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«Australianos, españoles, y la nueva bonanza en Tampico»

«Todos están ya vendidos», le contestan a la joven corredora de bienes raíces, cuando pregunta sobre la disponibilidad de apartamentos para la parte más alta del que será el edificio más elevado de Tampico, el último de tres construidos por cierta compañía desarrolladora no sólo en una misma cuadra de la avenida Faja de Oro, sino a una distancia de escasos metros entre sí.  A ella, como a otros agentes inmobiliarios independientes que trabajan en sociedad, la han provisto de información privilegiada, pero además confidencial, que no todos tienen a su alcance en esta región del país: ni siquiera algunas autoridades municipales.  Datos como el que se refiere al motivo que tuvieron ese inversionista, experto en conjuntos residenciales lo mismo que en complejos turísticos, y otros empresarios que están actualmente erigiendo torres departamentales, así como hoteles y nuevos centros comerciales en esta ciudad y puerto.  Y la razón no es otra que, como era lógico, algo mucho muy grande y bueno que ya avistaron desde hace un par de años ellos y algunos funcionarios de los gobiernos federal y estatal, y que está relacionado, justo como sucedió en las primeras dos décadas del siglo pasado, con el potencial energético de este territorio.

En aquella época del Tampico pos-revolucionario y moderno, fue la explotación petrolera lo que acarreó toda esa bonanza económica que trajeron consigo los industriales llegados, como en desbandada, desde Estados Unidos y Europa, mismos que asentaron aquí, en el sur de Tamaulipas, oficinas corporativas y hasta centros mercantiles y de negocios para no tener problemas ni contratiempo alguno en las transacciones que a escala global realizaban a diario.  Fue así como esta zona y sus habitantes se vistieron literalmente del esplendor de las grandes metrópolis, y se empaparon de la moda, los avances tecnológicos de entonces (como el automóvil, la radio, el teléfono, la aviación comercial), los adelantos en la industria y el comercio en general, con su reflejo más evidente: la mercadotecnia, luciendo ésta en forma de publicidad a su máxima expresión tanto en lo alto de las marquesinas y azoteas, como en los escaparates de las tiendas, al pie de las banquetas y a la entrada de los establecimientos.  Los años de la opulencia que aún saltan a la vista, como un recuerdo latente, en el derroche de lujo y elegancia arquitectónica de docenas de palacios y mansiones que aún se puede ver tanto en el primer cuadro citadino, como en los sectores residenciales que surgieron justamente al cobijo de toda esa riqueza.  Desde Nueva York, Londres, Ámsterdam y Berlín, entre otras capitales del mundo, le llegó a Tampico buena parte de su casi intempestiva transformación urbana, mucha de la cual se dio en forma vertical… justo como ahora.

¿En qué se parecen un tlacuache (o zarigüeya) y un canguro? ¡Pues en nada!  Sobre todo por la talla y la facultad que el segundo tiene para permanecer posado en sus extremidades traseras.  De no ser porque ambos pertenecen a la familia de los marsupiales, ambos animales no tendrían relación en lo absoluto.  Además, uno tiene su hábitat en esta parte del continente americano, principalmente, y el otro al extremo opuesto del planeta y todavía un tramo más hacia abajo, «tras lomita»: allá en Oceanía.  Pues desde ahí, precisamente, de Australia, se nos viene una oleada de inmigrantes, seguramente en edades que oscilan entre los 30 y los 50 años, acompañados en su mayoría de sus respectivas parejas, cuando menos.  Decir «una oleada» no debería sonar exagerado si hablamos de que, según la revelación hecha a los asesores de bienes inmuebles que fueron enterados del caso, se trata justamente de quienes han comprado esas nuevas casas elevadas («pisos», dirían los españoles) que han sido erigidas en forma de torres dentro del área más lujosa de la colonia Petrolera.  Y si, con una operación simple, calculamos el número total de apartamentos contando los que hay en cada piso de tan sólo uno de esos edificios, entonces nos daremos una idea de cuántos son los australianos que se vienen a vivir, en el futuro quizás no inmediato, pero tampoco distante, a la también llamada «capital de la zona Huasteca».  Tampoco afirmar que se trata de adultos relativamente jóvenes es hacer conjeturas.  No se necesita más que echar un vistazo a la edad promedio de los ejecutivos con nivel gerencial en Sidney para dar con la clave.  ¿Y por qué tendrían que ser directivos o personal que ocupe cargos importantes, las personas de nacionalidad australiana que adquirieron dichos departamentos?  «Es elemental, Watson», diría la primera adaptación cinematográfica del personaje Sherlock Holmes.  Un australiano que sea empleado de categoría inferior, o más aún: obrero, difícilmente encontraría hoy en día un solo motivo para invertir en la compra de una propiedad de tales características (tipo apartamento), con valor cercano a los 200 mil dólares (superior a 4 millones de pesos), justo al otro lado del mundo, y todavía peor: en uno de los estados más peligrosos de un país latinoamericano llamado México.  Tiene que tratarse, por fuerza, de funcionarios de primer nivel de un corporativo que tiene expectativas de asentarse acá al menos por un tiempo considerable (mínimo durante una década).  Sólo así se entiende lo de la compra, y no renta, de semejantes y tan onerosos inmuebles.  Pero hay algo más: no sólo viene gente de Australia, sino que también figuran, entre los compradores de bienes raíces en Tampico, personas procedentes de España, y de un país del medio oriente.

