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Los más cercanos de sus amigos y colaboradores, le han suplicado, desde hace muchos años al líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, que le baje dos rayitas a su terquedad y sordera. Desde que militaba en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) el Peje, ha sido centro de fuertes críticas por testarudo, incluso hay quienes se atreven de calificarlo de inmaduro.

Pero ahora cuando las encuestas posicionan como puntero al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que fundó López Obrador de cara a las elecciones presidenciales de 2018, “El Peje” que no es lagarto, se deja ver más sereno y maduro, al grado que dejo de arremeter contra los medios de comunicación que dan cobertura a sus encuentros con la militancia.

Este domingo en las ciudades de Altamira, Madero y Tampico al sur de Tamaulipas, el ex jefe de gobierno del Distrito Federal, sostuvo reuniones de evaluación sobre los trabajos de organización en Morena con la finalidad de lograr el cambio “verdadero y la transformación” de México, al grado que desde ahora, les pidió vayan integrando 2 mil comités ciudadanos para cuidar el voto y así evitar otro supuesto fraude electoral.

López Obrador, tuvo un domingo completo en la región costera de Tamaulipas, desde donde exhortó otra vez a los mexicanos no dejarse vencer para evitar que “se siga cayendo el país” debido a “la pesadilla” que trajo a la nación el mandato de Enrique Peña Nieto, pues no quiere “construir a partir de escombros” al México de igualdad y desarrollo que promete con su gobierno, mismo que nacerá luego de una victoria electoral, sin importar quien sea su rival en turno, Margarita, Osorio o la misma sobrina de Carlos Salinas de Gortari. Andrés Manuel, está más seguro que nunca.

Aun y cuando López Obrador, se notó mesurado, tranquilo y sereno, insistió que la mafia del poder, ningunea al presidente, convirtiéndole según AMLO “en el payaso de las cachetadas” pues los cambios en el gabinete, dijo son tardíos y más de lo mismo, pero igual deseó que “no se siga deteriorando la vida pública de México”, expresó.

Tamaulipas altamente golpeado por el crimen organizado, atraviesa por un momento histórico, se tiene a la vuelta de la esquina una transición gubernamental en donde el PRI cederá al PAN las riendas del estado, algo que parecía nunca iba a suceder, solo que Andrés Manuel, fue como aquel niño malo que en plena víspera de la navidad, le dice a los compañeritos del salón de clases que San Claus, no existe y es que el Peje, aseguró que en la entidad las cosas no van a mejorar con el gobernador electo, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, “pasaron las elecciones en Tamaulipas y lo mismo, compraron votos, PRI y PAN se atienen a eso. Ellos tienen la fábrica de pobres y cada vez que hay elecciones trafican con la pobreza de la gente, compran los votos, mil pesos, 2 mil, 3 mil pesos, aquí en la pasada elección hasta 5 mil pesos por voto, por eso pueden postular a una vaca o a un burro y gana la vaca o gana el burro”, fueron los dichos del Peje, que causaron la algarabía de unos 500 fanáticos a quienes les recordó que en 2006, se unieron el PRI y el PAN para vencerlo, ya que en ese entonces Eugenio Hernández, Natividad González y Humberto Moreira, se unieron para apoyar a Calderón, usando como enlace a la maestra Elba Esther, que hoy está en la cárcel y no cuenta más con la amistad de los ex gobernadores priistas.

A dos años de la verdad, Andrés Nahuel y sus fieles, parecen haber crecido y madurado a tal grado que AMLO, hoy tiene la facha de un gran domador de bestias, solo que enfrente tiene un rival muy grande, cabezón y mañoso, que no está manco, ni cojo; en si, no es la monita de la caja de los cerillos.

davidcastellanost@hotmail.com

 

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Opinión

Las lucecitas de Monica Villarreal

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A los ciudadanos les gusta, y más aún a los aficionados del quehacer político, ¡por supuesto! Que la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya se ponga recia y reclame, que exija, corrija y regañe a sus compinches, pero todavía genera mayor placer cuando repara aquello que Tampico perdió poco a poco, y me refiero a la confianza de  poder caminar una calle de noche sin miedo.

Sí, afortunadamente las cosas han cambiado en Tampico, y no de hoy, desde hace ya algunos ayeres, y aun así el deterioro del alumbrado público es una asignatura pendiente para todas las administraciones, solo que si no se atiende, se convierte en una de las crisis más complejas. Por eso, Zácil, exigió a su equipo la restauración de al menos cinco mil luminarias; unas han sido rehabilitadas, otras intercambiadas por nuevas.

