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La jubilación de los caballos como bestias de carga, como animales de monta, para el arrastre de carruajes, ha llegado a nuestra zona.  Aparece más de un siglo después de la invención del coche, a cien años de que las máquinas de combustión interna comenzaran a rodar por las calles de Tampico, y centuria y media más tarde desde que el ferrocarril hizo su aparición en nuestro país.  El jamelgo, las mulitas y el asno, siguieron siendo parte del paisaje urbano en la conurbación sur de Tamaulipas a lo largo de todas las décadas posteriores al cumplimento del primer centenario de esta ciudad y puerto, en 1923, y no precisamente porque se los utilizara en calidad de atractivo turístico, cual ocurre en Guadalajara, Nueva York, o muchas otras metrópolis del orbe.  Las «nieves» (helados) del caballito, el «señor del petróleo» y el velador, son todavía imágenes arraigadas en la memoria colectiva de varias generaciones, incluso entre las más nuevas, tratándose del primero de los referidos elementos.  Y hoy en día, la imagen de personas a bordo de carretas o carretones jalados por cuadrúpedos del tipo equino es bastante conocida, debido a quienes se dedican al acarreo de escombros y basura en dichos vehículos.  Pero, ¡bendita defensoría de los animales que se acomodó para quedarse en el mundo de un tiempo a la fecha!  La exagerada hipocresía de una buena cantidad de asociaciones civiles y no pocas instituciones públicas en las que todo lo «políticamente correcto» se  ha vuelto norma, aunque en múltiples ocasiones caiga en lo absurdo, nos trae cada vez más y mejores sorpresas que no mueven más que a risa.  Tal es el caso que veremos el próximo miércoles 12 de abril en Altamira y Tampico.

Para la muy tradicional y casi que histórica,  simbólica conmemoración de la repoblación o fundación de Tampico, según se la quiera nombrar, los organizadores de la acostumbrada caravana de diligencias y carretas adornadas con flores no contemplan el empleo de corceles, como fue cosa común hasta el año pasado, sino más bien la utilización, léalo usted bien: de coches, unidades motrices que tirarán, remolcarán más bien, los mencionados carromatos.  Algo que puede sonar tan ridículo o incongruente como echarse a la boca una torta de tamal, o un taco de zacahuil.  Y sin embargo, existen muchos que lo ven de lo más sabroso.  En el ayuntamiento de Altamira aseguran que fue la presión tanto de las sociedades protectoras de la fauna, como de los responsables del departamento de ecología, que se tomó tal determinación.  Lo cierto es que, por lo pronto para el aniversario número 194 de Tampico, los jamelgos tendrán por primera vez, en dicho festejo, el día libre.

Pero en eso de abogar por toda la creación, excepto el ser humano, cuando se trata de sumarse a la moda de los veganos, adeptos de Greenpeace y «proani’s», hay niveles: están los, efectivamente, amantes de perritos, burritos, gatitos, vaquitas, toritos, bueyes, gorilas, leones, elefantes, zoológico entero y hasta ahí (porque difícilmente se lanzan al rescate de un tlacuache, de un tordo o una serpiente de monte), y hay, por otro lado, aquellos no sólo buscan que la etiqueta diga «orgánico» cuando de vegetales se trata, sino que aparte se echan a la calle en protesta por la venta de maíz transgénico, por ejemplo, con todo y que el tratamiento humano del maíz y los injertos sean tan milenarios como las primeras civilizaciones americanas.  Es decir: los defensores de lo verde hasta en la etiqueta de un preservativo.  Hablando de estos casos en particular, resulta a veces increíble la forma en que han llegado a invadir la esfera pública al extremo esas ideas y prácticas que, además, caen en lo incoherente: en la dirección de ecología del ayuntamiento porteño señalan que si cortas, es decir talas un árbol en tu propio terreno, te meterás en líos no sólo con ellos, sino también frente a Profepa (la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente), aunque demuestres que te estorba y firmes, prueba en mano, el compromiso para hacer la biorremediación al instante, si es que no acude a hacer ese trámite el propietario del predio en el papel.  Pero jamás se ha sabido de sanciones aplicadas contra funcionarios del propio gobierno citadino por haber devastado toda una franja de camellón o glorieta en los que había palmeras u otro tipo de plantas.

