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Tampico Tamps.- Majestuoso con sus formas infinitas de círculos y grecas que se aproximan al símbolo pitagórico, pero que también recuerdan en algo al dibujo que viste de fiesta a la cuera tamaulipeca, el atractivo y monumental kiosco de la Plaza de Armas, colocado cual corazón: al centro de esta ciudad y puerto, ha cumplido ya setenta años.

Coronado con una cúpula revestida de talavera que muestra un palomar al que ascienden pocas aves, dado que su alero y cobertizo les resultan mejor a los pichones, el escultural espacio arquitectónico que se halla en el sector central de Tampico fue inaugurado justamente un 20 de noviembre, pero de 1945.

Del mismo tono que la famosa casa gubernamental de Buenos Aires, convertida hoy en un museo, ésta igualmente histórica obra de la primera mitad del siglo pasado aparece ya, por supuesto, en las imágenes captadas apenas una década después de su apertura pública: en septiembre de 1955, cuando la plaza central donde se encuentra hizo las veces de campamento tras las inundaciones y el impacto del ciclón Hilda, que tanto recuerdan los habitantes de esta zona.

Algunos lo comparan con un pulpo, precisamente por su silueta simétrica compuesta por el redondel, los ocho tentáculos de concreto que lo rodean en caída inclinada, y el domo, que, si se lo piensa mejor, tiene más la apariencia de un casco expedicionario de la centuria pasada semejante al que empleó, algunas veces, el general Pancho Villa.

Total, que el principal orgullo de la actual gestión municipal, hablando en concreto de símbolos representativos de la ciudad, y para muchos también la figura más emblemática de la arquitectura local, llegó ya a las siete décadas en medio de un día lluvioso, de desfile y ceremonia cívica, como de costumbre, pero sin pena ni gloria.

 

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