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México es uno de los importantes productores y consumidores de café en el mundo y ni así toma fuerza la cultura del barismo. Baristas internacionales como la polaca, Natalia Piotrowska, se convierten en los ídolos de los jóvenes mexicanos que gustan de ser el último eslabón entre la cosecha de café y el conocimiento de prepararlo para deleite del comensal. Ser Barista es más que una moda hipster.

El Campeonato Mundial de Baristas (CMB) que se realiza año con año en distintos países, se convirtió en el origen de una relación entre Jenni Borrego Alamilla, el Barismo y su complemento, el arte latte.

Jenni, nacida en Tampico, Tamaulipas; participó como voluntaria en el CMB Seattle 2015, allí comenzó su amorío que hoy la lleva a representar a su entidad en la Competencia Mexicana de Baristas, evento organizado por la Asociación Mexicana de Cafés y Cafeterías de Especialidad, que vendría siendo como la clasificación a los Juegos Olímpicos, y si gana, representará a nuestro país en el Concurso Mundial  de Baristas, algo así como los Juegos Olímpicos de los profesionales que le saben a la preparación de cafés de especialidad.

En aquel 2015, Jenni se inscribió como voluntaria, le correspondió preparar los cafés de degustación para los asistentes al CMB Seattle 2015.

Entre cientos de jóvenes de todas las razas del mundo, hubo una persona que la impactó e inspiró por su manera de ser, se trataba de la polaca Natalia Piotrowska a quien la Barista tampiqueña describe como una chica servicial, humilde, de mucho trabajo en equipo.

Jenni, quién es prácticamente la única Barista en Tamaulipas, recuerda que todos los baristas o casi todos, aunque eran muy buena onda, solían ser bastante celosos con su trabajo, pero Natalia, le permitió que trabajarán juntas, hicieron una dupla perfecta en la barra de servicio para los asistentes.

Allí iban a parar todos los barristas competidores que resultaban eliminados del certamen mundial- mientras la polaca hacia los espressos, Jenni los decoraba con su casi perfecto arte latte, una cualidad que sin saberlo ya tenía.

«Hasta el chico que era el manager de la isla de servicio se sorprendió y le reconoció que me dejara estar a su lado sirviendo a los asistentes del campeonato mundial ¡obvio! Los que van, quieren que los baristas les sirvan el cafe, no una principiante» describió Jenni Alamilla que este año integra la lista de 20 mexicanos en busca del título dentro la Competencia Mexicana de Baristas que se celebrará este 31 de agosto, uno y dos de septiembre en la Ciudad de México.

Jenifer Borrego Alamilla, se desempeña como la Barista corporativa del Degas café en Tampico, su mamá murió dos años antes de que Jenni, viajará a Seattle, no pudo contarle su experiencia y la inspiración que se despertó en ella. Pese a esto, Jenni quien ahora participará por segundo año consecutivo en el certamen nacional, hoy tiene una bebida especial para encantar a los jueces, se trata de un digestivo al que llamó, «Luz de gloria» en honor a su señora madre Gloria Luz Alamilla, una de las actrices más destacadas de la localidad.

Hoy con más experiencia y con una relación más íntima entre la mezcla de café que ella misma cosechó de los cultivos, Jenni busca traerse el campeonato y representar a México en el próximo evento mundial, la joven tamaulipeca depositó toda la confianza en: Yuku café, de Santa María Yukuhuiti, Oaxaca; una cosecha que otorga una acidez delicada como la de una cereza y las notas que regala en el espresso entre cereza, miel y chocolate; terminan por genera en tu mente la sensación de que estás comiendo una enorme y jugosa cereza cubierta de chocolate.

«¡Está riquísimo! Y el macciato, totalmente, expide un sabor a vainilla y mantequilla, son notas dulces con su leche que la deja como una bebida súper sedosa que acaricia el paladar», platica emocionada pero consciente de que estará compitiendo con los mejores barristas de México, los mismos que cada año la hacen casi una Barista perfecta.

La bebida de especialidad que ofrecerá a los jueces será precisamente «gloria de luz», en honor a su mamá que se llamó Gloria Luz, a la señora le gustaba mucho la manzana y las cosas dulces; y la  bebida de Jenni, representa muchas cosas que casualmente tienen que ver con su mamá, cabe precisar que cada que prueba esta bebida, le hace revivirla en su mente comiendo su manzana y esos postrecitos que gustaba degustar con frecuencia acompañados de un rico café. «La verdad la he soñado dos veces, una ocasión desperté y sentía la textura de la ropa que ella vestía en el sueño, aún despierta sentía sus caricias».

