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El reclamo es el mismo en los tres municipios. Más elementos para la vigilancia y que los de GENDARMERÍA NACIONAL se pongan a trabajar en labores de vigilancia.

En la zona sur de Tamaulipas, el robo a comercio se incrementó de manera considerable en Tampico y Ciudad Madero.

Altamira es un pueblo en el que la ley la imponen los grupos de defensa de cada sector o colonia de la ciudad.

Se habla de atracos más violentos a transeúntes a temprana hora de la mañana en la zona centro de Tampico, del regreso de los bancazos e intento de robo de cajeros automáticos y a comercio en horas de la madrugada.

Los alcaldes de Tampico, MAGDALENA PERAZA GUERRA , y Madero ANDRÉS ZORRILLA MORENO, insisten en que es necesario un mayor número de elementos de la Policía Estatal para cada una de sus ciudades.

Sin embargo están conscientes en que eso tardará todavía un poco debido a los filtros que se tienen para contar con policías capacitados y honestos.

Mientras tanto, piden a la Gendarmería Nacional una participación más activa en cuanto a la prevención de delitos se trata y que trabajen en horas de la noche.

A los elementos de GENDARMERÍA NACIONAL se les mira en la playa caminando o en unidades especiales, paseándose todos los días de la semana.

Muy saludadores con las muchachas en las tiendas comerciales, paseando en grupos de tres o cuatro por las calles de la zona centro, tomando fotos y mandando mensajes de texto en sus dispositivos inteligentes.

Son de proximidad no de vigilancia. Se dijo desde un principio, cuando llegaron a la zona sur de Tamaulipas. “Vienen a otras labores”.

Sus participaciones no representan importancia en las detenciones de presuntos delincuentes que se realizan en la zona sur de Tamaulipas.

Son 300 elementos de GENARMERÍA NACIONAL que se dispersan en Tampico, Madero y Altamira, la mayoría para saludar personas y portar su bonito uniforme federal, cuando lo que se necesita es acción.

Lo que es cierto, ya sea en Jeeps, motos spider, unidades Polaris en la playa, o a pie, pareciera que solo están de adorno en la ciudad.

El nuevo Coordinador de la Policía Estatal Fuerza Tamaulipas ALBERTO CEBALLOS ORTIZ, asegura que el tiempo de respuesta a una emergencia es de 12 minutos, cuando muchos tienen que esperar por lo menos dos horas para que acuda una patrulla a un robo.

12 minutos es demasiado tiempo, teniendo en cuenta que la Policía Municipal llegaba al punto de la emergencia de 3 a 5 minutos.

Esperemos que la insistencia de los alcaldes Andrés Zorrilla y Magdalena Peraza, sea suficiente para que los elementos de GENDARMERÍA NACIONAL  se pongan a trabajar en la vigilancia activa de la zona sur de Tamaulipas.

Conozco a varios de estos elementos federales, y estoy seguro que cuando estaban en la academia no se imaginaron que su trabajo como policías, se basaría en pasearse y saludar gente en la calle.

Hay que recordar que la ociosidad es la madre de todos los vicios.

reportenoreste@gmail.com

Inició carrera en medios en 1996. Ha participado como reportero en medios impresos y electrónicos conductor de noticias en radio y televisión.

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Opinión

La nueva tendencie ¡pufff!

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Hoy por hoy ya no basta con ganar elecciones. Ahora también hay que dominar el algoritmo.
La política en el mundo dejó de existir únicamente en  plazas públicas o mesas de café; hoy, también se juega entre métricas, tendencias, percepción digital, engagement emocional y guerras de narrativa en tiempo real. Tiempo real.

En México, los tradicionalistas siguen creyendo que el poder se construye unicamente con espectaculares y estructuras territoriales, mientras los nuevos votantes consumen política según el contenido en su pantalla del celular, correcto, deslizando el dedo sobre la pantalla.
Y precisamente en esa transición entre la vieja política analógica y la democracia del scroll infinito, el partido Movimiento Ciudadano encontró una beta política que podría convertirlo en algo mucho más grande que un partiducho emergente en Tamaulipas.

Hoy Morena monopoliza la conversación en el país desde Palacio Nacional. El PAN sigue atrapado en “modo avión” tras la derrota presidencial; y el PRI permanece convertido en un “archivo comprimido” de lo que alguna vez fue el sistema político mexicano… MC entendió antes que nadie que las nuevas generaciones ya no solamente militan, también se conectan.

