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Opinión

La fractura interna que amenaza al gremio inmobiliario

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El escándalo nacional que recientemente sacudió a la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios dejó en evidencia que varias secciones en el país operan sobre estructuras debilitadas, procesos poco claros y liderazgos que, lejos de fortalecer al gremio, han provocado tensiones acumuladas. En Tampico, esa presión terminó por estallar.

La última sesión ordinaria de AMPI Sección Tampico derivó en un clima de confrontación que sorprendió incluso a quienes llevan años participando en la vida interna del organismo. Gritos, acusaciones y señalamientos sustituyeron el diálogo que debería predominar en una asociación profesional. Lo ocurrido no fue un incidente aislado: es el síntoma más visible de un conflicto que se ha agudizado en los últimos meses.

Diversos asociados atribuyen esta situación al estilo de participación que ha ejercido Marely Zubaran dentro del consejo directivo. Su llegada a la vicepresidencia estuvo acompañada de tensiones, y desde entonces —según coinciden múltiples integrantes— se han generado fricciones con una cantidad inusual de miembros. El estilo confrontativo y la búsqueda constante de imponer decisiones han fragmentado la estabilidad que históricamente caracterizaba a esta sección.

Uno de los puntos que más molestia ha provocado es la presunta operación orientada a intentar excluir del proceso electoral a una candidata con alta aceptación, la asociada Lessly Pineda. Testimonios señalan a Eduardo Leal, esposo de Zubaran, como quien habría filtrado información interna con el objetivo de perjudicarla. Este tipo de maniobras, de comprobarse, representaría una violación a los principios básicos de transparencia y ética que deben regir la vida interna de la asociación.

A ello se suma el malestar manifestado por expresidentes y consejeros consultivos, quienes aseguran haber sido marginados de actividades y eventos organizados a nombre de AMPI. Algunos de ellos señalan que Zubaran ha acudido incluso a actos oficiales con autoridades municipales sin contar con la representación formal de la asociación, lo que ha generado confusión y preocupación por el uso indebido del nombre institucional.

Todo esto ocurre en un momento especialmente delicado. El proceso interno rumbo a 2026 ya comienza a mover aspiraciones, negociaciones y expectativas. En este escenario, un sector amplio del gremio considera que el “ascenso” directo de Zubaran a la presidencia del AMPI Sección Tampico podría profundizar las fracturas existentes y provocar una salida masiva de asociados, temerosos de que la asociación quede sometida a una participación que privilegie decisiones unilaterales y mantenga un ambiente de disenso permanente.

La estabilidad de AMPI Tampico no es un tema menor. Se trata de una organización clave para el sector inmobiliario, donde la credibilidad, la certeza jurídica y la cohesión interna son esenciales para atraer inversiones, ofrecer servicios confiables y mantener una relación seria con instituciones públicas y privadas. Permitir que la división avance sin control podría poner en riesgo esa credibilidad y deteriorar la imagen de un gremio que ha trabajado durante años para posicionarse como referente regional.

Lo ocurrido en la sesión reciente debe verse como una advertencia. AMPI Tampico todavía está a tiempo de recuperar la institucionalidad, de reconducir su vida interna hacia el respeto y la profesionalización, y de impedir que los intereses personales desplacen a los objetivos colectivos. Lo contrario significaría perpetuar un conflicto que ya dejó de ser un asunto interno para convertirse en un problema que afecta la imagen del sector inmobiliario en toda la región.

En la intimidad… La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), a través de la Facultad de Medicina Matamoros, organizó diversas actividades que permitieron a sus estudiantes acercar su labor social y humanista en beneficio de la población más vulnerable, reforzando con ello la formación profesional y vocación de servicio.

En ese sentido, la institución universitaria programó una serie de acciones solidarias que mejoran la calidad de vida de niñas, niños, jóvenes y adultos mayores de la región, consolidando a la UAT como un agente activo de transformación social que promueve un entorno más justo, empático y saludable.

Como parte de esta labor se entregaron cobertores a la Casa Hogar del Niño Matamorense, apoyo que benefició a niñas y niños en situación vulnerable.

En otro gesto de acompañamiento social, se realizó la tradicional entrega de calcetines a la Casa Club del Adulto Mayor, beneficiando a más de 300 adultos mayores con una acción que promovió la empatía y la sensibilidad hacia este sector.