«Gloria de luz» es una invención de Jenni, sin darse cuenta de manera inconsciente decidió experimentar con la manzana, una fruta característica de esa misma acidez elegante que tiene su café de especialidad, pero para mantenerla y no resaltarla tanto como para que desbalance a su bebida, eligió una manzana especial luego de varias pruebas para que hiciera una combinación perfecta con su mezcla de café, a la fruta le agregó nuez y azúcar mascabado; hace una infusión la cual lleva hasta el punto de caramelización y esa manzana que previamente ya se hidrató, la utiliza para hacer un pure y lo deja enfriar varias horas, entonces lo mezcla con los espressos calientes, provocando un choque térmico que regala una bebida complemente digestiva, elegante y exquisita.

Ojalá este año Jenni obtenga su cometido, pues ha trabajado duro con su coach, Ana García, quien junto a Fidel Suárez y su jefe Emérico JR, le han acompañado en este suculento viaje que no terminará hasta representar a México en el Campeonato Mundial de Baristas y despertar el interés del barismo en Tamaulipas para que los jóvenes se den cuenta que aquí también hay un delicioso estilo de vida.

Opinión

Elección incomoda

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El arraigado análisis deportivo mexicano de juzgar a los porteros por la cantidad de goles que reciben en la jornada ha sido “goleado” por la trayectoria de Guillermo Ochoa Magaña.

El Mundial de México 86 moldeó a una generación. Millones de niños eligieron ser futbolistas profesionales; otro puñado se enamoró de la crónica deportiva que llegaba a los hogares a través de los medios de comunicación tradicionales, y Memo Ochoa apenas tenía 10 meses de haber nacido.

Luego llegó 1990: un Mundial en Italia del que fuimos borrados por esa cultura corrupta tan nuestra, un mal endémico tan fuerte y vigente como la misma ausencia paterna en un país donde 4 de cada 10 hogares carecen de papá. Muchos de estos salieron por cigarros en pleno mundial y nunca regresaron.

Pero hoy el tema central es el seis Copas del Mundo, Guillermo Ochoa, a quien durante años los comentocratas deportivos profesionales y de las gradas señalaron y juzgaron por esas goleadas sufridas en diversos clubes europeos. Es verdad que los marcadores adversos y abultados, como ahora sus 40 años, aparecían desde el otro lado del continente con gran frecuencia; claro, carnita para sus detractores, minutos y goles imperdibles para quererlo aniquilar; sin embargo, pocos analistas debatieron en torno al contexto detrás de esos resultados.

 Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Catar 2022 y el mundial México, EEUU y Canadá 2026 validan esas golizas.

Sí, porque no es lo mismo defender la portería de los clubes más poderosos y equilibrados que pararse bajo los tres postes de clubes modestos acostumbrados a pelear por la permanencia o simplemente evitar en cada jornada que la diferencia en el marcador no sea tan abismal, y es que justamente esas plantillas limitadas e inferiores a las de sus rivales son las que en gran parte construyeron la grandeza de esta leyenda deportiva mexicana, que siempre eligió lo incómodo.

Memo, tuvo frente a sí a uno de los grandes de su época, Adolfo Ríos. Irónicamente, el michoacano José Adolfo Ríos García no tuvo un solo mundial a pesar de su gran aporte, pero quien venía atrás de él nunca abrazó la zona de confort.

En lugar de reducir el grado de dificultad, decidió mantenerse expuesto a una intensa competencia permanente. El nivel de preparación era inigualable; cada partido representaba decenas de intervenciones potenciales contra arietes letales. Cada fin de semana significaba desafiar la presión constante de evitar el descenso o sostener a equipos con recursos limitados. Allí, también estaba preparando su longevidad; el deporte de alto rendimiento no es complaciente, demanda disciplina sostenida, una preparación física rigurosa y una fortaleza mental que no todos alcanzan.

En un México donde la población vive feliz en la repartición de más de un billón de pesos anuales en programas sociales a cambio de que los sigan hundiendo en la miseria, y siendo fieles espectadores del mundo deportivo donde el periodista no alcanza a ver la grandeza de un portero persistente, tenaz y resiliente o tiene frente a si a una leyenda como Cristiano Ronaldo, y elige preguntarle por Messi tratándose de una rueda de prensa de un deporte de asociación y no individual como el Tenis o la Esgrima, por supuesto que descalificar rápidamente el esfuerzo ajeno es lo menos complicado, y  no permite apreciar la lección: Avanzar no siempre significa elegir el camino más cómodo. A veces implica aceptar escenarios adversos, soportar críticas y seguir trabajando cuando las recompensas inmediatas no aparecen, y esto no es un tema exclusivo de cancha.

