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Mil doscientas toneladas de chiles jalapeños procesados diariamente en líneas de producción y distribuidos a través de 26 plantas en todo el país, pero con el doble de países en los que tiene representación alrededor del mundo literalmente: América, Europa, Asía y Oceanía.  Así lo explica «La Costeña» en el material audiovisual institucional con el que acompañó la disculpa pública a que la obligaron, hace menos de una semana, dos desleales, inescrupulosos, desvergonzados, exhibicionistas y hasta podría decirse que degenerados trabajadores (ahora ex empleados) de su enorme centro procesador en Ecatepec, Estado de México, al hacer circular por redes sociales una imagen en la que uno de ellos aparece en primer plano, aparentemente haciendo la «selfie», y al otro se le puede observar al fondo casi de espaldas, mostrando las nalgas mientras se halla frente a una banda por la que van pasando los chiles.  El día que se hizo pública la foto, cuando fue compartida masivamente a través de dispositivos móviles y ya nadie pudo pararla, hubo comentarios de todo tipo, desde los más sarcásticos y graciosos, hasta los más furibundos y condenatorios, pero además no falto quien hizo una observación singular, y fue la referente a esa postura del sujeto al que se mira viendo malévolamente a la cámara, desde lejos, con los pantalones a la altura de las rodillas: el que, cualquier hombre que se precie de serlo en verdad, aprende desde niño a «mear», u orinar, sin necesidad de hacer tal cosa como bajarse el pantalón, que para eso está el cierre, «zipper» o cremallera.  Y que en todo caso, la identidad de género (degénero) u orientación sexual de ambas personas estaba completamente en duda gracias, irónicamente, a ellos o ellas mismas.

Lo cierto es que al hacerse viral en redes sociales desde la semana anterior tan asquerosa como insólita escena, cualquier consumidor se ve fácilmente orillado a pensárselo dos veces antes de adquirir un producto comestible que lleve dicha marca o sello, cuando se halla haciendo compras en el almacén o tienda de autoservicio.  Y esto es, además de lamentable por injusto, como inevitable, muy desastroso, en términos económicos, para todo un gigantesco bloque representativo de la iniciativa privada, como es la empresa a la que pertenecía la pareja de, dirían los más espantados: «sodomitas», que incurrieron en tan aberrante acción.  Y lo es no sólo considerando tanto los datos más simples revelados al inicio de esta colaboración (y que, como se dijo, tienen como fuente a la misma compañía), como la considerable cantidad de empleos que genera ese solo corporativo, y luego las personas que se emplean en esas firmas que han surgido como prestadoras de servicios y proveedoras de La Costeña merced a la existencia de ésta, hablando desde productores agrícolas y transportistas, hasta comercializadoras exclusivas que sin duda debe de tener la muy mexicana empresa en otras latitudes del planeta.  Pero también implica un altísimo y hasta ahora incalculable daño financiero para nuestro país en materia de exportaciones y crecimiento dentro de los Estados Unidos por parte de dicha corporación, que hace poco más de diez años había adquirido a dos importantes marcas de alimentos enlatados surgidas en la vecina nación, y en 2014 todavía compró una más, en el mismo territorio.  Y todo por culpa de la ocurrencia, venganza, desquite, locura, maldad o, acaso, «simple travesurilla» de dos individuos que al mostrar el peor de sus rostros (literal), acabaron también dando lo mismo en materia de ocupación y referencias laborales.

Porque, si no se lo cree, piénselo cualquiera: ya estando entre los anaqueles del área de alimentos en conserva, dentro de cualquier cadena nacional o trasnacional, ¿qué se preferiría: tomar una lata de chiles La Costeña, o la de cualquier otra compañía…?  A quien esto escribe ya le pasó, y ante un dilema más complejo, por todas las posibilidades que envuelve: estando apenas el lunes pasado por comprar, entre otros productos, un simple paquete plástico de frijoles refritos y molidos ya listos para servir, recordando de pronto el incidente de La Costeña y por asociación mental, no se lo dudó dos veces para olvidarse de esa marca e irse con… alguna otra.  Algo, hay que reconocerlo, demasiado extremo e injusto, teniendo en cuenta que, si a posibilidades vamos, tratándose de cualquier otra empresa dedicada a lo mismo, en tanto no se esté a diario demostrando lo contrario de manera contundente, existe exactamente la misma posibilidad de que algún par de locos le juegue repentinamente a esa pareja de idiotas que salía en una película estelarizada por Jim Carrey, y haga cosa parecida o incluso peor… ¡Ugh!  Por lo pronto, la Comisión Estatal para la Prevención contra Riesgos Sanitarios anunció ya, este lunes al mediodía, sanciones contra La Costeña, por al menos cuatro situaciones irregulares detectadas en una revisión a su planta de Ecatepec, Edomex, donde ocurrió lo de la maldita selfie.  Y entre las acciones inmediatas está la incautación de un importante cargamente de latas de chiles en vinagre con peso neto superior a los 3 kilos y medio (lata para uso comercial o fiestero), que le representan, de entrada, más de un millón de pesos en pasivo.  Aquí se insiste: todo a causa de aquellos dos «pasivos».