Asimismo, se hizo la entrega de juguetes al Sistema DIF Matamoros y al Jardín de Niños Villa del Refugio, reforzando una vez más la importancia de la solidaridad y el sentido de responsabilidad social en la formación médica.

Se llevó a cabo también la entrega de tapitas para los programas sociales altruistas contribuyendo al apoyo de tratamientos contra el cáncer para personas que más lo necesitan, en una acción que no solo representa un gesto de unión y empatía, sino que también fortalece la conciencia sobre la importancia del reciclaje como práctica cotidiana para el cuidado del medio ambiente.

Las actividades siguieron con la donación de piñatas al Jardín de Niños del Ejido La Luz, llevando alegría a la niñez y fortaleciendo los lazos comunitarios. De igual forma, la comunidad estudiantil y docente llevó cuentos, libros de colorear y colores a la Casa Hogar del Niño Matamorense, así como a la Escuela Primaria Miguel García Posada, fomentando la creatividad y el aprendizaje de la niñez.

Estas acciones responden a las líneas del Plan de Desarrollo Institucional del rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado, donde el humanismo, el servicio y la transformación social constituyen pilares fundamentales de la educación y la vida universitaria.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

La impunidad, es el lenguaje oficial del Estado

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

México enfrenta una crisis de desapariciones, así lo refleja el Registro Nacional de
Personas Desaparecidas y no Localizadas, donde a la fecha hay más de 132 mil
casos en el país, de los cuales 14,000 corresponden al tiempo de gestión de
Claudia Sheinbaum. ¿Quién busca a todas las personas? idealmente se ha
solicitado el apoyo de autoridades, sin embargo, en los procesos lo único que se
encuentra es un muro de impunidad e irregularidades que derivan en amenazas y
violencia hacia las familias buscadoras.
Guanajuato, Veracruz y Jalisco, son los estados más letales para buscadores,
podríamos llenar páginas enteras con los datos de las personas desaparecidas,
donde la lista se incrementa, incluso sumando nombres de los mismos familiares
que año con año claman por respuestas. Mientras tanto no veamos los datos
como simples estadísticas, pensemos en personas, en las historias de vida con
sueños e ilusiones que han quedado inconclusas por irregularidades en los
procesos o incluso la complicidad de algunos niveles de gobierno con el mismo
crimen organizado.
La falta de recursos de las fiscalías, las carpetas de investigación mal integradas o
la criminalización de las víctimas, también es una forma de desaparecer. Las
personas no solo desaparecen físicamente de sus hogares, lo hacen también ante
un gobierno que no resuelve y que, si bien se ha enfocado en difundir otras
estadísticas y tratar de poner el foco en sus acciones y no en las omisiones, la
realidad es que en las últimas décadas la desaparición es una constante en
múltiples entidades del país y no hay rasgos que indiquen que alguien pueda
librarse de ello, pues ocurre en todos los niveles.
No obstante, si hay una constante en las narrativas, la participación del ejército o
la guardia nacional únicamente incrementa las irregularidades, pues en múltiples
escenarios se olvidan que existir también es un derecho y actúan sin procesos o
garantías sobre la vida de las personas. Casos documentados por organismos
nacionales e internacionales señalan que cuando las fuerzas armadas intervienen
sin controles civiles efectivos, la rendición de cuentas se diluye. La seguridad se
impone como discurso, pero la verdad y la justicia quedan relegadas. En ese
contexto, la desaparición deja de ser un crimen excepcional para convertirse en
una práctica tolerada por la omisión y protegida por el silencio institucional.
Y al final como sociedad también somos cómplices de este proceso, cada que
permitimos que las personas se vuelvan cifras o noticias pasajeras, nos sumamos
a la falta de empatía y profundizamos en la omisión, al revictimizar estamos
deshumanizando a quienes durante décadas esperan respuestas y acciones

