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Opinión

Sin dinero para el deporte mexicano.

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El arte del desplazamiento o Parkour, es un “deporte” de origen francés, recientemente considerado como la octava disciplina de la gimnasia mundial. En México comenzó su auge en el año 2000 y está arrebatándole los parques y espacios públicos a viciosos y pandilleros.

Practicado con gran éxito por hombres y mujeres, el Parkour, ha crecido a nivel internacional hasta romper las barreras y tabúes que intentó ponerle la sociedad, logrando que sus expositores en 2018 lo convirtieran en una de las disciplinas de la gimnasia; por lo que en todo el mundo comenzaron a formarse los comités técnicos de coordinación y desarrollo, México no se podía quedar atrás.

El país Azteca ha tenido a lo largo de la historia de esta exigente disciplina, a personalidades como: Danne Marmolejo, Kat o Moisés Ramos, actual Presidente del Comité Técnico Nacional de la Federación Mexicana de Gimnasia y Coordinador del Parkour México, ellos como muchos otros, han puesto en alto el nombre de nuestro país viniendo desde abajo, luchando por sobrevivir en lo personal como en lo referente a la disciplina que les apasiona, tanto que han luchado hasta el cansancio por seguir en la profesionalización nacional del Parkour.

En referencia al arte de trazar su recorrido, a quienes practican el Parkour, se les llama traceuse, si es mujer o traceur a los hombres, esto es de origen francés por eso, se deriva del verbo trazar, que es precisamente lo que hacen en los parques o en cualquier sitio urbano estos atletas que parecen sostenerse y caminar en el aire.

En la actualidad hay alrededor de 53 escuelas de Parkour en todo México, existen registrados poco menos de 400 atletas y unas 5 mil personas practican esta exigente disciplina al año, siendo la escuela del PerfectJump, en Querétaro, una de las más populares, sin menospreciar que en otras 15 entidades federativas existe la enseñanza al Parkour que ya comenzó sus competiciones organizadas.

En febrero del 2020 se celebró el selectivo nacional, Parkour México. El primer lugar fue para Jonathan Hernández Ramos; luego clasificó segundo, Alan Oswaldo Cruz Suárez y tercero, Jorge Zubillaga Lugo. En la clasificación femenil: Ella María Bucio Dovali, fue la mejor del país; luego, Raquel Becker Domínguez; y en la tercera posición Kiara Guerrero Gutiérrez.

Todos ellos se ganaron el pase al mundial en Hiroshima, Japón; pero como toda actividad por culpa del COVID-19, se suspendió y reprogramó para el 2021; sin embargo, estos atletas como muchos otros que les corresponde poner en alto el nombre de México, no tienen los apoyos económicos de la Federación y andan pepenando, haciendo rifas, pidiendo prestado y hasta empeñando sus bienes para juntar los necesarios y viajar a Japón.

Para Gabriel Mendoza, entrenador del equipo mexicano y Moisés Ramos, ha sido bastante difícil recaudar el mínimo monto de 50 mil pesos por atleta, dinero que serviría para los gastos de avión, hospedaje, alimentación, transportación al interior del país extranjero, y el pago de 50 francos suizos por derecho de competición; más la licencia de cada uno de los deportistas. Cabe hacer mención que por tratarse de la contingencia, deben viajar con días de anterioridad.

¡Qué cosas!, es mejor desaparecer fondos económicos y estímulos a deportistas que impulsar alguna sociedad con la iniciativa privada para encontrar soluciones en beneficio de los atletas nacionales. Contáctalos con su Publirrelacionista, Adriana Toledo en el 5536989435 para que formes parte de la historia y los lleves a cumplir su sueño.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

Opinión

Nuevas realidades, del diccionario al Emoji

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
El lenguaje siempre ha sido un espejo de su tiempo, pero en las últimas décadas ese espejo parece haberse acelerado. Las nuevas generaciones no solo incorporan palabras a un ritmo vertiginoso, sino que también han expandido el repertorio comunicativo hacia territorios que antes parecían ajenos a la escritura formal: emojis, memes, abreviaturas y expresiones híbridas que mezclan lo visual con lo verbal.