La paranoia que se avecina es sólo equiparable a la que padeció este mismo columnista también el lunes cuando, a punto de entrar al supermercado de capital tampiqueño en el que hizo su mandadito exprés, le salió al paso un vehículo tipo expedición conducido por un hombre en edad de cesantía y con acento extranjero que le propuso: «Tú, soy italiano, ¿puedes ayudar cargar cosas en camioneta aquí, en hotel (señalando hacia atrás), y te doy propina?».  El primer impulso fue, en efecto, ayudar, y no por la propina sino por esa hospitalidad natural del mexicano y esa consideración que se debe tener para con las personas ya muy mayores, mas de pronto me vino una regresión, al estar por abordar el vehículo aquel, y recordé al amigo de todos los niños alertándome: «Ojo, cuate, mucho ojo», y a mis padres aconsejándome de niño jamás subirme al vehículo de personas extrañas.  Creo que si mis zapatos hubieran sido llantas habrían chillado como ruedas de vehículos calentando motores antes de un arrancón, porque me frené y quedé no sólo afuera del coche, sino además tan dubitativo, que el viejo casi enfurece mientras me gritaba: ¡¿Qué miras, qué miras dentro de mi camioneta?! ¿Qué buscas? ¡Soy italiano, quiero ayuda para cargar cosas pesadas que están en hotel!  Y es que, juro y perjuro que me acordé de las múltiples y aterradoras historias que, teniendo como protagonista justamente a un italiano y como escenario al estacionamiento de una tienda de autoservicio, circulan en internet como leyenda urbana desde hace por lo menos una década, si no es que más.  Apenado conmigo mismo por los temores y la indecisión, el terror psicológico y la paranoia que han sembrado en mí, como en muchos habitantes de esta conurbación sudtamaulipeca, los acontecimientos de los últimos doce años en términos de inseguridad pública, y por no quedar mal con el anciano aquel que se veía como a punto de llamar a don Corleone de lo exasperado, acabé diciéndole: «Mire, me atravieso corriendo al hotel, sí le ayudo», y para demostrárselo, en efecto, lo hice en el acto, pero de treparme al vehículo… ¡nel!  Aún así, con todo y que eran las nueve de la mañana de un día radiante, y aún estando en un área abierta como el «Bonito Inn» aquel, le di mi ayuda al muy diminuto y aparentemente inofensivo abuelito, a quien le quise explicar diciendo: «Usted perdone, pero en esta zona donde vivo, el asunto de la inseguridad…», sólo para ser interrumpido por el interlocutor con estas palabras: «¡Yo sé, yo sé!».

 

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Opinión

Asombroso, verdaderamente asombroso

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Diez mil certificaciones, «extraordinario compromiso», «esfuerzo y dedicación demostrados por la comunidad universitaria». No le podemos echar más confeti a los logros del rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado, porque se lo acabaron antes de que llegáramos a la tienda.

La cifra oficial de «más de 10 mil certificaciones» resultó ser, para sorpresa de este Corderito Manso, modesta frente a la realidad. En la 16.ª Reunión del Colegio de Directores de la UAT, el rector Dámaso Anaya Alvarado dio otros datos con relación al Ecosistema Microcredenciales UAT, a beneficio de estudiantes de bachillerato, licenciatura, docentes y personal administrativo de la máxima casa de estudios de Tamaulipas.

