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Solamente los ignorantes se sorprendieron de que el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, participara en la derrota electoral escrita el pasado 5 de junio, cuando el priismo sucumbió en diversos estados como sucedió en Tamaulipas, donde ganó el panista, Francisco Javier García Cabeza de Vaca. El jefe de la política interna sabía perfectamente que iba a ser más que difícil que el PRI, mantuviera el poder en una entidad tan golpeada por el régimen político enquistado desde hace 86 años, misma donde a partir de ahora se investigan a 37 ex empleados gubernamentales, un alcalde y 12 ex regidores. El chino Chong, habría firmado otro pacto en la “Ruta-2018”, entonces con letras chiquitas venia escrito “no a la cacería de brujas” pero si el castigo a los más corruptos tamaulipecos.

Entonces a dos meses de que comenzó su mandato el nuevo gobernador tamaulipeco, Cabeza de Vaca, se anunció que fueron llamados a comparecer 37 ex servidores públicos – mandos medios y superiores- de la administración pasada gubernamental, exacto la de Egidio Torre Cantú.

Enseguida lo que se les puede venir…

ARTÍCULO 219.- Al responsable del delito de peculado se le impondrán las siguientes sanciones:

I.- Cuando el monto de lo distraído o de los fondos utilizados indebidamente no exceda de tres mil días de salario o no sea valuable, se impondrán de dos a seis años de prisión, multa de cien a cuatrocientos días de salario y destitución e inhabilitación de tres a seis años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.

II.- Cuando el monto de lo distraído o de los fondos utilizados indebidamente excedan de tres mil días de salario, se impondrán de seis a catorce años de prisión, multa de doscientos a cuatrocientos días de salario y destitución e inhabilitación de seis a catorce años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.

¡Espero que no les haya dado frio!

Pero el tamaño de la corrupción vivida en Tamaulipas durante los últimos años, se puede ejemplificar con la administración municipal de Tampico 2013-2016 que encabezó el priista, Gustavo Rodolfo Torres Salinas, quien se aventó tremendas anomalías en relación a transferencias de dinero correspondiente a fondos federales y estatales que no deben ser utilizados para otra índole; y la utilización de una tarjeta de crédito American Express, adjudicada a este político que sueña con ser Senador de la Republica. El gran hombrecito de nombre, Gustavo Rodolfo, gastó la cantidad de 589 mil pesos tan solo en el transcurso de un mes con cargo al plástico que solamente el utilizaba.

Pero mientras Gustavo, mataba la vaca, 12 de sus ex regidores le agarraban la pata para destazarla con calma. Perdone usted que lo exprese de tal manera pero es que la Comisión de Transparencia del Ayuntamiento de Tampico 2016-2018, dio a conocer un saldo pendiente originado por préstamos económicos desde 45 mil, hasta 600 mil pesos a ex ediles y trabajadores de la pasada administración municipal, monto que al entrar en funciones el presente gobierno, correspondía a 2 millones 710 mil pesos.

A estas alturas algunos de los ex regidores ya hicieron algunos pagos parciales y solamente uno ya finiquito el adeudo, sin embargo la figura del préstamo no existe en recursos públicos. Entonces es peculado para ambas partes y más grave aún, si el dinero «prestado» correspondía a una cuenta de índole federal. Circunstancia que no puede ser desconocida por los ex ediles tampiqueños ya que el delito no se extingue por reparar parcialmente  el daño y arriba ya leyeron a lo que se pueden enfrentar.

