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Un amigo mío al que veo todos los días, frente al espejo, se encontró el pasado viernes un teléfono celular: estaba el aparatito ese, un Alcatel “Pop” de regular tamaño, tirado justo a media calle, a plena luz del mediodía canicular aquel, y a punto de ser aplastado por algún tráiler o cualquier automóvil de los que circulan diariamente por el muy transitado punto de esta conurbación sur de Tamaulipas –la Sexta Avenida- donde se hallaba, a unos pasos apenas de una intersección conocida como “igriega”.   A primera vista, a mi amigo le pareció que se trataba sólo de una carátula o accesorio parecido de los que comercializan para hacer lucir mejor el dispositivo móvil, si no es que, en el mejor de los casos, podía ser un “android” ya ciclado, que había sido arrojado ahí, a mitad de la  vía pública, por su propio dueño, al estar todo descompuesto e inútil  (como uno mío al que declaró “irreparable” la compañía que me lo vendió, cuando no tenía ni dos años, y de la misma marca por cierto, he ahí el porqué de la asociación mental, seguramente). En fin, que no le pareció, a mi amigo, que el artefacto aquel pudiera estar en uso, pero se animó a levantarlo del suelo sólo por curiosidad, al fin reportero (eh, sí, mi amigo también es comunicador… ¡qué coincidencia!, ¿no?).  Y bueno, la sorpresa fue que el celular del montón, o sea: corrientito y todo, sí servía.  Primera reacción del que se lo halló: con el objeto en mano, y a la vista del público, girar en 360 grados para ver si por ahí advertía a alguien que estuviera buscándolo.  Mas al no ser así, pensó mejor en preguntar en los locales más cercanos al sitio del hallazgo, a saber: una vulcanizadora y un taller situados al otro lado de la acera, unos 4 carriles y un camellón enfrente, o bien en la báscula para vehículos pesados, el puesto de carnitas estilo Michoacán que hay al lado, y ya, porque sólo unos 150 metros al norte está un supermercado nada más, y hacia el sur lo más cerquita era una gasolinera, a una distancia equivalente a dos cuadras.  Pero, ¿qué iban a decir: “no señor, fíjese que no es mío, siga usted buscando, buen hombre”…?  Por supuesto que una respuesta así era muy poco probable.  Había que actuar de otra manera, pero mientras lo pensaba mejor, y por no hacerse de delito, mi amigo hizo una cosa tal vez no buena, pero tampoco mala, que a los ojos de cualquiera sí lo pudo convertir en sospechoso.  Envolvió el teléfono móvil en el periódico que llevaba doblado a la diestra, y siguió su camino.

La mente comenzó entonces a realizar su tarea desde el instante mismo de dar el primer paso: ¿y qué tal si lo habían visto desde lo lejos hacer todo aquello y ya iba el dueño tras de él para reclamarle su proceder?  Peor aún: ¿y si era solamente un “cuatro” para atrapar incautos como potenciales víctimas de un secuestro exprés o cualquier otro acto delictivo? ¡¿Y si realmente era una nueva estrategia criminal, una especie de señuelo para hacer que cualquier persona se llevara ese dispositivo hasta su domicilio sin saber que contaba con sistema de posicionamiento global, y una vez ahí, en la tranquilidad de su casa, lo visitarían con facilidad los delincuentes?!  O más simple y práctico: el móvil podía ser, en efecto, un anzuelo, pero a la vez una herramienta para tener virtualmente cautiva a la potencial víctima, más o menos al estilo de una película de Hollywood.  ¿Y en qué consistía entonces el modus operandi de los que podían haber dejado semejante carnada a disposición de cualquiera?  Decir que en marcar para hacer que la persona contestara es un tanto absurdo y completamente ingenuo, puesto que difícilmente alguien que tomara el celular para sí atendería una llamada, imaginándose que se trataría del propietario del artefacto.  Pero la operación podía ser más sencilla y del estilo “big brother”: avistar, desde otro punto y a través de la cámara, en corto, a quien llevaba el celular en la mano y capturar su imagen en video.  Copiarlo, pues, con todo y su trayectoria, para luego simplemente seguirle el rastro con su huella impresa ya en la red.   Temeroso como el personaje animado de La Pantera Rosa en el episodio aquel donde se complica la vida entre ángeles y demonios, mi amigo no se atrevía ya, a esas alturas de su andar, ni siquiera a llegar a su casa: pensó en dar vueltas por la colonia para seguir pensando qué hacer, si llamar a algún contacto de los que ahí aparecieran, o simplemente sentarse en el parque para ver si sonaba y entonces sí decirle al dueño o dueña que viniera por su teléfono… pero, ¿y si quien llamaba era, en efecto, un criminal?  Hasta echar un vistazo a la carátula lo ponía nervioso, pues lo que no quería era ser captado por el minúsculo lente del celular, ante el terror psicológico que tal cosa le producía.  Con el aparato envuelto todavía en el periódico (me refiero al de telefonía, claro), mi amigo pensó en una solución extrema que no iba a ser precisamente el final más feliz para la infortunada persona que hubiera, después de todo, perdido ya ese objeto, si tal cosa era el caso: arrojar el móvil al primer bote o tanque de basura con el que se topara.  Pero entonces se percató de que bajo el sol que caía a plomo desde el cenit a esa hora, había mucha gente en la vía pública, a todo alrededor, y se le figuró que “todo mundo se daría cuenta de que arrojé un objeto extraño al bote de basura, correrían a ver y sabrían que es un celular”,  y que ahora sí lo tomarían por sospechoso.