Lo que para algunos es una degradación del idioma, para otros es simplemente la evolución natural de una herramienta viva. Diversos estudios lingüísticos coinciden en que los emojis no son meros adornos, sino marcadores pragmáticos que cumplen funciones similares a los gestos en la comunicación cara a cara.

Investigaciones académicas señalan que pueden actuar como “metáfora, gesto o acotación”, aportando matices emocionales que el texto plano no siempre logra transmitir. De hecho, análisis sobre comunicación digital muestran que estos elementos funcionan como sustitutos de señales no verbales, llenando vacíos expresivos propios de los entornos en línea.

Incluso hay evidencia de que facilitan procesos cognitivos y emocionales en contextos de aprendizaje de idiomas, reforzando la comprensión y la conexión afectiva con el mensaje.

En este sentido, no es descabellado pensar que los emojis representan una suerte de “retorno” a formas más icónicas de comunicación, recordándonos que el lenguaje humano siempre ha combinado símbolos, sonidos e imágenes.

La diferencia es que ahora esa mezcla ocurre a escala global y en tiempo real. Sin embargo, el cambio no se limita a lo visual.

La llegada de la inteligencia artificial está introduciendo una nueva capa de transformación. Investigaciones recientes indican que los modelos lingüísticos influyen en la aparición de palabras

y expresiones que terminan filtrándose en el habla cotidiana.

Paralelamente, trabajos académicos sobre escritura digital sostienen que la IA generativa está reconfigurando nociones tradicionales de autoría y originalidad, planteando preguntas sobre qué significa realmente “escribir” en un entorno asistido por algoritmos.

La lingüista Naomi Baron advierte que el uso extendido de herramientas de IA podría conducir a una escritura más simple y homogénea, reduciendo la creatividad y el vínculo personal en la comunicación.

Otros análisis periodísticos señalan que la dependencia de estos sistemas puede fomentar patrones lingüísticos repetitivos y una pérdida de diversidad expresiva, con efectos que van desde la educación hasta el periodismo.

Al mismo tiempo, instituciones como la Real Academia Española están desarrollando herramientas basadas en IA para  detectar neologismos y monitorear la evolución del idioma, reconociendo que el cambio es inevitable y debe ser comprendido más que resistido.

La pregunta de fondo es si estas transformaciones alteran algo más profundo que nuestras palabras. Algunos expertos sostienen que la comunicación digital —especialmente cuando se apoya en automatización— puede modificar procesos cognitivos, afectando la memoria de trabajo, la creatividad y la forma en que elaboramos ideas.

También se ha planteado que el uso intensivo de IA podría influir en nuestros procesos emocionales y en la manera en que nos relacionamos, aumentando la eficiencia, pero potencialmente reduciendo la autenticidad de las interacciones.

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro es plástico: se adapta a los hábitos comunicativos que practicamos. Si escribimos con emojis, pensamos con emojis; si delegamos la redacción a algoritmos, entrenamos otras habilidades, como la curaduría o la interpretación.

No hay evidencia concluyente de que estos cambios sean inherentemente negativos, pero sí de que implican ajustes en nuestras formas de atención y procesamiento.  Quizá la cuestión no sea si debemos adaptarnos, sino cómo hacerlo.

El lenguaje nunca ha sido estático, y cada generación lo ha moldeado según sus necesidades tecnológicas y culturales.

Hoy, en un mundo donde una carita sonriente puede decir más que una frase y donde un algoritmo puede sugerir la siguiente palabra, el desafío consiste en preservar la intención humana detrás de los símbolos.

Adaptarse no significa renunciar a la riqueza del lenguaje, sino aprender a habitar sus nuevas posibilidades con conciencia crítica, recordando que, al final, las palabras —y ahora también los íconos— siguen siendo herramientas para entendernos mejor.

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Las cifras del Dr. AVA

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Este domingo, en la sexta emisión de Diálogos con Américo, el gobernador volvió a colocar sobre la mesa uno de los datos más sensibles de su administración: la reducción del 50 por ciento en pobreza extrema durante los primeros dos años de gobierno y la salida de 250 mil tamaulipecos de la pobreza multidimensional.

