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«Australianos, españoles, y la nueva bonanza en Tampico»

«Todos están ya vendidos», le contestan a la joven corredora de bienes raíces, cuando pregunta sobre la disponibilidad de apartamentos para la parte más alta del que será el edificio más elevado de Tampico, el último de tres construidos por cierta compañía desarrolladora no sólo en una misma cuadra de la avenida Faja de Oro, sino a una distancia de escasos metros entre sí.  A ella, como a otros agentes inmobiliarios independientes que trabajan en sociedad, la han provisto de información privilegiada, pero además confidencial, que no todos tienen a su alcance en esta región del país: ni siquiera algunas autoridades municipales.  Datos como el que se refiere al motivo que tuvieron ese inversionista, experto en conjuntos residenciales lo mismo que en complejos turísticos, y otros empresarios que están actualmente erigiendo torres departamentales, así como hoteles y nuevos centros comerciales en esta ciudad y puerto.  Y la razón no es otra que, como era lógico, algo mucho muy grande y bueno que ya avistaron desde hace un par de años ellos y algunos funcionarios de los gobiernos federal y estatal, y que está relacionado, justo como sucedió en las primeras dos décadas del siglo pasado, con el potencial energético de este territorio.

En aquella época del Tampico pos-revolucionario y moderno, fue la explotación petrolera lo que acarreó toda esa bonanza económica que trajeron consigo los industriales llegados, como en desbandada, desde Estados Unidos y Europa, mismos que asentaron aquí, en el sur de Tamaulipas, oficinas corporativas y hasta centros mercantiles y de negocios para no tener problemas ni contratiempo alguno en las transacciones que a escala global realizaban a diario.  Fue así como esta zona y sus habitantes se vistieron literalmente del esplendor de las grandes metrópolis, y se empaparon de la moda, los avances tecnológicos de entonces (como el automóvil, la radio, el teléfono, la aviación comercial), los adelantos en la industria y el comercio en general, con su reflejo más evidente: la mercadotecnia, luciendo ésta en forma de publicidad a su máxima expresión tanto en lo alto de las marquesinas y azoteas, como en los escaparates de las tiendas, al pie de las banquetas y a la entrada de los establecimientos.  Los años de la opulencia que aún saltan a la vista, como un recuerdo latente, en el derroche de lujo y elegancia arquitectónica de docenas de palacios y mansiones que aún se puede ver tanto en el primer cuadro citadino, como en los sectores residenciales que surgieron justamente al cobijo de toda esa riqueza.  Desde Nueva York, Londres, Ámsterdam y Berlín, entre otras capitales del mundo, le llegó a Tampico buena parte de su casi intempestiva transformación urbana, mucha de la cual se dio en forma vertical… justo como ahora.

