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“La paradoja del PRI… la paradoja del Peje”.

La triple paradoja: ¿acaso existe tal cosa?  Primero que todo, habría que empezar por explicar qué cosa es una paradoja.  La Real Academia de la Lengua Española define por paradoja a todo aquel “hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica”.  Derivada del latín paradoxus, y con raíz griega, dicha palabra se refiere a una figura retórica consistente en el uso de expresiones que envuelven una contradicción.  Así pues, una paradoja bastante simple sería, por ejemplo, la expresión imperativa: “¡Hazlo ahora mismo!”, algo imposible de atender, dado que para cumplir con esa demanda es necesario terminar de escuchar, por lo menos, la segunda palabra, y para cuando se empiece a satisfacer el enunciado deseo, el instante aquel, “ahora mismo”, habrá ya expirado.  Por lo regular, las paradojas resultan ser así: una contraposición de un par de ideas o manifiestos destinados a jamás andar por la misma línea.

Pues bien, aquí se ha de postular, no ahora mismo, pero sí enseguida, una triple paradoja que, en todo caso, sería más bien cuádruple, dado que en términos teóricos, al menos, resulta posible.  Y se trata de esto: el PRI parece estar destinado, inevitablemente, a una muy anunciada derrota electoral dentro de dos años, tal como acaba de ocurrir al final de la primavera en 7 estados del país  y en la misma Ciudad de México.  El fracaso de ese partido en los comicios federales para renovar la presidencia de la república  es, en este momento, lo más seguro para la mayoría de los analistas políticos, las casas encuestadoras y habitantes mismos del territorio nacional.  A menos que, y he aquí la primera parte de esa paradoja, Andrés Manuel López Obrador fuera postulado como su candidato para dicho cargo de elección popular, mismo que, después de todo, el tabasqueño ha estado buscando alcanzar a toda costa desde que inició su gestión como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, hace ya casi dieciséis años.  Suena escandaloso, pero esa sería tal vez la única manera de que el Partido Revolucionario Institucional conquistara la otrora llamada “máxima magistratura” de la nación.  Y es que, a fin de cuentas, igual de seguro, por lo menos, que la salida del tricolor de Los Pinos, se avista el triunfo en las futuras votaciones de AMLO, al que se ve, en la actualidad, como el aspirante más firme y el que encabeza las encuestas.

Paradoja a la doble potencia: López Obrador, anti-priísta no por naturaleza (en la política nació como militante del PRI), pero sí por determinación suya durante las tres últimas décadas, terminaría, en el hipotético caso de que lo candidateara el Revolucionario Institucional, convirtiéndose a ese “lado obscuro” que tanto ha señalado delante de sus huestes, lo que le transformaría automáticamente en MALO ( y ya no AMLO), con mayúsculas, tanto para buena parte de su gente como para los que, siendo anti-priístas, como él, pero sin ser necesariamente adeptos a su causa, lo observan hoy en día como una posibilidad rumbo al 2018.  E igualmente a la inversa:  a  esa militancia y simpatizantes del PRI, por pocos o muchos  que queden aún, cuya animadversión por “El Peje” se ha dado en absoluta correspondencia a la beligerancia verbal del de Macuspana contra el tricolor, les resultaría una afrenta y el colmo, lo peor que podría pasarles, el que sus dirigentes le llegaran a entregar tal candidatura al señor López.  De modo que, ante un escenario así, lo más seguro es que ambos, Peje y PRI, perdieran la presidencia de México, y por ello es un absurdo, una auténtica paradoja, el siquiera imaginar, ya no digamos plantear, como se hace aquí, un panorama de semejantes dimensiones.