En la intimidad… Más de 3 200 estudiantes de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) lograron certificarse con éxito en competencias técnicas y habilidades digitales fundamentales para el entorno profesional actual en el marco del Programa de Microcredenciales UAT 2026.

Esta iniciativa, implementada mediante la Secretaría Académica, respalda la visión del rector Dámaso Anaya Alvarado, orientada a fortalecer la capacitación estudiantil, elevar la excelencia académica y garantizar herramientas tangibles que impulsen la empleabilidad de los futuros profesionistas del estado.

En la primera etapa del programa, los estudiantes obtuvieron este beneficio mediante el proceso de microcredencialización, el cual consistió en el desarrollo de un trayecto formativo cien por ciento en línea, a través de plataformas oficiales de preparación y simulacros prácticos como G-Metrix.

Tras concluir esta etapa de autoaprendizaje en entornos virtuales, los participantes sustentaron una evaluación final que les otorgó una certificación con validez global emitida por la firma internacional CERTIPORT, garantizando que sus conocimientos cuenten con el reconocimiento directo de los líderes de la industria en todo el mundo.

Aunado a este logro, un grupo de más de 200 docentes de los diferentes campus también obtuvo una certificación internacional en estas tecnologías, validando sus competencias para elevar la calidad de la enseñanza en las aulas.

Las microcredenciales en las que se especializó la comunidad universitaria se desarrollaron en temas estratégicos de alta demanda, abarcando desde alfabetización digital básica, inteligencia artificial generativa, gestión de proyectos y emprendimiento, hasta soluciones avanzadas en análisis de datos, ciberseguridad, programación, herramientas de ofimática y aplicaciones para ingeniería y diseño.

Mediante las evaluaciones oficiales y los entrenamientos virtuales, el proceso de certificación continúa creciendo y sigue activo para todos los universitarios, por lo que se estima que la cifra de alumnos y profesores acreditados se incrementará de manera importante rumbo al cierre de la convocatoria programado para los próximos meses.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

La UAT no necesita discursos

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Hay algo que siempre me ha llamado la atención del futbol mexicano.

Cuando un equipo atraviesa una mala racha, los directivos organizan conferencias, renuncian al director técnico y presentan proyectos con grandes refuerzos y prometen que ahora sí viene la remontada para buscar el campeonato. En otros casos venden todo el equipo.

El problema es que el marcador ya fue, y ahora están en zona de descenso.

Hace unas horas escuché al rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, hablar sobre investigación aplicada, innovación tecnológica, capacitación ganadera y alianzas estratégicas durante la apertura de un curso para productores pecuarios.

Y mientras eso sucedía, no podía dejar de imaginarme al rector como el nuevo presidente deportivo del club, que atraviesa una sequía de campeonatos, prometiendo algo grande, porque está apostando a la transformación de una institución longeva, sí, pero en realidad se trataba de una apuesta por el rescate de la industria ganadera que no vive tiempos sencillos.

El gobierno de la República de Andrés Manuel López Obrador, permitió que el gusano barrenador volviera a convertirse en una amenaza.

La sequía global sigue goleando.

Los costos de producción no dejan de subir, y los subsidios son una caricatura.

Los mercados internacionales son cada vez más exigentes.

Y los productores necesitan soluciones, no aplausos.

Por eso el periodo rectoral de Damaso no se queda callado; entiende, acepta y admite que la universidad tiene una responsabilidad enorme.

Cuando Dámaso afirma que las necesidades de los ranchos deben convertirse en necesidades de la universidad, está pronunciando la frase más importante de todo su rectorado.

Porque si eso ocurre de verdad, la UAT se convierte en el mejor socio que tenga el campo tamaulipeco, y se convierte en un gran protagonista, algo así como el gran salvador.

Porque recursos tiene.

Investigadores tiene.

Infraestructura tiene.

Prestigio también.

Lo que todavía está por verse es si tiene la velocidad suficiente para convertir todo eso en resultados.

Dámaso Anaya conoce el sector.

Viene de él.

Habla su idioma.

Entiende sus preocupaciones.

Y precisamente por eso las expectativas son mayores.

En la intimidad… hoy juega México, ¡cabrones!

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

¡guau, gua!

