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“Duro golpe a Manlio… como Madrazo”

Ni una sola.  Ninguna mísera gubernatura, de las 5 que llevaba ganadas el PRI hasta la media mañana de este lunes, la había conquistado por sí mismo:  todas ellas logró llevárselas gracias a una coalición con sus aliados de los últimos 13 años, Partido Verde y Nueva Alianza, pero además también junto con otros institutos políticos de “la chiquillada”, como diría Diego Fernández De Cevallos.  En Tlaxcala, para ser más preciso, se le tuvo que sumar el local Partido  Socialista, y en aquellos estados donde “dio la pelea”, pero se quedó al final en la orilla, también hizo exactamente lo mismo, es decir: se fue en coalición con los mismos de siempre, e incluso con otros más.  Apenas cinco de 12 entidades federativas, “ganadas” por el Partido Revolucionario Institucional, con una pequeña ayuda de sus amigos, como decían los Beatles en aquella canción que llevaba precisamente ese título.

En contraste, el Partido Acción Nacional, que conquistó solo o en coalición 7 estados (varios de ellos en forma histórica, dado que jamás lo había hecho ahí, y en casos particulares como Tamaulipas arrebatándole la hegemonía de siempre al PRI), pudo llevarse casi la mitad de esos logros con todo el mérito para sí.  Además del territorio tamaulipeco, Aguascalientes y Chihuahua se convirtieron, desde ayer, en bastiones exclusivos del panismo para efectos del gobierno estatal.  ¡Vaya paliza para el otrora “invencible” en Tamaulipas y Veracruz!  A dos años de la elección federal para renovar presidencia de la república, actualmente en poder del priísmo por el perdón de los votantes en 2012, el líder nacional del tricolor, Manlio Fabio Beltrones, habla ahora de la necesidad de un análisis del “rumbo” para cambiar, con miras precisamente a esos comicios.  Pues en el dichoso cambio, vaya que le dieron un empujoncito, pero hacia afuera, los electores de esos estados que perdió, donde la ciudadanía expresó así su hartazgo con una política de gobierno local que no les ha servido de mucho para mejorar sus condiciones socio-económicas y, en casos como Tamaulipas, tampoco ha sido eficaz para acabar con ese cáncer de los últimos 3 lustros llamado inseguridad y violencia por la presencia de organizaciones criminales.

Pero esta nueva derrota histórica sufrida el 5 de junio por el PRI en territorio nacional (7 contra 5 no puede ser otra cosa) refleja además otro aspecto: lo obsoleto e inservible que resulta ya, para el Revolucionario Institucional, apelar a la soberbia frente al electorado, por un lado, como método para lograr sus cometidos, y al bombardeo de aguas negras, de lodos freáticos, como estrategia “inteligente y segura” para vencer al adversario, como seguramente mal aconsejaron sus consultores y asesores en estados como, otra vez, Tamaulipas.  Porque al recurrir a esa vergonzosa guerra sucia en la que jamás mostró el rostro propio, sino que la hizo a través de otros partidos como aquellos de la supuesta izquierda o de plano anónimamente, los estrategas del priísmo no hicieron sino machacarle al votante en su subconsciente el nombre de Francisco Javier García Cabeza de Vaca, el contrincante al que se supone querían vencer, y al atribuirle a éste todos los males que en materia de delincuencia, corrupción y enriquecimiento ilícito “podría llegar a padecer” el estado en juego, también le estuvieron recordando, a esa gran mayoría de ciudadanos que sufragó el domingo, todo lo que le han estado dejando a esta entidad los más recientes gobiernos estatales.  Los últimos 4, para ser precisos.

Y como la revolución tecnológica propiciada por el internet, las redes sociales y el rápido flujo de tanta información global vía dispositivos móviles también ha acabado por terminar, en cierta forma, con un poquito, por lo menos un poco de la ignorancia y apatía que en temas políticos antes era evidente entre el mexicano promedio, el otrora “partido de las mayorías”, el “invencible”, el del “carro completo” aquel, deberá de empezar a entender, por fin, que aquellos tiempos de esplendor jamás, nunca más le regresarán.  Y que, de aquí al 2018, para el que queda solamente un par de años, tiene un gran “paquetote” que cargar, si aún piensa que la presidencia, que le volvieron a confiar los mexicanos hace 4, la tiene segura por lo menos por un sexenio más.  Ajá.  Como cuando Roberto Madrazo, quien habiendo llegado a ser el líder nacional priísta, ya se veía sentado en ella.

 

Desde la redacción.

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