Pero a ver, por fin: ¡¿la única forma en que el PRI ganaría la presidencia de México sería postulando al Peje, o luego entonces, si así fuera, sería esa la única manera de hacer perder a López Obrador?!  ¿No son acaso ambos planteamientos totalmente contradictorios entre sí, y al serlo y siendo también un solo postulado en su forma, constituyen una o un par de paradojas…?  Desde luego que se trata de una doble paradoja, y de hecho, cuádruple, por la contradicción que ya de sí resulta, desde ambos lados, el verse siquiera como una mera suposición dentro de un escenario así.  Sin embargo, hay todavía una tercera vía paradójica, y es el hecho de que, al ser como el agua y el aceite ambas personas, la física encarnada por AMLO, y la moral representada por el PRI (¡¿en serio…?! ¡otra paradoja!), jamás podrá ser viable una unión entre ambos, al menos partiendo de la lógica.  Y precisamente por ello, porque tales polos opuestos no podrán encontrarse, no harán fuerza (sea para perder o ganar) y no se mimetizarán, pues, es que acabarán minándose a costa de combatirse hasta quedar totalmente endebles, deformes y lo suficientemente desagradables como para repeler, lejos de atraer, a ese gran cuerpo social que se llama electorado en la futura elección, la del 2018.  Negativo más negativo es igual a negativo.  Negativo dividido da el mismo valor.  Justo como se hallan ahora…

Un momento: ¿porqué decir que López Obrador perdería si las cosas, después de todo, siguen tal como hasta ahora, cuando líneas arriba se acaba de mencionar lo que todos los enterados y especialistas en política y análisis, en estudios de opinión, ya conocen, y es el hecho de que “el Peje” va arriba en las encuestas…? Por una razón bastante obvia, evidente y sencilla: A López Obrador lo bajará de las encuestas, lo “tumbará”, se lo acabará y lo aniquilará, el propio López Obrador: su eterno “yo”, su “yo” contra todos, su “yo” contra  ustedes”, su “yo” para siempre, su “yo, yo y siempre yo”, que desde ahora comienza a trabajar ya en contra suya, y que lo llevará a caer de la gracia de  aquellos mismos a los que había conquistado, porque el de Tabasco se encuentra ligado irremediable y voluntariamente, en esencia, a sus valores más negativos, antes que a aquello que de él puede resultar positivo.  Y cuando se ve favorecido por las circunstancias, como ahora mismo, es cuando más parece huir de ese estado, como si aborreciera todo lo que sea positivo incluso para él mismo.  Y ahora mismo lo vemos: sumándose sin necesidad alguna a una causa destinada al fracaso, como es la causa del odio y la violencia que enarbolan a modo de estrategia, en vivo y por redes sociales, todos esos grupos de no-maestros que ha adoptado como “entenados” suyos la CNTE, AMLO ha comenzado a tomarse, partícula por partícula, la cápsula de un cianuro político cuyo amargo sabor ya conoce, porque lo probó en 2006 y 2012, y a cuyo gusto no sólo se acostumbró, sino que ya le halló el gusto.  Triple paradoja.

 

 

Opinión

Las lucecitas de Monica Villarreal

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A los ciudadanos les gusta, y más aún a los aficionados del quehacer político, ¡por supuesto! Que la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya se ponga recia y reclame, que exija, corrija y regañe a sus compinches, pero todavía genera mayor placer cuando repara aquello que Tampico perdió poco a poco, y me refiero a la confianza de  poder caminar una calle de noche sin miedo.

Sí, afortunadamente las cosas han cambiado en Tampico, y no de hoy, desde hace ya algunos ayeres, y aun así el deterioro del alumbrado público es una asignatura pendiente para todas las administraciones, solo que si no se atiende, se convierte en una de las crisis más complejas. Por eso, Zácil, exigió a su equipo la restauración de al menos cinco mil luminarias; unas han sido rehabilitadas, otras intercambiadas por nuevas.

La iluminación pública no es únicamente infraestructura. Es percepción de seguridad. Es movilidad. Es tejido social. Es la diferencia entre una plaza ocupada por familias o dominada por el silencio o el bullicio de los hampones. Con esto, queda claro que el Ayuntamiento entendió que una ciudad iluminada también es una ciudad vigilada.

La rehabilitación de torres apagadas en el distribuidor vial aeropuerto y en el acceso Tampico–Valles tiene un peso simbólico importante. No solamente porque beneficia a más de 26 mil personas de La Morelos y sectores aledaños, sino porque exhibe el tamaño del rezago que existía.

También merece atención el programa “Senderos Seguros”, particularmente en zonas donde las mujeres han tenido que modificar horarios, rutas y costumbres por temor. El andador San Marino, en el José Elías Piña, representa un experimento urbano que deberá medirse no por el número de lámparas instaladas, sino por la capacidad real de devolverle tranquilidad a quienes transitan ahí todos los días.

