Sin una gota de gasolina, sobre cuatro ruedas, así llegó a Tamaulipas el futuro incierto con apariencia de un carrito de golf.
Este lunes, en el Polyforum de Ciudad Victoria, el gobernador Américo Villarreal entregó reconocimientos al director del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, Juan Dionisio Cruz Guerrero, y a los investigadores Brenda Reyes, Pedro Vite y Rubén Salas por su participación en Olinia, el proyecto nacional para desarrollar vehículos eléctricos.
Para las ardillas fue otra ceremonia aburrida de lunes con esa típica logística enanita, sin nada nuevo, micrófonos. Honores a la bandera. Funcionarios que se toman fotos como si nunca se han visto y más fotografías sin sentido, pero Tamaulipas, gracias a los investigadores del Tec Madero, ya tiene un lugar en el futuro de México; sí, la entidad tiene grabado su nombre en el gran libro de la historia moderna.
Durante décadas aprendimos a sobrevivir a la embestida del crimen organizado, a ver cómo pasaban gobernadores con presunción de inocencia y hasta aquellos a los que les gustaban las niñas chiquitas, pero en el presente la riqueza tamaulipeca va más allá de los barriles, los metros cúbicos de costa, megawatts y kilómetros de ductos.
Pero lo que los investigadores y académicos del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, nos están enseñando es algo más difícil: Convertir la energía en conocimiento.
Porque aunque Olinea está bien feo todavía –y bueno, la Cybertruck, tampoco es la nena de los automóviles eléctricos–, fabricar un coche sin gasolina no consiste solamente en quitarle el motor de combustión interna a un carro y ponerle una pila.
Ahí están la electrónica, el software, los sensores, la automatización, los materiales, la inteligencia artificial, la manufactura, el diseño y una interminable colección de pequeños milagros tecnológicos que nadie ve cuando el vehículo finalmente arranca.
Olinia necesita todo eso.
Y por eso importa que investigadores de Ciudad Madero estén ahí.
Quizá dentro de veinte años alguien vea un Olinia circular por Tampico y no se pregunte quién lo fabricó.
Pero alguien tendrá que contarle que hubo un tiempo en que México importaba buena parte de la tecnología que utilizaba.
Y que hubo un día en que algunos científicos mexicanos decidieron que aquello ya no era suficiente.
Américo Villarreal pidió a rectores y directores no perder de vista a los jóvenes que están destacando en ciencia y tecnología.
Parece una frase de ceremonia.
No debería.
Porque ahí está el verdadero dilema de Tamaulipas.
Tenemos petróleo.
Tenemos gas.
Tenemos viento.
Tenemos sol.
Tenemos puertos.
Tenemos industria.
Tenemos electricidad.
Pero ninguna de esas cosas piensa.
Los jóvenes, sí.
Y si el Estado consigue que esos jóvenes tengan laboratorios, becas, investigación, empresas donde probar sus inventos y una industria dispuesta a comprar conocimiento, entonces quizá ocurra algo extraordinario: que Tamaulipas deje de ser solamente una potencia energética y empiece a convertirse en una potencia tecnológica.
Ese salto no se mide en barriles.
Se mide en patentes.
En prototipos.
En empresas.
En empleos.
En muchachos que decidan quedarse.
Porque hay otra fuga de energía que casi nunca aparece en las estadísticas: el talento que se va.
El ingeniero que termina en Monterrey.
La científica que encuentra laboratorio en Estados Unidos.
El estudiante brillante que descubre que su futuro está en otra ciudad porque aquí todavía no existe la industria que necesita.
Eso también es desperdiciar energía.
Y cuesta muchísimo más recuperarla.
Por eso el reconocimiento al Tec Madero debería leerse como algo más que un diploma.
Es una advertencia.
Tamaulipas tiene científicos.
Ahora falta construirles el lugar donde puedan hacer historia.
En la intimidad… La Universidad Autónoma de Tamaulipas recibió reconocimiento por trabajos en eficiencia energética y monitoreo de emisiones. Dámaso Anaya Alvarado recibió la distinción en nombre de la institución, acompañado por Bárbara Azucena Macías Hernández y Edgardo Jonathan Suárez Domínguez.
La lista de investigaciones parece escrita desde el año 2040: robótica, automatización, electrónica, biocombustibles, biotecnología, distribución de energía, aprovechamiento energético, monitoreo de emisiones.
Pero no.
Es Tamaulipas.
Aquí.
Ahora.
Y quizá ése sea el detalle que todavía no terminamos de entender.
El futuro no está llegando.
Ya está aquí.
Está en los laboratorios de la UAT.
En los pasillos del Tec Madero.
En los estudiantes que programan robots.
En los investigadores que intentan hacer más eficiente cada watt.
Y en ese automóvil eléctrico que algún día podría cruzar nuestras calles y recordarnos que el verdadero poder de un estado no consiste solamente en lo que tiene debajo de la tierra.
Consiste en lo que es capaz de imaginar encima de ella.
Porque el petróleo se acaba.
La tecnología se reinventa.
Y el futuro, cuando finalmente llega, casi siempre resulta haber sido construido por jóvenes a los que nadie estaba mirando.
davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608
Arantxa
16 noviembre, 2022 at 09:35
Me ha dado mucho gusto encontrar este artículo, mi mamá siempre me contó la historia de mi familia y mi abuelo me contó cómo lo encarcelaron injustamente.
Soy la nieta de Carlos Enrique Venegas Camacho, que ya falleció, desgraciadamente.
Mauro Arriaga
26 octubre, 2023 at 19:30
Muy interesante artículo de la historia de Don Serapio Venegas, sin duda fue un gran y orgulloso Méxicano, que lucho en la guerra y en los derechos de los Mexicanos, así como su fuerte descendencia dan prueba de sinergia y valor.
Carlos Fernando Treviño Venegs
20 marzo, 2024 at 15:38
Soy bisnieto de Don Serapio Venegas y sobrino de c.p. Carlos Venegas personas dignas de admiración y respeto. Me gusta vacacionar en Cd. Madero y me enorgullece ver colonias, escuelas, avenidas con el nombre de mi bisabuelo
Christian Campos Venegas
15 agosto, 2025 at 10:39
Valla que artículo tan interesante hola me presento creo suponer entonces que yo soy el tatara nieto toda mi familia de lado materno vive en Tampico mi bisabuelo fue Emmanuel Venegas no conozco a todos más que por oído y me encantaría conocerlos mis abuelos son Victor Manuel Venegas Camacho y mi abuela es Olga Venegas Chávez
Pedro
17 mayo, 2024 at 09:57
Tengo amistad de años con la familia Venegas
Doña Carola Venegas Camacho
Y su gran familia hijos y nietos
Personas de gran calidad humana
Y gente de progreso y trabajo
Con una gran fundación que maneja una de sus Nietas en Guadalajara .