contundentes. Actualmente pareciera que hay vidas prescindibles, escuchamos
las historias buscando fallas en el actuar o ser de las personas desaparecidas
como si su búsqueda no fuera en sí misma un derecho y tuviera que estar sujeta a
la moral.
En medio de panoramas de incertidumbre las personas y colectivos de búsqueda
son la resistencia, la red que toda persona debería tener en la sociedad y aún así
2025 fue el año más peligroso para esta labor, pues en algunos puntos iniciar la
búsqueda de una persona desaparecida es también firmar una sentencia de
muerte, pues las búsquedas han derivado en hallazgos de múltiples fosas
clandestinas y terrenos dominados por el crimen organizado, donde al acercarse a
presuntos responsables también se encienden alarmas que incomodan a las
personas involucradas.
Además de la amenaza y el peligro constante al que se enfrentan las personas
buscadoras, también está la falta de apoyo y las distintas crisis que se pueden
enfrentar en el proceso, nadie habla de lo que ocurre mientras una persona está
desaparecida, de lo que la ausencia representa, pues además de la falta de sus
seres queridos, también falta el apoyo de la sociedad y el Estado. Para poder
buscar muchas familias tienen que renunciar a sus trabajos, viven procesos de
ansiedad cada que se acercan a un descubrimiento y de repente dan con cuerpos
que no corresponden a sus familiares, pero sí a los de otras personas.
Mientras México no reconozca que detrás de cada cifra hay miles de personas
pidiendo ser encontradas, familias que esperan la verdad, claman por respuestas
y la sociedad no participe replicando cada ficha de búsqueda, este será uno de los
peligros más latentes, desaparecer aún en medio de entornos videovigilados, a la
luz del día, enfrente de las personas sin que nadie diga nada. Ese es el resultado
de décadas de impunidad y omisión. Donde la ausencia pesa pero fingimos que

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Opinión

Un libro, una mochila… un sueño desde Tampico

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Hay días en los que el futbol deja de ser un juego. Días en los que la cancha no mide 105 por 68 metros, sino lo que alcanza a latir un corazón infantil cuando descubre que el mundo también puede abrirse para él. Eso fue lo que ocurrió cuando 108 niñas, niños y jóvenes de Tampico pisaron el estadio BBVA de Monterrey. Y no, no fue un paseo. Fue un acto de justicia emocional.

Yo vi algo que no se transmite por televisión, y casi nunca lo vemos reflejado en los medios de comunicación; vi mochilas llenas de cuadernos convertidas en equipaje de sueños; vi manos pequeñas aferradas a las de padres que jamás imaginaron llevar a sus hijos a un estadio mundialista; vi miradas que, al elevarse hacia las gradas del Gigante de Acero, entendieron que el esfuerzo sí tiene forma, peso y destino ¡sí, se puede!

Esta acción —impulsada por la presidenta municipal Mónica Villarreal Anaya, junto con empresarios y promotores del Juego de Leyendas avalado por la FIFA— no fue propaganda. Fue humanismo en estado puro. Tampico premió al mérito académico, eso,  no es regalar boletos; es decirle a un niño “tu constancia importa”, es romper la narrativa cruel de que nacer en la carencia te condena a mirar siempre desde afuera.

El pequeño Iván lo entendió sin discursos. Iván, un niño de nivel básico, llegó al estadio tomado de la mano de su papá. Nunca habían conocido un estadio en su vida. Ni uno. Cuando entraron al BBVA, el padre guardó silencio; el niño abrió los ojos como quien entra por primera vez a un lugar que antes solo existía en la televisión. Ahí, entre concreto y acero, ocurrió algo íntimo y poderoso: un hijo supo que su padre había caminado con él hasta donde pudo… y un padre entendió que, por una vez, el mundo había sido generoso con su hijo.

Pero si hubo una historia que me desarmó fue la de Juanita.

Juanita llegó con su abuela. Su mamá ya no estaba. Había fallecido, dejando como herencia un amor profundo por el futbol y una lucha incansable contra la pobreza. Juanita ya había ido al estadio Tamaulipas, sí, pero esto era distinto. Monterrey no era solo otra ciudad; ese estadio no era solo otra cancha. Para ella, sentarse en una butaca del estadio de Rayados —aunque no fuera el equipo de su madre— fue como llegar a un lugar donde alguien la esperaba.m, alguien con mucho amor para ella.

