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Donald Trump, en plena caída en los sondeos, tiene dos opciones: moderar su mensaje para presentar una imagen más presidencial, o dejar vía libre a su carácter indomable. Con el nombramiento este miércoles de Steve Bannon como jefe de campaña, Trump opta por la segunda opción.

La campaña de Trump, desde que en mayo se aseguró la nominación como candidato del Partido Republicano a las elecciones de noviembre, oscila entre dos extremos. Por un lado están quienes creen que el candidato debe frenar su incontinencia verbal, y atenerse a un guion: adoptar un mensaje que apele a la amplia coalición de votantes necesaria para ganar las elecciones presidenciales de noviembre.

Otro grupo de asesores están convencidos de que “hay que dejar que Trump sea Trump”: su estilo improvisado y agresivo, su retórica nacionalpopulista, contra elotes y los inmigrantes le dio la victoria en las primarias contra 16 candidatos republicanos, y aseguran, le ayudara a derrotar a su rival demócrata Hillary Clinton.

“Soy quien soy”, dijo el republicano Trump a una cadena de televisión de Wisconsin. “Soy yo. No quiero cambiar”.

El nombramiento de Bannon como jefe ejecutivo de campaña es una victoria para esta segunda facción. La revista Bloomberg Business Week definió el año pasado a Bannon como “el agente más peligroso de la política americana”.

 

Fuente: el pais.com

Desde la redacción.

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