Samuel García lo convirtió en espectáculo digital. Mariana Rodríguez entendió el lenguaje emocional de las plataformas. Luis Donaldo Colosio Riojas capitalizó el peso simbólico de la nostalgia política con estética de futuro. Y Dante Delgado terminó creando algo parecido a una startup electoral disfrazada de partido político naranja o fosfo- fosfo, según el espacio en el país donde milites.

Pero cuidado… mucho cuidado, Dante.
Una cosa es ser tendencia y otra muy distinta convertirse en estructura real de poder.

Y, aquí aparece Tampico. Lo que ocurre hoy en el sur de Tamaulipas no debe analizarse como un simple crecimiento municipal. Sería un error de lectura política y hasta de interpretación de datos. Lo de MC Tampico es más parecido a un laboratorio territorial donde Movimiento Ciudadano comenzó a validar si su narrativa digital podía traducirse en posicionamiento auténtico fuera de Nuevo León y Jalisco.

Y los metadatos políticos indican que no. En 2019, MC apenas generaba interacción electoral en Tampico. Poco más de dos mil votos. Un rendimiento marginal dentro del ecosistema político local. Apenas suficiente para colocar a Edgar Treviño en el Cabildo porteño.

A simple vista parecía un dato irrelevante.
Pero en la política real, hay acciones que al inicio parecen invisibles y terminan convirtiéndose en tendencia orgánica.

Porque mientras muchos dentro y fuera del partido daban por hecho que Movimiento Ciudadano seguiría siendo una cuenta secundaria dentro del mapa político tamaulipeco, Edgar lo convirtió en un partido con actividad permanente.
Y así cambió el comportamiento del algoritmo social.

El entonces joven regidor Edgar Treviño entendió algo que la vieja política todavía no termina de comprender: la ciudadanía ya detecta el contenido basura, por eso MC Tampico dejó de aparecer solamente en temporadas electorales como esos influencers que reviven cada tres años para vender una candidatura.

El solitario  regidor de MC, comenzó a mantenerse online políticamente todo el año.
Posicionamientos constantes en el Cabildo. Activismo visible. Agenda pública permanente. Narrativa moderada. Sin confrontaciones innecesarias. Sin convertirse en máquina de odio digital. Sin perder tiempo en guerras de bots… ni en lo territorial.

Y eso terminó generando algo mucho más poderoso que un trending topic: credibilidad.
Lo anterior ha provocado que la  votación creciera más del 300 por ciento en la última  elección, sí, ayudó la ola naranja nacional. Ayudaron Samuel, Mariana y Colosio con millones de reproducciones en redes. Pero reducir el crecimiento de MC únicamente al fenómeno influencer sería tan superficial como medir liderazgo por cantidad de likes.

Porque los likes no gobiernan.
Los seguidores no operan casillas.
Las vistas no movilizan estructuras.

Y los filtros de Instagram no ganan elecciones.
Movimiento Ciudadano Tampico comenzó a construir algo más complejo y más rentable políticamente: comunidad, si logra entender que el futuro no está en fabricar candidatos con filtros, sino liderazgos con credibilidad, podría dejar de ser un partido satélite para convertirse en punta de lanza política estatal.

Porque en esta nueva era de hiperconectividad política, donde todos quieren viralizarse y pocos saben construir, quizás el verdadero poder ya no esté en quien hace más ruido…

Sino en quien sabe permanecer en la conversación.

En la intimidad… La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), encabezada por el rector MVZ Dámaso Anaya Alvarado, participó en las brigadas “Transformando Familias” organizadas por el Sistema DIF Tamaulipas y el Gobierno del Estado, celebradas este jueves 7 de mayo en el municipio de Abasolo.

Sumada a estas jornadas itinerantes de servicios integrales, la UAT instaló módulos de atención y asistencia social en las áreas de enfermería, derecho y veterinaria, con la participación activa de estudiantes y docentes universitarios.

En este marco, el rector Dámaso Anaya destacó la oportunidad que representa para la UAT colaborar junto con el gobernador Américo Villarreal Anaya y la presidenta del Sistema DIF, Dra. María de Villarreal, en el desarrollo de estas brigadas, las cuales tienen como fin acercar asistencia social, salud y educación gratuita a las comunidades más vulnerables del estado.
De igual manera, expresó su reconocimiento a estas acciones enfocadas en el desarrollo social, la salud de la mujer y apoyos funcionales a quienes más lo necesitan.

La brigada “Transformando Familias”, dedicada en esta ocasión al Día de las Madres, instaló desde temprana hora sus servicios y módulos de atención en la Explanada de Usos Múltiples, ubicada en la zona centro de la cabecera municipal de Abasolo.