La iluminación pública no es únicamente infraestructura. Es percepción de seguridad. Es movilidad. Es tejido social. Es la diferencia entre una plaza ocupada por familias o dominada por el silencio o el bullicio de los hampones. Con esto, queda claro que el Ayuntamiento entendió que una ciudad iluminada también es una ciudad vigilada.

La rehabilitación de torres apagadas en el distribuidor vial aeropuerto y en el acceso Tampico–Valles tiene un peso simbólico importante. No solamente porque beneficia a más de 26 mil personas de La Morelos y sectores aledaños, sino porque exhibe el tamaño del rezago que existía.

También merece atención el programa “Senderos Seguros”, particularmente en zonas donde las mujeres han tenido que modificar horarios, rutas y costumbres por temor. El andador San Marino, en el José Elías Piña, representa un experimento urbano que deberá medirse no por el número de lámparas instaladas, sino por la capacidad real de devolverle tranquilidad a quienes transitan ahí todos los días.

Sin embargo, sería un error político caer en la autocomplacencia. Cinco mil luminarias ayudan, pero no resuelven por completo el problema estructural de seguridad, percepción ciudadana y mantenimiento urbano que arrastra Tampico desde hace años. El verdadero reto comienza ahora: sostener el sistema, evitar el deterioro acelerado y garantizar que dentro de tres o cuatro años la ciudad no vuelva a caer en la misma oscuridad administrativa.

Tampico necesita continuidad, no solamente reacción.

Y aunque hoy la narrativa oficial presume circuitos rehabilitados, lámparas nuevas y casi mil reportes atendidos, la ciudadanía terminará evaluando algo mucho más simple: si puede volver a sentirse segura en su propia colonia.

Ahí estará la verdadera auditoría pública.

En la intimidad…  Con el objetivo de abrir canales reales a las nuevas generaciones, el Congreso Tamaulipeco de la Juventud 2026 busca consolidar un espacio donde las ideas, las voces y los sueños de las y los jóvenes se transformen en participación ciudadana y propuestas legislativas que impulsen el desarrollo integral del estado.

Durante la jornada, las y los integrantes de este parlamento juvenil asumieron el rol de diputadas y diputados por un día. El arranque de actividades demostró que la juventud tamaulipeca no solo está interesada en la política, sino que cuenta con la preparación necesaria para proponer soluciones tangibles desde su propia perspectiva y realidad social.

El trabajo legislativo se concentró de lleno en el desarrollo de las comisiones, donde se llevó a cabo la discusión de temas prioritarios para las juventudes, tales como la salud mental y bienestar juvenil, empleo y emprendimiento, educación y tecnología, participación ciudadana y gobierno abierto, seguridad pública y prevención del delito, entre otras materias de interés. Tras un intenso debate enriquecido por el talento y la visión de esta generación, se procedió a la votación de iniciativas que buscan dejar una huella en la transformación del estado.

Al respecto, el director general del Instituto de la Juventud de Tamaulipas, Oscar Azael Rodríguez Perales, destacó que este ejercicio representa una oportunidad invaluable, señalando que hoy en día las voces de las y los jóvenes no solo se escuchan, sino que se reconocen y se valoran como una pieza clave para el cambio social, demostrando la capacidad y energía de una juventud comprometida.

Este histórico proceso ha sido posible gracias al firme respaldo del gobernador Américo Villarreal Anaya, quien a través del INJUVE, organismo perteneciente a la Secretaría del Trabajo que lidera Luis Gerardo Illoldi Reyes, continúa impulsando el liderazgo juvenil y creando sinergias institucionales para que las nuevas generaciones tengan un papel protagónico en el Tamaulipas del mañana.

La sesión contó con la presencia de destacadas personalidades del ámbito legislativo, entre ellos el diputado presidente del Congreso del Estado, Humberto Armando Prieto Herrera; asimismo, el diputado presidente de la Mesa Directiva, Sergio Arturo Ojeda Castillo, quienes atestiguaron el compromiso de las y los legisladores juveniles.

Finalmente, los organizadores extendieron un profundo agradecimiento a cada joven por formar parte de este Congreso, siendo reconocidos como el motor y la esperanza de la entidad, concluyendo así un encuentro que marca un antes y un después en la vida democrática y participativa de la juventud tamaulipeca

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

A nadar patitos

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Por años, ta- ta- ta- ta- Tamaulipas cargó un manto lúgubre y acaparó las primeras planas con notas de violencia que convertían los periódicos en hojas de papel escurriendo sangre; carreteras vacías y una percepción a veces, solo en ocasiones injusta con relación a la  realidad cotidiana de millones de tamaulipecos, pero, hoy, esa historia ya comienza a perder foco y espacio informativo frente al deporte.