Sin embargo, sería un error político caer en la autocomplacencia. Cinco mil luminarias ayudan, pero no resuelven por completo el problema estructural de seguridad, percepción ciudadana y mantenimiento urbano que arrastra Tampico desde hace años. El verdadero reto comienza ahora: sostener el sistema, evitar el deterioro acelerado y garantizar que dentro de tres o cuatro años la ciudad no vuelva a caer en la misma oscuridad administrativa.

Tampico necesita continuidad, no solamente reacción.

Y aunque hoy la narrativa oficial presume circuitos rehabilitados, lámparas nuevas y casi mil reportes atendidos, la ciudadanía terminará evaluando algo mucho más simple: si puede volver a sentirse segura en su propia colonia.

Ahí estará la verdadera auditoría pública.

En la intimidad…  Con el objetivo de abrir canales reales a las nuevas generaciones, el Congreso Tamaulipeco de la Juventud 2026 busca consolidar un espacio donde las ideas, las voces y los sueños de las y los jóvenes se transformen en participación ciudadana y propuestas legislativas que impulsen el desarrollo integral del estado.

Durante la jornada, las y los integrantes de este parlamento juvenil asumieron el rol de diputadas y diputados por un día. El arranque de actividades demostró que la juventud tamaulipeca no solo está interesada en la política, sino que cuenta con la preparación necesaria para proponer soluciones tangibles desde su propia perspectiva y realidad social.

El trabajo legislativo se concentró de lleno en el desarrollo de las comisiones, donde se llevó a cabo la discusión de temas prioritarios para las juventudes, tales como la salud mental y bienestar juvenil, empleo y emprendimiento, educación y tecnología, participación ciudadana y gobierno abierto, seguridad pública y prevención del delito, entre otras materias de interés. Tras un intenso debate enriquecido por el talento y la visión de esta generación, se procedió a la votación de iniciativas que buscan dejar una huella en la transformación del estado.

Al respecto, el director general del Instituto de la Juventud de Tamaulipas, Oscar Azael Rodríguez Perales, destacó que este ejercicio representa una oportunidad invaluable, señalando que hoy en día las voces de las y los jóvenes no solo se escuchan, sino que se reconocen y se valoran como una pieza clave para el cambio social, demostrando la capacidad y energía de una juventud comprometida.

Este histórico proceso ha sido posible gracias al firme respaldo del gobernador Américo Villarreal Anaya, quien a través del INJUVE, organismo perteneciente a la Secretaría del Trabajo que lidera Luis Gerardo Illoldi Reyes, continúa impulsando el liderazgo juvenil y creando sinergias institucionales para que las nuevas generaciones tengan un papel protagónico en el Tamaulipas del mañana.

La sesión contó con la presencia de destacadas personalidades del ámbito legislativo, entre ellos el diputado presidente del Congreso del Estado, Humberto Armando Prieto Herrera; asimismo, el diputado presidente de la Mesa Directiva, Sergio Arturo Ojeda Castillo, quienes atestiguaron el compromiso de las y los legisladores juveniles.

Finalmente, los organizadores extendieron un profundo agradecimiento a cada joven por formar parte de este Congreso, siendo reconocidos como el motor y la esperanza de la entidad, concluyendo así un encuentro que marca un antes y un después en la vida democrática y participativa de la juventud tamaulipeca

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

A nadar patitos

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Por años, ta- ta- ta- ta- Tamaulipas cargó un manto lúgubre y acaparó las primeras planas con notas de violencia que convertían los periódicos en hojas de papel escurriendo sangre; carreteras vacías y una percepción a veces, solo en ocasiones injusta con relación a la  realidad cotidiana de millones de tamaulipecos, pero, hoy, esa historia ya comienza a perder foco y espacio informativo frente al deporte.

Otro resultado a favor de la disciplina, será la llegada de más de 3 mil atletas provenientes de 30 entidades federativas a la zona metropolitana de Tampico, para disputar el XXII Encuentro Nacional Deportivo de los CECyT 2026.

Por supuesto que todo aquel que lo vea como un simple encuentro estudiantil, está frito, esto es una jugada política, turística y social; es un golazo estilo Hugo Sánchez, es decir, de un toque, incluso, con esto queda claro que la entidad puede organizar competencias nacionales de alto nivel, recibir visitantes de todo el país y convertir el deporte en motor económico, turístico y comunitario ¡golazo!