Ahora bien: para venir hasta acá por un período indefinido en calidad de residentes, estos australianos tienen que pertenecer a un emporio del sector energético.  Y ahí está el verdadero meollo del asunto.  Uno se pregunta, ¿cómo, pues no que la empresa Petróleos Mexicanos ya no da para más?  Y luego lo del precio internacional del barril, y la crisis del Brexit, y demás circunstancias que echan abajo cualquier esperanza de recuperación de la economía, al grado de ver cómo se ha cancelado una serie de proyectos que se anunciaba de forma más que optimista aún al inicio de este 2016 en territorio tamaulipeco.  Mas, hay que insistir: esa gente que invierte su capital de manera importante aquí en México, dentro del sector inmobiliario y comercial, y aquella que lo hace desde el extranjero en la misma zona, ya vio algo de lo que nosotros ni siquiera tenemos la mínima idea aún, porque en materia económica, claro, nosotros nos hallamos, si no a ras de suelo, a lo mucho un par de escaloncitos arriba, cuando aquellos están contemplándolo todo no solamente desde la altura de un rascacielos, sino incluso en la comodidad de un restaurante panorámico y giratorio, metafóricamente hablando.  Y todo esto mientras, al más puro estilo «Casablanca», un Humphrey  Bogart de actualidad le pide al sujeto que se halla al piano: «Play it again, Sam..»

 

 

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Opinión

Tiembla Tamaulipas

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Porque migrar nunca ha sido un viaje.
Migrar es una despedida.
Es la madre que llora en una terminal de autobuses.
Es el padre que envejece.
Es el trabajador que construye el sueño americano mientras posterga el suyo propio.
Y es también la esperanza de regresar algún día.
Hoy esa esperanza enfrenta nuevos desafíos.
A veces migrar es volver a casa sin vida,  en una urna o aunque sea en un huesito para su cristiana sepultura.

Si mañana dejaran de llegar las remesas a Tamaulipas, no estaríamos hablando solamente de dinero. Es algo más allá que simple papel moneda; se trata de hambre, mesas vacías, falta de medicamentos en el hogar, colegiaturas impagables, y de negocios familiares cerrando día a día sus puertas, con miles de madres esperando más que un centavo, una llamada que, de llegar, claro, ya tampoco le resolvería la urgencia del día.

Y es que existe la posibilidad de que el gobierno del presidente Donald Trump avance hacia mecanismos que limiten o dificulten el envío de remesas de indocumentados hacia el exterior de EEUU, y bueno, tan solo en Tamaulipas ingresan cada año alrededor de 17 mil 263 millones de pesos, dinerito enviado por nuestros paisanos. En Ciudad Mante, una de las regiones históricamente más vinculadas al fenómeno migratorio, la cifra ronda los mil 200 millones de pesos anuales.

