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Opinión

UAT, orgullo con rumbo firme

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En un entorno nacional cada vez más competitivo, donde la educación superior lucha por mantenerse vigente, la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) ha decidido no solo resistir, sino avanzar con determinación. Su reciente ascenso en los principales rankings universitarios tanto nacionales como internacionales no es un hecho fortuito, sino el reflejo de una estrategia institucional clara, donde convergen la constancia académica, la voluntad de transformar y un liderazgo comprometido.

Los resultados son contundentes. En el ranking UniRank, la UAT escaló tres peldaños, posicionándose en el sitio 41 entre más de 500 instituciones evaluadas en México. Este avance cobra aún mayor relevancia cuando se observa que son las áreas de medicina, enfermería y nutrición las que lideran este empuje, sectores profundamente necesarios para la transformación social y la atención a los desafíos de salud pública.

En el plano internacional, el SCImago Institutions Rankings (SIR) América Latina colocó a la UAT en la posición 233 de 430, un salto de 30 lugares respecto al año anterior y de 115 desde 2023. A nivel nacional, dentro del mismo ranking, la Universidad mejoró 10 posiciones para ubicarse entre las primeras 34 del país. No es un dato menor; es la validación de una universidad que ha aprendido a adaptarse a los criterios internacionales de producción científica, innovación y responsabilidad social.

Otros indicadores confirman esta ruta ascendente. Mextudia posicionó a la UAT en el lugar 38 de 200, reflejando una sólida reputación entre quienes buscan opciones educativas de calidad. Y aunque en el ranking de sostenibilidad GreenMetric México hubo un leve descenso, al pasar del lugar 17 al 20, se mantiene firme el compromiso ambiental, lo que sigue siendo un rasgo distintivo de la casa de estudios tamaulipeca.

Además, la UAT conserva su espacio en el QS World University Rankings para América Latina y el Caribe, ubicándose en el rango 351-400, y se reposicionó en Centroamérica al avanzar del lugar 67 al 66. No se trata de estadísticas frías; se trata de una universidad pública que avanza paso a paso, sin aspavientos, pero con resultados tangibles.

Todo este avance no se puede explicar sin hablar de la conducción institucional. El rector Dámaso Anaya Alvarado ha sabido articular los esfuerzos de las dependencias universitarias en una misma dirección, reconociendo que los logros son del conjunto, de la comunidad que se forma, investiga, trabaja y transforma todos los días.

La UAT se está consolidando como una universidad que no solo forma profesionistas, sino que también produce conocimiento, se vincula con la sociedad y responde a las necesidades de su entorno. En tiempos de incertidumbre, esto significa certeza para miles de jóvenes y para el desarrollo de Tamaulipas.

En la intimidad… En otro frente, también hay señales alentadoras. El Grupo Financiero Banorte felicitó al Gobierno del Estado de Tamaulipas por el fortalecimiento de sus finanzas públicas, tras la mejora en su calificación crediticia otorgada por Fitch Ratings, que ubicó al estado en A+(mex) con perspectiva estable.

Este reconocimiento no es un acto protocolario; es el reflejo de una administración que ha apostado por la estabilidad y la responsabilidad. Bajo la conducción del gobernador Américo Villarreal Anaya, se ha reducido la deuda de corto plazo, se ha fortalecido la liquidez y se ha logrado eficiencia en el uso de los recursos públicos.

Diversas agencias coinciden: hay disciplina, visión y orden. Jesús Lavín Verástegui, secretario de Finanzas, lo explicó con claridad. Esta mejora es el resultado de una estrategia de transformación integral que busca que Tamaulipas no solo sea viable, sino competitivo.

Banorte, como una de las instituciones financieras más relevantes del país, confirmó que Tamaulipas avanza por la ruta correcta. El ambiente para la inversión es más favorable y la creación de empleo tiene un terreno fértil.

Con educación fortalecida y finanzas sanas, Tamaulipas está construyendo un futuro que merecemos todas y todos. Sin adornos ni falsas promesas, simplemente con hechos.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

Opinión

La UAT, otra vez la uni

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Hay instituciones que pasan por una época dejando edificios. Otras dejan generaciones de profesionistas. Muy pocas dejan herramientas capaces de proteger a toda una sociedad ¡muy pocas!

