Más allá de que en estados como Tamaulipas, hay un antes y un después en materia de seguridad. Los mexicanos, y más los amantes del futbol, pero, en general, el país entero le debe un golazo al expresidente Enrique Peña Nieto.
Para los que no le saben a los deportes, y mucho menos al futcho, hay una regla no escrita que solo los conocedores y las grandes aficiones respetan: Los goles se gritan con toda la fuerza y energía, pero también se recuerdan para siempre.
Aquí no importa si quien los anotó ya no viste la camiseta, si salió del club por la puerta de atrás o si parte de la tribuna decidió convertirlo en villano; nada de eso es considerado. Cuando una jugada termina con el balón al fondo de la red y cambia el rumbo del juego, pero, además, marca la historia del club, el nombre de ese futbolista jamás se borra.
En México se experimentará lo que ninguna otra nación ha conseguido.
El 11 de junio, cuando el silbatazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 marque el arranque de la máxima fiesta del fútbol, nuestro país será el primero en albergar tres Copas del Mundo. ¡Dios bendito, santo, glorioso y poderoso…! ¡Viva México!
Es imposible que las emociones no invadan al individuo. Este momento marca una época, y lo estás viviendo; eres testigo de algo que no sabemos cuándo será, ni quién será el siguiente país que pueda decir lo mismo que los mexicanos. Tres veces, tres, ¡ptm!
Pero, hablemos con honestidad intelectual, sin filias partidistas y sin las pasiones que suelen contaminar cualquier análisis; hay un nombre que no puede quedarse en la banca de la historia: Enrique Peña Nieto.
Hace ocho años, el 13 de junio de 2018, cuando faltaban apenas unos días para que concluyera su sexenio y cuando la atención nacional estaba puesta en la contienda presidencial, el entonces mandatario anunció una noticia que terminaría cambiando la posición de México en el mapa deportivo mundial.
A las 07:09 horas comunicó que la FIFA había elegido la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para organizar el Mundial de 2026.
Aquella mañana no se ganó una elección.
Se ganó una sede.
Y en términos futbolísticos, conseguir una Copa del Mundo equivale a ganar la final más complicada que existe fuera de la cancha.
La candidatura norteamericana compitió, negoció, convenció y terminó levantando el trofeo antes de que se disputara el primer partido, y sí, fue gracias a su gabinete, a él, a su visión primer mundista.
Usted acaba de aprender que las sedes mundialistas no se sortean. Se conquistan. Se trabaja durante años. Se construyen con relaciones diplomáticas, infraestructura, credibilidad internacional y capacidad logística.
La FIFA no entrega la organización de su torneo más importante a países improvisados.
La pone en manos de quienes considera capaces de recibir a millones de visitantes, garantizar seguridad, mover economías enteras y proyectar una imagen de estabilidad ante el planeta.
Por eso, cuando Peña Nieto afirmó que la decisión representaba un reconocimiento y un voto de confianza para México, no estaba pronunciando una frase protocolaria.
Estaba describiendo exactamente lo que había ocurrido y lo que él dejaba como legado. México aquel año marcó un gol de media cancha ante el mundo, o fue algo así como ese remate que va al fondo de la red en el último segundo para el campeonato.
Hoy todos los celebran.
Ahora, cuando las cámaras internacionales enfoquen el Estadio Azteca, cuando los narradores recuerden que ningún otro país ha organizado tres mundiales y cuando los aficionados extranjeros recorran nuestras ciudades, estarán observando el resultado de una candidatura obtenida durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.
En la actualidad, su figura sigue dividiendo opiniones, ah sí, pero, cuando la FIFA buscó sede para 2026, México estaba en la alineación titular.
Cuando se negoció la candidatura, Peña Nieto ocupaba la dirección técnica del país.
Y si, quizá el expresidente nunca levante la Copa.
Quizá nunca aparezca en los homenajes oficiales.
Quizá ni siquiera sea mencionado durante las ceremonias que veremos esta semana.
Pero eso no cambia el resultado.
Cuando México entre al terreno de juego para inaugurar su tercer Mundial, él ya lo había anunciado desde hace ocho años, y esto lleva la firma de Enrique Peña Nieto.
Ah, por cierto… Fue el mismo Peña Nieto quien impulsó el regreso de la Fórmula Uno a la Ciudad de México en 2015, después de veintitrés años de ausencia, pero, esa es otra historia.
¿ya entendiste su ausencia?
En la intimidad… Mientras el planeta entero se acomoda frente al televisor para seguir la Copa Mundial de 2026, Tampico decidió mirar también hacia sus propias vitrinas.
Porque antes de los estadios llenos, de los patrocinadores multimillonarios y de las figuras internacionales, el fútbol se construye con memoria.
Por ello, la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya anunció la exposición “Más de un Siglo de Fútbol en Tampico”, una muestra que promete convertirse en una auténtica cápsula del tiempo para quienes crecieron escuchando historias de la Jaiba Brava, de los viejos campeonatos y de los héroes locales que hicieron rodar el balón en esta región.
Más de cien jerseys, trofeos, fotografías y objetos históricos permitirán recorrer la evolución de un deporte que durante más de un siglo ha sido parte del ADN tampiqueño.
La exposición estará abierta del 23 de junio al 10 de agosto en Expo Tampico.
Entrada libre.
Porque los mundiales duran unas semanas.
Los campeonatos algunos años.
Pero las pasiones que nacen alrededor de una pelota pueden sobrevivir generaciones enteras.
davicastellanost@hotmail.com
@dect1608
Jose Luis Garcia Arteaga
25 abril, 2025 at 00:23
Excelente nota informativa. Ojalá que los gobiernos inviertan más en este rubro turístico que tanto se merece CD. Madero Tamaulipas