Los ex regidores que recibieron préstamos y las cantidades económicas, son las siguientes: Claudia Rosas Marín de Nueva Alianza, quien recibió 133 mil 324 pesos y resta por saldar 100 mil pesos; Dorely Meza Reyes del PRI, recibió 345 mil, y debe el total de la cantidad; Jorge Arturo Robles de León, también del PRI,  tomó prestados 45 mil pesos, y resta pagar el total de la cantidad; Xóchitl Reséndiz, otra priista, agarró 88 mil 324 pesos, debe 55 mil pesos; Clara Alicia Gallardo Tenorio, de la misma calaña tricolor, recibió 133 mil pesos y debe 100 mil pesos; Margarita Juárez Paz, se le otorgó 197 mil pesos, debe el total de la cantidad y creo que esta joven mujer es la más cruel de todos ya que no solamente jineteo el dinero del pueblo, sino que guardo silencio total pese a que dos de sus amigos fueron desaparecidos en su gestión como regidora y nunca tuvo calidad moral para exigir justicia; mientras tanto el panista Julián Aurelio Zorrilla Estrada, solicitó 516 mil pesos y según este jueves deposito 500 mil; Aura Giovanni del Ángel Serna, de Acción Nacional,  pidió prestados  90 mil pesos, de los cuales debe 81 mil pesos; igual de los doble moralistas del PAN, José Alfredo Gallegos Neri, recibió 222 mil pesos, debe su totalidad; mientras que Rufina García Ramírez, la lideresa priista de las enchiladas rojas, recibió 60 mil 326 pesos y mantiene un adeudo de 33 mil 360.

La lista continua con otro sinvergüenza como Bonifacio Bandala Olivo, quien se despachó con la cuchara grande al llevarse 600 mil pesos. También fueron evidenciados los empleados Mónica Ledesma Morales, quien recibió 15 mil pesos y debe el total del monto; Carlos Omar Fernández Cobos, solicitó 9 mil pesos y debe 6 mil; y Juan Carlos Guerrero, quien recibió 11 mil 400 pesos, y actualmente debe 10 mil 200 pesos.

Todos ellos deberán ser juzgados por la justicia que en base al ARTÍCULO 218.- Comete el delito de peculado:

I.- El servidor público que indebidamente utilice fondos públicos u otorgue alguno de los actos a que se refiere el artículo relativo al uso indebido de atribuciones y facultades con el objeto de promover la imagen política o social de su persona, la de su superior jerárquico o la de un tercero, o realice dicha conducta con el fin de denigrar a cualquier persona;

II.- Todo servidor público que para usos propios o ajenos distraiga de su fin destinado dinero, valores, fincas o cualquier otra cosa perteneciente al Estado o al Municipio, a un organismo descentralizado o a un particular, si por razón de su cargo los hubiere recibido en administración, en depósito o por cualquier otra causa.

III.- El que solicite o acepte realizar las promociones o denigraciones a que se refiere la fracción anterior, a cambio de fondos público o del disfrute de los beneficios derivados de los actos a que se refiere el artículo de uso indebido de atribuciones y facultades

IV.- Cualquier persona que sin tener el carácter de servidor público y estando obligada legalmente a la custodia, administración o aplicación de recursos públicos estatales o municipales, los distraiga de su objeto para usos propios o ajenos o les dé una aplicación distinta a la que se les destinó.

 

Con lo anterior, el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, deberá ser muy cuidadoso si llega a nombrar al ex regidor Miguel Pérez Álvarez como titular de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (COMAPA) Zona Conurbada, ya que también solicitó “prestados” 355 mil pesos, liquidando dicha cantidad el pasado 29 de octubre y cabe precisar que Miguel Pérez, presidio la Comisión de Transparencia, por tanto ¡ojo gobernador! este personaje no parece que sea un buen nacido tamaulipeco como para que lo meta a la nómina gubernamental y menos en una oficina descentralizada que maneja muchos millones de pesos de los tamaulipecos a quien usted prometió cuidar y proteger.

Así mientras poco a poco se siguen ventilando las corruptelas de los políticos del pasado inmediato. La Contraloría Gubernamental elaboró 55 oficios relacionados con el proceso entrega recepción de los cuales se desprendieron 37 citatorios. Varias de las comparecencias se han venido ya desahogando y otras más están pendientes de ser cumplidas. Hasta ahora sólo 17 de los ex servidores públicos, especialmente mandos superiores, han atendido a la citación lo cual no los exime de responsabilidades.

En los días pasados se han venido citando a ex servidores públicos de 6 dependencias, 4 organismos públicos descentralizados y de oficinas del ejecutivo estatal.

