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Por Ramón Durón Ruíz

Hay una frase, que desde que la leí me cautivó: “Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo”

Para el Filósofo, en el ser humano, el instinto es lo que llamamos el sexto sentido, que siempre viene de la mano de la lucidez, del discernimiento, de la imaginación; las mujeres lo tienen naturalmente desarrollado y es una conexión directa con DIOS… el instinto de una madre jamás se equivoca.

Cuando vives en armonía contigo mismo y con el universo, comulgas con tu fuente Divina, que te conduce instintivamente a vibrar con la alta sintonía del amor, que te conecta con tu verdadera naturaleza.

Es el instinto, el que lleva al ser humano a aprender de los errores, a gozar de los aciertos, a disfrutar el aquí y el ahora, a deleitarse con el presente, sabiendo que la vida es prestada, que somos como un caudaloso río que en la transitoriedad de la vida, no se resiste a fluir con el universo, porque el instinto natural que llevamos dentro, nos dice que formamos parte de la naturaleza.

“Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas, estos les contestaron:

–– ¿Comprar nuestras tierras? ¡Si no nos pertenecen! Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuáles cazamos sólo para sobrevivir”1

Cuando te dejas guiar por el instinto, te liberas del pesado lastre que generan los miedos; te sientes parte de la naturaleza; aligeras la carga para aprestarte a disfrutar tu viaje; se alista tu corazón para que emerja el virtuosismo; hay luz en el camino, claridad y orden en tus objetivos; sin saber ¿Cómo? Mucho menos ¿Por qué? te reencuentras con tu suerte y con tu sentido de vida.

El instinto, te ayuda a ‘escuchar la voz de tu corazón’, que te dice que si la vida es un breve espacio entre nacer y morir, no te des el lujo de dilapidar tu tiempo, mucho menos para andar con odios, rencores, ni resentimientos, –te desvían del camino– HOY, tu instinto te invita a dejar de poner pretextos para cumplir la tarea a la que llegaste a ésta carnalidad y ser profundamente feliz.

Como nos hace falta aprender del instinto natural de los niños, que hacen a un lado el ego, ellos perdonan con rapidez, son sociables y amigables por derecho propio, dan amor con facilidad, sonríen con naturalidad y con espontaneidad son felices.

Cuando te conectas con tu instinto de conservación, se acrecientan tus poderes llevándote a tener la virtud de hacer una dualidad indisoluble entre tu instinto y tu capacidad innata para crear, entonces tu destino es el éxito.

HOY, sal a encontrarte con lo mejor que la vida te provee, DATE PERMISO DE confiar en ti, déjate guiar por tus profundos y sanos instintos, aprenderás que en la vida, como en el amor, sólo es cuestión de hacerle caso a tu instinto.

Cuando te dejas llevar por tus sublimes instintos, –como herencia y patrimonio natural-espiritual–, tienes la magia de detonar tu ingenio, de sacar a relucir tu perspicacia, de fortalecer tu sentido común, de hacer a un lado la razón, que a veces –como la ropa– estorba para ser feliz.

Como dijo Pitigrilli: «La moda es la pugna entre el instinto natural de vestirse y el instinto natural de desnudarse»A éste Filósofo le encanta disfrutar el vestirse… ¡pero se regocija con el natural instinto de desnudarse!

Por eso aprendiendo del humor del mexicano, el Filósofo de Güémez afirma:

“Tú pensando que ponerte… ¡YO PENSANDO CÓMO QUITARTELO!”

 

  1. Sabiduría Sufí

 

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