La Universidad Autónoma de Tamaulipas parece haber entendido esa diferencia.

Durante décadas, las universidades públicas mexicanas fueron observadas como espacios donde se enseñaba, se investigaba y se debatía. Nada más. La sociedad las veía como una especie de isla intelectual separada de los problemas cotidianos. Un lugar importante, sí, pero lejano.

Esa percepción comienza a romperse cuando la academia abandona la comodidad de los diagnósticos y decide involucrarse en la solución de los problemas reales.

Eso fue lo que ocurrió cuando el rector Dámaso Anaya Alvarado llegó a la Mesa de Paz convocada por el gobernador Américo Villarreal Anaya.

No llegó con discursos políticos.

No llegó con posicionamientos ideológicos.

Llegó con mapas.

Y pocas cosas son más poderosas que un mapa cuando se utiliza para evitar una tragedia.

Mientras algunos observan una lluvia intensa y ven únicamente agua cayendo del cielo, los especialistas de la UAT observan rutas de escurrimiento, zonas de inundación, cuencas saturadas, riesgos de desbordamiento, vulnerabilidades urbanas y posibles pérdidas económicas.

Ven lo que la mayoría todavía no alcanza a ver.

Esa es la diferencia entre reaccionar y anticiparse.

Por eso el Atlas de Riesgos Hidrometeorológicos que desarrolla la Universidad Autónoma de Tamaulipas merece una lectura mucho más profunda que la noticia del día.

Porque no estamos hablando de un documento técnico.

Estamos hablando de conocimiento convertido en protección civil.

De investigación convertida en prevención.

De ciencia convertida en política pública.

Y eso tiene un valor enorme.

Los estados no fracasan únicamente cuando les faltan recursos. También fracasan cuando toman decisiones sin información.

Durante años, México construyó ciudades donde no debía construirlas, permitió asentamientos en zonas inundables y reaccionó a las emergencias cuando el agua ya había entrado por las puertas.

El costo de esa improvisación todavía lo siguen pagando miles de familias.

Por eso resulta relevante que una universidad pública decida poner sus capacidades técnicas al servicio de quienes tienen la responsabilidad de gobernar.

Porque al final del camino no importa cuántos artículos científicos se publiquen.

Importa cuántas vidas pueden protegerse gracias a ellos.

Y en esa lógica, la administración universitaria encabezada por Dámaso Anaya está enviando un mensaje que merece atención.

La universidad no quiere ser espectadora.

Quiere ser protagonista.

No quiere limitarse a explicar los problemas.

Quiere ayudar a resolverlos.

La diferencia parece sutil.

No lo es.

Los empresarios entienden perfectamente el valor de la información estratégica.

Los gobiernos entienden perfectamente el valor de la planeación.

Las comunidades entienden perfectamente el valor de la prevención.

Y cuando esos tres mundos encuentran un punto de coincidencia, generalmente aparece una institución capaz de generar confianza.

Hoy la UAT parece caminar en esa dirección.

No desde la estridencia.

No desde la propaganda.

Mucho menos desde la confrontación.

Lo hace desde algo más difícil: la utilidad pública.

Porque hay ocasiones en que el mayor reconocimiento para una universidad no es un premio, un ranking o una acreditación.

A veces el mayor reconocimiento es mucho más sencillo.

Que cuando llegue la próxima tormenta, alguien pueda decir que el desastre no ocurrió porque hubo quienes decidieron estudiar el problema antes de que apareciera.

En la intimidad… A cientos de kilómetros de cualquier laboratorio, en una playa donde el Golfo de México marca el ritmo de la vida, ocurrió esta semana una de esas escenas que explican por qué vale la pena insistir en la educación.

Una tortuga recién nacida avanzaba hacia el mar.

Detrás de ella caminaban decenas de niños observando el momento.

Para la tortuga era instinto.

Para los niños era aprendizaje.

Y para Tamaulipas debería ser una lección.

La conservación de una especie nunca comienza cuando se libera una cría.

Comienza mucho antes.

Comienza cuando una generación aprende que aquello que parece pequeño también puede ser importante.