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Las golondrinas es una canción creada allá por 1862, y bueno, la realidad es que esa rolita se llama “LA Golondrina” —en singular— y me encanta porque han pasado los años, las modas han transformado, la música ha tenido mayor apertura en el léxico y ha disminuido el párrafo que obliga a la imaginación, incluso el civismo en peligro de extinción y todo ha cambiado, pero, a la fecha, la composición del autor Narciso Serradell Sevilla sigue siendo símbolo de nostalgia y despedida.

Habrá tiempo para  discutir elecciones, disminuir la polarización política, debatir sobre seguridad o inseguridad y demás  confrontaciones cotidianas, para analizar y lanzar responsabilidades en obras de acueductos capitalinos y más, pero pocas veces nos detenemos a reconocer el trabajo de funcionarios públicos que lo dan todo sin tener oficina, esos que no cobraron viáticos, ni anduvieron de llorones con aclaraciones en conferencias de prensa, sí, fueron personajes que nunca buscaron reflectores.

Y me refiero a Niko, Hunter e Hidra.

Y sí, son perros a los que la Secretaría de Marina Armada de México (SEMAR), les organizó una ceremonia de retiro bajo el nombre «Héroes de Cuatro Patas». Algunos querrán minimizar el acto, pues qué mal están. Se equivocan.

Lo que hizo la Armada de México fue recordar algo que la sociedad suele olvidar: la lealtad también merece reconocimiento público.

Desde 1989, los binomios caninos forman parte de las capacidades operativas de la Marina. Han buscado sobrevivientes entre escombros, detectado explosivos, localizado narcóticos y participado en operaciones donde un error puede costar vidas.

Estos animales, “héroes de cuatro patas”, no entienden de discursos patrióticos, pero sí aprendieron a comunicarse con sus amos; les vale queso si el alcalde, diputado o gobernador antes era del PRI y hoy de MORENA, y previamente del PAN; no saben de la ideología que desapareció en México. Solo conocen una cosa: cumplir.

Niko lo demostró cuando fue desplegado a Turquía tras los devastadores terremotos de 2023. Entre toneladas de concreto y acero retorcido logró detectar a una persona con vida.

Miles de personas buscando esperanza entre la destrucción absoluta y un perro mexicano encontrando un latido donde parecía no existir nada.

Hunter e Hidra hicieron lo suyo durante años en operaciones contra explosivos y en tareas de seguridad nacional.

Vivimos en una época donde la educación cívica muere, y abundan los oportunistas, los simuladores y los expertos en aparentar virtudes para obtener beneficios personales, pero es muy irónico que  tres animales nos recuerden el significado más puro del servicio.

Resulta imposible no pensar en la relación que construyeron con sus manejadores. Quien haya tenido un perro sabe de qué hablo.

No existe vínculo más honesto.

No hay conveniencia.

Solo confianza.

Niko, Hunter e Hidra ya no volverán a entrar en servicio.

Pero dejan algo más importante que cualquier condecoración.

Dejan ejemplo.

¡Gracias perros!

En la intimidad… ¿Sí sabe que en la política municipal abundan los egos? Los protagonismos. Las disputas silenciosas por espacios de poder. Las zancadillas disfrazadas de cortesía.

Pero, en Tampico, contrario a todo lo anterior, se consolidó una mancuerna que pocos observan con suficiente atención: la de la alcaldesa Mónica Villarreal Anaya y el secretario de Obras Públicas, Rogelio Ontiveros Arredondo.

Mientras otros se distraen pensando en la próxima candidatura, ellos parecen haber entendido algo fundamental: el gobierno municipal dura tres años, pero las obras pueden permanecer décadas.

La inauguración de dos vialidades en la colonia Luis Donaldo Colosio, con una inversión superior a los 7.3 millones de pesos, es apenas una muestra.

Treinta años esperaron los vecinos.
Treinta.

Eso significa que varias administraciones pasaron por ahí prometiendo exactamente lo mismo.

Hasta que alguien decidió hacerlo. Por eso llama la atención la dinámica que se observa entre Mónica Villarreal y Rogelio Ontiveros.

No parecen obsesionados con la grilla. Parecen obsesionados con dejar obra.

Y hay una diferencia enorme.
La política suele ser efímera.

Las banquetas, las redes hidráulicas, las calles pavimentadas y las viviendas dignas permanecen.

Quizá por eso ambos han entendido que el legado no se construye en los cafés donde se especula sobre sucesiones anticipadas.

Se construye en colonias donde durante tres décadas nadie escuchó a los vecinos.