En el caso de la Secretaría de Obras Públicas que estuvo a cargo de Manuel Rodríguez Morales, se tiene considerada la comparecencia de 3 ex servidores públicos; 6 de la Secretaría de Educación en donde ordenó Diodoro Guerra Rodríguez, uno de los ex rectores del Instituto Politécnico Nacional (IPN); 5 de la Secretaría de Salud de donde despachó, Norberto Treviño García Manzo; 5 de la Secretaría de Finanzas que estuvo a compromiso del actual Diputado Federal, Miguel González Salum y que finalmente terminó en manos de Jorge Silvestre Abrego Adame; 4 de la Contraloría Gubernamental que manejó, Hilda Cavazos Contreras; y 5 de la Secretaría de Administración, oficina bajo la tutela de Fernando Salinas Zambrano.

Entonces la lista parece interminable y por lo que toca a los organismos públicos descentralizados, 2 corresponden al Instituto Tamaulipeco de Vivienda y Urbanismo; 2 del Instituto Tamaulipeco de Infraestructura Física y Educativa; uno del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes; y uno de la Comisión Estatal de Aguas de Tamaulipas. Mientras que de las oficinas del Ejecutivo Estatal están considerados 2 ex servidores públicos y uno de Comunicación Social.

¡ay como me dueles Tamaulipas!

¿Agustín porque te fuiste?

davidcastellanost@hotmail.com

Opinión

El ensayo silencioso del nuevo Tamaulipas 

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El intento de Tamaulipas por seguir creciendo y reposicionarse, obedece en gran medida al enfoque nacional y competitividad internacional que empuja el sector empresaria local, y de los alrededores de la etidad.

Porque mientras buena parte de la conversación nacional sigue concentrada en el Bajío o en el fenómeno “nearshoring” del norte profundo, en la franja del Golfo se está ensayando algo aún más poderoso: la reconstrucción de un territorio que durante años fue funcional para la economía… pero inviable para la inversión.

Por eso la reactivación de la ruta Monterrey–Tampico, y la conexión de Ciudad Victoria con el AIFA no son anuncios de conectividad aérea. Son señales. Y están dirigidas, más que al turista, a quien toma decisiones: inversionistas, operadores logísticos, actores energéticos… y sí, también al poder político en la Ciudad de México.

Tamaulipas está diciendo: ya no somos solo tránsito… queremos ser destino.

El problema es que ese tipo de declaraciones no se validan en conferencias. Se validan en mercado.

Hoy, el estado concentra activos estratégicos que, en cualquier otro contexto, lo colocarían en el centro de la conversación nacional: puertos clave en el Golfo, infraestructura energética, cruces fronterizos de alto flujo y una ubicación geopolítica privilegiada para el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, durante más de una década, esa ventaja competitiva convivió con un factor que la anulaba: la percepción de riesgo.

Ahí está el punto de inflexión.

De acuerdo con cifras oficiales, Tamaulipas ha registrado reducciones sostenidas en delitos de alto impacto en los últimos años. Pero en términos de inversión, la seguridad no se mide en estadísticas… se mide en decisiones.

Y las decisiones toman tiempo.

Por eso la conectividad aérea es relevante, pero no suficiente. Porque ningún fondo de inversión ni ninguna empresa global ajusta su portafolio por la apertura de una ruta. Lo hace cuando identifica condiciones estructurales: certidumbre jurídica, estabilidad operativa, capital humano y, sobre todo, gobernabilidad.

Porque si lo logró, estamos frente a una de las historias de reposicionamiento más importantes del país en los últimos años.
Pero si no, el riesgo es otro: que la narrativa corra más rápido que la realidad.

Y en economía, cuando eso ocurre, el costo es alto.

Hay otro ángulo que en la Ciudad de México no debería pasarse por alto: el energético.

El Golfo de México vuelve a adquirir relevancia en la discusión nacional e internacional. Infraestructura, puertos, logística y cercanía con Estados Unidos colocan a Tamaulipas en una posición que, bien capitalizada, podría convertirlo en pieza clave del siguiente ciclo económico del país.

