Connect with us

De que andan negociando las candidaturas a gobernador de Tamaulipas y a las alcaldías con el gobierno estatal no sólo sin su «venia», sin su luz verde, sino incluso sin que él haya dado la orden respectiva, tomando en cuenta que todo aquello que se mueve dentro y fuera de esa organización personal para el culto a sí mismo creada por él (por supuesto), y que se llama Morena, o Movimiento de Regeneración Nacional, es ordenado por el propio don Andrés Manuel, la que se le arma a Héctor Garza, legislador «moreno» y tan expriísta como el tabasqueño, que quiere ser abanderado a la gubernatura justamente.

Resulta que el colaborador cercano del exjefe de gobierno del Distrito Federal ha provocado ya inconformidad de los militantes del relativamente nuevo partido político, egresados en su mayoría de la casi imperceptible izquierda tamaulipeca, existente sólo en lo teórico entre el PRD y, si acaso, el PT, huestes que, encima de ser contadas, han estado subdividiéndose incluso desde antes de que Morena obtuviera su registro, y los que no son pagados por la derecha panista de Tamaulipas para crearle alboroto al propio López Obrador cuando éste viene al estado, se ofrecen al mejor postor, en este caso el gobierno de la entidad, para crear incluso inconformidades extramuros: en otros institutos, incluyendo al mismo PRI.

Pero es al interior de Morena donde hacen mucho mejor ese «jale» los neomorenos del ya de por sí neo partido que se dedican a grillar, a agitar las aguas por encargo y a alborotar la gallera («el cochinero», diría su líder nacional), porque ahí están en terreno propio y se sienten en casa, pues ahí están, ¡caramba! De modo que apenas empezó el proceso interno, la carrera por las postulaciones, empezando por «la grande», el río empezó a revolverse en las filas del partido que, hay que decirlo, se formó en buena medida con facciones de tribus perredistas.

Héctor Garza, emigrante priísta que participó en la campaña para gobernador de Álvaro Garza Cantú hace ya tres sexenios, se auto-destapó desde que inició el otoño pasado, y en aquellos días dijo ser hombre de todas las confianzas del llamado «Peje», al grado de que, con su visto bueno, estaba ya presentando a los designados dirigentes locales de la organización en cada municipio.

No obstante lo anterior, ha surgido un grupúsculo de los que emprendieron las primeras presentaciones de Morena en Tampico, hace dos o tres años, cuando era todavía una asociación civil, que ahora se manifiestan molestos y contrarios a ese personaje, Héctor Garza, contrariados como dicen estar por el hecho de que, afirman, «anda negociando en lo oscurito» con la secretaría general del gobierno tamaulipeco la asignación de candidaturas dentro del movimiento pejista… y algo más. Un «algo más» que, sostienen, no tendría otra forma que la de derrota en el proceso electoral que se avecina. Cosa bastante poco creíble, tanto porque viene precisamente de quienes se especializan en lo que ahora señalan, como por lo evidente de las muy escasas posibilidades que tiene de ganar, actualmente y desde hace décadas, la izquierda en Tamaulipas.

Al contrario: si el señor Garza anda negociando con la autoridad estatal debe ser, precisamente, no sólo con la autorización del señor López, sino por instrucción directa de él mismo, a quien una elección local le interesa poca cosa, tomando en cuenta que se ha instalado permanentemente y desde el 2000, como candidato a presidente de la república, y por consiguiente vive en la eterna votación federal de cada seis años. Antes bien, si tan molestos están los pejitos desobedientes, ¿no será tal vez porque los hombres del poder en la entidad, viendo venir y acercarse al negociador del Peje, se dijeron seguramente: «para qué negociar con las patas, pudiendo hacerlo con la cabeza…»?

Desde la redacción.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Opinión