Es un dato que, de confirmarse en la próxima medición oficial, reconfigura la narrativa social de un estado que durante años fue noticia por violencia, corrupción y abandono institucional, por eso, Américo deberá sostener estos datos. 

“Las y los tamaulipecos, que somos gente de bien, no podemos permitir que tengamos paisanos en esa condición”, dijo el mandatario, con entera carga política y moral. Habla de un enfoque que intenta desplazar el asistencialismo clásico para instalar la idea de responsabilidad colectiva.

Sin embargo, reducir pobreza no es repartir despensas. Es modificar estructuras. Y ahí está el punto de prueba.

Más de 13 mil gestores sociales operando en territorio, 4.5 millones de despensas distribuidas, 270 mil familias beneficiadas, 66 comedores comunitarios en 36 municipios atendiendo a más de 5 mil personas en situación crítica. La dimensión operativa es amplia. El reto es que el impacto sea permanente.

El gobernador aseguró que el objetivo inmediato es atender a los 50 mil tamaulipecos que aún permanecen en pobreza extrema. Esa es la frontera real de su política social. No la estadística global, sino esos nombres concretos que todavía viven sin acceso pleno a servicios básicos.

Hay otro elemento que no puede ignorarse: la coordinación federal. Los 19 programas de bienestar impulsados por la presidenta Claudia Sheinbaum representan una derrama de 24 mil millones de pesos para 950 mil personas en la entidad. Ese flujo de recursos explica, en parte, la magnitud del descenso en los indicadores.

La pregunta de fondo no es si hay recursos. Es si el modelo logra transformar dependencia en movilidad social.

En el mismo espacio radiofónico, Villarreal respondió preguntas de ciudadanos de Matamoros y El Mante. No es un detalle anecdótico. Cuando la gente pregunta en vivo, la respuesta queda registrada.

El cierre del programa abordó el tema sanitario. Llamó a la vacunación contra el sarampión y recordó que existen 420 puestos activos en el estado. Afirmó que no hay casos activos. En materia de salud pública, la prevención no admite improvisaciones. Tamaulipas conoce el costo de las crisis mal gestionadas.

En la intimidad… En la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), el rector Dámaso Anaya Alvarado está construyendo su propia narrativa institucional: cercanía como método.

No se trata de fotografías de recorrido. Es presencia constante en aulas, laboratorios y campus. Ha retomado visitas directas a facultades y preparatorias, dialogando con estudiantes y docentes sin intermediarios.

Quienes conocen la dinámica universitaria saben que las decisiones tomadas desde oficina central suelen perder contexto. Anaya ha optado por escuchar primero y ajustar después. Esa lógica modifica el ritmo administrativo.

Constatar avances en infraestructura es importante. Pero el rector ha puesto énfasis en algo menos visible: escuchar los desafíos reales de quienes imparten clase y de quienes cursan materias en condiciones que no siempre aparecen en los informes.

La UAT enfrenta el reto de mantener excelencia académica en un entorno financiero limitado y en un contexto social complejo. La gestión cercana no resuelve todo, pero sí reduce distancia.

En política universitaria, como en la pública, la legitimidad se construye caminando el territorio. Y Anaya parece haber entendido que la universidad no se gobierna desde el escritorio, sino desde el diálogo constante.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Entre el triunfo y la persecución

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Por: Zaira Rosaszairosas.22@gmail.com

La presencia de Bad Bunny en el escenario del Super Bowl, ya sea como parte del
espectáculo o como figura central de la conversación cultural que rodea al evento,
trasciende lo musical y se convierte en un símbolo potente de las contradicciones
que viven hoy millones de personas latinas en Estados Unidos. No se trata
únicamente de un artista exitoso participando en el evento deportivo más visto del
momento, sino de lo que representa que un puertorriqueño, cantando
mayoritariamente en español y sin diluir su identidad, ocupe un espacio
históricamente reservado para una narrativa anglosajona dominante.