Pero eso exige algo más que ubicación: exige ejecución.
Hoy, el gobierno estatal apuesta a que el momento es ahora. A que la combinación entre seguridad, infraestructura y narrativa puede atraer lo que durante años se mantuvo al margen.

La apuesta es alta. Y el margen de error, mínimo.

Porque en el tablero nacional, Tamaulipas ya no compite solo con sus vecinos. Compite con regiones enteras que llevan años construyendo condiciones para captar inversión.

Y ahí no hay espacio para improvisación.

En la intimidad…Mientras el reposicionamiento económico busca validación en el centro del país, en la costa tamaulipeca ocurre algo que explica más de lo que parece: orden.

Más de 16 mil huevos de tortuga marina protegidos en la actual temporada no son una anécdota ambiental. Son un indicador de control territorial, coordinación institucional y cambio social.

Altamira, con más de 6 mil 600 huevos, y Playa Miramar, con más de 4 mil, reflejan una tendencia que va más allá de la conservación: la capacidad de una comunidad para respetar reglas.

Y eso, para quien invierte, vale más que cualquier discurso.
Porque el desarrollo no empieza con el capital.

Empieza cuando un territorio demuestra que puede cuidarse a sí mismo.

Tamaulipas quiere ser visto distinto.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Alcohol al volante

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“Accidentes”, sobran, lo que falta es Estado. Al menos 60 siniestros vehiculares asociados al alcohol se registran cada mes en Tamaulipas. Más de 400 al año. No son cifras inventadas: son la quinta causa de muerte en el estado y, al mismo tiempo, una de las formas más claras de morir que pudieron evitarse. Aun así, el fenómeno se repite con una regularidad que se normaliza.

Y esa es la dimensión del problema que obligó a la diputada Úrsula Patricia Salazar Mojica a presentar una iniciativa de reforma al Código Penal, con un objetivo directo: endurecer las sanciones contra quienes conduzcan bajo los efectos del alcohol u otras sustancias y provoquen la muerte de terceros.

Tamaulipas registra un repunte cercano al 45 por ciento en accidentes relacionados con conductores ebrios, particularmente entre jóvenes. Es decir, no sólo no se ha contenido el problema: está creciendo. Y lo hace en un contexto donde la consecuencia jurídica sigue siendo débil o inexistente.

“La conducción en estado de ebriedad no es un accidente”, dijo la legisladora. Y tiene razón. No lo es. Es una decisión. Una cadena de decisiones que comienza con el consumo y termina, muchas veces, con la muerte de alguien más. El problema es que el sistema de justicia sigue tratándolo como si fuera un descuido.

Precisamente esa es la gran falla del sistema. La ley habla de justicia pronta, completa e imparcial —como lo establece el artículo 17 constitucional— pero, la realidad en Tamaulipas muestra otra cosa: conductores que huyen, investigaciones que no concluyen y sanciones que no corresponden a la gravedad del daño.

La iniciativa conocida como “Ley Ezequiel” no surge de una súper idea. Surge de un patrón. De casos donde el responsable escapa. De expedientes que se diluyen. De familias que no encuentran justicia.

El planteamiento incluye reforzar operativos de alcoholímetro y campañas de prevención. Pero esos mecanismos ya existen. El problema no es su ausencia, sino su intermitencia. Su aplicación selectiva. Su incapacidad para convertirse en una política constante y efectiva. Al ciudadano se le tiene que dar en donde le duele.

En Tamaulipas, como en buena parte del país, el alcohol al volante no sólo mata. También exhibe. Exhibe la fragilidad de las instituciones, la tolerancia social al riesgo y la falta de consecuencias reales.

El caso que motivó esta iniciativa —la muerte de Ezequiel— es repetición. Es estadística. Es síntoma.

En la intimidad… Mientras el Congreso discute cómo castigar la irresponsabilidad al volante, el gobierno de Américo Villarreal Anaya presume resultados en otra dimensión: la del turismo y la seguridad.