En esas estaba y había llegado ya al interior de su rumbo, cuando sintió rumbar, vibrar el aparatito entre el periódico.  Pasando literalmente aceite, y cerciorándose de no sacar el celular de entre el bulto sin antes haber cubierto con la misma mano el punto donde suele estar la camarita, que es precisamente a lo alto de la estructura del teléfono, mi amigo hizo esa maniobra para contestar, en el nombre sea de Dios, la llamada entrante.  Con voz engolada y casi fingida soltó un “bueno”, sólo para escuchar la suave y casi suplicante respuesta, en idéntica frase, de una mujer, a quien ni siquiera dejó hablar adelantándose atropelladamente: “¡¿Usted extravió el celular que traigo a la mano, verdad?!  Fíjese que estaba tirado en plena calle y por más que esperé y busqué para ver si aparecía por ahí el dueño, nunca vi llegar a nadie, pero aquí ando cerquita”.  -¡Ay, pero qué bueno que una persona como usted se lo halló, es que yo oí que se me cayó algo pero ni cuenta me di, porque andaba con prisa por ir al “arteli” que está ahí cerca, pero dígame dónde está usted…!    Y todo lo demás.   En un cuarto de hora el celular extraviado el doble de minutos antes, si no es que más, había vuelto ya a las manos de su dueña.   Sin mayor trámite y costo, para ambas partes, que el terror psicológico auto-infligido: una pensando en manos de quién habría caído el dispositivo con toda la información  e imágenes suyas, y la otra quebrándose el coco en conjeturas  e intrigas imaginarias muy propias de un escritor de historias reales, acostumbrado ya ese tipo de tramas de la vida real… y también ficticias.

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Opinión

Lecciones desde el creciente conservadurismo exterior

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el

Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Una ideología más conservadora comienza a apoderarse de América, quedando
México y Brasil como los pocos países donde aún se ven tintes progresistas sin
una fuerte inclinación hacia lo que solíamos identificar como la derecha, Colombia,
nación hermana para nosotros, nombró a Abelardo de la Espriella como
presidente desde el pasado 7 de agosto y su llegada al poder tiene mucho que
enseñarnos.
¿Qué tienen en común otros líderes en América? No es la juventud, pues Donald
Trump entra en la lista y es de los más avanzados en edad si le comparamos con
el recién nombrado presidente y Nayib Bukele, sin embargo, lo que les ha puesto
en el centro de la discusión es su control de narrativas y la manera de presentar
su control de naciones.
Hablar del cambio y evolución de ideologías en otras naciones se vuelve
necesario, pues deja para México claves concretas de cómo se está moviendo la
ideología social, hay factores en común como la elección de gobiernos
progresistas con inclinación de izquierda que terminan perdiéndose por una
esperanza fallida, el antecedente a estos gobiernos destaca la presentación de
una transformación inalcanzable que termina dejándose absorber por la
corrupción, la inseguridad y la inestabilidad económica.
No es casualidad que a la par se popularicen narrativas tradicionales que
parecieran ignorar los propios derechos humanos, disfrazando la narrativa bajo
una estética del autocuidado en la que puede resultar fácil envolverse cuando se
vive con la esperanza de una mayor estabilidad. La clave de estos líderes estriba
en saber analizar los miedos sociales, en Argentina la economía, el Chile y
Estados Unidos la migración, en el Salvador y Colombia la búsqueda de
seguridad, mientras tanto México no está distante del desencanto, poco a poco los
líderes que prometían ver primero por los pobres son quienes se están valiendo de
ellos para vivir en opulencia.
El desencanto con las figuras políticas principalmente en espacios locales y
estatales es creciente, donde el nepotismo se hace valer constantemente y las
promesas de transformación han salpicado solo a quienes se han valido del poder,
de ahí que tomemos en cuenta movimientos históricos como un aviso para
detectar ¿cuáles son nuestros miedos colectivos? Pues cualquiera podría valerse
de ellos para dar un giro a nuestra propia narrativa.
La lección no necesariamente consiste en asumir que una ideología es buena y
otra mala. El verdadero aprendizaje está en observar qué sucede después de
años de hartazgo, cómo poco a poco van cambiando las perspectivas sociales en