La población de este municipio acudió a recibir los múltiples servicios ofrecidos en un esfuerzo conjunto entre el Sistema DIF Tamaulipas, las instituciones y dependencias gubernamentales, con el objetivo de llevar bienestar directamente a la comunidad.

En los módulos se brindó una amplia atención en consulta médica, nutricional, dental y salud de la mujer; se llevó a cabo la entrega de lentes, aparatos auditivos, funcionales y medicamentos, además de información sobre alfabetización, preparatoria abierta, becas y créditos educativos.

Por parte de la UAT, colaboró la Facultad de Enfermería Victoria, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria y la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La hora de cerrar filas

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Algo peligroso está cambiando al interior de Morena. No precisamente en el discurso acartonado de los eventos oficiales ni en las eternas lisonjas que durante estos años han saturado los rituales políticos del movimiento guinda. No. Esto es algo más delicado; se trata de una etapa de revisión interna, de disciplina política y de cierre de filas frente a un ambiente nacional e internacional cada vez más hostil, no solamente para Claudia Sheinbaum, sino para todos los  que visten la casaca de Morena, desde alcaldes, gobernadores hasta legisladores federales y senadores.

La tarde de este miércoles, el coordinador de los diputados morenistas, Ricardo Monreal Ávila, confirmó que hoy 7 de mayo a las 13:00 horas, la presidenta recibirá en Palacio Nacional a congresistas de Morena, PT y Partido Verde. Oficialmente será una “visita de cortesía”, pero, políticamente, es mucho más que eso.

Será la primera gran revisión de caja. El primer pase de lista real del segundo piso de la Cuarta Transformación.

Y en medio de ese turbulento momento en las entrañas del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador, una voz particularmente interesante desde Tamaulipas: la de la diputada federal morenista, “la maestra”, Blanca Narro Panameño.

Antes de viajar a la CDMX, tuvo una encerrona previa en el Distrito VI, no habló como quien busca reflector. Tampoco como quien pretende convertirse en heroína discursiva del momento. Habló con amplitud de entendimiento que Morena desde hace 7 años y 5 meses dejó de ser oposición y hoy carga el peso completo del poder… y de sus consecuencias.

Porque afuera arrecian presiones internacionales, ataques mediáticos y embestidas políticas disfrazadas de análisis geopolítico, adentro también comienza a crecer la exigencia de resultados, territorio y cercanía real con la ciudadanía, así, como las acusaciones entre camaradas y compañeros.

Y dicho lo anterior, Blanca Narro dejó una frase interesante: “el trabajo se hace desde casa y no necesitamos ayuda de nadie”. Sí, tenía dedicatoria; no fue una frase venida de la ocurrencia, ni improvisada. Fue un mensaje político.

México enfrenta presiones externas que buscan influir en la vida pública nacional; Morena intenta construir una narrativa de unidad en torno a Claudia Sheinbaum. Y guste o no, el obradorismo heredó que la soberanía también se defiende controlando la narrativa interna y cerrando filas.

Por eso la reunión de este jueves no es cualquier cosa. Mientras muchos imaginan una comida protocolaria en Palacio Nacional, en realidad será un ejercicio de alineación política. Morena necesita saber quién está en territorio, quién sigue caminando colonias, quién mantiene estructura viva y quién ya se siente funcionario de escritorio.

Y ahí Narro  Panameño, que entiende perfectamente el mensaje que baja desde el centro del país, insiste en regresar a territorio, tocar puertas, debatir con ciudadanos café en mano y volver a ese modelo de cercanía que Morena presume como su principal diferencia. Hoy el oficialismo más que nunca teme desconectarse de la calle.

La propia diputada reconoce que fueron 48 sesiones legislativas, 44 presenciales y múltiples reformas constitucionales en un periodo intenso. Pero también entiende que la política no se gana únicamente levantando la mano en San Lázaro.

Se gana abajo.

En la conversación incómoda.

En la colonia olvidada.

En el ejido.

En el mercado.

En el desgaste territorial.

Morena sabe que viene la batalla por el 2027. Y también sabe que el desgaste natural del poder ya comenzó.

Por eso la reunión de mañana con Claudia Sheinbaum tiene un enorme fondo político: medir lealtades, revisar operación, fortalecer narrativa y recordarles a todos que el movimiento no quiere funcionarios de elección metidos en la oficina… sino soldados de territorio.

En la intimidad… Como que ya se le viene haciendo costumbre a la alcaldesa Mónica Villarreal Anaya eso de los llenos totales, los escenarios multitudinarios y las fotografías con auténtico aroma a campaña permanente.