Otro resultado a favor de la disciplina, será la llegada de más de 3 mil atletas provenientes de 30 entidades federativas a la zona metropolitana de Tampico, para disputar el XXII Encuentro Nacional Deportivo de los CECyT 2026.

Por supuesto que todo aquel que lo vea como un simple encuentro estudiantil, está frito, esto es una jugada política, turística y social; es un golazo estilo Hugo Sánchez, es decir, de un toque, incluso, con esto queda claro que la entidad puede organizar competencias nacionales de alto nivel, recibir visitantes de todo el país y convertir el deporte en motor económico, turístico y comunitario ¡golazo!

Ah, pero, no para el Puskás.

El chiste es que del 8 al 12 de junio, Tampico, Ciudad Madero y Altamira dejarán de ser únicamente ciudades industriales o portuarias para convertirse en el epicentro nacional del deporte técnico-estudiantil. Atletismo, futbol, voleibol, ajedrez, basquetbol, béisbol y hasta natación —disciplina incorporada por primera vez gracias a una propuesta impulsada desde Tamaulipas— pondrán a prueba no sólo a los jóvenes competidores, sino también la capacidad logística y turística de una región que lleva años demostrando que tiene infraestructura, hospitalidad y conectividad suficientes para competir con cualquier sede del país.

Se estima que la derrama económica sea superior a los 20 millones de pesos, significa: noches de hotel, restaurantes trabajando a máxima capacidad, transporte movilizado -con todo y sus tumores- y comercios beneficiados. Pero más allá del impacto económico inmediato, el verdadero valor está en la imagen que proyecta Tamaulipas hacia afuera.

Miles de estudiantes recorren la zona sur, conocen Playa Miramar, visitan la Laguna del Carpintero, consumen gastronomía local y conviven en espacios públicos, también desmontan prejuicios. Con la oportunidad de experimentarse en un  estado vivo, funcional y capaz de ofrecer experiencias deportivas y turísticas al mismo tiempo.

Pocas actividades generan tanta convivencia sana como una competencia nacional donde convergen jóvenes de todo México bajo reglas claras, disciplina y espíritu colectivo.

Y el sur de Tamaulipas tiene ventajas difíciles de ignorar. A diferencia de otras sedes deportivas del país donde el visitante llega únicamente a competir, aquí existe la posibilidad de combinar alto rendimiento con turismo. Un atleta puede disputar una final de voleibol por la mañana y caminar por el malecón de Miramar al atardecer. Un entrenador puede asistir a competencias en Ciudad Deportiva y terminar echándose unos mariscos o refrescándose con unos litros de “Fausto’s”, mientras, los acompañantes pueden consumir cultura, gastronomía y playa mientras el evento transcurre.

Eso convierte a Tamaulipas en algo más que una sede: lo convierte en experiencia.

La jugada es de pizarrón. Turismo deportivo. Eventos masivos. Ocupación hotelera. Promoción regional. Reconstrucción de marca pública. Y, sobre todo, apropiación social de espacios deportivos.

En la intimidad… Mientras el sur del estado se prepara para recibir miles de visitantes, en otra región de Tamaulipas comienza una batalla silenciosa que también habla de organización y capacidad institucional.

El rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, Dámaso Anaya Alvarado, anunció el despliegue de brigadas universitarias para combatir y contener el gusano barrenador del ganado, una amenaza que mantiene en alerta al sector pecuario.

La decisión tiene un fondo importante: la universidad dejó de observar desde la academia para involucrarse directamente en territorio. Cuarenta jóvenes universitarios y cuatro docentes iniciaron capacitación para participar en recorridos, detección de casos y colocación de trampas en municipios estratégicos como Burgos, El Mante, Xicoténcatl, Llera y González.

El mensaje político y social es relevante. Mientras muchas instituciones públicas enfrentan cuestionamientos por burocracia o distancia con los problemas reales, la UAT intenta colocarse como actor operativo dentro de una contingencia que afecta directamente a productores ganaderos.

Más interesante aún es el componente científico. No se trata únicamente de combatir la plaga, sino de estudiar el comportamiento de la mosca transmisora y generar soluciones técnicas basadas en evidencia. Ahí es donde la universidad puede marcar diferencia.

