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«No me voy a parar de oquis», solían decirnos, acá en el norte del país, nuestros padres, abuelos y maestros, en aquellos años lejanos de nuestras travesuras mozas cuando no había tanta maldad y a lo mucho desatendíamos la advertencia por inquietud y distracción propias de niño, más que por insolencia y falta de respeto o consideración a nuestros mayores (a fin de cuentas las malas influencias, la mala educación de las «redes sociales» vía internet y dispositivos móviles ni siquiera eran todavía un mal sueño).  Se acordó, el que esto escribe, de esa frasecilla: «de oquis», que significa en vano, a propósito de la muy “intensa» vuelta que le dieron por la conurbación sur de Tamaulipas a la, a partir de hoy, exsecretaria de turismo del gobierno federal, Claudia Ruiz Massieu, las autoridades estales y municipales, a tan sólo unas horas de que el ejecutivo de la república hiciera oficial su salida de ese aparato gubernamental llamado “gabinete del presidente».

Pero no fue ella quien se paró «de oquis» por estas tierras del Golfo de México (bien que se dio su paseadita a cuenta del erario estatal), porque seguramente que sabía ya de su inminente abandono del cargo, voluntariamente o a fuerza, desde antes incluso de que se agendara su visita en calidad de confirmación.  No, ella no es quien se dio la vuelta de oquis, sino el gobierno del estado el que la trajo en balde hasta acá, si consideramos que el objetivo cacaraqueado previamente por esa instancia gubernamental era, según esto, el que conociera ella «en físico», lo que se necesita hacer en materia turística y para lo cual le están pidiendo más recursos, en cantidad de varios millones y a la federación, los gobiernos tamaulipeco y de los dos municipios más metropolitanos del sur.
Vaya «oso» el del ejecutivo estatal: es tanto como si a Joseph Blatter lo trajera en este momento la Femexfut a nuestro país para que viera toda la infraestructura futbolera que hay ya en nuestro país, y lo pasearan por cortesía de la casa (como buenos anfitriones) entre los estadios Omnilife, TSM, y el nuevo de Monterrey, y de paso hasta el de Tijuana, y el de Cancún, con tal de que influyese para una futura designación de sede mundialista: lógico que estando ya repartidos los dos próximos campeonatos, y estando como están las cosas para el suizo en materia jurídica, legal y de escándalos intra y extra muros, cualquiera consideraría tal cosa como una necedad: ni que no supieran todos lo que le aguarda a Blatter… por lo menos lo saben los altos funcionarios del fútbol que se mueven a diario en ese mundo… Así también deberían de haber sabido en el gobierno tamaulipeco, de perdida desde unos días antes, lo que se venía en el gobierno federal… ¿o acaso no lo sabían?

Concedamos, pues, el beneficio de la duda: digamos que ni siquiera se imaginaban el gobernador Egidio Torre y compañía lo que iba a pasar (pero, ¡¿cómo?!).  Estaríamos hablando entonces de una muy seria falta de comunicación ya hubiera sido por descuido o, lo peor: a sabiendas de, con conocimiento de causa y con toda la intención de que en Tamaulipas nadie, de las altas esferas públicas, se enterara del asunto.  Y si se enteraban, los que lo hayan estado, que ni ruido hicieran.  ¿Porqué, con qué malsano propósito…?  Vaya usted a saber.  Lo único que queda como lectura para quienes así quieran entenderlo, y para que les quede claro (sería el mensaje), es que en este país los gobiernos estatales, hoy en día, proponen, pero el gobierno federal dispone.  Y si emanan del mismo partido: ¡con más razón!  Por si alguien estaba todavía olvidando que los virreinatos estatales aquellos de los que se habló en los dos pasados sexenios son ya parte de la historia.  Sobre todo de cara al año electoral que se avecina.

Desde la redacción.

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