Bad Bunny no es una excepción aislada. Es el resultado de una transformación
cultural medible: según datos de la RIAA, la música latina ha crecido de forma
sostenida en la última década y representa ya una parte clave del mercado
musical estadounidense. Spotify ha reportado que Bad Bunny fue el artista más
escuchado a nivel global durante varios años consecutivos, demostrando que el
español no es una barrera, sino una fuerza cultural. Sin embargo, su visibilidad
también explica por qué existen opiniones tan divididas. Para algunos sectores, su
éxito es motivo de orgullo y representación; para otros, incomodidad y rechazo
ante un Estados Unidos que ya no se parece al imaginario tradicional.

Esa tensión se hizo explícita cuando Bad Bunny utilizó su discurso en los Grammy
para denunciar las políticas migratorias y pronunciar un claro “ICE out”, en
referencia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. No fue un gesto
improvisado. ICE ha sido duramente criticado por organizaciones como Human
Rights Watch y la ACLU por prácticas que incluyen detenciones masivas,
separaciones familiares y deportaciones aceleradas, como la que pretenden
implementar con la familia de Liam, el niño que ICE usó como carnada y se volvió
un caso emblemático para analizar las violaciones a derechos humanos y la
movilidad de las personas.

De acuerdo con cifras oficiales del propio Departamento de Seguridad Nacional,
cientos de miles de personas son detenidas cada año por el servicio de Control de
Inmigración y Aduanas, muchas de ellas sin antecedentes penales graves. En ese
contexto, que un artista latino utilice una plataforma global para cuestionar ese
sistema es, para algunos, un acto de valentía; para otros, una “politización
innecesaria” del entretenimiento, sin embargo es innegable la incomodidad que su
posicionamiento genera a las políticas actuales, pues es de igual forma uno de los
artistas más escuchados que a la par refuerza la cultura que tanto se persigue.

Aquí es donde el contraste se vuelve más incómodo. Mientras artistas latinos
llenan estadios, encabezan listas de popularidad y aparecen en los eventos más
vistos del país, millones de personas migrantes —muchas provenientes de las

mismas regiones que celebran esos triunfos— viven bajo el miedo constante a la
deportación. Es la paradoja de un país que consume cultura latina, pero
criminaliza a personas con este origen. El éxito de Bad Bunny no borra esa
realidad; al contrario, la ilumina.

Por eso su presencia en un escenario como el Super Bowl no es neutral.
Representa una narrativa alternativa: la de quienes no piden permiso para existir
ni para hablar. Las reacciones negativas, muchas veces cargadas de xenofobia o
rechazo al español, revelan que el debate no es sobre música, sino sobre poder,
identidad y pertenencia.

Entre el triunfo y la persecución, Bad Bunny encarna una verdad incómoda: el
mismo país que aplaude a los latinos cuando entretienen, los persigue cuando
migran. Su voz, amplificada por escenarios globales, no resuelve esa
contradicción, pero obliga a mirarla de frente. Y quizá ahí radica su mayor impacto.

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América en blanco… Bad Bunny y el idioma del poder

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No fue un espectáculo de medio tiempo. Fue un ritual de poder, un escaparate ideológico, una declaración cultural a todo el mundo. En el escenario más visto del planeta, Benito Antonio Martínez Ocasio —Bad Bunny— sostuvo sobre sus hombros algo más pesado que un show: la representación simbólica de millones de latinos que existen, trabajan y disputan sentido en Estados Unidos, pero, más allá de eso, el puertorriqueño no apareció para provocar, ni para confrontar, sino para decir lo que casi nadie se atreve a decir en voz alta sin gritarlo: God Bless America.

El festín latino encabezado por el puertorriqueño en un país atrapado en la discusión migratoria, polarizado por la política y fatigado por la retórica del miedo. Bad Bunny no gritó. Administró símbolos. No confrontó. Desarmó con cultura, y le puso orden al mensaje que pocos se atreven a observar.

Cuando citó “God Bless America”, no lo hizo como un acto de sumisión ni de ironía, sino como una reapropiación. La canción de Irving Berlin —oración civil, himno no oficial— apareció ahí como una súplica de paz en tiempos de fractura. No fue casual. Fue una forma de recordar que América no es una trinchera, sino una suma, y todo en medio de una coyuntura política convulsa en todo el planeta; allí ondeó una bandera blanca de paz.