Más de 2.2 millones de visitantes llegaron a Tamaulipas durante Semana Santa. La cifra no es menor. Confirma que, al menos en percepción, el estado logró sostener condiciones de tranquilidad en sus principales destinos, particularmente en el sur, donde la vigilancia se concentró en playa Miramar.

El propio mandatario llamó a no soltar el ritmo. “Hay que consolidar este impulso”, dijo frente a su gabinete. Y los datos lo respaldan: diversificación turística, presencia en Pueblos Mágicos, crecimiento en destinos de naturaleza.

Pero hay un contraste inevitable. Mientras el estado logra atraer visitantes con operativos, logística y coordinación institucional, en las calles persiste una falla más básica: garantizar que quien toma un volante bajo los efectos del alcohol enfrente consecuencias reales.

Porque la seguridad no sólo se mide en turistas que llegan.
También en ciudadanos que regresan a casa.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

La era wellness también puede ser un atentado a la salud

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Propósitos irreales, constantes vitaminas sin un análisis previo del cuerpo, tratamientos milagrosos para regenerar el cuerpo, terapias alternativas sin sustento que prometen erradicar enfermedades terminales, así es la era wellness de la que todos queremos ser parte, es normal añorar nuestra mejor versión, pero,

¿cuánto nos informamos al respecto para no caer en estafas?

El deseo de vivir mejor nunca había sido tan visible como ahora. Redes sociales, publicidad y discursos motivacionales nos repiten a diario que el bienestar está al alcance de cualquier persona: basta con tomar cierto suplemento, someterse a una terapia novedosa o seguir el tratamiento de moda. En teoría, la era wellness promueve hábitos saludables, autocuidado y prevención. En la práctica, también ha abierto la puerta a un mercado poco regulado donde la salud puede convertirse en un negocio riesgoso.

El reciente caso de los sueros vitaminados en Hermosillo, Sonora, donde cuatro personas murieron tras recibir este tipo de tratamiento, puso en evidencia un problema que desde hace tiempo crece silenciosamente: procedimientos médicos o estéticos aplicados fuera de clínicas certificadas y, en muchos casos, por personas que no cuentan con la formación necesaria.

Aunque los sueros intravenosos se promocionan como una forma rápida de “revitalizar” el organismo, lo cierto es que introducir sustancias directamente al torrente sanguíneo implica riesgos importantes si no existe un diagnóstico previo ni supervisión médica durante el mismo tratamiento.

Lo preocupante es que este tipo de prácticas no son aisladas. En distintas ciudades proliferan spas, consultorios improvisados o centros de bienestar que ofrecen desde vitaminas intravenosas hasta terapias “detox”, hormonas antienvejecimiento o tratamientos que prometen regenerar el cuerpo en pocas sesiones. Muchos de ellos se promocionan con testimonios emotivos y una estética atractiva que transmite confianza, pero pocas veces presentan evidencia científica o certificaciones verificables.

Parte del problema es cultural. En una sociedad que premia la productividad, la juventud y la apariencia física, la promesa de soluciones rápidas resulta irresistible. Además, existe una creciente desconfianza hacia la medicina tradicional que algunos discursos aprovechan para posicionar terapias alternativas como si fueran sustitutos absolutos de la atención médica. El resultado es una mezcla peligrosa: desinformación, marketing emocional y falta de regulación.

También influye la velocidad con la que circula la información. En redes sociales, una recomendación puede volverse viral en cuestión de horas. Influencers, celebridades o creadores de contenido comparten rutinas, suplementos o procedimientos sin necesariamente comprender sus implicaciones médicas. Lo que para algunos puede parecer un simple consejo de bienestar, para otros puede convertirse en una decisión de salud tomada sin la orientación adecuada.

Esto no significa que el interés por el bienestar sea negativo. Cuidar la alimentación, hacer ejercicio, atender la salud mental o buscar terapias complementarias con respaldo profesional son prácticas valiosas. El problema surge cuando el bienestar se transforma en un producto que promete resultados milagrosos sin evidencia ni responsabilidad.