La jornada organizada por la Comisión de Parques y Biodiversidad de Tamaulipas en el Campamento Tortuguero La Pesca tuvo precisamente ese propósito.

No se trató únicamente de liberar tortugas lora.

Se trató de sembrar memoria.

De enseñarle a un grupo de niñas y niños que el patrimonio natural no es una fotografía para presumir en redes sociales ni un discurso para ceremonias oficiales.

Es una responsabilidad.

Eduardo Rocha Orozco lo entiende.

También la doctora María de Villarreal, quien ha impulsado programas que acercan a la niñez a experiencias reales de contacto con el medio ambiente.

Porque la educación ambiental no ocurre cuando alguien memoriza conceptos.

Ocurre cuando un niño observa cómo una vida diminuta desaparece entre las olas y comprende que su supervivencia dependerá, en parte, de las decisiones humanas.

Hay enseñanzas que no caben en un salón de clases.

Y hay lecciones que únicamente pueden aprenderse frente al mar.

La de esta semana fue una de ellas.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La representación de México que permanece

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

¿Y si sí? Era la pregunta más repetida en los últimos días desde la esperanza y la
ilusión de ver jugar a la selección mexicana que se mantuvo invicta hasta su
derrota ante el equipo inglés. Pese a perder el partido 3-2, en medio de la cancha
quedó mucho más, desde la muestra de la importancia de saber jugar en equipo
hasta las historias de vida de nuestros jugadores que inspiraron incluso a otras
naciones.
México se quedó con la ilusión de pasar a cuartos; sin embargo, fuera de la
cancha demostró que lejos estamos del ideario sepia con el que durante años se
nos retrató en muchos países. México es colores y tradición. Demostró el
ambiente que se puede vivir con gran emoción desde los festejos más divertidos e
inimaginables. Logramos que la playera verde de nuestra selección fuese una de
las más vendidas alrededor del mundo, porque México se vive con pasión.
Pusimos en el debate la migración y las oportunidades que puede generar para las
personas, teniendo como ejemplo a Julián Quiñones, quien sin duda es hoy motivo
de orgullo para millones de mexicanos. También recordamos que el talento no
entiende de fronteras y que la identidad se construye desde el compromiso, el
esfuerzo y el cariño por la tierra que se representa.
Durante semanas vimos una versión de México que muchas veces pasa
desapercibida: la de quienes colaboran sin importar de dónde vienen, la de
quienes se organizan para apoyar, la de quienes hacen comunidad desde la
alegría. Descubrimos que cuando cada persona aporta lo mejor de sí, el resultado
trasciende cualquier marcador. Tal vez esa sea la mayor lección: el verdadero
triunfo nunca depende únicamente de una figura, sino de la capacidad de construir
en conjunto.
Pero también hubo un aprendizaje incómodo. Los errores de unos cuantos no
pueden convertirse en el rostro de toda una nación. No nos representan las
ofensas dirigidas a otros aficionados, ni los actos de quienes no saben perder con
dignidad. No nos representan las agresiones, la violencia ni la intolerancia. Es
cierto que esas conductas existen y sería ingenuo negarlo, pero tampoco pueden
opacar la hospitalidad, la solidaridad y la alegría que distinguen a millones de
mexicanos.
Quizá la conversación que abrió el futbol también deba servir para mirar aquello
que durante demasiado tiempo ha esperado la misma atención, como las madres
buscadoras y colectivos que pedían no se olviden de su existencia, y se brinde a
sus causas la misma atención que otorgamos a nuestros jugadores. Sí el futbol