Más de 10 mil suena fácil, se lee muy rápido, y se escribe sin complicaciones, pero, no es un programa suelto: son 17 tipos de certificación —10 base y 7 especializadas—, que van de la ofimática al desarrollo de aplicaciones, de la gestión de proyectos al marketing digital, de las ciencias de la salud a las artes culinarias. Todo ello respaldado por alianzas con plataformas internacionales, entre las que destaca Santander Universidades, firma que no regala su sello a cualquiera.

Para los envidiosos que la UAT, una universidad pública, negocie sobre este número de microcredenciales internacionales, dirán que es poca cosa, pero, Dámaso Anaya las entrega sin costo a jóvenes de bachillerato y licenciatura, y eso en un país donde la empleabilidad juvenil se decide muchas veces por un sello que el mercado reconoce y la escuela tradicional no siempre otorga, por supuesto que no es poca cosa… El plazo sigue abierto hasta el 10 de octubre para que la comunidad universitaria presente su examen final de certificación. Ahí está la prueba.

En la intimidad… Cada flor que se conserva puede convertirse en alimento para un pequeño viajero. Durante su paso por Tamaulipas, el colibrí de garganta rubí (Archilochus colubris) encuentra en jardines, campos y zonas serranas el néctar que necesita para continuar su migración, por lo que el Gobierno del Estado impulsa acciones de cuidado y sensibilización para proteger los sitios que forman parte de su recorrido.

El vocal ejecutivo Luis Eduardo García Reyes de la Comisión de Parques y Biodiversidad de Tamaulipas, señaló que la administración del gobernador Américo Villarreal Anaya promueve la conservación de los ecosistemas que sirven de refugio y fuente de alimento para aves, mariposas y otras especies que cruzan la entidad cada año.

Explicó que entre finales de septiembre y principios de octubre, el colibrí de garganta rubí puede observarse en distintos puntos del territorio tamaulipeco, incluso dentro de Ciudad Victoria. Su presencia recuerda que los jardines y áreas verdes también cumplen una función ambiental cuando mantienen plantas con flores disponibles para estas aves.

En la Sierra Madre Oriental, particularmente en los ejidos Ávila y Urbina, municipio de Jaumave, la floración del polocote (Tithonia tubiformis) ofrece alimento en una etapa clave de la migración. De este recurso también dependen otras especies en tránsito, entre ellas la mariposa monarca.

Agregó que la ubicación geográfica de Tamaulipas le da un papel relevante en estos desplazamientos naturales, al formar parte de dos corredores migratorios: la Sierra Madre Oriental y el litoral del Golfo de México. Mantener en buenas condiciones los espacios donde la fauna encuentra agua, alimento y descanso ayuda a que estas rutas puedan continuar.

Invitó a la población a disfrutar este fenómeno con respeto, observar a los colibríes a distancia, no intentar capturarlos y conservar las flores que les proporcionan néctar durante su recorrido.

Por último señaló que la protección de estas pequeñas especies también pasa por acciones sencillas. Cuidar la vegetación, respetar la fauna silvestre y mantener espacios con plantas nativas contribuye a preservar un patrimonio natural que conecta a Tamaulipas con una de las grandes rutas migratorias de Norteamérica

 davidcastellanost@hotmail.com

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Kilómetros mortales

El gobierno decidió dejar morir las carreteras de Tamaulipas; más de 20 años sin desarrollo en infraestructura y la Federal 81 en el tramo de la zona metropolitana de Tampico a la capital del estado es una auténtica trampa mortal.

Se les olvidó a los gobernantes tamaulipecos que esta rúa es “la costura” por la que el sur de Tamaulipas —Refinería Madero, Puertos de Altamira y Tampico— intenta llegar a Ciudad Victoria para luego repartirse hacia el Bajío, el noroeste o la frontera con Estados Unidos, y digo lo intenta, porque se viaja sobre una cinta de asfalto que la propia Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) ya sabe rebasada.

Entre 8,500 y 11,000 vehículos diarios, según registros de la SICT. Toda esa carga vehicular y más circula por una geometría que quedó obsoleta; en un cuarto de siglo de retroceso y abandono creció la carga del puerto, creció el flujo que baja del norte rumbo al sureste y centro del país, le crecieron hasta los enanos al PRI y ahora cumplimos 15 años.  La carretera no creció. Se quedó milando como el chinito mientras la guerra de los cárteles le pasó por encima y más de 9 mil amaneceres murieron al desvanecerse la luz de la mañana.