Para la grilla siempre habrá voluntarios.
Para construir ciudad, no tantos.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Otros rostros del mundial

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Por: Zaira Rosaszairosas.22@gmail.com

Nadie puede negar la pasión que hay detrás del futbol, lo mucho que une a las personas y cómo se disfruta ver a cada uno de los jugadores de la selección ir tras el balón.

Durante 90 minutos vivimos con esperanza de triunfo; incluso los menos aficionados se reúnen con otras personas para compartir un momento de comunidad. Sin embargo, detrás de la euforia de ser sede del Mundial también hay historias de dolor que no podemos ignorar.

Más de 130 mil personas permanecen desaparecidas en México. La cifra equivale a llenar dos veces algunos de los estadios que hoy celebran la fiesta futbolística. Mientras millones de personas observan los partidos, miles de familias continúan buscando a quienes un día salieron de casa y no regresaron. De ahí que las madres buscadoras exijan visibilidad en las distintas sedes, ocupen espacios públicos y recurran a manifestaciones que incomodan: porque muchas veces esa ha sido la única manera de lograr que alguien las escuche.

Y ahí debería estar también el foco: en las historias detrás de los números. No se trata únicamente de personas desaparecidas, sino de madres que no dejan de buscar, hijos que crecen sin respuestas y familias enteras cuya vida quedó suspendida entre la esperanza y la incertidumbre. Cuando pensamos en 130 mil casos, hablamos de comunidades enteras atravesadas por la ausencia.

La llegada del Mundial representa una oportunidad única para visibilizar esta realidad. Así como el futbol logra que personas de distintas edades, ideologías y contextos compartan una misma emoción, también podría ayudarnos a compartir una misma exigencia: que ninguna desaparición quede en el olvido. Aprovechar la atención internacional no significa opacar la fiesta deportiva, sino recordar que detrás de los reflectores existen causas urgentes que merecen ser vistas.

De hecho, el propio Mundial ha mostrado otras desigualdades que atraviesan a nuestra región. Durante el torneo, diversas delegaciones y selecciones han enfrentado restricciones migratorias, controles diferenciados y condiciones de movilidad que no afectan por igual a todos los participantes. El caso de la selección de Irán, obligada a modificar su logística por restricciones de viaje y visados, ha evidenciado cómo las decisiones políticas pueden impactar incluso en un evento que presume unir al mundo a través del deporte.

La conversación sobre migración tampoco puede quedar fuera. La historia del arquero caboverdiano Vozinha, nos recuerda otro de los rostros invisibles del Mundial. Tras convertirse en héroe de su selección, confesó entre lágrimas que su madre no había podido viajar a Estados Unidos para verlo jugar debido a los costos y obstáculos del proceso migratorio. Su caso terminó resolviéndose gracias a la atención mediática, pero evidencia una realidad cotidiana para millones de personas: cruzar una frontera no representa las mismas oportunidades para todos.

En un torneo que presume unir al mundo, también quedan expuestas las desigualdades que enfrentan quienes migran, quienes buscan reunirse con sus familias o simplemente ejercer su derecho a la movilidad.

La copa del mundo también nos obliga a reflexionar sobre nuestras formas de celebración. Resulta difícil no notar la contradicción entre quienes condenan las marchas feministas por intervenir monumentos o afectar momentáneamente la circulación y, al mismo tiempo, justifican festejos deportivos que terminan en destrozos, agresiones, basura o violencia contra otras personas. La alegría colectiva no tendría por qué traducirse en daños al espacio común ni en ataques a quienes piensan distinto.

Existen ejemplos que muestran otra manera de vivir la pasión deportiva. La afición japonesa se ha vuelto mundialmente reconocida por recoger la basura de los estadios al finalizar los encuentros, dejando los espacios incluso más limpios de como los encontraron. Es una muestra de que el respeto y el sentido de comunidad se pueden enlazar con celebraciones donde se vive bajo el goce y el cuidado, ese espíritu mexicano, festivo que no tendría que enlazarse con momentos de caos y violencia.

Tal vez el mayor aprendizaje de este Mundial sea recordar que la fuerza colectiva que vemos en las gradas puede existir más allá de los partidos. El futbol nos une porque nos permite reconocernos en una emoción compartida. Pero esa misma unión puede servir para acompañar a las familias buscadoras, para defender la dignidad de las personas migrantes y para exigir condiciones más justas para todos. Celebrar el deporte no implica olvidar los problemas que nos rodean; por el contrario, puede ser una oportunidad para demostrar que la solidaridad también merece llenar estadios.

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