Lo ocurrido en la colonia Vicente Guerrero, sector Moscú, no fue un evento menor. Más de dos mil despicadoras y despicadores reunidos alrededor de una agenda social que mezcla cercanía, territorio y simbolismo político. Y sí, las imágenes pesan… y pesan mucho.

Porque mientras muchos alcaldes todavía batallan para llenar un auditorio, Mónica Villarreal comienza a mostrar algo que en política vale oro puro: convocatoria natural.

La entrega de permisos sanitarios gratuitos en coordinación con la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios terminó convirtiéndose en un poderoso acto de músculo social. Mujeres trabajadoras, sector popular, narrativa humanista y respaldo institucional del gobierno estatal.

Y además hay otro detalle que no debe perderse de vista: la alcaldesa entendió perfectamente que el símbolo político más rentable hoy en Tamaulipas es la cercanía emocional.

Abrazar causas sociales.

Reconocer oficios invisibilizados.

Hablarle directo al trabajador.

Y convertir actos administrativos en eventos con identidad popular.

Mientras tanto, en la mesa política estatal ya hay quienes comienzan a observar con atención el crecimiento operativo y mediático de la alcaldesa porteña. Porque una cosa es gobernar… y otra muy distinta comenzar a construir presencia con aroma de liderazgo regional.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

Decisiones simplonas

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La Universidad Autónoma de Tamaulipas puso en marcha un programa piloto de transporte gratuito entre Altamira y el Centro Universitario Tampico-Madero. Un camión, una ruta, 60 estudiantes. En papel, poco. En contexto, mucho más de lo que parece.

El problema nunca ha sido llegar a la universidad. El problema es todo lo que pasa antes de llegar.

Horas perdidas en traslados, rutas inseguras, costos que se acumulan como una gotera constante en economías familiares frágiles. Eso no aparece ni en los medios de comunicación más “independientes”. Tampoco se mide en indicadores académicos. Pero ahí se decide, todos los días, quién continúa y quién se queda en el camino.

Y el  rector Dámaso Anaya Alvarado decidió intervenir justo para aliviar ese mal. No en el discurso aspiracional que tanto le gusta a la burocracia universitaria. Se metió en lo incómodo: en la logística, en el desgaste, en lo que normalmente se deja al estudiante, en las tenebrosas filas del más allá. 

La ruta —35.4 kilómetros, salida a las 8:00 de la mañana desde Altamira, paradas en puntos donde la ciudad se vuelve más áspera que académica— no es solo un trayecto. Es una forma de reconocer que la educación pública no puede seguir operando como si todos los estudiantes vivieran a la vuelta del campus.

Si el programa funciona, si logra sostenerse, si se amplía, entonces la UAT no habrá puesto un camión: habrá tocado una de las variables más subestimadas de la deserción. Y eso, en términos reales, pesa más que muchos convenios firmados para la foto.

México está lleno de programas piloto que nunca dejaron de serlo. Buenas intenciones que murieron en la fase de prueba. Proyectos que sirvieron para anunciar, pero no para transformar, pero, aquí Dámaso no se juega el aplauso inmediato, se juega algo más complejo: credibilidad. La que se construye cuando una decisión se sostiene en el tiempo, incluso cuando deja de ser novedad. Una decisión simplona, pero, que nadie más que aquel que está verdaderamente involucrado la toma. 

Sin rodeos:  la UAT tomó una decisión que otras universidades han evitado por años. Meterse en la vida cotidiana del estudiante sin rodeos.

Y eso, en un sistema que suele evadir lo esencial, merece ser observado con lupa… y con respeto.

En la intimidad… Reynosa no falla: exhibe.

Dos elementos de la Guardia Estatal —Pizaña y Toledo— asesinados en una emboscada. López, herido de gravedad. Y detrás de la tragedia, una escena que no debería existir: una patrulla sola.

No es un accidente. Es una decisión.

¿Quién permitió que una unidad operara sin respaldo en una de las plazas más violentas del país? ¿Bajo qué criterio se normalizó ese nivel de exposición? ¿Dónde estaba la coordinación con fuerzas federales?

No hay forma de suavizarlo: mandar una patrulla sola en Reynosa es dejarla a su suerte.

Y cuando el Estado deja a su suerte a quienes portan el uniforme, lo que sigue no es sorpresa, es consecuencia.