Ahí, en medio del ruido, de la música fea que pusieron durante todooo el partido, en medio del juego, de las leyendas del futbol, Juanita  no aplaudía solo goles. Aplaudía la memoria. El amor. El cariño.  Aplaudía el esfuerzo de una madre que, hasta el último día, creyó que su hija podía tener algo mejor. Ese asiento fue, simbólicamente, un abrazo pendiente, un momento para toda su vida.

De eso se trata el Tampico Va con todos. No de cifras frías, aunque las haya: 108 estudiantes, 88 de primaria, 14 de secundaria, 6 de nivel medio superior, 22 conscriptos. Se trata de entender que detrás de cada número hay una historia que merece ser tocada por la esperanza.

Mónica Villarreal lo dijo claro. Se premió el esfuerzo por aprender. Pero lo que realmente ocurrió fue que, por unas horas, estos niños dejaron de ser espectadores de un país que suele ignorarlos y se convirtieron en protagonistas de su propia posibilidad.

El Juego de Leyendas enseñó disciplina y trabajo en equipo, sí. Pero la verdadera lección estuvo en las gradas cuando una autoridad decide mirar a la niñez no como estadística sino como destino, los sueños también entran a la cancha, y usted no los ve, pero, van en la mochila.

Ese sábado, en el Gigante de Acero, no solo se jugó futbol.
Ese día, Tampico le ganó al olvido.

En la intimidad… Del alcalde de la ciudad de Altamira, Armando Martínez Manríquez, y su equipo de Protección Civil, mañana hablamos.

Qué en paz  descansen esas niñas.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La güera los tiene en 4

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En el sur de Tamaulipas no estamos ante una crisis de seguridad. Estamos ante una crisis de autoridad. Y no es lo mismo. La primera se combate con estrategia, recursos y coordinación. La segunda se delata sola… cuando una mujer en situación de calle, con evidentes deficiencias mentales —a la que el imaginario popular ya bautizó como “la güera”— tiene de rodillas a tres municipios completos: Altamira, Ciudad Madero y Tampico.

Sí, leyó bien. Tres cabildos, tres alcaldías, tres estructuras administrativas completas, incapaces de contener, atender o resolver un problema que ya escaló de lo social a lo público y de lo público a lo político. Agresiones a adultos, a niños, rondines cerca de escuelas, reportes ciudadanos reiterados, detenciones que no detienen nada y liberaciones que solo reinician el ciclo. Y mientras eso ocurre, los alcaldes —inspirados sabrá Dios por qué intereses— empujan con entusiasmo el regreso de las policías municipales.

Y aquí entra el alcalde de Ciudad Madero, Erasmo González Robledo, el más entusiasta promotor de este retorno al pasado. Un alcalde que no logra controlar el tránsito, que no puede garantizar servicios básicos sin tropiezos, que confunde gestión con discurso y resultados con conferencias. Un alcalde que administra como quien cuenta calorías sin saber cuántas tlayudas se comió, pero que ahora quiere administrar una corporación armada.

Hay que decirlo con claridad: Erasmo no puede con la calle, pero quiere con la pistola. No puede con la banqueta, pero se siente listo para el patrullaje. No puede con una crisis social evidente, documentada, reiterada, pero sí con la narrativa de que el municipio “recupere” su policía. 

Recuperar, por cierto, algo que se perdió porque fue corrompido.

Las policías municipales en Tamaulipas no fueron retiradas por capricho ideológico ni por centralismo autoritario. Fueron desmanteladas porque estaban infiltradas por la delincuencia organizada. Porque los alcaldes —antecesores espirituales de los actuales— no supieron, no quisieron o no pudieron defenderla, de eso, sabe perfectamente Erasmo González, fue en una Semana Santa  en la administración de Lupe Galván, la misma en la que él fue alcalde mientras su papá putativo hizo campaña para diputado local cuando todo se rompió. El mando único fue una medida de emergencia ante un colapso institucional que hoy algunos fingen no recordar, Erasmo es uno de ellos, claro, antes era priista y no le iba mal viviendo del erario como hasta hoy, pero, ya tocado por el mecías AMLO de morena, en fin. 

Así, mientras el Congreso abre la puerta a ese regreso, la realidad hace trizas el discurso. El delito común crece, la violencia cotidiana se normaliza y las instituciones se fragmentan. El caso de la mujer en situación de calle es solo el síntoma más visible. Detenciones administrativas que no resuelven nada. Liberaciones automáticas. Fiscalías que se declaran incompetentes. Hospitales atados a requisitos legales imposibles. Autoridades municipales “atadas de manos”… pero con ambiciones intactas.

