Por: Zaira Rosas
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Han pasado treinta años desde que Ángeles Mastretta publicó Mal de amores. Más de cien desde el México que retrata. Y, sin embargo, Emilia Sauri todavía tiene algo que decirnos sobre lo difícil que puede resultar para una mujer quererlo todo.
Quizá ahí comienza la vigencia de una novela que hoy encuentra una nueva vida en la pantalla. Porque Mal de amores puede parecer, a primera vista, la historia de una mujer dividida entre dos hombres, pero al leerla o incluso en su adaptación, podemos descubrir que se trata más de una declaración de rebeldía y un profundo cuestionamiento social, más que de un triángulo amoroso.
Emilia quiere amar, pero también quiere ejercer la medicina. Quiere pertenecer sin sentirse atrapada. Quiere la intensidad de una vida extraordinaria y, al mismo tiempo, la posibilidad de construir certezas.
Sobre todo, quiere decidir sin que cada elección implique renunciar a otra parte de sí misma. Y quererlo todo, para una mujer, nunca ha sido una aspiración sencilla.
La historia ocurre en un México que intenta inventarse de nuevo. Mientras el país atraviesa una revolución que promete derrumbar viejas estructuras, Emilia emprende una revolución más íntima: descubrir qué significa ser libre cuando el mundo todavía no está preparado para una mujer que lo sea.
Hay algo particularmente interesante en su historia. Emilia no aprende la libertad enfrentándose a su familia, sino gracias a ella. Crece rodeada de personas que alimentan su curiosidad, respaldan su vocación y le permiten imaginar un futuro más amplio que el matrimonio. Sale de casa creyendo que el mundo también le pertenece y descubre que haber sido educada para ser libre no significa vivir en una sociedad dispuesta a aceptar esa libertad.
Entonces aparecen Daniel Cuenca y Antonio Zavalza. Daniel representa el vértigo, la revolución, el deseo, una existencia que parece estar siempre en movimiento. Antonio ofrece la presencia, la complicidad y la posibilidad de construir.
Durante buena parte de la historia podríamos preguntarnos con quién debería quedarse Emilia. Pero quizá esa sea la pregunta menos interesante. Porque el dilema no es únicamente elegir entre dos hombres. Es preguntarnos por qué seguimos necesitando que Emilia elija. Por qué la estabilidad tendría que significar renunciar a la libertad, o la pasión excluir la posibilidad de construir una vida propia.
Durante generaciones las mujeres hemos habitado preguntas parecidas. ¿Familia o profesión? ¿Ambición o cuidado? ¿Libertad o estabilidad? Los moldes han cambiado y, en muchos casos, también las posibilidades.
Pero permanece cierta sospecha hacia las mujeres que quieren varias cosas a la vez, como si aspirar a una vida completa fuera una forma de exceso.
Por eso resulta fascinante volver a Emilia tres décadas después. Muchas mujeres crecimos escuchando que podíamos estudiar, trabajar, viajar, enamorarnos, formar una familia o decidir no hacerlo. Tenemos posibilidades que para otras generaciones fueron impensables. Sin embargo, la libertad también trajo nuevas preguntas: ¿podemos realmente elegir o simplemente aprendimos a cumplir más expectativas al mismo tiempo? ¿Cuántas de nuestras decisiones nacen del deseo y cuántas del molde de la mujer que creemos que deberíamos ser?
Que sea Catalina Aguilar Mastretta, hija de Ángeles y lectora de Mal de amores desde niña, una de las responsables de llevar ahora esta historia a la pantalla añade otra dimensión.
Una generación imaginó a Emilia; otra creció con ella y hoy la devuelve a mujeres que viven en un mundo aparentemente mucho más libre.
Y quizá por eso vale la pena encontrarnos otra vez con ella. No para decidir si debió elegir a Daniel o a Antonio, sino para preguntarnos cuánto hemos avanzado desde que Mastretta imaginó a una mujer empeñada en construir una vida bajo sus propios términos.
Tal vez el verdadero mal de amores nunca fue querer demasiado a alguien. Tal vez fue aprender que, para ser aceptadas, las mujeres debíamos querer menos: menos libertad, menos ambición, menos deseo, menos mundo.
Pero Treinta años después, Emilia Sauri todavía se rebela contra esa idea ¿cómo es que el mismo
cuestionamiento sigue vigente con el paso del tiempo?
Liborio Méndez
16 junio, 2016 at 22:54
Excelente entrega Bravo, sobre todo por la fabulosa fuente informativa. Sólo para agregar un dato referente a lo que bien mencionas que no existe nombre original como «Alijadores», pero como sabrás también, soy un aficionado a la pelota caliente; lo único cercano a eso serían los «Dodgers» que originalmente nació en Brooklyn, siendo en su traducción básica «Estibadores» es decir, aquellos trabajadores de muelle que estiban las mercancías o alijan la carga en los puertos. He ahí, una curiosa similitud. Algo así como los Alijadores de Brooklyn o los Dodgers (estibadores) de Tampico. Saludos y un abrazo.
Carlos Nava Carrillo
6 marzo, 2021 at 14:19
En los años 60 si no estoy mal, existió un equipo de béisbol profesional llamados los bravos de Cd. Madero que jugaban en la liga central, filiales de la liga mexicana de beisbol y jugaron en el campo Germán H. Morris del 7 1/2 de refinería Madero.
SALVADOR CASTRO CHONG
6 noviembre, 2024 at 20:16
MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA FUÉ GERENTE DEL CLUB DE BEISBOL BRAVOS DE CD.MADERO EN ESA ÉPOCA,Y NO FUERON MALOGRADOS,PUES FUERON CAMPEONES DE LA LIGA CENTRAL MEXICANA AA(SUCURSAL DE LA LIGA MEXICANA DE BEISBOL AAA)EN 1969, MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA CON UN MUYYY BUEN EQUIPO DE TRABAJO CONSTRUYERON EL PARQUE HERMAN H.MORRIS EN EL SIETE Y MEDIO, DESPUÉS MÍ PADRE FUÉ SUB GERENTE DEL ALIJADORES DE TAMPICO LIGA CENTRAL MEXICANA, LUEGO GERENTE DEL MISMO EQUIPO Y POR ÚLTIMO FUÉ GERENTE DEL CLUB DE BEISBOL ALIJADORES DE TAMPICO LIGA MEXICANA AAA, HASTA QUE FALLECIÓ UN SEIS DE NOVIEMBRE DE 1975,A ESCASOS MESES DE QUE EL EQUIPO FUÉ CAMPEÓN POR ÚLTIMA VEZ ANTES DE SU DESAPARICIÓN DEL BEISBOL,SIN OLVIDARME DE DON NICOLÁS CONO CANAVATI(QUIEN HIZO POSIBLE EL REGRESO DEL BEISBOL PROFESIONAL A TAMPICO.EN PAZ DESCANSEN LOS DOS.RECORDANDO A TODOS ESOS MUYYY BUENOS PELOTEROS, TANTO DE CD.MADERO, TAMPICO,LA REGIÓN,DE DIFERENTES PARTES DEL PAÍS Y EXTRANJEROS.
SALVADOR CASTRO CHONG
6 noviembre, 2024 at 20:25
SE ME PASABA OTRO COMENTARIO: MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA, FUNDÓ LA LIGA INSTRUCCIONAL DEL GOLFO SEMI PROFESIONAL Y DE AHÍ SURGIERON MUYYY BUENOS PELOTEROS DE LA REGIÓN,QUIENES POSTERIORMENTE JUGARON EN LIGA MEXICANA AAA.