

Juan Dionisio no improvisó el escenario. Lo construyó.

Entendió que en política las instituciones también compiten por cercanía, interlocución y presencia. Y hoy el Tec Madero comienza a posicionarse como uno de los espacios universitarios con mayor conexión directa con el poder estatal.

La escena final dejó más de una lectura: el gobernador recorriendo instalaciones, conviviendo con atletas y observando una comunidad tecnológica que vuelve a entrar al radar prioritario del gobierno estatal.

Dos visitas no son casualidad.

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