¿En qué se parecen un tlacuache (o zarigüeya) y un canguro? ¡Pues en nada!  Sobre todo por la talla y la facultad que el segundo tiene para permanecer posado en sus extremidades traseras.  De no ser porque ambos pertenecen a la familia de los marsupiales, ambos animales no tendrían relación en lo absoluto.  Además, uno tiene su hábitat en esta parte del continente americano, principalmente, y el otro al extremo opuesto del planeta y todavía un tramo más hacia abajo, «tras lomita»: allá en Oceanía.  Pues desde ahí, precisamente, de Australia, se nos viene una oleada de inmigrantes, seguramente en edades que oscilan entre los 30 y los 50 años, acompañados en su mayoría de sus respectivas parejas, cuando menos.  Decir «una oleada» no debería sonar exagerado si hablamos de que, según la revelación hecha a los asesores de bienes inmuebles que fueron enterados del caso, se trata justamente de quienes han comprado esas nuevas casas elevadas («pisos», dirían los españoles) que han sido erigidas en forma de torres dentro del área más lujosa de la colonia Petrolera.  Y si, con una operación simple, calculamos el número total de apartamentos contando los que hay en cada piso de tan sólo uno de esos edificios, entonces nos daremos una idea de cuántos son los australianos que se vienen a vivir, en el futuro quizás no inmediato, pero tampoco distante, a la también llamada «capital de la zona Huasteca».  Tampoco afirmar que se trata de adultos relativamente jóvenes es hacer conjeturas.  No se necesita más que echar un vistazo a la edad promedio de los ejecutivos con nivel gerencial en Sidney para dar con la clave.  ¿Y por qué tendrían que ser directivos o personal que ocupe cargos importantes, las personas de nacionalidad australiana que adquirieron dichos departamentos?  «Es elemental, Watson», diría la primera adaptación cinematográfica del personaje Sherlock Holmes.  Un australiano que sea empleado de categoría inferior, o más aún: obrero, difícilmente encontraría hoy en día un solo motivo para invertir en la compra de una propiedad de tales características (tipo apartamento), con valor cercano a los 200 mil dólares (superior a 4 millones de pesos), justo al otro lado del mundo, y todavía peor: en uno de los estados más peligrosos de un país latinoamericano llamado México.  Tiene que tratarse, por fuerza, de funcionarios de primer nivel de un corporativo que tiene expectativas de asentarse acá al menos por un tiempo considerable (mínimo durante una década).  Sólo así se entiende lo de la compra, y no renta, de semejantes y tan onerosos inmuebles.  Pero hay algo más: no sólo viene gente de Australia, sino que también figuran, entre los compradores de bienes raíces en Tampico, personas procedentes de España, y de un país del medio oriente.

Ahora bien: para venir hasta acá por un período indefinido en calidad de residentes, estos australianos tienen que pertenecer a un emporio del sector energético.  Y ahí está el verdadero meollo del asunto.  Uno se pregunta, ¿cómo, pues no que la empresa Petróleos Mexicanos ya no da para más?  Y luego lo del precio internacional del barril, y la crisis del Brexit, y demás circunstancias que echan abajo cualquier esperanza de recuperación de la economía, al grado de ver cómo se ha cancelado una serie de proyectos que se anunciaba de forma más que optimista aún al inicio de este 2016 en territorio tamaulipeco.  Mas, hay que insistir: esa gente que invierte su capital de manera importante aquí en México, dentro del sector inmobiliario y comercial, y aquella que lo hace desde el extranjero en la misma zona, ya vio algo de lo que nosotros ni siquiera tenemos la mínima idea aún, porque en materia económica, claro, nosotros nos hallamos, si no a ras de suelo, a lo mucho un par de escaloncitos arriba, cuando aquellos están contemplándolo todo no solamente desde la altura de un rascacielos, sino incluso en la comodidad de un restaurante panorámico y giratorio, metafóricamente hablando.  Y todo esto mientras, al más puro estilo «Casablanca», un Humphrey  Bogart de actualidad le pide al sujeto que se halla al piano: «Play it again, Sam..»

 

 

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Opinión

Ay, doña María de Villarreal

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A veces los reconocimientos llegan solos, pero también se buscan; bueno, los ególatras son los encargados de provocar el encuentro con “el reconocimiento”; sin embargo, recientemente nos enteramos de que el Sistema DIF Tamaulipas integró el grupo de los reconocidos a nivel nacional como el mejor, pero, ¿en qué?

Recientemente, el DIF Tamaulipas recibió una visita de supervisión realizada por representantes del Sistema Nacional del Desarrollo Integral de la Familia en distintos municipios tamaulipecos.

No vinieron de paseo, tampoco a comer tortas de la barda de Tampico, ni siquiera para irse a dar una vuelta por la playa de Miramar. Llegaron a revisar. A observar. A cuestionar. A verificar que lo reportado en los documentos coincidiera con la realidad que viven las familias.

Y lo que encontraron fue un sistema que funciona.

Sí, ya sé que “la noticia” puede parecer poca cosa, pero en la administración pública mexicana no lo es, lo más común suele ser la tramponeria.

