La reunión entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y la Secretaría de Turismo del estado no debería celebrarse como un logro turístico. Todavía no. Apenas tendría que entenderse como el reconocimiento de una buena alianza. Por mchos años Tamaulipas no aprendió a contarle su propia grandeza al mundo, y hoy comenzó a hacerlo.
En esta bonita tierra hay selva, desierto, mar, frontera, gestronomia, tenemos la huasteca, petróleo, más gastronomía y pueblos enteros construidos alrededor de leyendas, por eso, que no seamos destino turistico principal es una desgracia, y no solo para los tamaulipecos, sino también para todos los que no han venido a la entidad.
Todo saben que durante años, el turismo tamaulipeco sobrevivió atrapado entre campañas oficiales recicladas, playas de temporada y discursos donde siempre se prometía “potencial”. El problema es que el potencial no termina de llenar hoteles, no genera rutas internacionales y mucho menos convierte comunidades en polos económicos. Por eso la alianza anunciada por el secretario Benjamín Hernández Rodríguez y el rector Dámaso Anaya Alvarado merece atención, sí, pero también una exigencia brutal de resultados.
Porque Tamaulipas ya no necesita más folletos bonitos.
Necesita experiencias capaces de competir con Oaxaca, Yucatán, Baja California o las playas de Quintana Roo.
Necesita guías turísticos preparados para narrar el estado con profundidad histórica y no únicamente con frases memorizadas. Necesita rutas donde el visitante no solamente observe un paisaje, sino que entienda qué ocurrió ahí, quién murió ahí, qué se cocinó ahí y por qué esa región terminó moldeando parte de la historia económica y social del noreste mexicano.
La intención de profesionalizar guías y construir turismo comunitario es correcta. Era urgente. Lo verdaderamente preocupante habría sido seguir fingiendo que Tamaulipas podía crecer turísticamente con improvisación.
Porque hoy el turismo internacional consume emociones antes que destinos. Quiere historias.
La gente viaja buscando autenticidad. Busca escuchar a pescadores del Tamesí hablar del agua. Busca caminar pueblos semivacíos donde todavía sobreviven casas ferroviarias. Busca gastronomía con identidad real y no menús maquillados para turistas.
Y ahí la UAT tiene una responsabilidad gigantesca.
La universidad posee investigadores, historiadores, antropólogos y especialistas que podrían construir una narrativa turística de enorme valor internacional. Pero ese conocimiento sigue encerrado demasiadas veces en congresos académicos que nunca llegan a las comunidades.
El gran reto será sacar la historia de los libros y convertirla en experiencia viva.
Porque Tamaulipas no puede seguir permitiéndose el lujo de tener zonas arqueológicas olvidadas, centros históricos mutilados por el abandono y comunidades rurales completamente fuera del mapa turístico nacional.
Y también hay que decir algo incómodo: el turismo comunitario fracasa cuando solamente sirve para la fotografía política.
Tamaulipas necesita certificaciones internacionales para guías, rescate serio del patrimonio histórico, señalética moderna, digitalización de rutas, promoción bilingüe y un modelo turístico que entienda algo fundamental: el visitante actual quiere sentir que descubrió un lugar auténtico, no que recorrió un producto gubernamental empaquetado.
Porque el estado sí tiene con qué competir.
Tiene manglares, lagunas, marismas, reservas ecológicas, cocina huasteca, herencia ganadera, historia revolucionaria y una posición geográfica privilegiada entre México y Estados Unidos.
Lo que no tiene todavía es una identidad turística consolidada.
Y ese sigue siendo el verdadero pendiente.
En la intimidad… Mientras en Tamaulipas intentan construir una nueva visión turística, en Tampico el gobierno municipal libra otra batalla mucho menos estética y muchísimo más urgente: la diabetes.
La alcaldesa Mónica Villarreal Anaya utilizó el primer aniversario del Centro de Atención a la Diabetes (CECODIAT) para exhibir una realidad demoledora: en lo que va de 2026, Tamaulipas suma 6 mil 397 nuevos casos de diabetes.
La cifra retrata una epidemia silenciosa que hace años dejó de ser exclusivamente médica para convertirse en un problema social, económico y cultural.
El Cecodiat presume 2 mil 288 servicios otorgados, 815 consultas diabetológicas y 992 atenciones nutricionales. Pero el dato más delicado quizá sea otro: el 26 por ciento de niñas, niños y jóvenes presenta sobrepeso y el 22 por ciento ya enfrenta obesidad.
Es decir, el problema viene creciendo desde abajo.
La presidenta municipal insiste en que la prevención debe convertirse en prioridad pública. Y probablemente ahí esté el verdadero desafío del sistema de salud mexicano: entender que ningún hospital alcanzará jamás para enfrentar una sociedad que normalizó alimentarse mal, dormir poco y vivir permanentemente bajo estrés.
davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608
Arantxa
16 noviembre, 2022 at 09:35
Me ha dado mucho gusto encontrar este artículo, mi mamá siempre me contó la historia de mi familia y mi abuelo me contó cómo lo encarcelaron injustamente.
Soy la nieta de Carlos Enrique Venegas Camacho, que ya falleció, desgraciadamente.
Mauro Arriaga
26 octubre, 2023 at 19:30
Muy interesante artículo de la historia de Don Serapio Venegas, sin duda fue un gran y orgulloso Méxicano, que lucho en la guerra y en los derechos de los Mexicanos, así como su fuerte descendencia dan prueba de sinergia y valor.
Carlos Fernando Treviño Venegs
20 marzo, 2024 at 15:38
Soy bisnieto de Don Serapio Venegas y sobrino de c.p. Carlos Venegas personas dignas de admiración y respeto. Me gusta vacacionar en Cd. Madero y me enorgullece ver colonias, escuelas, avenidas con el nombre de mi bisabuelo
Christian Campos Venegas
15 agosto, 2025 at 10:39
Valla que artículo tan interesante hola me presento creo suponer entonces que yo soy el tatara nieto toda mi familia de lado materno vive en Tampico mi bisabuelo fue Emmanuel Venegas no conozco a todos más que por oído y me encantaría conocerlos mis abuelos son Victor Manuel Venegas Camacho y mi abuela es Olga Venegas Chávez
Pedro
17 mayo, 2024 at 09:57
Tengo amistad de años con la familia Venegas
Doña Carola Venegas Camacho
Y su gran familia hijos y nietos
Personas de gran calidad humana
Y gente de progreso y trabajo
Con una gran fundación que maneja una de sus Nietas en Guadalajara .