La política no suele cambiar, y si lo hace, es casi nada.
Ni los discursos.
Tampoco la forma en cómo se dan las giras de trabajo.
Bueno, qué decir de las promesas fantasmas que parecen las mismas.
Y… ni hablar de la frialdad con la que se dirigen los de la ayudantía de los machuchones, “por seguridad”.
¡Péguense un fokin baño!
Bueno, desafortunadamente, las historias de terror que experimenta el ciudadano a la hora que pretende hablar con el gobernante, esas, no, tampoco, casi nunca cambian, y si sucede, no suele ser para bien. Existen pocos políticos que detienen su paso.
Pero, como un milagro, la tarde del pasado viernes en Tampico, la Dra. Adriana Marcela Hernández Campos frenó el paso entre los asistentes. Escoltas y funcionarios se sobresaltaron, pero, ella les ordenó seguir su camino, porque ella ya había plantado sus pies firmes al suelo de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), Campus Tampico Madero, para escuchar a un hombre que llevaba demasiado tiempo convertido en fantasma dentro del sistema de salud de Tamaulipas.
Edgar Ramos, ya no hablaba como un trabajador del sector salud. Era más un sobreviviente.
Dos años sin salario pueden destruir muchas cosas. Primero la tranquilidad. Después, la estabilidad de una familia. Luego la dignidad. Y al final, algo todavía más delicado: la esperanza.
Pero, para suerte de Ramos, esa tarde del 15 de mayo en Tampico, la escena tuvo algo profundamente humano.
La Dra. Sí, ella pudo seguir caminando. Ya había terminado el evento.
Pudo sonreír de lejos, alzar su mano y hacer una mueca agradable; estrechar la mano rápido y prometer “revisar el caso”, indicar a sus subordinados atender la situación como hacen tantos funcionarios que administran tragedias ajenas desde la comodidad de un escritorio.
Pero no.
La doctora se quedó ahí.
Escuchando.
Mirándolo a los ojos.
Muy consciente de que detrás de cada expediente existe una persona.
Y quizá, quizás eso fue lo que más desconcertó a Edgar.
Porque después de años peleando contra abogados, oficios, tribunales, firmas, amparos y silencios, ya no esperaba humanidad de nadie, ¡de nadie!
Y mucho menos de “la nueva” a cargo de una institución que prácticamente lo obligó a convertirse en una sombra, mientras la desmantelaban y desordenaban para hacer cualquier tropelia.
La historia de Edgar es brutal por sencilla.
Ganó juicios laborales.
Ganó laudos.
Ganó resoluciones.
Y aun así perdió la paz, y su familia la estabilidad economica.
En contexto. La Secretaría de Salud lo reinstaló… pero sin pagarle.
Como si trabajar gratis fuera una condena administrativa normal en Tamaulipas.
Veintidós meses sobreviviendo entre la desesperación y el desgaste. Viendo cómo la burocracia de Vicente Joel se convertía en tiempo de castigo.
Por eso los cambios en Salud Tamaulipas no fueron solamente un ajuste de nombre.
Para Edgar significó algo más, fue como un milagro.
La caída de Vicente Joel Hernández Navarro fue, primero, un golpe seco. Después, una pequeña posibilidad. Una de esas esperanzas tímidas que uno no se atreve a tocar por miedo a que desaparezcan.
Y entonces apareció ella.
Tampiqueña, por adopción. Fronteriza de nacimiento.
Egresada de la Facultad de Medicina de la UAT.
¡Correcto! Médica antes que política.
La escena enmarcada por el crepúsculo de aquel fin de semana naciente parecía escrita con demasiada precisión para no convertirse en símbolo: Adriana Marcela regresando a su alma mater ya como secretaria de Salud del estado, mientras enfrente tenía a un trabajador “moribundo”, “triturado” por el mismo sistema que ahora ella debe reconstruir.
Porque eso es lo verdaderamente difícil.
No administrar hospitales.
No encabezar conferencias.
No cortar listones.
Lo verdaderamente difícil será enfrentar la maquinaria silenciosa que vive dentro de Salud Tamaulipas. Esa estructura que sobrevivió a secretarios, gobernadores y sexenios completos. Ese aparato que aprendió a ignorar el dolor humano mientras firmaba oficios y repartía poder.