La  asistencia social ha sido  tratada como un área secundaria dentro de los gobiernos. Un espacio donde muchas veces importaba más la fotografía de la entrega que el resultado final del apoyo. Esa visión ha comenzado a modificarse en Tamaulipas.

La doctora María de Villarreal ha impulsado una manera distinta de entender el trabajo social. Menos protagonismo y más presencia. Menos discurso y más territorio.

Quienes han seguido de cerca su gestión saben que una de sus principales características ha sido mantener al DIF en constante dinamismo y cerca de las personas.

Por eso los resultados obtenidos tras la evaluación nacional no sorprenden a nadie. Se sabe que los programas alimentarios operan al 100; doña María ha logrado conformar con su equipo de colaboradores comunitarios funcionando, escuelas atendidas y familias recibiendo apoyos bajo reglas claras. Nada de cositas raras, nada.

Detrás existe una estructura que trabaja todos los días y una visión que ha insistido en algo fundamental: la asistencia social no debe medirse por la cantidad de recursos que se entregan, sino por la transformación que esos recursos generan en la vida de las personas.

Por eso que Tamaulipas aparezca hoy como el estado mejor evaluado del país en desempeño dentro del sistema DIF no es sorpresa para nadie.

En la intimidad…  Mientras el Sistema DIF Tamaulipas recibía el reconocimiento nacional por su desempeño, en Ciudad Madero otra escena mostraba una realidad que con frecuencia pasa desapercibida para la política tradicional.

Más de 300 familias acudieron a una nueva jornada del Comayemóvil impulsada por la diputada Cynthia Jaime Castillo en la colonia Las Flores.

Vacunas, atención oftalmológica, orientación para mujeres, apoyos alimentarios y actividades comunitarias formaron parte de una jornada que acercó servicios a una zona donde muchas veces trasladarse representa un gasto que las familias simplemente no pueden asumir.

Hay políticos que esperan a que los ciudadanos lleguen a sus oficinas.

Y hay otros que entienden que la responsabilidad pública comienza cuando se sale a buscarlos.

La diferencia parece pequeña.
En la práctica, suele ser enorme.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

El terremoto que expuso las fracturas de Venezuela

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Por: Zaira Rosas

zairosas.22@gmail.com

Las imágenes que llegan desde Venezuela son devastadoras. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el norte del país el pasado 24 de junio, provocando una de las peores tragedias humanitarias de su historia reciente. Las cifras preliminares hablan de 920 personas fallecidas, más de 3000 heridos y comunidades enteras afectadas mientras continúan las labores de búsqueda y rescate.

Sin embargo, reducir esta crisis únicamente a un desastre natural sería un error de análisis. Lo que ocurre hoy en Venezuela es la convergencia de una emergencia sísmica con años de fragilidad institucional, deterioro de infraestructura, debilitamiento de los servicios públicos y una prolongada crisis económica y migratoria.

Los terremotos no distinguen ideologías ni fronteras, pero sus consecuencias sí dependen de la capacidad de respuesta de los Estados. Y allí radica la verdadera dimensión del problema venezolano.

Los expertos coinciden en que la vulnerabilidad previa multiplica el impacto de cualquier catástrofe. Hospitales saturados, infraestructura envejecida y escasez de recursos complican una respuesta que debería ser inmediata y masiva. Además, Venezuela ya enfrentaba necesidades humanitarias significativas antes del terremoto. Organismos internacionales estimaban que millones de personas requerían algún tipo de asistencia, situación que ahora se agrava dramáticamente.

Desde una perspectiva internacional, la emergencia venezolana representa también una prueba para la cooperación regional. América Latina suele reaccionar con rapidez frente a terremotos, huracanes o inundaciones, pero los esfuerzos suelen disminuir conforme desaparecen los titulares. La experiencia demuestra que las primeras 72 horas son cruciales para rescatar vidas, pero los meses posteriores son determinantes para reconstruir comunidades, restablecer servicios básicos y evitar crisis sanitarias secundarias.