Ah, pero, no para el Puskás.

El chiste es que del 8 al 12 de junio, Tampico, Ciudad Madero y Altamira dejarán de ser únicamente ciudades industriales o portuarias para convertirse en el epicentro nacional del deporte técnico-estudiantil. Atletismo, futbol, voleibol, ajedrez, basquetbol, béisbol y hasta natación —disciplina incorporada por primera vez gracias a una propuesta impulsada desde Tamaulipas— pondrán a prueba no sólo a los jóvenes competidores, sino también la capacidad logística y turística de una región que lleva años demostrando que tiene infraestructura, hospitalidad y conectividad suficientes para competir con cualquier sede del país.

Se estima que la derrama económica sea superior a los 20 millones de pesos, significa: noches de hotel, restaurantes trabajando a máxima capacidad, transporte movilizado -con todo y sus tumores- y comercios beneficiados. Pero más allá del impacto económico inmediato, el verdadero valor está en la imagen que proyecta Tamaulipas hacia afuera.

Miles de estudiantes recorren la zona sur, conocen Playa Miramar, visitan la Laguna del Carpintero, consumen gastronomía local y conviven en espacios públicos, también desmontan prejuicios. Con la oportunidad de experimentarse en un  estado vivo, funcional y capaz de ofrecer experiencias deportivas y turísticas al mismo tiempo.

Pocas actividades generan tanta convivencia sana como una competencia nacional donde convergen jóvenes de todo México bajo reglas claras, disciplina y espíritu colectivo.

Y el sur de Tamaulipas tiene ventajas difíciles de ignorar. A diferencia de otras sedes deportivas del país donde el visitante llega únicamente a competir, aquí existe la posibilidad de combinar alto rendimiento con turismo. Un atleta puede disputar una final de voleibol por la mañana y caminar por el malecón de Miramar al atardecer. Un entrenador puede asistir a competencias en Ciudad Deportiva y terminar echándose unos mariscos o refrescándose con unos litros de “Fausto’s”, mientras, los acompañantes pueden consumir cultura, gastronomía y playa mientras el evento transcurre.

Eso convierte a Tamaulipas en algo más que una sede: lo convierte en experiencia.

La jugada es de pizarrón. Turismo deportivo. Eventos masivos. Ocupación hotelera. Promoción regional. Reconstrucción de marca pública. Y, sobre todo, apropiación social de espacios deportivos.

En la intimidad… Mientras el sur del estado se prepara para recibir miles de visitantes, en otra región de Tamaulipas comienza una batalla silenciosa que también habla de organización y capacidad institucional.

El rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, anunció el despliegue de brigadas universitarias para combatir y contener el gusano barrenador del ganado, una amenaza que mantiene en alerta al sector pecuario.

La decisión tiene un fondo importante: la universidad dejó de observar desde la academia para involucrarse directamente en territorio. Cuarenta jóvenes universitarios y cuatro docentes iniciaron capacitación para participar en recorridos, detección de casos y colocación de trampas en municipios estratégicos como Burgos, El Mante, Xicoténcatl, Llera y González.

El mensaje político y social es relevante. Mientras muchas instituciones públicas enfrentan cuestionamientos por burocracia o distancia con los problemas reales, la UAT intenta colocarse como actor operativo dentro de una contingencia que afecta directamente a productores ganaderos.

Más interesante aún es el componente científico. No se trata únicamente de combatir la plaga, sino de estudiar el comportamiento de la mosca transmisora y generar soluciones técnicas basadas en evidencia. Ahí es donde la universidad puede marcar diferencia.

En tiempos donde el discurso público suele llenarse de promesas vacías, la imagen de jóvenes universitarios recorriendo ranchos y comunidades para atender un problema sanitario manda otra señal: la educación superior también puede convertirse en fuerza de respuesta social.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Los amores playeros de la UAT

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La reunión entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y la Secretaría de Turismo del estado no debería celebrarse como un logro turístico. Todavía no. Apenas tendría que entenderse como el reconocimiento de una buena alianza. Por mchos años Tamaulipas no  aprendió a contarle su propia grandeza al mundo, y hoy comenzó a hacerlo.