El Manual de Proyecto Geométrico de Carreteras es la norma que dice cuánto ancho, cuánta visibilidad y cuánta sección exige cada volumen de tránsito. Cuando el aforo supera de forma cotidiana la capacidad para la que fue trazada la vía, el manual deja de ser guía y se vuelve denuncia. Un solo carril efectivo para dobles remolques a 80 km/h, autobuses y camiones de un remolque a 95, y vehículos ligeros que vienen más rápido. El rebase deja de ser maniobra y se convierte en sentencia. No hace falta inventar la tragedia.

Y sin embargo, nadie en la delegación de la SICT ha tenido el valor de sentarse a explicar por qué. Tantos accidentes. El ingeniero Mario Mata Reséndiz, delegado en Tamaulipas, se hace el ciego ante un corredor que cobra vidas y genera pérdidas millonarias; lo peor es que no ha propuesto un solo análisis que dictamine las causas de los accidentes. Esa es su forma de gobierno: dejar que el accidente siga, siga, siga y siga.

Por cierto… Un Estado mexicano que se dice estar a la vanguardia no se puede permitir que en la ASIPONA Altamira y Tampico las maniobras de importación cierren a las 18 horas. El almirante secretario de la Secretaría de Marina Armada de México (SEMAR), Raymundo Pedro Morales Ángeles, deberá echar un vistazo, o qué, me dirá que no alcanza para activar turnos de 24 horas.

Porque el camionero que no alcanzó la ventanilla abierta manejó todo el día con la cuenta del patrón en la nuca, porque más viajes en menos tiempo siguen siendo más dinero. Carretera estrecha, horario cerrado, sueño acumulado. El siniestro no llega de sorpresa. Llega citado. En Tamaulipas no hay una sola estación de descanso, ni una sola.

Después nos hablan de polo nacional de desarrollo y nos sueltan el eslogan de Visit Tamaulipas, como si la postal pudiera circular por una vía que ya no da abasto. El Plan Estatal de Desarrollo puede decir lo que quiera.

Alejandro Martí lo dejó dicho sin metáfora: si no pueden, renuncien.

En la intimidad… El rector Dámaso Anaya Alvarado destacó el trabajo conjunto con el Gobierno de Tamaulipas, encabezado por Américo Villarreal Anaya, y señaló que la institución alcanzó una matrícula histórica cercana a los 45 mil estudiantes.

La UAT colabora con el 70 % de las secretarías del gabinete estatal, mediante proyectos que benefician a estudiantes e investigadores en áreas como desarrollo económico, turismo y desarrollo rural.

La Universidad reafirmó su compromiso de continuar esta colaboración para consolidar proyectos estratégicos en beneficio de los tamaulipecos durante 2027.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Los nombres importan: más allá de Cornell

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
De más está hacer una cronología de los hechos que han puesto en el foco a una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos: Cornell.

Una mujer denuncia haber sido agredida sexualmente; siete hombres son señalados en una demanda civil y, casi dos años después, seguimos preguntándonos si las instituciones que debían protegerla hicieron lo suficiente, sin mencionar que casi 60 hombres supieron del hecho y nadie hizo nada.

El caso data de 2024, pero gracias al trabajo de la periodista estudiantil Cereese Qusba y del equipo de The Cornell Daily Sun, adquirió una dimensión pública que trascendió el campus. El consejo editorial tomó además una decisión contundente: publicar juntos los nombres de los siete hombres señalados en la demanda.

La historia resuena porque parece repetirse una y otra vez con distintos nombres. En esta ocasión, la denunciante ha protegido su identidad bajo el pseudónimo Jane Doe.

Hay quienes buscan descubrir quién es, pero ¿por qué insistimos en exhibir a la víctima?

La respuesta social fue contundente. Bajo la frase “I am Jane Doe”, múltiples personas comenzaron a compartir historias de violencia y a utilizar el mismo nombre, tanto como gesto de solidaridad como para dificultar los intentos de identificarla.

Mientras tanto, nombrar a los señalados adquiere otro significado: hacer visible quién aparece en una acusación pública y recordar que la vergüenza tiene que cambiar de bando.

