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Por: Jesús Alberto Bravo Chávez.

Tampico, Tamps.- El esplendor económico había cambiado radicalmente la imagen de Tampico en apenas la segunda década del siglo pasado: enormes edificios corporativos de varios pisos, grandes mansiones e imponentes casas comerciales de estilos arquitectónicos variados, pero acoplados a una armonía estética que ya entonces lucía el corazón de esta ciudad, dieron al panorama local un aire de metrópoli europea o norteamericana que sólo daba cuenta de su mexicanidad en las escenas campiranas que a diario se veía fluir con el río Tamesí, que llegaba precisamente hasta el centro y lo separaba de la zona portuaria.

Navegantes de agua dulce que llegaban en «pangas», chalupas u otros botes rústicos desde poblaciones ubicadas río arriba, en la Huasteca, entraban a esta localidad por dicho sector ofreciendo sus productos agrícolas, lácteos y carnes, además de enseres artesanales, al por mayor, abasteciendo de tal forma a la población que muy pronto fue instalado ahí un mercado público pero informal, el cual llegó a crecer hasta obligar a la autoridad de aquellos años primero: a situar un galerón de madera para alojar a los comerciantes, y no mucho tiempo después al relleno de esa parte del Tamesí, previa desecación, para edificar todo un conjunto de mercados.

0810-derrumban los mercados de tampico

Así, la ciudad y puerto ganaba terreno quitándole un amplio espacio al cuerpo de agua, donde aparte de que fueron erigidas altas construcciones requeridas por la movilización industrial, comercial y financiera que trajo consigo el auge petrolero, se construyó lo que serían los mercados Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Francisco I. Madero, esto en la segunda mitad de los años 20.

Por décadas, esos centros de abasto permanecieron en pie sin más alteración que las ampliaciones, añadidos y modificaciones que sus ocupantes (concesionarios del municipio) y las propias autoridades emprendían, pero soportando inundaciones, la vibración del tren y de los barcos, y el mismo paso del tiempo, hasta que el actual gobierno empezó a derribarlos el verano pasado para reconstruirlos por completo.

Ahora, la panorámica es otra vez distinta: las dos manzanas donde estuvieron los mercados Juárez, Hidalgo y Gastronómico están casi enteramente despejadas (falta que sea demolido el viejo negocio de nombre «El León Rojo»), y ello permite al viandante, al automovilista y a todo aquél que circule por esa área, apreciar en toda su magnitud un paisaje urbano muy similar al que seguramente pudieron ver los lancheros, las vendedoras de comida, los campesinos y pescadores en los primeros años de la centuria anterior durante sus desembarques en Tampico.

El Tampico histórico queda al descubierto sobre todo porque en su mayoría son, justamente, inmuebles antiguos los que ofrece a la vista el escenario libre, aunque sea en forma temporal, de construcción alguna sobre el suelo que rodean las calles Héroe de Nacozari, Pedro J. Méndez, Fray Andrés de Olmos y Benito Juárez.

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