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En el año 2002, se estrenó una película japonesa del director Sion Sono, llamada “El Club del suicidio”, con contenido muy complejo y poco digerible para la mayoría de la población, ya que contiene contenido gore, fue estrenada y poco difundida, pues su violencia visual era explícita en demasía.

Esta cinta se convirtió en una película de culto underground, pero básicamente también se puede definir como una thriller psicológico.

La trama se centra en un blog virtual que induce a los jóvenes a cometer actos que ponen en peligro su integridad física, hasta convencerlos de que lo mejor que pueden hacer es quitarse la vida de una forma sincronizada.

La película comienza con el suicidio colectivo de 54 chicas adolescentes que pertenecen al club del suicidio y así se va desmarañando, dejando al espectador siempre con la duda de quién realmente es el autor intelectual y el porqué de sus acciones.

Hace un par de meses Dross, un youtuber muy famoso en Latinoamérica y países europeos de habla hispana, subió un video titulado “El juego de la ballena azul”, un fenómeno que apareció en el 2013 y duró hasta finales del 2016 en Moscú, y que poco a poco fue ganando adeptos en los países aledaños a éste.

El juego consiste en formar parte de un grupo, al ser miembro de él se está dispuesto a seguir las indicaciones del líder del grupo, que empieza con pequeños retos, como hacerse cortes en los brazos, pidiendo siempre fotografías que sirvan de testimonio de que se siguen los pasos, conforme van avanzando de nivel los retos se van volviendo más osados.

El nombre del juego se ve implícito en uno de estos retos, que consiste en hacerse escarificaciones en los brazos trazando el contorno de una ballena. ¿Pero por qué se llama de esta manera ese juego?

Porque los miembros de estos grupos lo relacionan con las ballenas azules que se suicidan en las costas.

Ya que los administradores son los que imponen las tareas y están conscientes de que algunas imágenes se pueden descargar desde internet, suelen pedir cosas muy extrañas a los chicos que están dentro y todo siempre tiene que ir acompañado de una fotografía, cabe señalar que la mayoría de estos administradores están conectados entre ellos, para monitorear de mejor manera a sus jugadores, y sólo dejarán entrar al juego a aquellos que muestren parte de su vida en redes sociales, todo aquél que oculte información personal estará vetado del juego.

Parecería que este juego sólo se quedaría en tierras europeas, pero no fue así, fue tanto la información que se propagó en las redes sociales que varios países fuera de Europa comenzaron a adoptarlo.

Caso lamentable es que ya haya llegado hasta nuestro país. Esta semana la Policía Cibernética de Puebla, emitió un comunicado donde expone un alza considerable de suicidios en la entidad, posible consecuencia de este juego que ha llegado a los adolescentes poblanos.

La ballena azul llegó a Puebla, el estado que antes gozaba de fama de tranquilad, pero ya no más, pues ya se encontraron grupos de adolescentes y niños que se han inmiscuido en este juego y que son amenazados de que en caso de no seguir las indicaciones de los administradores, dañarán a sus conocidos o familiares más cercanos, de esta forma orillándolos al suicidio.

Es importante estar alertas de lo que hacen los chicos de la casa, y también brindarles mayor atención, pues existe un sector que es más vulnerable a este tipo de prácticas.

No es novedad que los jóvenes con menor autoestima, esos que sufren bullying y que son constantemente ignorados por sus padres, sean presa fácil de estos psicópatas que fungen de administradores de estos clubs de suicidios que se encuentran en plataformas como Facebook y WhatsApp.

Y de forma lamentable, estos mismos chicos, víctimas, se empiezan a reconocer y acercarse entre ellos comenzando a crear eslabones para crear cadenas más grandes y fuertes.

Es cierto que muchas veces decimos que la verdad supera la ficción, pero tampoco debemos olvidar que la ficción sirve muchas veces de inspiración para crear una verdad más extravagante y dolorosa.

Desde la redacción.

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