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Años atrás, cuando la tripa apretaba, un plato de frijoles con pico de gallo sabían a….¡¡¡ gloria!!!. Hoy con lo caro que está todo en el mercado, las familias hacen malabares para adquirir una despensa magra mientras la inflación galopante sigue avanzando a la par con la devaluación del peso ante al dólar.

Vestir, calzar, divertirse, vacacionar y educar a los hijos e hijas es otro cantar porque difícilmente las y los asalariados puede darse ese lujo dado que todo está por las nubes, desde los artículos de primera necesidad hasta los fármacos que ya no encajan en la canasta básica porque pasaron a ser suntuarios o de lujo.

Pero si a eso le sumamos los servicios de renta, gas, electricidad, agua potable, telefonía, gasolinas y otros que cada vez van en subida, francamente no hay ni para dónde hacerse. El presidente Enrique Peña Nieto, prometió que con la reforma energética bajarían los precios de la luz, los combustibles y de las mercancías pero, como siempre, quedaron en puras promesas.

Hoy todo está más caro y lo sufre la gente.

En contrapartida la partidocracia ni sufre ni se acongoja con las holgadas prerrogativas que aporta el gobierno a través del INE. No saben de presiones económicas, de estrechez y obligaciones porque tienen todo a la mano.

Así, mientras el mexicano sufre las secuelas de una vida insípida porque no tiene de dónde agarrarse para medio sobrevivir, los políticos disfrutan holgadamente sin inmutarse ni preocuparse de nada.

El rezago, la marginación, la pobreza extrema y las carencias que se magnifican lo vemos en otras partes menos en el rostro de quienes viven del poder que les da ser hombre público de medio pelo.

El mal gobierno se preocupa más por los ricos que por el bolsillo de pobres.

La base popular sufre, resiente y no ve una solución a corto plazo de sus problemas porque los gobernantes se desentienden de la crisis por la que atraviesan la ciudadanía de tercera, en una especie de ´´háganle como puedan´´ o ´´rásquense con sus propias uñas´´.

Sin embargo la búsqueda de soluciones se tiene que hacer sin cruzar la frontera porque con la devaluación del peso ya es imposible ir de compras al otro lado donde todo es más caro por la paridad cambiaria.

Las y los asalariados han empeñado todo, hasta el alma, en su afán de salir adelante, pero ni bien logra sacudirse la entelequia cuando ya le están asestando otro golpe que al cabo es el pagano de todos los errores que comete el mal gobierno de la nación.

Ahora mismo los precios de las mercancías suben y en el caso de los básicos como el huevo se ancló en los $ 66 pesos y así por el estilo la tortilla, el frijol, los productos hortícolas como el jitomate, la cebolla, el chile, limón y la papa que se han encarecido, amén de otros artículos indispensables que están por las nubes en un mercado desigual y de inequidad laboral.

Ya anticipábamos que las cosas no iban a estar mejores para la frontera en 2016 por las mediciones que empezaban a darse por la crisis recurrente y el tema del IVA, la base gravable impositiva que es la madre de todos los agravios que arrastramos quienes le seguimos apostando a México como país.

Las previsiones económicas de los organismos cúpula del sector empresarial, contemplaban para 2015 una caída del poder de compra de consumidores mayor de 4 % según cálculos preliminares y mayor tasa desempleo.

La revaluación del dólar frente a las divisas extranjeras, sobre todo ante el peso mexicano que se depreció de manera importante, obedeció al desplome de los precios internacionales del petróleo y al socavamiento de las economías que dependen de ese rubro como sostén de sus finanzas amén de los erráticos manejos de los gobiernos sobre planificación, uso y explotación de los recursos naturales en los países que representan.

En este contexto las fronteras mexicanas, particularmente las que limitan con Estados Unidos, sufren de facto los embates de la presión inflacionaria por la devaluación del peso ante la divisa verde, y se agrava con el IVA que es detonador del encarecimiento de los bienes y servicios al que acceden consumidores.

Se insiste en que la deuda de las empresas fronterizas con sus proveedores de la Unión Americana está estimada en unos $ 112,402 millones de dólares lo que implica un problema de desfase para sus economías. Sufren igual las que no exportan, las que no reciben dólares o las que exportan poco.

En sus reportes financieros de este año empresarias y empresarios de las zonas limítrofes añaden que los vaivenes cambiarios las afectan en diferentes medidas. Aunado a lo anterior el bajo crecimiento económico de 2.1 de 2014 tampoco fue mejor.

Si el crecimiento de 2015 fue modesto por la política interior alterada por los problemas sociológicos, de inseguridad y violencia, con alto costo para el país, en 2016 el panorama no es nada halagüeño por la caída de los precios internacionales del petróleo, las devaluaciones de las monedas y el derrumbe de las bolsas.

La ausencia de turismo es otro factor que se suma a las dificultades de la franja fronteriza por la inseguridad y la pérdida de confianza a las autoridades que muy poco hacen por limpiar la mala imagen que tienen.

El venado ´´cola blanca´´ que era uno de los escasos atractivos con que cuenta la región norte de Tamaulipas no reportó los ingresos de otros años ni los beneficios colaterales que beneficiaban a la hotelería y el comercio por el ausentismo de cazadores y cazadoras.

La derrama por este concepto era atractiva y esperada por las y los productores ganaderos que incluyen en sus espacios la cría de ciervos para la diversificación de sus actividades empresariales.

Percibían derramas de divisas frescas superiores a los 4 millones de dólares por temporada, sólo en la región comprendida en Nuevo Laredo que era visitada por los amantes de la caza deportiva de origen estadunidense.

El comercio de artesanías, la rama hotelera y restaurantera también se deprimieron y hasta el turismo médico fue impactado por la ausencia de visitantes extranjeros a la zona fronteriza mexicana. Tendencias tan desfavorables solo contribuyeron a golpear más a la economía fronteriza mientras los políticos y el gobierno nos pintan otro panorama.

Las malas políticas de un Estado mexicano caduco y corrupto nos pone en esta difícil tesitura pero si la sociedad civil organizada se lo propone, entre todos podremos influir a que esto se supere aportando y presionando para sacar al país del hoyo en que está atrapado.

Por Francisco Pucheta

 

Desde la redacción.

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