une y puede brindar esperanza, ¿no merecen el mismo respaldo y empatía las
más de 130 mil personas desaparecidas de nuestro país?
Porque el orgullo nacional no solo se demuestra cuando ganamos un partido.
También se refleja en la forma en que acompañamos al otro, en la indignación que
nos provoca la injusticia y en la capacidad de transformar la emoción colectiva en
acciones que mejoren la vida de quienes más lo necesitan.
Este torneo nos recordó que México tiene mucho más que ofrecer de lo que
solemos creer. Tenemos talento, creatividad, resiliencia y una capacidad
extraordinaria para hacer comunidad. Tenemos historias que inspiran, personas
que abren camino y una identidad que no se reduce a los estereotipos ni a los
errores de unos cuantos.
Hoy el marcador dice que el sueño terminó, pero la conversación de lo que somos
como mexicanos continúa, la representación que el mundo tenga de México no
tiene que ver solo con un resultado deportivo. México es el país que sobresale
cuando decide trabajar unido y más allá de la tribuna si nos volvemos a preguntar
¿Y si sí? que la respuesta no sea solo pensando en un partido sino en todas las
posibilidades que desde nuestras trincheras tenemos para transformar la realidad
del país que tanto queremos.

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Shhh, UAT!

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Las universidades suelen ser noticia por razones previsibles: presupuesto, infraestructura, conflictos sindicales, resultados académicos o cambios administrativos. Algunas más atrevidas por el tráfico de drogas, directores desaparecidos o por la adquisición de cadáveres fuera de la ley.

Pero, la Universidad Autónoma de Tamaulipas no anda en esos argüendes, así que reunió a 3 mil 426 participantes, provenientes de más de treinta instituciones de educación superior de la región noreste, durante el ciclo de webinarios Tutoría con Sentido: Charlas de Salud Mental Universitaria.

El dato merece leerse con calma porque revela que existe una preocupación compartida entre las universidades públicas por revisar el alcance de sus propios mecanismos de acompañamiento.

Hace algunos años, la tutoría era entendida casi exclusivamente como un instrumento para disminuir el rezago escolar o mejorar los índices de permanencia. Hoy el escenario es distinto. Las dificultades que enfrentan los estudiantes rebasan el ámbito estrictamente académico y obligan a incorporar otras miradas.

Las conferencias impartidas por la doctora Lorena Alicia Medina López, el doctor Raúl Morales Villegas y la doctora Karla Patricia Valdés García abordaron tres asuntos que forman parte de esa nueva realidad: la salud mental en los entornos universitarios, la atención a estudiantes neurodivergentes y la prevención del suicidio. Son temas que hace apenas unos años ocupaban espacios marginales dentro de los programas institucionales y que hoy aparecen en el centro de la discusión.

La participación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y de la Universidad Autónoma de Coahuila confirma, además, que la preocupación no pertenece a una sola institución. Existe una agenda regional que comienza a construirse alrededor del bienestar estudiantil y de la necesidad de fortalecer las redes de tutoría.

En representación del rector Dámaso Anaya Alvarado, la secretaria académica Rosa Issel Acosta González encabezó los trabajos desarrollados bajo la coordinación de la Red Regional Noreste de Tutoría de la ANUIES, responsabilidad que actualmente recae en la UAT.

La universidad enfrenta hoy una exigencia distinta a la de otros momentos de su historia. Ya no basta con ofrecer programas acreditados o incrementar la matrícula. También se le pide capacidad para construir entornos donde los estudiantes encuentren condiciones para permanecer, desarrollarse y concluir su formación.

La salud mental no se resuelve con un ciclo de conferencias ni con una estrategia aislada. Requiere continuidad, personal especializado y políticas institucionales que trasciendan los periodos administrativos.

Por esa razón conviene observar este tipo de iniciativas con una perspectiva más amplia. Las universidades empiezan a reconocer que el acompañamiento forma parte de su función sustantiva. No sustituye la formación profesional, pero sí crea condiciones para que ésta pueda desarrollarse.

Los resultados de ese cambio probablemente no se reflejen en el corto plazo. Como ocurre con las mejores decisiones institucionales, sus efectos suelen advertirse con el paso de los años.

En la intimidad… La incorporación de herramientas tecnológicas a las tareas de Protección Civil comienza a ocupar un lugar relevante dentro de la administración estatal.
La presentación de la plataforma Clima Tamaulipas, impulsada por el gobernador Américo Villarreal Anaya y desarrollada por la Agencia de Innovación e Inteligencia Digital, responde a una lógica de prevención que cobra sentido frente a un diagnóstico conocido: la mayor parte del territorio estatal mantiene algún grado de vulnerabilidad ante fenómenos hidrometeorológicos.