Y de hecho, están también los que por un lado defienden a la fauna, más por el otro desprecian a la flora, desde las mismas dependencias públicas.  La dirección de atención a la juventud en Tampico, que tiene su apartado a favor de los cachorritos, acaba de rubricar un convenio con el área pro ambiental de la Gendarmería, y así lo «cacaraqueó» en redes sociales, pero el dichoso acuerdo es sólo para coadyuvar en el auxilio de semovientes o mascotas, y no en la prevención de atentados al entorno mediante la contaminación del suelo, aire o agua.  Para evitar que la gente siga tirando basura a la calle o en cuerpos de agua, aseguran, son otros los que deben trabajar.  Sin sentidos de los dizque ecologistas…

Opinión

El tiempo no espera a nadie

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En tierra fronteriza la amenaza no siempre llega en camionetas con blindaje artesanal. A veces, lo hace disfrazada de lluvia, viento y desbordamientos, con nombre y apellido asignado por el Centro Nacional de Huracanes. Por eso, celebro que el secretario de Recursos Hidráulicos para el Desarrollo Social, Raúl Quiroga Álvarez, se haya reunido con alcaldes y representantes municipales de la franja fronteriza para coordinar acciones frente al inicio de la Temporada de Ciclones Tropicales.

Este tipo de encuentros no deberían ser una excepción ni limitarse al calendario de huracanes. La prevención debe dejar de ser un eslogan para transformarse en una cultura institucionalizada. En esa mesa de trabajo se acordó algo tan lógico como vital: hacer simulacros, revisar drenes pluviales, inspeccionar canales y, sobre todo, trabajar en conjunto. La teoría parece estar clara, ahora toca ver si la práctica está al nivel del discurso.

“El primero de junio comienza la temporada”, advirtió Quiroga. ¿Y estamos listos? Esa es la pregunta que debiera martillar la conciencia de todos los niveles de gobierno. La coordinación no es solamente enviar oficios y levantar actas; es también asumir compromisos con los recursos y la voluntad política para evitar que la lluvia siga siendo una tragedia anunciada. Hay que decirlo con todas sus letras: muchas de nuestras ciudades están vulnerables porque la infraestructura es obsoleta, insuficiente o, peor aún, inexistente.

La ciudadanía ya no puede esperar que se actúe después de la tormenta. El agua no avisa, y los ciclones no tienen compasión. Si el objetivo es minimizar los riesgos, más vale que esos simulacros se hagan con rigor y no como mero trámite para la foto. La naturaleza no se detiene y nosotros, lamentablemente, todavía discutimos quién limpia qué dren.

En la intimidad… y mientras allá en Reynosa se traza la ruta de prevención, en el sur de Tamaulipas también se lucha por rescatar otra zona olvidada, aunque en distinto frente: el deportivo.

Armando Martínez Manríquez, presidente municipal de Altamira, se ha convertido en un verdadero promotor de la esperanza, al encabezar los esfuerzos para devolverle la vida al Complejo Deportivo del Sur, donde alguna vez jugaron con orgullo Los Estudiantes de Altamira.

No se trata sólo de cemento y pasto nuevo, sino de una visión: la de que el deporte puede volver a ser un punto de encuentro para la sociedad altamirense. “El doctor piñas” Armando no ha escatimado en energía ni en gestiones para lograr este sueño que, más allá del impacto físico, tiene un valor simbólico enorme. Devolverle ese espacio a la gente es devolverle también la memoria, la pasión y la posibilidad de un futuro más sano.