México tiene razones humanitarias, históricas y estratégicas para involucrarse.

Somos un país que conoce el dolor de los terremotos. Desde 1985 hasta 2017, hemos aprendido que la solidaridad internacional puede marcar la diferencia entre la desesperanza y la recuperación. También hemos desarrollado capacidades reconocidas mundialmente en protección civil, rescate urbano y atención de emergencias que pueden aportar valor en momentos críticos.

El apoyo mexicano ya comenzó a materializarse. El gobierno de México envió dos aviones con ayuda humanitaria, medicamentos, herramientas de rescate, binomios caninos y personal especializado para apoyar las labores de búsqueda y atención de damnificados en Venezuela. Reportes periodísticos señalan que la misión incluye alrededor de 250 rescatistas y equipos de la Sedena, además de insumos médicos y logísticos. Este gesto no sólo responde a una emergencia puntual: confirma que la experiencia mexicana en desastres naturales puede convertirse en una herramienta concreta de cooperación regional cuando cada hora cuenta.

La ayuda no debe limitarse al envío de recursos gubernamentales. La sociedad civil, universidades, empresas y organizaciones humanitarias mexicanas pueden contribuir mediante donaciones verificadas, campañas de recaudación, apoyo logístico y cooperación técnica. Lo importante es canalizar la ayuda a través de organismos con experiencia y mecanismos transparentes que garanticen que los recursos lleguen efectivamente a quienes más los necesitan. Diversas organizaciones internacionales como la ONU y otros países se han sumado al apoyo desde la zona cero.

El apoyo a Venezuela es clave para contribuir a su resiliencia, pero a los ojos de Estados Unidos esta también es una oportunidad de política exterior y posicionar hacia el mundo su estrategia de intervencionismo, no es casualidad que en esta ocasión la promesa de ayuda sea de 150 millones de dólares.

Si bien la solidaridad internacional es necesaria, no confundamos esta con caridad, es fundamental para la estabilidad, las crisis humanitarias prolongadas generan desplazamientos de población, presión sobre los sistemas de salud, impactos económicos y tensiones políticas que trascienden las fronteras nacionales. Hoy México tiene la oportunidad de contribuir a un momento de resiliencia que si bien parece limitarse a una Nación es una herida que afecta a América Latina

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Opinión

La lección que México llevaba años necesitando

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La discusión energética en México se convirtió en una cena de negros. Desde el ignorante aquel que dijo que extraer el petróleo no tenía ciencia y era como sacar agua de un hoyo con un popote, hasta los pasados de lanza que entregaron todo con la excusa de que Petróleos Mexicanos era inoperante. El asunto es que no se trata simplemente de Pemex, sino de sus sindicalizados perezosos, tramposos y huevo… en fin.

Sí, no olvidemos a aquellos que juraron abrir la puerta a cualquier alianza aunque pareciera una traición a la soberanía nacional, mucho menos a los que aseguraban que Petróleos Mexicanos estaba condenado a convertirse en una reliquia del siglo pasado. ¡Pinchis vatos!

Por eso el memorando de entendimiento firmado entre Pemex y Petrobras, apenas en días pasados, merece una lectura mucho más profunda que la de un simple comunicado corporativo.

Lo que ocurrió no fue una fotografía para la prensa.

Fue un reconocimiento silencioso de la realidad.

Pemex necesita aprender.

Y Petrobras tiene mucho que enseñar.

La petrolera brasileña no es una empresa cualquiera. Es probablemente el caso de éxito más importante de América Latina en materia de exploración en aguas profundas. Mientras México discutía reformas, contrarreformas y contrarreformas de las reformas, Petrobras desarrolló tecnología, talento humano y capacidades operativas que hoy la colocan entre las compañías más importantes del planeta en extracción offshore.