Si el municipio no puede activar un protocolo integral para proteger a niños agredidos en la vía pública, ¿qué lo hace pensar que podrá resistir la presión del crimen organizado?
Si no puede coordinar salud, asistencia social y seguridad básica, ¿qué lo hace creer que podrá depurar, supervisar y blindar una policía municipal?

La respuesta es incómoda: nada ¡ja!… 

Pero Erasmo insiste. Y en esa insistencia no hay convicción técnica, hay reflejo político. El reflejo del alcalde que quiere control sin responsabilidad, presencia sin resultados y poder sin rendición de cuentas. El problema no es que quiera una policía municipal. El problema es que no ha demostrado estar a la altura de un silbato, mucho menos de una corporación.

Mientras tanto, el Estado intenta reforzar lo que aún funciona: el esquema de mando único, con todas sus imperfecciones, sigue siendo más eficaz que la nostalgia municipalista. La Guardia Estatal recluta, capacita, evalúa. Seis meses de formación, controles federales, supervisión constante. Nada de eso aparece con claridad en la propuesta de regreso de las policías municipales.

Porque la seguridad no se decreta. Se construye.
Y quien no puede con “la güera”, no puede con el crimen.

En la intimidad…  En contraste con la improvisación que domina a buena parte de la política local, la Universidad Autónoma de Tamaulipas dio un paso que merece reconocimiento. El rector Dámaso Anaya Alvarado encabezó la aprobación y firma del Manifiesto Institucional para el Uso Ético de la Inteligencia Artificial, un documento que establece principios claros para el uso de esta tecnología en la docencia, el aprendizaje, la investigación, la divulgación del conocimiento y la gestión universitaria.

No es un gesto cosmético. La UAT avanza también en la conformación del Instituto de Inteligencia Artificial, una entidad estratégica para articular capacidades, formar talento y evitar que la tecnología se convierta en atajo o simulación. La visión es clara: la inteligencia artificial como herramienta al servicio del bien común, no como sustituto de la inteligencia humana ni de la ética académica.

En un país donde muchas instituciones corren detrás de la tecnología sin reglas, la UAT decidió poner límites antes que excusas. Pocas universidades en México cuentan con un marco de esta naturaleza, lo que coloca a la máxima casa de estudios de Tamaulipas en una posición pionera.

Mientras algunos no pueden gobernar lo básico, otros están pensando —con responsabilidad— en el futuro. Y esa diferencia, aunque no haga ruido, dice mucho.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

Faltan los de Tamaulipas

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Tras la captura de Nicolás Maduro, el periódico Enlace del Golfo, semanario con 26 años de circulación en Tamaulipas y las huastecas, me invitó y publiqué la siguiente columna de opinión que llevó como título: “ La caída del primer alcalde por Nicolás Maduro”, y luego de este escrito políticos convertidos en fichas de dominó.

Primero, el alcalde morenista de Cintalapa, Ernesto Cruz Díaz. Una semana después, The Wall Street Journal, escribió según la misma publicación que replicó Carmen Aristegui, en su plataforma digital: “Además del tema militar, la Casa Blanca ha insistido en la investigación de políticos del partido oficial que supuestamente tienen nexos con el crimen organizado, incluyendo legisladores y funcionarios de alto nivel”.

A la par de que todo se negocia entre Washington y la Cuidad de México. Hace unas horas el alcalde de Puerto Peñasco, Sonora, Óscar Eduardo Castro, emanado de Morena, admitió que le revocaron la visa norteamericana, y confirmó que se separa del cargo por motivos de salud.

Mientras tanto, las aguas se mueven y uno que otro alcalde comenzará a viajar a Europa, particularmente a España para ir planchando su refugio en vísperas de que Estados Unidos exija  su captura o renuncia a la presidencia municipal.