Pero —y aquí va el guiño amable— no se me raje, doctor. Usted prometió que iba a reabrir ese complejo con un partido del Club América. Hoy que los azulcremas van embalados rumbo al tetracampeonato, tiene usted la oportunidad de lucirse en grande. Sería un gol de media cancha para su administración. No le saque, doctor, que el América está en modo leyenda… y Altamira quiere ver ese espectáculo.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Alianza estratégica para el desarrollo

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La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) ha demostrado, una vez más, su capacidad de vinculación y compromiso con el desarrollo estatal al integrarse en el ambicioso proyecto de Puerto Seco. Esta iniciativa, impulsada por el Gobierno del Estado en colaboración con el sector privado, pretende transformar a Ciudad Victoria en un núcleo logístico de gran relevancia, conectando estratégicamente el Golfo de México, la frontera norte y el centro del país.

El rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado, al reunirse con la subsecretaria de Inversión de la Secretaría de Economía de Tamaulipas, Anabell Flores Garza, dejó claro que la universidad no solo está dispuesta a colaborar, sino que lo hará desde su mejor trinchera: la academia. La participación de la UAT en este proyecto no solo fortalecerá el aspecto educativo con la creación de programas académicos acordes a las nuevas necesidades laborales, sino que también reafirma el compromiso de la institución con el entorno productivo local.

El Puerto Seco, al consolidarse como un centro logístico interior con capacidad para recibir y despachar mercancías por vía terrestre, aérea y ferroviaria, es una oportunidad histórica para Ciudad Victoria. El reto es claro: formar recursos humanos capacitados que garanticen la operación eficiente de este complejo. Aquí es donde la UAT juega un papel fundamental, pues desde sus áreas de ingeniería, geolocalización, gestión ambiental y análisis territorial, puede aportar conocimiento, investigación y formación especializada.

Esta apuesta por la vinculación universidad-empresa-gobierno responde a un enfoque estratégico que en otros municipios tamaulipecos, como Nuevo Laredo, ya ha rendido frutos. La creación de la carrera de Autotransporte de Carga es un ejemplo de cómo la UAT ha sabido adaptarse a las demandas del mercado. Ahora, la historia se repite, pero con una visión más ambiciosa: colocar a Ciudad Victoria en el mapa logístico del país.

El desarrollo económico no solo depende de grandes proyectos de infraestructura, sino de un recurso humano altamente capacitado y comprometido con su entorno. Si la UAT mantiene este ímpetu de colaboración, Tamaulipas tendrá no solo un nodo logístico moderno, sino una comunidad preparada para sostenerlo y potenciarlo.

En la intimidad… Reynosa vivió una jornada llena de emoción y gratitud este domingo 18 de mayo, cuando Humberto Prieto Herrera, Diputado Presidente de la Junta de Gobierno del Congreso de Tamaulipas, en compañía de su esposa Verónica Garza, celebró a las mamás del distrito en la emblemática plaza Miguel Hidalgo. En el marco del mes dedicado a las madres, el legislador reconoció a las mujeres como el pilar fundamental de la familia y de la comunidad, destacando el importante papel que desempeñan en el desarrollo social. En medio de abrazos y sonrisas, Prieto Herrera expresó: “¡Ustedes son el motor de esta hermosa ciudad, muchas felicidades a todas las mamás!»

Este tipo de acercamientos reflejan no solo el reconocimiento a la figura materna, sino también el interés de los representantes públicos por mantener un vínculo directo con la ciudadanía. No cabe duda de que estos eventos, más allá de la celebración, se convierten en espacios de encuentro donde el discurso político se fusiona con el calor humano, algo que sin duda la gente de Reynosa agradece.

Sin embargo, el compromiso social de Prieto Herrera no se limitó a los festejos del Día de las Madres. En el mismo día, el legislador participó en el arranque del Mercado Tamaulipas, una plataforma impulsada por el Instituto de la Juventud de Tamaulipas (INJUVE) bajo la dirección de Oscar Azael Rodríguez Perales. Este espacio busca promover el talento y el emprendimiento juvenil, reafirmando el respaldo del gobierno estatal a las nuevas generaciones. Prieto Herrera dejó claro su apoyo a los jóvenes emprendedores, destacando el enfoque humanista del gobernador Américo Villarreal y alentando a los participantes con un optimista: «¡A darle, excelente domingo familiar!»