Ese gesto cobró mayor profundidad al entrelazarse con “Die With a Smile”. La balada de Lady Gaga y Bruno Mars, transformada por el pulso latino, dejó de ser una historia íntima para convertirse en una idea colectiva: amar incluso cuando el mundo parece caminar hacia el colapso. El mensaje no fue romántico; fue político en su sentido más amplio: resistir sin odio, y sin miedo… aquí, habría agitado con sutileza esa misma bandera blanca.

La presencia de Ricky Martin, ¡espectacular! Su aparición no fue nostalgia ni cameo —por breve que haya sido su participación—. El boricua interpretó apenas unas líneas de “LO QUE LE PASÓ A HAWAii”, claro, de Bad Bunny quien le  cedió el micrófono para que cantara una de las canciones de protesta más claras de su repertorio. Ahí se colocó el punto más incómodo del espectáculo: la gentrificación, el despojo silencioso, la transformación de territorios en mercancía. Puerto Rico, Ciudad de México, Miami, Los Ángeles. El mapa no necesita ser dibujado: el fenómeno es compartido, y ese fragmento caló hondo en toda América y el mundo. Sí, barrios enteros de América Latina,  de Estados Unidos y Europa viven hoy la misma tensión entre capital, identidad y territorio.

Y nada fue casual; todo ocurrió sin caer en excesos. Bad Bunny, vestidó de blanco, Ricky Martín, igual, y Lady Gaga, de azul, como el cielo pero con elegancia, sin estridencias, ni exentresidades, sin consignas explícitas, sin agendas impostadas. Fue una decisión estética y ética. No cruzar la línea de la decencia ni de la provocación gratuita, eso también es una forma de posicionarse. En tiempos de humanos creyendose animales o renegando; el domingo la mesura se volvió una acción disruptiva.

Bad Bunny no negó la complejidad de la política pública estadounidense ni caricaturizó sus dilemas. Entendió algo esencial: que la cultura puede abrir conversaciones donde la política solo levanta muros. “Juntos somos América”. Y esa frase, mostrada en el ovoide se convirtió en un sello historico, de respeto,  empatia y entendimiento, porque  Bad Bunny no gritó, ordenó. No señaló enemigos, propuso convivencia en una  América que puede ser homogénea, pero, es plural, mestiza y contradictoria

Lo ocurrido en el Super Bowl fue un festín latino, sí. Pero, sobre todo, fue una demostración de poder. De cómo el idioma, la música y la identidad pueden ocupar espacios con elegacia y nivel. No fue rebeldía; fue pertenencia, amor y disputa bien ganada.

En la intimidad… Durante la quinta emisión del programa Diálogos con Américo, el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, subrayó la relevancia del discurso pronunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 5 de febrero, en el marco del 109 Aniversario de la Constitución de 1917. Aseguró que se trata de un mensaje que permite dimensionar el sentido social de las reformas constitucionales y de las leyes secundarias impulsadas con el objetivo de recuperar la soberanía y el bienestar colectivo.

El mandatario destacó la importancia de conocer a fondo las 22 reformas constitucionales y las más de 50 modificaciones a leyes secundarias, al considerar que devuelven a la Constitución su vocación social.

En otro punto, Villarreal Anaya afirmó que la energía es la palanca del desarrollo en Tamaulipas. Recordó que el estado genera actualmente 8 mil 569 megawatts, de los cuales mil 722 provienen de fuentes limpias como la energía eólica. Añadió que existen condiciones para que la entidad retome el liderazgo nacional en este sector, con proyectos en gas, ciclo combinado, energía fotovoltaica y biocombustibles.

Destacó además la autorización de la Comisión Federal de Electricidad para la reclasificación de tarifas eléctricas en municipios como Güémez, Abasolo, El Mante, Padilla y González, beneficio que se reflejará en los recibos durante el próximo verano, así como el avance del programa de electrificación que permitirá llevar energía al 100 por ciento de los hogares tamaulipecos.

Diálogos con Américo, conducido por Héctor Cabrera, se transmite los domingos a las 18:00 horas a través del Sistema Estatal de Radio y Televisión Tamaulipas.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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