Matthew Ingalls, Jonathan Newell, Winston Lee, Gillio Lopes, Diego Sarabia, Scott Norris y Scott Kretzschmar son los siete hombres señalados en la demanda. Es importante mencionar que aún no existe una condena penal y hay quienes han negado las acusaciones, alegando incluso que hubo consentimiento, sin embargo, las filtraciones del chat ponen esa versión en duda.

Pese a lo mostrado públicamente Cornell rechaza que escribir ensayos haya sido la única consecuencia, asegura que hubo suspensiones y expulsiones, pero aquí la exigencia social ha cobrado relevancia dando total respaldo a la víctima y evidenciando irregularidades en el proceso que ahora con un nuevo foco puede establecer otras responsabilidades.

Hoy hablamos de Cornell, pero sería cómodo pensar que el problema se limita a este nombre. Pues, aunque en esta institución se reportó en 2025 que 35% de las mujeres de licenciatura que respondieron su encuesta había experimentado contacto sexual no consentido desde su ingreso, lo cierto es que la violencia sexual universitaria no conoce fronteras. Investigaciones en México, Chile, Colombia y Brasil han documentado acoso, hostigamiento y agresiones en espacios educativos. En México, la ENDIREH 2021 estimó que 15.1% de las mujeres de 15 a 24 años que asistieron a la escuela durante el año previo experimentó violencia sexual en ese ámbito. El dato obliga a abandonar la distancia cómoda: esto no ocurre solamente en fraternidades estadounidenses.

La antropóloga argentina Rita Segato ofrece una clave para comprenderlo. Ha advertido que incluso los espacios habitados por personas supuestamente más ilustradas y formadas están atravesados por violencia machista. Su reflexión sobre el “mandato de masculinidad” obliga a mirar más allá del agresor individual: hay grupos que enseñan a demostrar poder, compañeros que celebran, otros que observan y muchos que callan. La violencia también se sostiene mediante complicidades.

Las universidades tampoco son estructuras neutrales. Cuando una institución privilegia su reputación, minimiza denuncias, vuelve opacos sus procedimientos e incluso dificulta los procesos para las víctimas, esto hace que las personas terminen eligiendo no denunciar. Cuando el silencio protege a los agresores, el problema también está en el sistema.

En Cornell, la presión de estudiantes, periodistas, egresados y miles de personas en redes cambió la dimensión del caso. La investigación penal fue retomada, se designó una fiscal especial y la universidad aceptó una revisión independiente de su actuación. Esto demuestra el cambio de narrativas cuando el caso adquiere dimensiones públicas, no obstante, hay muchas otras historias que prevalecen en el anonimato y quizás por ello carecen de la justicia debida.

Hoy importa proteger a Jane Doe, exhibir a quienes fueron señalados, pero también nombrar a las instituciones cuando fallan. Hoy se llama Cornell, pero la realidad está presente en universidades y otros espacios públicos donde la idea de ejercer control sobre los cuerpos de otros sigue latente.

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Américo y cara de bruja

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Durante casi tres años, Américo Villarreal Anaya gobernó como si su voz fuera prestada. Otros hablaban por él, decidían el tono; había quienes ocupaban el encuadre perfecto, pero, el jueves, en el “corazón de Tamaulipas”, precisamente en el teatro Amalia González Caballero, Américo regresó recargado a tope.

Con su propia voz, sin intermediarios y con un formato que en Tamaulipas no se había visto: no leyó un informe, no proyectó un video largo y aburrido de logros, no dejó que ningún oficioso, ni maestro de ceremonias le armara la mañana; el gobernador era otro.

Ahora sí, como diría ChatGPT —en el centro del foro y de la política—, muy campante, un pasito para allá, un pasito para acá, le pasó el micrófono, uno por uno, a su gabinete y se quedó ahí, flanqueado, escuchando lo que sus propios secretarios tenían que defender frente a empresarios, sociedad civil y los representantes de los medios de comunicación que se quedaron asombrados con el nuevo formato. No fue un mitin, tampoco un discurso largo y aburrido, mucho menos una consulta pública, y justamente por eso es que resultó un tremendo mensaje político.

Quien lo vio de cerca notó el cambio de pulso. El Villarreal de los primeros años había entregado demasiado terreno a operadores que confundieron cercanía con licencia y a parientes que ocuparon más reflector del que el cargo aguanta. Ese médico pausado, el que explicaba, el que conquistó en la elección a Tamaulipas, se había vuelto opaco. Ah, pero, en el teatro reapareció recargado: cifras dichas sin prisa, oratoria sin atropellos, anécdotas que no sonaban a guion, y con una disposición a reconocer que la transformación se pudre cuando se vuelve rutina.