Pemex, por su parte, carga una mochila más pesada, un endeudamiento que, de ponerle la cifra, se nos acaban los datos del celular; además, décadas de corrupción. Sindicatos intocables y corruptos hasta tres generaciones más. Decisiones políticas disfrazadas de decisiones técnicas. Gobiernos que utilizaron a la empresa como caja registradora. Y una deuda que sigue siendo una de las mayores del mundo entre las petroleras estatales, insisto, no alcanzan los megas para escribir el monto.

El acuerdo no se limita a intercambiar saludos diplomáticos. Habla de exploración. Habla de extracción. Habla de aguas profundas. Habla de aceite pesado y ultrapesado. Habla de campos maduros. Habla incluso de posibles coinversiones. Traducido al lenguaje de la calle: habla de dinero, ¡a huevo, mucho dinero!

Porque si algo sabe Petrobras es convertir conocimiento geológico en producción comercial.

Y si algo necesita Pemex es exactamente eso.

La verdadera riqueza petrolera del Golfo de México sigue descansando donde más cuesta extraerla. Ahí donde la profundidad exige tecnología de punta, inversión multimillonaria y experiencia acumulada durante décadas.

Ninguna empresa aprende eso de la noche a la mañana, pero, eso sí, nada hubiera sido posible sin Juan Carlos Carpio Fragoso, el nuevo director de Pemex que tiene toda la confianza de Claudia Sheinbaum Pardo, ni más ni menos que la presidenta de México.

Este acuerdo representa algo más importante que un intercambio técnico. Representa una señal de madurez. La soberanía energética del siglo XXI ya no consiste en encerrarse. Consiste en saber con quién asociarse. Brasil lo entendió hace mucho tiempo. Ahora México parece comenzar a comprenderlo. Porque la verdadera independencia no es trabajar solo. La verdadera independencia es tener la capacidad de decidir con quién construyes.

Si este memorando termina produciendo nuevos descubrimientos, mayor extracción y mejores resultados financieros para Pemex, estaremos frente a una de las alianzas energéticas más relevantes de América Latina en los últimos años.

En la intimidad…  Una historia muy distinta acaba de emerger desde las profundidades de la memoria.

Y ocurrió en Tampico. No en Chiapas. No en la Selva Lacandona. No en alguna comunidad zapatista.

En Tampico.

Más de treinta años después del levantamiento armado del EZLN, la casa donde creció Rafael Sebastián Guillén Vicente volvió a abrir sus puertas.

Y lo que apareció detrás de una pared terminó diciendo más de lo que muchos libros e historiadores del movimiento zapatista han logrado explicar.

Durante semanas, Jorge Méndez Guillén ha compartido en redes sociales una serie de recorridos por la vivienda de sus abuelos, doña Socorrito Vicente y don Alfonso Guillén Guillén.

Lo que comenzó como un ejercicio de memoria familiar terminó convirtiéndose en una pieza de enorme valor histórico.

Porque Jorge no solamente mostró habitaciones.

Mostró contexto.

Mostró origen.

Mostró humanidad.

Y eso es algo que pocas veces ocurre cuando se habla del hombre que México conoció como Subcomandante Marcos.

Sin embargo, la cuarta entrega de esta serie abrió una ventana inesperada.

Sobre una pared apareció un mural realizado por Rafael Sebastián Guillén durante su juventud.

Un dibujo hecho a lápiz.

Grafito puro.

Sin colores.

Sin pretensiones artísticas.

Pero cargado de símbolos.

Quienes observaron un simple boceto… ¡pobres!

Es un error.

Lo que aparece ahí merece una lectura mucho más cuidadosa.

La secuencia inicia con una mano.

Después surge una figura masculina en posición fetal.

Más adelante aparece un rostro barbado.

A un costado emerge un águila real rompiendo el cascarón de su propio huevo.

Y finalmente aparece el elemento más desconcertante de toda la composición.