búsqueda de soluciones a sus propias problemáticas. ¿Qué pasa cuando el miedo
se vuelve un argumento político y en lugar de cuestionar sobre propuestas
elegimos a quien creemos que podrá defendernos?
México tendrá pronto nuevos momentos para hacerse estas preguntas. El proceso
electoral concurrente de 2026-2027 contempla la renovación de la Cámara de
Diputadas y Diputados, gubernaturas, congresos locales, ayuntamientos y, en su
caso, órganos judiciales federales y locales. No será solamente una elección de
nombres o partidos: será también una oportunidad para identificar qué discursos
están ganando terreno y por qué.
Por eso, mirar hacia Colombia, Estados Unidos, Argentina, Chile o El Salvador no
debería llevarnos a copiar modelos, sino a reconocer patrones. Las tendencias
políticas cruzan fronteras con mayor velocidad que antes; llegan mediante redes
sociales, videos, influencers, discursos de campaña y narrativas que pueden
repetirse hasta parecer verdades incuestionables.
Analicemos nuestras posturas y busquemos aquellas de oposición como una
herramienta de libertad, de lo contrario cualquier tendencia puede malinterpretarse
como la única verdad, no dejemos que el exceso de datos y canales termine por
servir como un instrumento más de manipulación.

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Opinión

“La mini”, salió más cabrona que 2 bocas   

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Las ceremonias militares son la gran “m – ma da”, claro, están diseñadas para transmitir orden. Uniformes impecables, saludos reglamentarios, banderas al viento, el honor a la nación a flor de piel y discursos que apelan a la disciplina, la coordinación y el compromiso institucional, pero, a veces, y solo a veces la realidad irrumpe con tal fuerza de un bombazo que termina por comprometer cualquier protocolo.

Mientras el gobernador Américo Villarreal Anaya reconocía la labor de la Guardia Nacional durante la toma de posesión del general brigadier Mauricio Cansino Báez como nuevo coordinador estatal, el contexto obligaba observar mas que un simple relevo de mando. Era la llegada de un nuevo “dueño” de la seguridad federal en una entidad  que acababa de convertirse nuevamente en noticia nacional por el hallazgo y desmantelamiento de una presunta mini refinería clandestina en Reynosa, el municipio que presume administrar Carlos Peña, el hijo de la senadora Maki Ortiz, del Paetido Verde (antes del PAN, luego de Morena y ahora de Manuel Muñoz Cano).

Aunque el reconocimiento a la Guardia Nacional es entendible. Una operación de inteligencia que logra localizar una infraestructura presuntamente destinada al procesamiento ilegal de hidrocarburos representa un golpe importante contra las economías criminales. Sería mezquino minimizar el trabajo operativo de quienes participaron en el aseguramiento.

Pero tan importante como reconocer el éxito es preguntarse se levantó esa empresa en una madrugada -fue sarcasmo-

Una infraestructura clandestina requiere inversión, logística, suministro, transporte, almacenamiento, personal, protección y tiempo. Mucho tiempo, más protección que tiempo, para poder instalar cada proceso, tubería conectada y movimiento de maquinaria que hablan de una operación que tuvo espacio para desarrollarse antes de convertirse en objetivo de las autoridades.