La diputada federal Blanca Araceli Narro Panameño consideró que la plataforma fortalece la capacidad de respuesta institucional al poner a disposición información meteorológica en tiempo real, obtenida a través de una red de veinte estaciones distribuidas en distintos municipios.

Durante la sesión extraordinaria del Consejo Estatal de Protección Civil quedó instalado el Puesto de Comando Interinstitucional que operará durante la temporada de lluvias y ciclones tropicales. En ese mismo encuentro, la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, presentó la actualización del análisis de riesgos para Tamaulipas, documento que identifica distintos niveles de exposición en cuarenta de los cuarenta y tres municipios de la entidad.

En ese contexto, la coordinación entre Federación, Estado y municipios deja de ser un recurso discursivo para convertirse en una necesidad operativa. El reto no consiste únicamente en responder cuando ocurre una contingencia, sino en reducir los márgenes de improvisación antes de que ésta aparezca.

La prevención rara vez produce titulares espectaculares. Su valor suele apreciarse cuando aquello que pudo ocurrir, simplemente, no sucede.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Ay, doña María de Villarreal

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A veces los reconocimientos llegan solos, pero también se buscan; bueno, los ególatras son los encargados de provocar el encuentro con “el reconocimiento”; sin embargo, recientemente nos enteramos de que el Sistema DIF Tamaulipas integró el grupo de los reconocidos a nivel nacional como el mejor, pero, ¿en qué?

Recientemente, el DIF Tamaulipas recibió una visita de supervisión realizada por representantes del Sistema Nacional del Desarrollo Integral de la Familia en distintos municipios tamaulipecos.

No vinieron de paseo, tampoco a comer tortas de la barda de Tampico, ni siquiera para irse a dar una vuelta por la playa de Miramar. Llegaron a revisar. A observar. A cuestionar. A verificar que lo reportado en los documentos coincidiera con la realidad que viven las familias.

Y lo que encontraron fue un sistema que funciona.

Sí, ya sé que “la noticia” puede parecer poca cosa, pero en la administración pública mexicana no lo es, lo más común suele ser la tramponeria.

La  asistencia social ha sido  tratada como un área secundaria dentro de los gobiernos. Un espacio donde muchas veces importaba más la fotografía de la entrega que el resultado final del apoyo. Esa visión ha comenzado a modificarse en Tamaulipas.

La doctora María de Villarreal ha impulsado una manera distinta de entender el trabajo social. Menos protagonismo y más presencia. Menos discurso y más territorio.

Quienes han seguido de cerca su gestión saben que una de sus principales características ha sido mantener al DIF en constante dinamismo y cerca de las personas.

Por eso los resultados obtenidos tras la evaluación nacional no sorprenden a nadie. Se sabe que los programas alimentarios operan al 100; doña María ha logrado conformar con su equipo de colaboradores comunitarios funcionando, escuelas atendidas y familias recibiendo apoyos bajo reglas claras. Nada de cositas raras, nada.

Detrás existe una estructura que trabaja todos los días y una visión que ha insistido en algo fundamental: la asistencia social no debe medirse por la cantidad de recursos que se entregan, sino por la transformación que esos recursos generan en la vida de las personas.

Por eso que Tamaulipas aparezca hoy como el estado mejor evaluado del país en desempeño dentro del sistema DIF no es sorpresa para nadie.

En la intimidad…  Mientras el Sistema DIF Tamaulipas recibía el reconocimiento nacional por su desempeño, en Ciudad Madero otra escena mostraba una realidad que con frecuencia pasa desapercibida para la política tradicional.

Más de 300 familias acudieron a una nueva jornada del Comayemóvil impulsada por la diputada Cynthia Jaime Castillo en la colonia Las Flores.

Vacunas, atención oftalmológica, orientación para mujeres, apoyos alimentarios y actividades comunitarias formaron parte de una jornada que acercó servicios a una zona donde muchas veces trasladarse representa un gasto que las familias simplemente no pueden asumir.

Hay políticos que esperan a que los ciudadanos lleguen a sus oficinas.

Y hay otros que entienden que la responsabilidad pública comienza cuando se sale a buscarlos.

La diferencia parece pequeña.
En la práctica, suele ser enorme.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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