Una figura que a primera vista parece un vestido amplio con holanes.

Observada desde otra perspectiva, utilizando lo que algunos especialistas denominan pareidolia geográfica —la capacidad de encontrar representaciones reconocibles dentro de formas abstractas—, esa aparente prenda adquiere una lectura completamente distinta.

Ya no parece un vestido.

Parece la Selva Lacandona.

Y si esa interpretación resulta correcta, el mural deja de ser un ejercicio juvenil de dibujo.

Se convierte en una narrativa visual.

Un relato de transformación.

Un hombre.

Un nacimiento.

Un renacimiento.

Un águila emergiendo de su encierro.

Y finalmente un territorio.

Un destino.

Una geografía política.

Como si Rafael Sebastián Guillén hubiera dejado sobre aquella pared una carta dirigida a su familia sin escribir una sola palabra.

Lo fascinante no es la calidad técnica del dibujo, aunque resulta evidente el esfuerzo por dominar recursos como el achurado, el difuminado, el circulismo y el control de presión del grafito para generar volumen y profundidad.

Lo fascinante es el mensaje.

Porque décadas antes de aparecer encapuchado en Chiapas, parece existir un joven tampiqueño intentando explicarse a sí mismo quién estaba a punto de convertirse.

Y aquí aparece otro personaje que merece atención.

Jorge Méndez Guillén.

Maestro en Administración Militar para la Seguridad Interior y Defensa Nacional por la Universidad del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.

Especialista en inteligencia y contrainteligencia.

Analista de seguridad.

Y al mismo tiempo integrante de la familia que conoció a Rafael antes de que el país conociera a Marcos.

Esa combinación es poesía pura.

Porque no estamos viendo a un sobrino nostálgico abriendo cajas viejas.

Estamos observando a alguien que entiende el valor estratégico de la memoria, la narrativa y los símbolos.

Y quizá por eso estos videos han conectado con tanta fuerza.

No intentan reivindicar.

No intentan condenar.

No intentan reescribir la historia.

Simplemente abren una puerta.

Pero a veces una puerta basta.

Especialmente cuando detrás de ella aparece el hombre antes del mito.

Y pocas veces en la historia contemporánea de México hemos tenido la oportunidad de observar algo tan raro como eso.

¡viva Tampico, Tamaulipas!

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Elección incomoda

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El arraigado análisis deportivo mexicano de juzgar a los porteros por la cantidad de goles que reciben en la jornada ha sido “goleado” por la trayectoria de Guillermo Ochoa Magaña.

El Mundial de México 86 moldeó a una generación. Millones de niños eligieron ser futbolistas profesionales; otro puñado se enamoró de la crónica deportiva que llegaba a los hogares a través de los medios de comunicación tradicionales, y Memo Ochoa apenas tenía 10 meses de haber nacido.

Luego llegó 1990: un Mundial en Italia del que fuimos borrados por esa cultura corrupta tan nuestra, un mal endémico tan fuerte y vigente como la misma ausencia paterna en un país donde 4 de cada 10 hogares carecen de papá. Muchos de estos salieron por cigarros en pleno mundial y nunca regresaron.

Pero hoy el tema central es el seis Copas del Mundo, Guillermo Ochoa, a quien durante años los comentocratas deportivos profesionales y de las gradas señalaron y juzgaron por esas goleadas sufridas en diversos clubes europeos. Es verdad que los marcadores adversos y abultados, como ahora sus 40 años, aparecían desde el otro lado del continente con gran frecuencia; claro, carnita para sus detractores, minutos y goles imperdibles para quererlo aniquilar; sin embargo, pocos analistas debatieron en torno al contexto detrás de esos resultados.

 Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018, Catar 2022 y el mundial México, EEUU y Canadá 2026 validan esas golizas.