La Secretaría de Seguridad Pública tiene una responsabilidad directa. No en abstracto. Directa. Porque esto no se explica con retórica ni con comunicados de ocasión. Se explica con decisiones operativas que alguien tomó —o peor, que alguien dejó de tomar.

Pizaña y Toledo ya no pueden exigir respuestas. López está peleando por su vida. Los que quedan, sí.

Y la pregunta es brutal por su sencillez: ¿cuántas veces más se va a repetir este patrón?

Porque si la respuesta es “ninguna”, entonces alguien tiene que rendir cuentas hoy. No mañana. No cuando baje la presión. Hoy.

En Reynosa no falta diagnóstico. Falta responsabilidad.

Y eso ya costó demasiado.

davidcastellanost@hotmail.com

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Opinión

¿Narcogobierno o guerra narrativa?

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Rubén Rocha Moya es probablemente uno de los nombres que más titulares han
acaparado en la semana, encabeza la lista de 10 funcionarios públicos señalados
por el gobierno de Estados Unidos de tener vínculos con el narcotráfico. Estos
señalamientos llegan a reforzar la agenda del país vecino que se ha empeñado en
desmantelar la corrupción de otras naciones con tal de desviar la atención de
asuntos propios.
Esta narrativa ha sido constantemente rechazada por el gobierno de México,
principalmente cuando los afectados en los señalamientos pertenecen a un mismo
partido, lo cual como bien ha señalado el mismo Rocha Moya, es un ataque
directo hacia la cuarta transformación. De ahí que la Presidenta defienda por
sobre todo la Soberanía Nacional y que la Secretaría de Relaciones Exteriores
siga exigiendo pruebas de culpabilidad respecto a las investigaciones.
Sin embargo, la respuesta institucional no ha disipado las dudas. Ante la presión
mediática y política, Rocha Moya solicitó licencia a su cargo, dejando como
gobernadora interina a Yeraldine Bonilla. Esta decisión ha abierto un nuevo
debate: para algunos, es un paso necesario mientras se esclarecen los hechos;
para otros, se trata de una estrategia que permite mantener cierto grado de
protección política, evitando consecuencias inmediatas como una eventual
extradición.
El contexto tampoco ayuda. En 2024, la detención de Ismael «El Mayo» Zambada
estuvo rodeada de versiones que apuntaban a una posible participación indirecta
de actores políticos locales, incluido el propio Rocha. A ello se suman los
señalamientos sobre la intervención del Cártel de Sinaloa en las elecciones de
2021, denuncias que la oposición llevó ante la Organización de los Estados
Americanos (OEA).
Aunque las autoridades electorales, como el Instituto Nacional Electoral,
sostuvieron que la violencia fue focalizada y no alteró los resultados, los datos son
inquietantes: 91 políticos asesinados durante ese proceso, incluidos 36
candidatos. Más que una narrativa, se trata de una evidencia de que el crimen
organizado ha logrado influir —directa o indirectamente— en la vida democrática
del país.
A este escenario se suma otro elemento delicado: la muerte de dos agentes de la
CIA en Chihuahua, quienes realizaban labores de investigación sin conocimiento
del gobierno federal. La colaboración con autoridades locales, como la
administración de Maru Campos, abre cuestionamientos sobre los límites de la
cooperación internacional y la consistencia del discurso soberanista.

En paralelo, sectores de la derecha han aprovechado este contexto para
posicionar la idea de un “narcogobierno”, utilizando las acusaciones como
herramienta de desgaste político contra la figura más emblemática del movimiento:
Andrés Manuel López Obrador. No obstante, reducir todo a una conspiración
externa sería tan ingenuo como negar la existencia de un problema estructural.
De cara a 2027, cuando al menos 17 entidades renovarán gubernaturas, el
verdadero desafío no será únicamente contener la presión internacional o las
narrativas opositoras, sino enfrentar una realidad incómoda: la infiltración del
crimen organizado en procesos electorales y estructuras de poder no es nueva, ni
exclusiva de un partido.
México debe defender su soberanía, sí, pero no solo frente a otros países, sino
también frente a los intereses criminales que han demostrado capacidad para
influir en candidaturas, campañas y gobiernos. Negar esta realidad bajo el
argumento de la unidad nacional solo profundiza el problema. La disyuntiva no es
entre creer o no en las acusaciones, sino entre asumir con responsabilidad la
magnitud del desafío o seguir atrapados en una guerra de perspectivas y el control
de las mismas.
Si algo está en juego en este momento no es solo la imagen de un gobierno o de
un partido, sino la viabilidad misma de la democracia mexicana frente a quienes,
desde dentro y fuera, buscan moldearla a su favor.

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