En tiempos donde el discurso público suele llenarse de promesas vacías, la imagen de jóvenes universitarios recorriendo ranchos y comunidades para atender un problema sanitario manda otra señal: la educación superior también puede convertirse en fuerza de respuesta social.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Los amores playeros de la UAT

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La reunión entre la Universidad Autónoma de Tamaulipas y la Secretaría de Turismo del estado no debería celebrarse como un logro turístico. Todavía no. Apenas tendría que entenderse como el reconocimiento de una buena alianza. Por mchos años Tamaulipas no  aprendió a contarle su propia grandeza al mundo, y hoy comenzó a hacerlo.

En esta bonita tierra hay  selva, desierto, mar, frontera, gestronomia, tenemos la huasteca, petróleo, más gastronomía y pueblos enteros construidos alrededor de leyendas, por eso, que no seamos destino turistico  principal es una desgracia, y no solo para los tamaulipecos, sino también para todos los que no han venido a la entidad.

Todo saben que durante años, el turismo tamaulipeco sobrevivió atrapado entre campañas oficiales recicladas, playas de temporada y discursos donde siempre se prometía “potencial”. El problema es que el potencial no termina de llenar hoteles, no genera rutas internacionales y mucho menos convierte comunidades en polos económicos. Por eso la alianza anunciada por el secretario Benjamín Hernández Rodríguez y el rector Dámaso Anaya Alvarado merece atención, sí, pero también una exigencia brutal de resultados.

Porque Tamaulipas ya no necesita más folletos bonitos.

Necesita experiencias capaces de competir con Oaxaca, Yucatán, Baja California o las playas de Quintana Roo.

Necesita guías turísticos preparados para narrar el estado con profundidad histórica y no únicamente con frases memorizadas. Necesita rutas donde el visitante no solamente observe un paisaje, sino que entienda qué ocurrió ahí, quién murió ahí, qué se cocinó ahí y por qué esa región terminó moldeando parte de la historia económica y social del noreste mexicano.

La intención de profesionalizar guías y construir turismo comunitario es correcta. Era urgente. Lo verdaderamente preocupante habría sido seguir fingiendo que Tamaulipas podía crecer turísticamente con improvisación.

Porque hoy el turismo internacional consume emociones antes que destinos. Quiere historias.

La gente viaja buscando autenticidad. Busca escuchar a pescadores del Tamesí hablar del agua. Busca caminar pueblos semivacíos donde todavía sobreviven casas ferroviarias. Busca gastronomía con identidad real y no menús maquillados para turistas.
Y ahí la UAT tiene una responsabilidad gigantesca.

La universidad posee investigadores, historiadores, antropólogos y especialistas que podrían construir una narrativa turística de enorme valor internacional. Pero ese conocimiento sigue encerrado demasiadas veces en congresos académicos que nunca llegan a las comunidades.

El gran reto será sacar la historia de los libros y convertirla en experiencia viva.

Porque Tamaulipas no puede seguir permitiéndose el lujo de tener zonas arqueológicas olvidadas, centros históricos mutilados por el abandono y comunidades rurales completamente fuera del mapa turístico nacional.

Y también hay que decir algo incómodo: el turismo comunitario fracasa cuando solamente sirve para la fotografía política.

Tamaulipas necesita certificaciones internacionales para guías, rescate serio del patrimonio histórico, señalética moderna, digitalización de rutas, promoción bilingüe y un modelo turístico que entienda algo fundamental: el visitante actual quiere sentir que descubrió un lugar auténtico, no que recorrió un producto gubernamental empaquetado.

Porque el estado sí tiene con qué competir.

Tiene manglares, lagunas, marismas, reservas ecológicas, cocina huasteca, herencia ganadera, historia revolucionaria y una posición geográfica privilegiada entre México y Estados Unidos.

Lo que no tiene todavía es una identidad turística consolidada.
Y ese sigue siendo el verdadero pendiente.

En la intimidad… Mientras en Tamaulipas intentan construir una nueva visión turística, en Tampico el gobierno municipal libra otra batalla mucho menos estética y muchísimo más urgente: la diabetes.

La alcaldesa Mónica Villarreal Anaya utilizó el primer aniversario del Centro de Atención a la Diabetes (CECODIAT) para exhibir una realidad demoledora: en lo que va de 2026, Tamaulipas suma 6 mil 397 nuevos casos de diabetes.

La cifra retrata una epidemia silenciosa que hace años dejó de ser exclusivamente médica para convertirse en un problema social, económico y cultural.