Dejando de lado la burla nacional desde Reynosa de los Peña Ortiz, ayer, durante la ceremonia en Ciudad Victoria, el gobernador destacó que Tamaulipas mantiene una estrategia basada en la coordinación, la confianza y la comunicación permanente con las instituciones federales. Subrayó también que la inteligencia se ha fortalecido y que la presencia de la Guardia Nacional ha contribuido a preservar el Estado de derecho.

Nadie podría negar que la coordinación entre las fuerzas de seguridad es indispensable. Lo preocupante sería conformarse con ella como argumento suficiente.

Sería un error reducir el debate a Reynosa o cargar toda la responsabilidad sobre el Ayuntamiento que encabeza Carlos Víctor Peña Ortiz. Los delitos relacionados con el robo y procesamiento ilegal de hidrocarburos corresponden al ámbito federal, y las investigaciones deberán determinar responsabilidades conforme a derecho, pero, lo que pasa en la ciudad corresponde al alcalde como primer respondiste; la investigación a otras deponéis más según la comisión de delito.

La llegada del general Mauricio Cansino Báez abre una nueva etapa para la Guardia Nacional en Tamaulipas. Su formación en Fuerzas Especiales, Estado Mayor y Seguridad Nacional hace pensar en un mando con experiencia suficiente para enfrentar escenarios complejos.

¿Expondrá más o … también hará como que no ve más allá de sus narices?

En la intimidad… Mientras la agenda estatal gira alrededor de la seguridad pública, en Tampico el gobierno municipal mantiene el foco en una tarea menos estridente, pero igualmente importante: sostener el ingreso de quienes viven del mar cuando la veda detiene la actividad pesquera.

La presidenta municipal, Mónica Villarreal Anaya, encabezó la segunda entrega de apoyos alimentarios para 180 pescadores en el Centro de Bienestar y Paz de la colonia Vicente Guerrero, Sector Moscú, dando continuidad a un programa que anteriormente benefició a 150 familias.

Más allá de la entrega de despensas, la administración municipal apuesta por ampliar las oportunidades productivas mediante cursos de reparación de equipos de aire acondicionado, capacitación para la elaboración de productos de limpieza en coordinación con la PROFECO, además de servicios de salud, vacunación, entrega de lentes y acciones como Sonrisas del Bienestar.

La política social adquiere verdadero sentido cuando no genera dependencia, sino herramientas para enfrentar la adversidad con mayores posibilidades. Esa parece ser la ruta que busca consolidar el gobierno porteño: acompañar a las familias del sector pesquero durante la veda sin perder de vista que la mejor asistencia sigue siendo aquella que abre nuevas oportunidades para el trabajo y fortalece la economía del hogar.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

El incendio de Mario Delgado

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A Mario Delgado Carrillo se le está quemando la casa y, para apagarla, parece haber encontrado la receta favorita de la burocracia cuatrotista: cerrar puertas, señalar culpables y esperar que nadie pregunte quién dejó encendido el cerillo.

El secretario de Educación Pública quiere desaparecer de un plumazo las escuelas militarizadas. Así, sin NOmás. Como que no quiere ver las  posibles violaciones a los derechos humanos de estudiantes que, durante años, debieron ser vigiladas por las autoridades.

Sí, ¿dónde estaba la SEP? ¿Dónde estaba la Secretaría de Educación de Tamaulipas? ¿Dónde estaban los inspectores de zona? ¿Quién revisaba los permisos, los métodos, los instructores y las condiciones en que operaban esas escuelas? ¿Dónde estaba el regidor presidente de la comisión de educación del Ayuntamiento de Ciudad Madero?

Nadie vio nada.

Hasta que murió Dafne.

Entonces sí descubrieron el incendio.

La tragedia de la adolescente de 13 años en DOENITZ no puede convertirse en la coartada perfecta para que las autoridades salgan limpias de una historia que debieron supervisar, y cerrar escuelas en bloque no responde a quién permitió que funcionaran así durante años.

En el sur de Tamaulipas se sabe que durante años ha habido presencia de exalumnos de estos modelos militarizados entre personajes que terminaron vinculados con actividades delincuenciales; incluso, más de uno ha sido líder o jefe de plaza.  Eso no convierte a todos los egresados en criminales; sería una estupidez.