El momento fue tan valioso que varios de la oposición que estaban en la platea salieron mascullando lo mismo: si este es el hombre que va a administrar lo que falta del sexenio y el que va a plantarse frente a las 43 alcaldías para definir candidatos y en el Congreso, si, le tuvieron más respeto y por allí a más de uno se le vio la cara de miedo, también a uno que otro de Morena, todos notaron el cambio y el cálculo se les mueve, porque un gobernador que ya no necesita que le escriban las respuestas es más difícil de desarmar.

Los números que soltó el gabinete no piden fe. La deuda bajó más de mil millones sin contratar un peso nuevo; al primer trimestre la per cápita estaba en 4 mil 495 pesos y la sobretasa del refinanciamiento en 0.34. La pobreza, medida entre 2022 y 2025, pasó de 26.8 a 20.2 por ciento: 242 mil tamaulipecos dejaron esa condición y la extrema se redujo a la mitad, de 2.9 a 1.5. La economía creció 5.2 por ciento en el arranque del año, segunda del país. Veintiún mil millones en obra repartida en los 43 municipios, 95 por ciento de los contratos en empresas de aquí. Ciento sesenta y ocho proyectos privados por 20 mil 664 millones de dólares y más de 57 mil empleos anunciados. Trescientas patrullas nuevas, blindados, estaciones. Más de 4 mil 300 millones en hospitales, entre ellos el de Madero para medio millón de personas sin seguridad social. Veinticuatro mil quinientos millones federales de bienestar y 2.4 millones de despensas que llegaron a 288 mil familias. Nada de eso es poesía. Ni mentiras de este que escribe, eran frialdades salvajes de los secretarios, hasta parece que están listos para la pelea electoral.

Villarreal fue determinante: por encima de cualquier diferencia está Tamaulipas, y la gira que acaba de cerrar por los 43 municipios le sirvió de evidencia. Se sentó con alcaldes de otros colores, escuchó quejas que no eran suyas y salió diciendo que la coordinación no es claudicación. El respaldo de Claudia Sheinbaum apareció desde que subió a Mario Delgado al templete de su gira de rendición de cuentas.

Para quienes le entienden a esto de la política -que no son muchos por cierto- el cuarto año de acciones de Americo Villarreal no se presentó como meta. Lo presentó como una nueva plataforma

El agradecimiento a María y al DIF fue directo y, en lo institucional, justo. Pero todavía cabe la preocupación de qué fue lo que desayunó ese día la directora del sistema para el desarrollo integral de la familia.

En la intimidad… Les contaré un cuento de terror ahora que estamos en octubre y no todos sobreviven al invierno.

Cara de bruja, un mayordomo cuya tarea era no existir. Debía deslizarse sin ser visto por nadie, ajustar la “temperatura” del salón, señalar con un gesto mínimo dónde se había aflojado una viga, y desaparecer antes de que el reflejo lo atrapara.

Su sombra tenía permiso de ser más larga que él; él, en cambio, no tenía permiso de aparecer.

Pero como los mismos humanos apestosos, las sombras, cuando se acostumbran a adelantarse, empiezan a creerse dueñas del escenario.

Cara de bruja ahora camina demasiado cerca del trono. No lo suficiente para sentarse, sí lo bastante para que la luz de las luciérnagas permita a las arañas dibujar sus pómulos e iluminar su nariz. En los pasillos bajos, en las primeras filas, y en los oscuros y nauseabundos cuartos donde los criados barren las cenizas y comentan lo que se salió del retrete, ya le guardaron su lugar junto a aquel muñequito “cabeza de rodilla”.

En este peligroso Palacio nunca te debes dejar ver, aunque a veces toca, dejarse ver es peligroso, y todos, en algún momento, quieren verse. El palacio negro del terror lo tolerará mientras tus pasos no hagan más ruido que el de las manecillas del reloj del salón principal.

Afuera, en las plazas, se preparan las ferias de los pueblos. Elegirán alcaldes y voces para las bancas menores. Las farolas iluminan las calles y cara de bruja se roba la conversación hasta convertirse en el centro de la fiesta.

davidcastellanost@hotmail.com
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