En una sociedad que demanda más oportunidades para el talento local y el fortalecimiento del núcleo familiar, es alentador ver cómo los líderes políticos combinan la celebración con la promoción del desarrollo económico. Humberto Prieto Herrera parece tener claro que la verdadera transformación social comienza con reconocer el valor de nuestras madres y alentar a los jóvenes a seguir sus sueños, consolidando así un Reynosa más fuerte y unido.

A todo esto; un luto que cruza fronteras

A veces, la realidad nos sacude de una manera tan brutal que las palabras se vuelven insuficientes para describir el dolor. Así sucedió con la trágica noticia que llegó desde el Puente de Brooklyn, donde la vida de una tripulación mexicana se extinguió en un instante, dejando tras de sí una estela de preguntas, recuerdos y heridas que tardarán en sanar.

Los familiares y amigos de estos compatriotas aún no asimilan lo sucedido. La espera se tornó desesperanza, y el eco de sus voces parece perderse en el inmenso ruido de una ciudad que nunca duerme. Cada mensaje sin respuesta y cada llamada truncada es una punzada en el corazón de aquellos que, desde tierras lejanas, intentan encontrar consuelo en el abrazo solidario.

Las imágenes de ese fatídico día siguen apareciendo en las pantallas de quienes buscan alguna señal de esperanza, un detalle que indique que tal vez fue un error, que en algún rincón aún respira la esperanza. Sin embargo, la fría confirmación ha golpeado sin piedad. La noticia es real, y el duelo apenas comienza.

Hoy, desde este espacio, nos unimos al dolor de las familias y amigos de quienes perdieron la vida en ese suceso. Nada devolverá a esos hombres y mujeres a casa, pero en la memoria colectiva permanecerá su valentía, su entrega y el inmenso vacío que dejan en la comunidad mexicana en Nueva York y en cada rincón de nuestro país. Que encuentren paz en medio de la tormenta y que la solidaridad se convierta en un puente para mitigar el dolor

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Natalia y la evolución del arte / Por: Zaira Rosas

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¿Qué puedo hacer ante el panorama del mundo actual? Es una de las preguntas
más recurrentes de quien añora transformar la realidad. Como sociedad existe el
anhelo de un mundo mejor, pero en ocasiones pareciera que esta tarea está
destinada solo a unos cuantos. Se nos olvida que el talento llega con la práctica y
que basta con ser fieles a nuestra autenticidad para verdaderamente incidir en el
mundo. Al menos así lo entiendo conforme sigo la trayectoria musical de Natalia
Lafourcade.
Comencé a escuchar a Natalia Lafourcade hace más de 20 años, cuando su estilo
era dinámico, vestía con pantalones holgados y se peinaba con dos chonguitos, a
la par de que coreaba una y otra vez la canción “En el 2000”, más de dos décadas
después su estilo es otro, aún fiel a su profunda creatividad y con igual
profundidad en cada una de sus letras, ahora visualizo en sus conciertos a
personas que ni siquiera habían nacido cuando salió su éxito “En el 2000”, pero
con el mismo entusiasmo corean cada una de sus canciones.
La canción, es el eje central de su nuevo tour: “Cancionera”, y además de ser un
homenaje a la música de distintas épocas, lo es también a su proceso creativo y a
todo lo que emana de ella pues con naturalidad involucra al público compartiendo
sus pasiones artísticas e incluso la conciencia social que la ha caracterizado al
pensar cada vez más en el impacto que tiene su música.
Natalia tiene una voz única, utiliza el arte como un medio de expresión, pero
también de crítica y reflexión. A lo largo de su trayectoria ha elegido con cuidado
las colaboraciones, visibilizado a artistas locales y desentrañado ritmos que no
tendrían que pasar al olvido. Sus canciones son un homenaje también a México a
los sabores profundos de sus regiones y resaltan la raíz de nuestra nación de tal
manera que incluso en otros idiomas corean canciones emblemáticas de la banda
sonora de algunas películas.
Sus presentaciones tienen una sencillez que resalta la armonía detrás de la
guitarra, no requiere de luces excesivas o escenografías en extremo elaboradas
porque basta con verla entrar en escena para despertar la emoción de un público
que se maravilla con sus cambios de personaje. “Cancionera” es el tour más
reciente y a la vez una manera de recordar orígenes musicales, mientras la
escuchas cantar es ineludible percibir una obra teatral magistral que solo sería
posible con la complicidad de su audiencia.
Ver a una artista con décadas de experiencia, fiel a su pasión y estilo es también
el recordatorio de que hay múltiples formas de cambiar al mundo, no todos los
héroes o heroínas requieren de capas, a veces sus instrumentos pueden ser mejor