La disciplina no puede convertirse en sometimiento. La autoridad no puede transformarse en abuso. Y una escuela no puede quedar fuera de la vigilancia del Estado solamente porque se venda como formación castrense.

Pero cuando Mario Delgado apenas intenta controlar ese incendio, su propia estructura administrativa le arroja otro infierno.

USICAMM.

Miles de maestros de Tamaulipas y de otras entidades presentaron durante cuatro horas un examen para promoción vertical u horizontal. De nueve de la mañana a una de la tarde, bajo vigilancia, audio, video y estrictos protocolos.

Terminaron.

Y entonces les dijeron que se habían equivocado de examen.

Había que repetirlo.

Cuatro horas más.

A las dos de la tarde, cuando intentaron entrar nuevamente, la plataforma comenzó a fallar.

Al maestro se le exige puntualidad, preparación y disciplina.

A la autoridad se le permite equivocarse.

Al maestro se le vigila.

A la autoridad se le pide paciencia.

Y cuando falla el docente, pierde una oportunidad laboral. Cuando falla la autoridad, aparentemente basta con pedir que vuelva a intentarlo.

Ese es el problema de Mario Delgado.

No puede administrar correctamente una evaluación nacional y, al mismo tiempo, pretende decidir de un plumazo el futuro de un modelo educativo entero.

Si quiere limpiar, que limpie.

Pero que empiece por los escritorios.

Que revise permisos, inspecciones, expedientes, protocolos y responsabilidades. Que diga quién sabía, quién permitió y quién decidió callar.

Porque gobernar no es reaccionar después de la tragedia.

Y cerrar escuelas tampoco es lo mismo que resolver el problema que permitió que existieran.

El incendio de Mario Delgado no está solamente en las escuelas militarizadas.

También está en la oficina desde donde pretende apagarlas.

Y eso, en Tamaulipas, debería preocupar a más de uno.

En la intimidad…. La Universidad Autónoma de Tamaulipas no necesita apagar incendios para comenzar un nuevo ciclo.

Este lunes 3 de agosto, la máxima casa de estudios del estado retoma sus actividades administrativas después del receso laboral del 20 al 31 de julio.

Regresan trabajadores sindicalizados, docentes y personal de confianza a campus, facultades, unidades académicas e institutos de investigación.

Pero lo importante está en los jóvenes.

La UAT comienza este lunes la publicación de resultados de admisión para quienes presentaron el EXANI-II del CENEVAL el pasado 25 de junio. Para miles de aspirantes será el día en que una pantalla les diga si consiguieron un lugar en la universidad.

Y mientras unos conocen su destino académico, otros comienzan a construirlo.

Del 3 al 14 de agosto se realizarán las inscripciones de nuevo ingreso y las reinscripciones de estudiantes de continuidad.

El 17 de agosto arrancan las clases.

No parece una noticia espectacular.

Lo es.

Porque detrás de cada resultado hay una familia esperando. Detrás de cada inscripción existe un proyecto de vida. Y detrás de cada aula hay una responsabilidad mucho mayor que entregar un título: formar personas capaces de pensar.

Ahí está el verdadero poder de la educación.

No en el uniforme.

No en la obediencia ciega.

No en el miedo.

En el pensamiento.

La UAT abre sus puertas a una nueva generación que algún día ocupará los hospitales, las empresas, las escuelas, los tribunales, los medios y también los escritorios desde donde hoy se toman decisiones.

Y quizá por eso convenga recordar algo:

una sociedad educada no es la que obedece mejor; es la que pregunta mejor.

Pregunta quién autorizó.

Quién vigiló.

Quién falló.

Quién encubrió.

Y quién debe responder.

Los jóvenes que este agosto llegan a la UAT no solamente vienen por una carrera.

Vienen a aprender a pensar.

Y eso, para cualquier gobierno, debería ser motivo de orgullo.

Para un mal gobierno, en cambio, puede convertirse en una amenaza.

Porque tarde o temprano los estudiantes dejan de ser estudiantes.

Se convierten en ciudadanos.