El Cecodiat presume 2 mil 288 servicios otorgados, 815 consultas diabetológicas y 992 atenciones nutricionales. Pero el dato más delicado quizá sea otro: el 26 por ciento de niñas, niños y jóvenes presenta sobrepeso y el 22 por ciento ya enfrenta obesidad.

Es decir, el problema viene creciendo desde abajo.

La presidenta municipal insiste en que la prevención debe convertirse en prioridad pública. Y probablemente ahí esté el verdadero desafío del sistema de salud mexicano: entender que ningún hospital alcanzará jamás para enfrentar una sociedad que normalizó alimentarse mal, dormir poco y vivir permanentemente bajo estrés.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Atwood, un manual de prevención o supervivencia

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

La primera vez que supe de “El cuento de la criada” juré que se trataba de una
distopía, cada episodio de la serie era demasiado desalentador para ser real,
consideraba sin embargo que la trama no era una propuesta lejana considerando
los vientres de alquiles y la constante desigualdad de género en la que vivimos en
la actualidad.
Después comencé a interesarme más por Margaret Atwood, la autora que había
dado forma a estar narrativa que saltó a la pantalla en 2017, alcanzando tal
popularidad que la vestimenta de los personajes se volvió un símbolo en marchas
feministas alrededor del mundo, al igual que la novela, fue pasando entre
generaciones, pues el eje temático advierte sobre la represión de derechos de la
mujer.
La historia cobra de nuevo fuerza con la llegada de su continuación: “Los
testamentos”, escrita en 2019 pero presentada en pantalla hasta este año, esta
narrativa se centra ahora en mujeres jóvenes cuya misión es ser esposas, dar
continuidad a una estructura y en medio de la misma comienzan a cuestionar si
este es el único camino.
La fortaleza de Margaret Atwood al crear estas historias no es la advertencia,
conforme me adentré en su obra y su historia, descubro que su género es la
ficción histórica o ficción especulativa, es decir cada narración surge de algo que
ya ocurrió en algún punto de la historia, ella lo usa de inspiración cambiando
algunos detalles, pero sí hay precedentes reales de la situación que ella comparte
a través de sus novelas.
La misma vida de la autora es un referente de los cambios que ha tenido, nació en
una época de totalitarismos donde todo lo que se hablaba alrededor tenía un
vínculo directo con la guerra, esto la llevó a investigar sobre el poder, figuras de
dominación y la capacidad de persuasión ante naciones enteras que eligen
renunciar a sus derechos o suprimir los de otros con tal de dar continuidad a
ideologías específicas.
De ahí que en múltiples ocasiones declare que nada de lo que escribe es
inventado, pues la narrativa que podría ser distópica ya tuvo lugar en algún punto
bajo administraciones como las de la segunda guerra mundial o la dictadura
argentina. Esto es lo que genera incomodidad y a la vez la popularidad de las
adaptaciones de su obra, pues resulta sencillo reconocernos en ellas. En un
contexto donde continúan las discusiones sobre derechos reproductivos, violencia
de género y libertades individuales, leer a Atwood deja de ser solamente un
ejercicio literario y se convierte en una conversación necesaria sobre el presente.

Su obra también es inspiración para quien cuestiona y analiza constantemente su
entorno, en distintos países las protestas feministas retomaron los hábitos rojos y
las cofias blancas de “El cuento de la criada” como una manera de advertir que los
derechos conquistados nunca están completamente asegurados. La imagen se
volvió universal porque sintetiza una preocupación compartida: el miedo a perder
autonomía sobre el cuerpo, la voz y la posibilidad de decidir. Atwood consiguió
que la literatura dialogara directamente con la realidad política y social de millones
de mujeres.
Sin embargo, reducir su obra únicamente a una postura feminista sería injusto.
Margaret Atwood también escribe sobre poder, memoria, religión, desigualdad y la
facilidad con la que las sociedades pueden acostumbrarse a la violencia cuando
esta ocurre de manera gradual. Ella misma ha declarado que la naturaleza
humana siempre encuentra formas de repetir sus peores errores si se presentan
bajo el disfraz de la seguridad o el orden moral.
Leer a Margaret Atwood hoy implica mirar el mundo con más atención. Sus libros
no ofrecen respuestas sencillas ni finales totalmente esperanzadores, pero sí la
posibilidad de cuestionar aquello que muchas veces damos por hecho. Acercarse
a su obra es un recordatorio de análisis constante, pero también de que la brújula
que guía nuestro desarrollo puede fácilmente perder el rumbo y enfocarse a
momentos que podrían traer arrepentimiento si lo vemos desde la amenaza de
nuestras libertades.

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