Pero, a pesar de que el panorama pinta adverso, el Gobierno de Tamaulipas, a través del Instituto Tamaulipeco para los Migrantes (ITM),  organismo que ha entendido que detrás de cada estadística existe una historia de sacrificio, y que en El Mante el endurecimiento de la política norteamericana podría impactar directamente en al menos 14 mil familias. El gobernador Américo Villarreal Anaya ha desafiado el norte con la inauguración de una oficina de este instituto en el centro de Ciudad Mante, caracterizado, claro, en su intención de mejorar la realidad cada día.

De acuerdo con los números que tiene en su poder Juan José Rodríguez Alvarado, director general del ITM, en lo que va del 2026, aproximadamente mil 800 mantenses han sido repatriados por autoridades estadounidenses, pero, lo bueno es que el mismo Hector Joel Vicente González, secretario general de Gobierno, ha cerrado filas con el jefe del ejecutivo y respaldado a Juan José para que a los migrantes se les deje de ver únicamente como remitente de dólares y han impulsado politicas públicas para reconocerlos como agentes de desarrollo económico con certificaciones de sus oficios y niveles de aprendizaje en el idioma ingles que adquirieron en su estancia lejos de tierras mexicanas.

Pero, eso no lo es todo. La apertura de la nueva oficina del instituto para los migrantes no hubiera sido posible sin el trabajo coordinado con la presidenta municipal Patty Chio de la Garza, y el involucramiento de la diputada federal Blanca Narro Panameño reconocida por los representantes del ejecutivo estatal y del municipio por su respaldo, compromiso y entrega en pro de la política migratoria promovida por Villarreal Anaya, quien en uno de sus gestos más humanistas, instruyó al “Calabazo”, a traves de los despachos estatales facilitar los tramites sin costo alguno para que aproximadamente siete mil niñas, niños y adolescentes nacidos en Estados Unidos, hijos de padres mantenses tengan la nacionalidad mexicana para que accedan lo antes posible a los beneficios de los programas sociales del Gobierno de la República que preside Claudia Sheinbaum Pardo.

En la intimidad… Al inaugurar el Campeonato Nacional Elite de Gimnasia Rítmica 2026, la Presidenta Municipal, Mónica Villarreal Anaya, destacó que la realización de eventos deportivos de alcance nacional fortalece la proyección de Tampico como destino turístico y con la infraestructura necesaria para albergar competencias de alto nivel.

La jefa edilicia, acompañada del  Director de Alto Rendimiento del INDE Tamaulipas, Sergio Javier Martínez Torres; así como de la Coordinadora Técnica Nacional de Gimnasia Rítmica de la Federación Mexicana de Gimnasia, Verónica Domínguez Zenteno; y de la Presidenta de la Asociación de Gimnasia de Tamaulipas, Norma Isela Meza Pérez; subrayó que el deporte y la cultura son herramientas fundamentales para el fortalecimiento del tejido social y la construcción de entornos de paz y desarrollo.

“Estamos muy contentos de contar con la presencia de representantes de todo el país. Una de las principales prioridades de esta administración, en coordinación con el Gobierno del Estado, es precisamente el impulso al deporte. Sabemos que el deporte y la cultura son grandes constructores de paz, y toda inversión que se realiza en estos ámbitos se traduce en familias más sólidas y en una mejor cohesión social”, expresó.

Villarreal Anaya explicó que la justa deportiva se desarrollará del 17 al 21 de junio con la participación de más de 600 atletas provenientes de 21 estados de la República Mexicana, consolidándose como uno de los encuentros más importantes de la gimnasia rítmica a nivel nacional.

Resaltó que para recibir competencias de esta magnitud, su administración mantiene un programa permanente de mantenimiento y mejora de la infraestructura deportiva, a fin de ofrecer instalaciones dignas, seguras y funcionales, fortaleciendo además la capacidad para seguir organizando eventos de carácter nacional e internacional.

Asimismo subrayó que mejores instalaciones contribuyen a elevar el rendimiento deportivo; y recordó la destacada participación de atletas Tampiqueños en la reciente Olimpiada Nacional, donde obtuvieron 94 medallas de las 186 conquistadas por la delegación estatal, precisando además, que once metales correspondieron a la disciplina de gimnasia rítmica.