Y los ciudadanos que aprendieron a preguntar son difíciles de gobernar con silencios.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La medicina y su deuda histórica con las mujeres

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

El Síndrome de Ovario Poliquístico era uno de los diagnósticos más comunes
entre mujeres con padecimientos diversos como trastornos en su menstruación,
dolor constante, afectaciones hormonales, etc. Aún así, este síndrome había sido
poco estudiado, en 1935 comenzaba la descripción de sus síntomas, pero fue
hasta un siglo después que la evidencia médica descubrió que las alteraciones no
se debían solo a quistes, sino a algo más complejo y por ello desde la medicina se
solicitó el cambio de nombre a síndrome ovárico metabólico poliendocrino
(SOMP).
Este simple ajuste refleja todo lo que ha existido detrás de la ciencia médica,
misma que si bien se presenta como objetiva, guiada por evidencia y datos, puede
tener un gran sesgo cuando nos remontamos a la historia, pues durante siglos los
datos de análisis tenían como principal objeto de estudio al cuerpo masculino, sin
contemplar que quienes estaban detrás de investigaciones eran también hombres.
El resultado no ha sido una simple omisión académica, sino una brecha que
continúa afectando la forma en que se diagnostican, investigan y tratan numerosos
padecimientos en las mujeres, pues ha sido menor su participación en el proceso
de aprendizaje y poco se ha analizado de los síntomas que se pueden desarrollar
según el sexo biológico y sus particularidades.
Durante décadas, las mujeres fueron excluidas de muchos ensayos clínicos por el
temor a las variaciones hormonales o a posibles embarazos, lo que llevó a
generalizar resultados obtenidos principalmente en hombres. Aunque esta
situación ha comenzado a cambiar gracias a políticas de inclusión y al creciente
interés por la investigación en salud femenina, los organismos científicos
reconocen que todavía existe un rezago importante, especialmente en
enfermedades que afectan de manera distinta a mujeres y hombres o que son
exclusivas del sexo femenino.
Esta brecha se refleja en la práctica clínica. Un ejemplo ampliamente
documentado es la enfermedad cardiovascular: las mujeres suelen presentar
síntomas diferentes durante un infarto, lo que favorece diagnósticos tardíos y
tratamientos menos oportunos. La propia literatura médica ha denominado este
fenómeno como el «síndrome de Yentl», una crítica a la tendencia histórica de
reconocer la gravedad de una enfermedad en mujeres solo cuando se manifiesta
igual que en los hombres.
Algo similar ocurre con el dolor. Investigaciones recientes muestran que existen
mecanismos biológicos distintos entre mujeres y hombres para procesarlo, lo que
confirma que las diferencias por sexo no son un detalle secundario, sino un factor

indispensable para comprender enfermedades y desarrollar tratamientos más
efectivos.
Las enfermedades ginecológicas también ilustran esta deuda científica. La
endometriosis, por ejemplo, puede tardar años en diagnosticarse, mientras que
trastornos como el SOMP, continúan siendo objeto de revisión conforme se
comprende mejor su complejidad metabólica y hormonal. Lo anterior es un reflejo
de lo que muchas mujeres han vivido al tener diagnósticos incompletos o
tratamientos insuficientes y se vuelve preocupante pues puede generar otro
problema de salud, la salud emocional.
Reconocer este problema no significa afirmar que la medicina ignore
deliberadamente a las mujeres ni enfrentar los avances logrados en beneficio de
los hombres. Significa aceptar que la ciencia también refleja los contextos sociales
en los que se desarrolla y que, durante mucho tiempo, asumió al cuerpo masculino
como el modelo universal. Hoy sabemos que esa universalidad nunca existió.
La buena noticia es que el cambio ya comenzó. Cada vez más instituciones
impulsan investigaciones que incorporan el sexo como una variable biológica
relevante y promueven análisis diferenciados entre mujeres y hombres. Sin
embargo, corregir décadas de sesgo requiere algo más que nuevas políticas:
exige financiamiento y sobre todo tomar en cuenta desde la formación nuevos
cuestionamientos para aquello que durante décadas se había afirmado, además
de implementar la perspectiva de género también en la medicina.
Realizar estudios constantes y una mayor exploración del cuerpo femenino es
también una necesidad, pues solo así podríamos contar con análisis más certeros
y acceder a diagnósticos precisos para todas las personas, que además permitan
atención oportuna.

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