arma, basta con seguir una vocación, profundizar, practicar y encontrar un estilo
propio que inspire a otras personas a hacer lo mismo desde sus áreas. En este
caso Natalia Lafourcade a través de los años se volvió una mujer medicina gracias
a la música.
Cada canción puede acompañarnos en distintas eras y ahí está la magia del arte,
puede hacerte sentir y reflexionar a través de cada pieza sobre distintos temas
como el amor, la libertad, la comunidad e incluso sobre el origen de nuestra
cultura y civilización. En medio de escenarios rápidos, digitales, también podemos
permitirnos ser acústicos, tomar una pausa y seguir creando nuevos mundos que
nos permitan ver surgir otras posibilidades.
Hoy puede ser una oportunidad para hacer una pausa en la rutina, dar un paseo,
escuchar música, ir a un museo y permitirte conectar con las reflexiones artísticas
de quienes ven el mundo bajo otras perspectivas, quizás así podamos conectar
mejor con otros y a partir de la empatía, mejorar el mundo.

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Opinión

Luna, nos cuidaba el corazón

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Nunca ladró de más. Nunca necesitó hacerlo. Bastaba su mirada, ese andar firme de tanque compacto, para dejar claro que ahí estaba: vigilante, pendiente, como si el mundo dependiera de su presencia. Luna, una Blue Heeler fue más que una mascota: fue parte de la familia, de la casa.

Aparecía cuando menos lo esperábamos, como si tuviera un radar emocional que detectara el silencio, la tensión, o simplemente la necesidad de compañía. Se acercaba con esa expresión suya —entre curiosa y protectora— como preguntando “¿pasó algo? ¿todo está bien?” Y con ese pequeño ritual cotidiano, nos acompañaba en cada partida o llegada, sin importar la hora.

No era grande, pero tenía presencia. Firme, determinada, con un don de mando que ni Dug, su inseparable compañero, se atrevía a discutir. Y si lo olvidaba, ahí estaba Luna para recordárselo con un par de mordiditas: más simbólicas que agresivas, más educativas que otra cosa. Dug seguramente hoy la extraña. Extraña sus regaños, sus carreras, era un delite verla tumbar al Dug con una técnica seguramente herencia de los pastores australianos ganaderos.

No le gustaban los baños. Había que negociar con ella como con una guerrillera atrincherada. Plantaba su cuerpo como una roca y había que hacer malabares para moverla. Un pequeño tanque de guerra, testaruda y dulce a la vez.

Luna y Dug compartían casa, pero no siempre techo, en épocas de lluvia y truenos alguien perdía su lugar y quedaba a la intemperíe, los mismo en el frío. Nunca supimos si Luna tenía problemas dentales, pero lo cierto es que no era aficionada a las galletas ni a nada que crujiera demasiado. El ganón siempre fue Dug, siempre al acecho de lo encontrado.

Para Víctor, Luna fue apoyo incondicional. Una presencia constante, sin pedir nada a cambio, más que cariño, más que lealtad. No era una mascota más. Era parte del paisaje, del día a día, del alma de todos.

Una escena que voy a atesorar por siempre ver a la Sra. Marcela en una muestra de su infinito amor hacia ellos, dándoles de comer, platicando y regañando a la vez a la Luna y Dug para que comieran, al final todos contentos, el mejor ejemplo de amor entre una persona y sus mascotas.

Hoy Luna ya no está. Pero basta cerrar los ojos para verla asomarse, escuchar sus pasos, sentir su energía fiel aún en la ausencia.

Con cariño, a la señora Marcela y a Víctor.

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