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Tampico Tamps.- Abarca media cuadra sobre la antigua calle Ribera (hoy en día Héroes del Cañonero), entre las de Aduana e Isauro Alfaro, en el centro histórico de Tampico: es el bello edificio de dos pisos que con decena y media de arcos o portales adornando su fachada y haciendo de su parte exterior una especie de nave al pie de la pública, está cumpliendo cien años en este 2015, tiempo en el cual han pasado por su interior lo mismo ricos industriales extranjeros de la época esplendorosa del oro negro en esta zona de México, que agentes navieros, líderes sindicalistas, trabajadores del muelle, comerciantes, funcionarios federales, artistas del cine y la farándula nacional, empresarios de todo giro y, en la etapa más reciente de esta ciudad y puerto, comensales que llegaron a acudir a ese lugar cuando funcionaba como restaurante.

Construido con un estilo peculiar del tiempo en que la influencia francesa dentro de la arquitectura aún se hacía notar en este país, como ocurrió en la última parte del porfiriato, el inmueble fue luego rediseñado obedeciendo también a las exigencias que había entonces, a principios del siglo pasado, respecto a las características particulares que debían poseer las edificaciones en ese determinado momento y espacio de la localidad, como lo explica a REPORTE NORESTE el cronista local, Marco Antonio Flores.

Según sus datos, fue un empresario de origen estadounidense, al que le habían dado muy buenos resultados sus inversiones dentro de la región basadas en la cercana relación que supo establecer con los directivos de las distintas compañías petroleras, el mismo que se dio a la tarea de remodelar la construcción acorde a las disposiciones en materia de arquitectura, puesto que por ley debía de tener portales, aunque la casona original ya contaba con arcadas, de modo que respetando el estilo básico, aunque añadiéndole un efecto neoclásico y arcos intermedios sin soporte alguno, se renovó el recinto.

«Precisamente durante el siglo diecinueve, al surgimiento de la ciudad, se empezaron a establecer en esa cuadrícula algunas propiedades, y en esa misma esquina no sabemos todavía a quién se le asignó un solar completo, pero allá por los años iniciales de la centuria posterior hacen un edificio que le es vendido a un señor Wholet, un norteamericano que se dedicaba a la venta de ferretería, él venía de los Estados Unidos, había llegado ejerciendo una gran actividad económica, Tampico estaba en pleno auge petrolero, y vendía bombas y otros productos que eran utilizados en los campos petroleros», refiere el historiador.

Cuenta el mismo Flores que la propiedad estuvo siendo rentada por partes para uso de oficina en su planta alta, y en su primer nivel para actividades exclusivamente comerciales, pero con el paso de las décadas, y ya transformada la zona portuaria de Tampico en un área de gran movimiento burocrático, mercantil, naviero y aduanal, por la cantidad de barcos y mercancía de distinta variedad que llegaba a atracar en los muelles a lo largo de cada año, a la altura de la banqueta, convertida en pasaje o corredor justamente por la presencia de los portales, instalaron un restaurante que llevó el nombre de «Diligencias», del que actualmente muchos tienen aún memoria, y que operó por varios años.

Posteriormente, y tras estar algunos años desocupada esa área por la quiebra del negocio, llegaron ya en el nuevo milenio los descendientes del conocido autor de la carne a la tampiqueña, don José Inés Loredo, para abrir ahí su propio establecimiento, el cual sólo duró ahí poco más de un año, y en la actualidad el sitio, un punto de tradición e importancia turística por haber sido el expendio de mariscos predilecto para visitantes que venían regularmente a esta zona, está de nuevo sin actividad, lo que no ocurre con sus claustros adyacentes y superiores, dado que algunos de ellos continúan siendo rentados, y de hecho en el interior estuvo situado un tiempo el fideicomiso del centro histórico de Tampico.

Remodelado en 1995, el edificio Wholet, como prefiere llamarlo Marco Flores, es una joya arquitectónica, toda una reliquia centenaria que cuenta con un amplio estacionamiento interno, y es ahora, desde hace mucho, un punto además de referencia para los ciudadanos, por ser hasta la fecha la esquina donde confluyen varias rutas de coches y autobuses del transporte público, por lo que instalar en ese espacio un hotel o mejor aún, un museo con restaurante propio, aprovechando lo acreditado que quedó como expendio de comida, en la nueva bonanza económica que se avista para Tampico puede no ser algo tan difícil: rescatar dicho patrimonio cultural como elemento activo de la ciudad sería parte del resurgimiento de toda esa vieja zona.

 

 

 

 

 

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