Sí, porque no es lo mismo defender la portería de los clubes más poderosos y equilibrados que pararse bajo los tres postes de clubes modestos acostumbrados a pelear por la permanencia o simplemente evitar en cada jornada que la diferencia en el marcador no sea tan abismal, y es que justamente esas plantillas limitadas e inferiores a las de sus rivales son las que en gran parte construyeron la grandeza de esta leyenda deportiva mexicana, que siempre eligió lo incómodo.

Memo, tuvo frente a sí a uno de los grandes de su época, Adolfo Ríos. Irónicamente, el michoacano José Adolfo Ríos García no tuvo un solo mundial a pesar de su gran aporte, pero quien venía atrás de él nunca abrazó la zona de confort.

En lugar de reducir el grado de dificultad, decidió mantenerse expuesto a una intensa competencia permanente. El nivel de preparación era inigualable; cada partido representaba decenas de intervenciones potenciales contra arietes letales. Cada fin de semana significaba desafiar la presión constante de evitar el descenso o sostener a equipos con recursos limitados. Allí, también estaba preparando su longevidad; el deporte de alto rendimiento no es complaciente, demanda disciplina sostenida, una preparación física rigurosa y una fortaleza mental que no todos alcanzan.

En un México donde la población vive feliz en la repartición de más de un billón de pesos anuales en programas sociales a cambio de que los sigan hundiendo en la miseria, y siendo fieles espectadores del mundo deportivo donde el periodista no alcanza a ver la grandeza de un portero persistente, tenaz y resiliente o tiene frente a si a una leyenda como Cristiano Ronaldo, y elige preguntarle por Messi tratándose de una rueda de prensa de un deporte de asociación y no individual como el Tenis o la Esgrima, por supuesto que descalificar rápidamente el esfuerzo ajeno es lo menos complicado, y  no permite apreciar la lección: Avanzar no siempre significa elegir el camino más cómodo. A veces implica aceptar escenarios adversos, soportar críticas y seguir trabajando cuando las recompensas inmediatas no aparecen, y esto no es un tema exclusivo de cancha.

En la intimidad… Más de 3 200 estudiantes de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) lograron certificarse con éxito en competencias técnicas y habilidades digitales fundamentales para el entorno profesional actual en el marco del Programa de Microcredenciales UAT 2026.

Esta iniciativa, implementada mediante la Secretaría Académica, respalda la visión del rector Dámaso Anaya Alvarado, orientada a fortalecer la capacitación estudiantil, elevar la excelencia académica y garantizar herramientas tangibles que impulsen la empleabilidad de los futuros profesionistas del estado.

En la primera etapa del programa, los estudiantes obtuvieron este beneficio mediante el proceso de microcredencialización, el cual consistió en el desarrollo de un trayecto formativo cien por ciento en línea, a través de plataformas oficiales de preparación y simulacros prácticos como G-Metrix.

Tras concluir esta etapa de autoaprendizaje en entornos virtuales, los participantes sustentaron una evaluación final que les otorgó una certificación con validez global emitida por la firma internacional CERTIPORT, garantizando que sus conocimientos cuenten con el reconocimiento directo de los líderes de la industria en todo el mundo.

Aunado a este logro, un grupo de más de 200 docentes de los diferentes campus también obtuvo una certificación internacional en estas tecnologías, validando sus competencias para elevar la calidad de la enseñanza en las aulas.

Las microcredenciales en las que se especializó la comunidad universitaria se desarrollaron en temas estratégicos de alta demanda, abarcando desde alfabetización digital básica, inteligencia artificial generativa, gestión de proyectos y emprendimiento, hasta soluciones avanzadas en análisis de datos, ciberseguridad, programación, herramientas de ofimática y aplicaciones para ingeniería y diseño.

Mediante las evaluaciones oficiales y los entrenamientos virtuales, el proceso de certificación continúa creciendo y sigue activo para todos los universitarios, por lo que se estima que la cifra de alumnos y profesores acreditados se incrementará de manera importante rumbo al cierre de la convocatoria programado para los próximos meses.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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