En esta bonita tierra hay  selva, desierto, mar, frontera, gestronomia, tenemos la huasteca, petróleo, más gastronomía y pueblos enteros construidos alrededor de leyendas, por eso, que no seamos destino turistico  principal es una desgracia, y no solo para los tamaulipecos, sino también para todos los que no han venido a la entidad.

Todo saben que durante años, el turismo tamaulipeco sobrevivió atrapado entre campañas oficiales recicladas, playas de temporada y discursos donde siempre se prometía “potencial”. El problema es que el potencial no termina de llenar hoteles, no genera rutas internacionales y mucho menos convierte comunidades en polos económicos. Por eso la alianza anunciada por el secretario Benjamín Hernández Rodríguez y el rector Dámaso Anaya Alvarado merece atención, sí, pero también una exigencia brutal de resultados.

Porque Tamaulipas ya no necesita más folletos bonitos.

Necesita experiencias capaces de competir con Oaxaca, Yucatán, Baja California o las playas de Quintana Roo.

Necesita guías turísticos preparados para narrar el estado con profundidad histórica y no únicamente con frases memorizadas. Necesita rutas donde el visitante no solamente observe un paisaje, sino que entienda qué ocurrió ahí, quién murió ahí, qué se cocinó ahí y por qué esa región terminó moldeando parte de la historia económica y social del noreste mexicano.

La intención de profesionalizar guías y construir turismo comunitario es correcta. Era urgente. Lo verdaderamente preocupante habría sido seguir fingiendo que Tamaulipas podía crecer turísticamente con improvisación.

Porque hoy el turismo internacional consume emociones antes que destinos. Quiere historias.

La gente viaja buscando autenticidad. Busca escuchar a pescadores del Tamesí hablar del agua. Busca caminar pueblos semivacíos donde todavía sobreviven casas ferroviarias. Busca gastronomía con identidad real y no menús maquillados para turistas.
Y ahí la UAT tiene una responsabilidad gigantesca.

La universidad posee investigadores, historiadores, antropólogos y especialistas que podrían construir una narrativa turística de enorme valor internacional. Pero ese conocimiento sigue encerrado demasiadas veces en congresos académicos que nunca llegan a las comunidades.

El gran reto será sacar la historia de los libros y convertirla en experiencia viva.

Porque Tamaulipas no puede seguir permitiéndose el lujo de tener zonas arqueológicas olvidadas, centros históricos mutilados por el abandono y comunidades rurales completamente fuera del mapa turístico nacional.

Y también hay que decir algo incómodo: el turismo comunitario fracasa cuando solamente sirve para la fotografía política.

Tamaulipas necesita certificaciones internacionales para guías, rescate serio del patrimonio histórico, señalética moderna, digitalización de rutas, promoción bilingüe y un modelo turístico que entienda algo fundamental: el visitante actual quiere sentir que descubrió un lugar auténtico, no que recorrió un producto gubernamental empaquetado.

Porque el estado sí tiene con qué competir.

Tiene manglares, lagunas, marismas, reservas ecológicas, cocina huasteca, herencia ganadera, historia revolucionaria y una posición geográfica privilegiada entre México y Estados Unidos.

Lo que no tiene todavía es una identidad turística consolidada.
Y ese sigue siendo el verdadero pendiente.

En la intimidad… Mientras en Tamaulipas intentan construir una nueva visión turística, en Tampico el gobierno municipal libra otra batalla mucho menos estética y muchísimo más urgente: la diabetes.

La alcaldesa Mónica Villarreal Anaya utilizó el primer aniversario del Centro de Atención a la Diabetes (CECODIAT) para exhibir una realidad demoledora: en lo que va de 2026, Tamaulipas suma 6 mil 397 nuevos casos de diabetes.

La cifra retrata una epidemia silenciosa que hace años dejó de ser exclusivamente médica para convertirse en un problema social, económico y cultural.

El Cecodiat presume 2 mil 288 servicios otorgados, 815 consultas diabetológicas y 992 atenciones nutricionales. Pero el dato más delicado quizá sea otro: el 26 por ciento de niñas, niños y jóvenes presenta sobrepeso y el 22 por ciento ya enfrenta obesidad.

Es decir, el problema viene creciendo desde abajo.

