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Por Alberto Ídem.

No es lo mismo los Broncos de Denver, equipo profesional de la National Football League (NFL), o «gran carpa» de americano, que los otros Broncos, los de Reynosa, el club de béisbol de la liga mexicana que le ha llegado a dar a su afición tantas alegrías como la que les produjo a una gran mayoría de neoleoneses al triunfar en las urnas, el pasado día 7 de este agonizante junio, su propietario (el de la referida novena), Jaime Rodríguez, apodado justamente con el nombre de batalla de los peloteros que juegan en la fronteriza ciudad natal de Eulalio González «Piporro».  Porque si bien es cierto que ambos conjuntos tienen como mascota a un potro salvaje, en el mundo automotriz, por ejemplo, nunca han significado lo mismo la marca Ferrari y el modelo Mustang… con todo y que las dos clases de vehículos, ciertamente, son de lujo.

Pero, hombre, como bien se burlaba un «meme» parodiando al presidente recientemente, José Guadalupe Esparza, exvocalista de «Bronco», no es para nada el gobernador electo de Nuevo León.  Y algo así deberían de hacerles ver, a modo de lección, a todos aquellos hiper-adelantados que, desde ahora y desde el PRI, andan cacaraqueando, como gallinas a punto de poner sus huevos, que quieren ser a como dé lugar candidatos a la «grande» del estado tamaulipeco.  O a la «chiquita» de los municipios rumbo al 2016, como en el caso de la maestra Magdalena Peraza Guerra, exalcaldesa de Tampico cuyo cacaraqueo personal por volver, como sentenció el general Mc Arthury lo parafeaseó en «Terminator» el ex góber de California Arnold Schwarzenegger, empezó incluso antes de la nueva era del Bronco, mucho antes: cuando le faltaba todavía un mes para terminar su gestión, en el año 2013.

Desde el hijo del exgobernador, ya difunto, Enrique Cárdenas González, homónimo pero de apellido materno Del Avellano, cuya «inquietud» personalísima inició en el verano del 2014, hasta el buen «Ponchito» (no Andrés Bustamante, aunque parezca personaje del mismo hecho a la medida, sino el buen Alfonso Hernández, flamante director de la muy ilustre Asociación de Periodistas y Directores de Tamaulipas), los aspirantes a bronquitos, para hacérsela de «bronquitis» a su propio partido cuales caballitos de Troya, han comenzado a surgir en las filas del tricolor, y para eso sí parece que la caballada no estuvo precisamente tan flaca.

Esta vez, paradójicamente, no bastará con cabalgatas guillette para sorprender y deslumbrar a la dirigencia del sempiterno instituto político en el poder tamaulipeco, sino que habrá que dar caballazos, como los que dieron el charro de charros maderense y la caballerosa profesora tampiqueña el fin de semana, al casi alinearse con un exsecretario estatal que lleva un buen rato queriendo ser «el buenero».  En la conurbación de los «caballitos de mar», y concretamente en Tampico, han montado ya en su respectivo jamelgo, cual quijotes camino a lucha contra los molinos de viento, el gerente de Comapa zona conurbada y el diputado local por la zona norte.

Este último lo hizo desde hace meses, con la gestión y reparto de apoyos a las escuelas públicas, como si al subirse a los caballitos con la chiquillada quisiera empezar a inspirar confianza entre los paterfamilias, eventuales votantes.  Y en Madero, ni se diga: ya son varios los que están bailando entre sus huestes al ritmo que está de moda: el caballito de palo, como amagando con asumir dicha postura, en calidad de miembros activos de su partido, para el caso de que éste no los llegase a tomar en cuenta.  Tanto es el furor causado por el «efecto bronco», que el doctor Gutiérrez en Madero ha comenzado ya a decir que hay muchos «broncos» en el estado… como si fuera tan fácil que el electorado se olvidara, de un día para otro, del origen y militancia, y hábitos, y convicciones, de los políticos que se enfadan con el Revolucionario… bueno, sí que ha pasado, pero con el «chapulineo» o cambio de camiseta.  ¿Qué estrategia tendrán ahora estos broncudos para vender su propia camiseta, ante el electorado, con la incólume marca de candidatura independiente?

 

 

 

 

 

Desde la redacción.

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