A la ceremonia inaugural asistieron también; Citlaly Quintá Álvarez, Instructora de Gimnasia Rítmica de la Asociación de Gimnasia de Tamaulipas; Jorge Lozano Ceceña, Director de Deportes de Tampico; y Edgar Alberto Treviño Martínez, Presidente de la Comisión de Deportes del Cabildo porteño, entre otros.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

Los Anaya del momento

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En México, como en el mundo, hay apellidos que pesan, y en Tamaulipas ni se diga, aunque hay otros que, sin quererlo, se convierten en el tema de conversación de todo un día entero.

Desde hace ya varios meses, en cafés políticos, oficinas de gobierno, pasillos universitarios y en cada rincón de los 43 municipios de la entidad, y mesas empresariales, se repite con mayor constancia una pregunta un tanto incómoda – un poco más normal y entendible; aun así, algunos la formulan en voz baja y los más conocedores con abierta intención de romper los susurros.

¿Ya viste qué tan cerca están Américo Villarreal y Dámaso?

La pregunta parece sencilla, como de un reportero recién egresado de la universidad; de esas que son lanzadas por aquel joven comunicador que busca confirmar los generales y atribución de un personaje de larga y prominente trayectoria: “¿Nombre y cargo, por favor?”, seguida de las risas burlonas del animal político sobre el juvenil entrevistador.

Entonces, responder la pregunta de la evidente cercanía entre Villarreal y Anaya ya no es tan sencillo como el cuestionamiento, y claro, porque quien intente explicar la relación entre el gobernador y el rector únicamente a partir de los apellidos corre el riesgo de equivocarse… aunque, siendo sinceros, seguramente habrá alguno que otro recién arribado al pueblo que no se ha percatado de nada.

En fin… ambos llegaron por rutas distintas.

Américo construyó una carrera que lo llevó del consultorio médico al Senado y posteriormente a la gubernatura.

Dámaso recorrió el camino universitario y la operación política en la capital tamaulipeca hasta alcanzar la rectoría de la institución pública más importante del estado.

¡Es correcto! Ninguno apareció de la noche a la mañana, aunque sus parentescos generan sospechas; sin embargo, sus respectivas trayectorias generan legitimidad, por más que haya quien se esfuerce por encuadrar la relación entre ambos dentro de la definición clásica de nepotismo.

Lo que sí existe es algo mucho más interesante: una sincronía institucional poco común entre el Gobierno de Tamaulipas y la Universidad Autónoma de Tamaulipas, hasta permitir que el gobernador Américo Villarreal Anaya tome protesta al Comité Técnico del Fideicomiso para el Fortalecimiento de la UAT y presidir la primera reunión ordinaria de este nuevo instrumento, que representa un modelo ejemplar de gobernanza, transparencia y responsabilidad financiera que permitirá establecer las reglas de operación e inversiones claras de los recursos de la máxima Casa de Estudios.

El gobernador destacó que la creación de este fideicomiso por parte del Gobierno del Estado es una colaboración creada mediante Decreto Gubernamental del 22 de mayo de 2026, el cual surge como parte de una estrategia humanista que consiste en el entendimiento y acompañamiento con el fin de aplicar los recursos de forma eficiente.

Y la instalación del Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Universidad Autónoma de Tamaulipas es prueba de una gran relación y extraordinaria cercanía.

En la intimidad… Hay funcionarios que tardan años en entender lo que espera de ellos un gobernador.

Y hay otros que lo entienden desde la primera conversación.

Todo indica que Manuel Virués Lozano pertenece al segundo grupo; bueno, eso parece, aunque ha regalado cada bochorno.

Hace apenas unos años, hablar de una actuación histórica de Tamaulipas en el deporte nacional parecía una aspiración más cercana al discurso que a la realidad.

Hoy los números cuentan otra historia. La delegación Tamaulipas logró una actuación sin precedentes en la Olimpiada Nacional 2026, logrando una cosecha de 186 medallas, la cifra más alta en toda la historia para nuestro estado desde la creación del magno evento deportivo organizado por la Comisión Nacional de Deporte, destacando las disciplinas de judo, atletismo y tiro deportivo como las máximas ganadoras de preseas para Tamaulipas.

Y detrás de ese dato hay una lectura política que pocos comentan.