La doctora todavía no se topa completamente con eso; habrá quien asegure y diga que se llama sindicato.
Otros los clasifican como grupos internos.
Pero, son las presiones.
Los intereses.
Esas historias enterradas.
Aunque esa tarde que le digo, la doctora dejó algo claro: su mayor fortaleza podría ser justamente lo que otros consideran debilidad… El humanismo.
La Dra. Adriana Marcela hizo algo peligrosamente distinto: permitió que el dolor ajeno la tocara, y eso, en el servicio público mexicano, casi nunca termina siendo cómodo para los jefes, aunque para Edgar, que no salió de ahí con una solución inmediata. Ni con el millón de pesos que le deben. Ni con justicia; si de una cosa estoy seguro, seguro es de que salió con
Tiempo.
Atención.
Respeto.
Y a veces, cuando alguien ha vivido años en el abandono, eso basta para seguir resistiendo un día más… un día más.
En la intimidad… El gobernador Américo Villarreal Anaya reconoció el crecimiento académico de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y felicitó al rector Dámaso Anaya Alvarado por mantener estándares de excelencia educativa en la entidad.
Durante la ceremonia de honores a la bandera, Villarreal Anaya destacó además el reconocimiento honoris causa otorgado por la UAT al secretario federal de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, resaltando su trayectoria científica y humanista vinculada históricamente con Tampico.
Por su parte, y luego de estar presente en la ceremonia cívica de este lunes, el rector acompañó al gobernador Américo Villarreal y a su esposa, María de Villarreal, en el recorrido inaugural de la ruta CONECTA, un proyecto que vendrá a modernizar la movilidad y el transporte público en Ciudad Victoria.
Dámaso Anaya dijo que las nuevas unidades híbridas que adquirió el Gobierno de Tamaulipas serán de mucho beneficio para los estudiantes de la ciudad, subrayando que la UAT está haciendo lo propio con un modelo similar en el sur del estado, apoyando este esfuerzo del ejecutivo estatal.
Aseguró que, gracias al apoyo del gobernador, la UAT ha logrado avanzar significativamente en el crecimiento de la matrícula escolar, infraestructura, equipamiento y calidad educativa, además de ofertar nuevas carreras que responden a las necesidades del desarrollo regional.
davicastellanost@hotmail.com
@dect1608
Arantxa
16 noviembre, 2022 at 09:35
Me ha dado mucho gusto encontrar este artículo, mi mamá siempre me contó la historia de mi familia y mi abuelo me contó cómo lo encarcelaron injustamente.
Soy la nieta de Carlos Enrique Venegas Camacho, que ya falleció, desgraciadamente.
Mauro Arriaga
26 octubre, 2023 at 19:30
Muy interesante artículo de la historia de Don Serapio Venegas, sin duda fue un gran y orgulloso Méxicano, que lucho en la guerra y en los derechos de los Mexicanos, así como su fuerte descendencia dan prueba de sinergia y valor.
Carlos Fernando Treviño Venegs
20 marzo, 2024 at 15:38
Soy bisnieto de Don Serapio Venegas y sobrino de c.p. Carlos Venegas personas dignas de admiración y respeto. Me gusta vacacionar en Cd. Madero y me enorgullece ver colonias, escuelas, avenidas con el nombre de mi bisabuelo
Christian Campos Venegas
15 agosto, 2025 at 10:39
Valla que artículo tan interesante hola me presento creo suponer entonces que yo soy el tatara nieto toda mi familia de lado materno vive en Tampico mi bisabuelo fue Emmanuel Venegas no conozco a todos más que por oído y me encantaría conocerlos mis abuelos son Victor Manuel Venegas Camacho y mi abuela es Olga Venegas Chávez
Pedro
17 mayo, 2024 at 09:57
Tengo amistad de años con la familia Venegas
Doña Carola Venegas Camacho
Y su gran familia hijos y nietos
Personas de gran calidad humana
Y gente de progreso y trabajo
Con una gran fundación que maneja una de sus Nietas en Guadalajara .