Frente a este panorama, la mejor herramienta sigue siendo la información. Antes de someterse a cualquier tratamiento, es fundamental verificar que quien lo ofrece tenga formación médica o certificaciones oficiales, investigar los posibles riesgos y evitar procedimientos que prometan resultados inmediatos o extraordinarios. La salud no debería depender de modas ni de recomendaciones virales.

Buscar sentirse mejor es legítimo y necesario. Pero el bienestar real no se construye a partir de atajos ni de promesas mágicas. Implica decisiones informadas, profesionales capacitados y un enfoque responsable del cuidado personal. En tiempos donde el wellness se vende como estilo de vida, quizá el acto más saludable sea aprender a cuestionar, investigar y elegir con criterio antes de poner el cuerpo —y la salud— en manos equivocadas.

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Opinión

El despliegue en busca de credibilidad

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En Tamaulipas, la seguridad se anuncia puede anunciar de mil maneras, pero, siempre, invariablemente esta a prueba.

El arranque del operativo de Semana Santa 2026, encabezado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, llega en un momento en el que la confianza pública no admite simulaciones. El mensaje oficial es claro: hay coordinación, hay fuerza operativa y hay condiciones para recibir turismo.

Los números respaldan esa narrativa. Más de dos mil elementos de la Guardia Estatal, despliegue carretero, vigilancia aérea, presencia de la Secretaría de Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional. A eso se suman los cuerpos de auxilio, el sistema de salud y la operación turística con cobertura en miles de kilómetros.

El Estado, en apariencia, está en todas partes.
Pero en Tamaulipas, la presencia no siempre ha significado control.

El gobierno estatal ha insistido en que las playas se encuentran en condiciones óptimas, minimizando la presencia de hidrocarburos en el litoral. El dato no es menor. En plena temporada alta, cualquier señal de contaminación compromete no sólo la afluencia turística, sino la credibilidad institucional.

Y ahí es donde la narrativa oficial enfrenta su mayor desafío: sostenerse frente a la realidad.
Porque la seguridad no se mide en conferencias ni en cifras acumuladas. Se mide en la experiencia concreta del ciudadano: en la carretera sin sobresaltos, en la playa sin riesgos, en la capacidad de respuesta cuando algo falla.
El despliegue anunciado es, sin duda, uno de los más amplios de los últimos años. Pero también es, inevitablemente, una apuesta política. Si funciona, fortalecerá la percepción de gobernabilidad. Si falla, confirmará lo que muchos aún sospechan: que en Tamaulipas la estrategia sigue siendo reactiva, no estructural.
Hoy, el gobierno juega a ganar confianza. Y la confianza —esa sí— no se decreta.
Se construye o se pierde.

En la intimidad… Hay una forma de autoritarismo que se manifiesta con el simple hecho de cerrar una ventanilla.

En México, el derecho de petición está secuestrado. Aunque lo ampara la ley. El artículo 8 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos obliga a toda autoridad a recibir y responder cualquier solicitud por escrito. No es opcional. No es negociable, pero…

Sin embargo, en oficinas públicas de todos los niveles de gobierno, ese derecho se ha convertido en un trámite condicionado. El ciudadano llega con un documento y se encuentra con un filtro ilegal: funcionarios que revisan, cuestionan y, si el contenido incomoda, simplemente niegan la recepción.

Así opera la discrecionalidad.
Se argumentan errores de forma inexistentes. Se exigen requisitos que la ley no contempla. Se condiciona el acceso a derechos fundamentales bajo criterios administrativos inventados.
No es ignorancia. Es control.
Porque impedir que un documento sea recibido es impedir que exista. Y lo que no existe en el sistema, no obliga, no incomoda, no genera consecuencias.

Ese es el verdadero fondo del problema.
Cuando una autoridad decide qué peticiones acepta y cuáles bloquea, deja de ser un ente público y se convierte en un filtro político. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, lo que está en juego no es un trámite, es el Estado de derecho.

davidcastellanost@hotmail.com
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