La presidenta municipal insiste en que la prevención debe convertirse en prioridad pública. Y probablemente ahí esté el verdadero desafío del sistema de salud mexicano: entender que ningún hospital alcanzará jamás para enfrentar una sociedad que normalizó alimentarse mal, dormir poco y vivir permanentemente bajo estrés.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Atwood, un manual de prevención o supervivencia

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

La primera vez que supe de “El cuento de la criada” juré que se trataba de una
distopía, cada episodio de la serie era demasiado desalentador para ser real,
consideraba sin embargo que la trama no era una propuesta lejana considerando
los vientres de alquiles y la constante desigualdad de género en la que vivimos en
la actualidad.
Después comencé a interesarme más por Margaret Atwood, la autora que había
dado forma a estar narrativa que saltó a la pantalla en 2017, alcanzando tal
popularidad que la vestimenta de los personajes se volvió un símbolo en marchas
feministas alrededor del mundo, al igual que la novela, fue pasando entre
generaciones, pues el eje temático advierte sobre la represión de derechos de la
mujer.
La historia cobra de nuevo fuerza con la llegada de su continuación: “Los
testamentos”, escrita en 2019 pero presentada en pantalla hasta este año, esta
narrativa se centra ahora en mujeres jóvenes cuya misión es ser esposas, dar
continuidad a una estructura y en medio de la misma comienzan a cuestionar si
este es el único camino.
La fortaleza de Margaret Atwood al crear estas historias no es la advertencia,
conforme me adentré en su obra y su historia, descubro que su género es la
ficción histórica o ficción especulativa, es decir cada narración surge de algo que
ya ocurrió en algún punto de la historia, ella lo usa de inspiración cambiando
algunos detalles, pero sí hay precedentes reales de la situación que ella comparte
a través de sus novelas.
La misma vida de la autora es un referente de los cambios que ha tenido, nació en
una época de totalitarismos donde todo lo que se hablaba alrededor tenía un
vínculo directo con la guerra, esto la llevó a investigar sobre el poder, figuras de
dominación y la capacidad de persuasión ante naciones enteras que eligen
renunciar a sus derechos o suprimir los de otros con tal de dar continuidad a
ideologías específicas.
De ahí que en múltiples ocasiones declare que nada de lo que escribe es
inventado, pues la narrativa que podría ser distópica ya tuvo lugar en algún punto
bajo administraciones como las de la segunda guerra mundial o la dictadura
argentina. Esto es lo que genera incomodidad y a la vez la popularidad de las
adaptaciones de su obra, pues resulta sencillo reconocernos en ellas. En un
contexto donde continúan las discusiones sobre derechos reproductivos, violencia
de género y libertades individuales, leer a Atwood deja de ser solamente un
ejercicio literario y se convierte en una conversación necesaria sobre el presente.

Su obra también es inspiración para quien cuestiona y analiza constantemente su
entorno, en distintos países las protestas feministas retomaron los hábitos rojos y
las cofias blancas de “El cuento de la criada” como una manera de advertir que los
derechos conquistados nunca están completamente asegurados. La imagen se
volvió universal porque sintetiza una preocupación compartida: el miedo a perder
autonomía sobre el cuerpo, la voz y la posibilidad de decidir. Atwood consiguió
que la literatura dialogara directamente con la realidad política y social de millones
de mujeres.
Sin embargo, reducir su obra únicamente a una postura feminista sería injusto.
Margaret Atwood también escribe sobre poder, memoria, religión, desigualdad y la
facilidad con la que las sociedades pueden acostumbrarse a la violencia cuando
esta ocurre de manera gradual. Ella misma ha declarado que la naturaleza
humana siempre encuentra formas de repetir sus peores errores si se presentan
bajo el disfraz de la seguridad o el orden moral.
Leer a Margaret Atwood hoy implica mirar el mundo con más atención. Sus libros
no ofrecen respuestas sencillas ni finales totalmente esperanzadores, pero sí la
posibilidad de cuestionar aquello que muchas veces damos por hecho. Acercarse
a su obra es un recordatorio de análisis constante, pero también de que la brújula
que guía nuestro desarrollo puede fácilmente perder el rumbo y enfocarse a
momentos que podrían traer arrepentimiento si lo vemos desde la amenaza de
nuestras libertades.

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