Sin más preámbulos, le dejo lo publicado el pasado lunes 5 de enero:

El mundo vuelve a repartirse. En febrero de 1945, en la Conferencia de Yalta, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill y Joseph Stalin se sentaron a una mesa para decidir el mundo que emergería tras la Segunda Guerra Mundial. Alemania fue dividida en zonas de ocupación, Europa quedó partida en dos esferas de influencia y se colocó la primera piedra de la Organización de las Naciones Unidas. No fue un acto de diplomacia romántica, fue algo así como una repartición cruda del poder, avalada por la victoria militar.

Ochenta años después, los nombres cambian, pero la lógica regresa. Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping no se reúnen en Crimea, pero actúan como si Yalta nunca hubiera terminado. El mismo Trump comparó la captura de Maduro con la participación militar norteamericana en el fin de la IIGN.

Así que hoy,  el mapa de disputa tiene otros nombres: Taiwán, Ucrania, Groenlandia, Venezuela. Ya no se anuncian conferencias solemnes; se publican mensajes en redes sociales, se difunden videos de operaciones quirúrgicas y se construyen narrativas de poder en tiempo real, con millones de likes como munición psicológica.

Las redes sociales también son armas. Cada captura simbólica, cada operativo transmitido desde una cuenta oficial, cada declaración directa entre mandatarios forma parte del nuevo arsenal. La guerra del siglo XXI no solo se libra con misiles o tropas, no, también se libra con percepción, control del relato y miedo calculado, también con mucho diálogo.

En ese contexto se entiende el operativo “Determinación Absoluta”, instruido por Donald Trump. Más allá del golpe directo al régimen venezolano, el mensaje fue hemisférico. No se trató solo de Caracas; fue una advertencia al vecindario completo. Y México, inevitablemente, leyó entre líneas.

Durante años, México aceptó el papel de contención migratoria, de muro humano y de socio silencioso. Pero ahora el guion es otro. Washington exige algo más; reordenamiento interno, presión real sobre los cárteles y una guerra de bajo perfil que acorrale a criminales y violentos. Algo que, para muchos en el norte, dejó de ocurrir con Andrés Manuel López Obrador y que ahora se espera —o se impondrá— bajo la nueva doctrina de seguridad del presidente gringo, y las reglas del Yalta moderno.

El problema para Morena como corriente política hegemónica es que el nuevo orden mundial no dialoga con ambigüedades. A partir de 2026, el partido enfrentará una tormenta perfecta. No desde la oposición tradicional, sino desde tres frentes simultáneos:

• Oposición política interna
• Desgaste social acumulado
• Escrutinio externo indirecto (finanzas, vínculos, omisiones)

El eslabón más débil no está en Palacio Nacional ni en los congresos, está en los municipios. Ahí donde se cruzan presupuestos “pequeños”, contratos inflados, policías locales y pactos informales. Ahí donde el poder se ejerce sin reflectores, pero con territorio.

Por eso no veremos tanques ni comunicados de intervención electoral. Veremos algo más eficaz:
presidentes municipales que no buscan la reelección por “motivos personales”; cuentas congeladas; visas canceladas; filtraciones quirúrgicas; auditorías que despiertan después de años de sueño; pintas y remodelaciones convertidas en expedientes. No será una purga ideológica. Será una limpieza administrativa con efectos políticos.

Este es el nuevo orden no se invade, se condiciona. No se derroca, se asfixia. No se dispara, se documenta.

En la intimidad…  En Tamaulipas, el mensaje ya se escucha en voz baja. Se  habla de nombres, de perfiles; alcaldes y familiares con crecimiento patrimonial acelerado; funcionarios obsesionados con el reflector, “las causas” y la narrativa, pero, descuidados en el escritorio, el contrato y la factura; operadores que confundieron cercanía política con inmunidad eterna.

La historia local enseña que el Golfo nunca es invisible. Puertos, aduanas, comercialización y seguridad municipal siempre han sido puntos de interés para ojos externos. Quien hoy duerme tranquilo porque “controla” su Cabildo, podría despertar mañana con un expediente que no se redactó en Ciudad Victoria, ni en la Ciudad de México.

Yalta no fue el fin de una guerra, fue el inicio de otra.
Este nuevo Yalta 2.0 tampoco busca consenso, ni negociaciones con políticos hediondos  a precursores químicos o combustible robado, busca orden.
Y en ese orden, muchos políticos corruptos de Morena aún no entienden que el tablero ya cambió… pero la partida ya empezó.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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