Américo Villarreal entendió desde el inicio de su administración que el deporte no genera titulares diarios, pero sí construye ciudadanía, reconstruye el tejido social, fortalece la paz y la seguridad y da más alcance a Tamaulipas; es decir, sí hay avances, pero Américo va por más indicadores, más resultados evidentes, más seguridad, más desarrollo y más Tamaulipas que participe y sea motor en el Plan Nacional de Desarrollo que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Y porque quiere más, decidió invertir más de 330 millones de pesos en infraestructura deportiva junto con la federación.

Más de 130 millones en canchas y espacios para la activación física.

Más de 68 millones adicionales en rehabilitación y equipamiento de instalaciones distribuidas en distintos municipios.

Pero una inversión, por sí sola, no garantiza resultados.

Hacía falta alguien que conectara los recursos con los atletas.

Y ahí llegó Virués.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Colonización disfrazada de progreso

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

¿Qué tienen en común Albania, Israel y México? A simple vista hablamos de
territorios aislados entre sí, con culturas e incluso religiones totalmente distintas,
sin embargo, la ocupación de sus territorios es el punto común. Los
desplazamientos de sus habitantes originales disfrazados de progreso, la
justificación publicitaria y por supuesto inversiones millonarias que arrasan con el
hábitat con tal de llevar a cabo su objetivo.
Para los mexicanos no es ajeno el desplazamiento, lo que hoy es México es
resultado de una colonización, pero si bien en la historia aprendimos de cómo se
erradicaron a poblaciones enteras, la opresión, discriminación y múltiples cambios
culturales, pareciera que en la actualidad múltiples autoridades olvidan que la
inversión no justifica el daño que pueden traer consigo las empresas
internacionales.
México es una gran reserva de recursos naturales, con lagunas legales que
múltiples industrias buscan aprovechar y de seguir ignorando la realidad de
distintos puntos podríamos tener consecuencias devastadoras no solo sobre el
medio ambiente sino también sobre nuestra propia población. El ejemplo más
claro fue el complejo turístico de Perfect Day en Mahahual, sin embargo, ahora los
ojos deberían estar en Topolobampo, Sinaloa y su planta de amoniaco, pero no
hablamos lo suficiente de ello.
La narrativa se repite una y otra vez bajo el mismo guion. Primero llegan las
promesas de empleo, crecimiento económico y modernización. Después aparecen
campañas publicitarias que presentan los proyectos como inevitables y benéficos
para todos. Finalmente, cuando las obras avanzan, las comunidades descubren
que el precio a pagar es mucho mayor de lo anunciado: alteración de ecosistemas,
presión sobre recursos naturales, aumento del costo de vida y pérdida gradual de
su identidad cultural.
Surgen las marchas constantes que no vemos en pantallas y poco resuenan,
porque así la indignación no mancha los intereses económicos y políticos, pero
estas deberían ocupar toda agenda pública antes del fútbol, tal como mencionaron
múltiples colectivos, que el entretenimiento no nuble la empatía ante el otro
México y las necesidades igualmente apremiantes de otras naciones. Si bien el
deporte nos une, también deberían hacerlo las necesidades sociales.
Lo mismo ocurre en otras regiones del mundo. La familia Trump ha manifestado
interés en desarrollar proyectos inmobiliarios de lujo en Albania, mientras que
celebridades y grandes inversionistas anuncian complejos exclusivos en Israel
bajo el argumento del desarrollo económico. Aunque los contextos políticos son

distintos, la lógica es similar: territorios convertidos en mercancía para atraer
capital y consumidores de alto poder adquisitivo. Los habitantes originales rara vez
participan en la toma de decisiones y con frecuencia terminan adaptándose a
proyectos diseñados para otros.
Se trata de una forma de colonización más sofisticada que la de siglos anteriores.
Ya no llega necesariamente mediante ejércitos o conquistas territoriales, sino a
través de contratos, inversiones y campañas de relaciones públicas. El resultado,
sin embargo, puede ser parecido: comunidades desplazadas, culturas relegadas y
recursos explotados para beneficio de quienes concentran la riqueza.
Defender el desarrollo no significa aceptar cualquier proyecto sin
cuestionamientos. El verdadero progreso debería medirse por la capacidad de
mejorar la calidad de vida de quienes habitan un territorio, sin desplazarles ni
disfrazar el progreso como una máscara más de la explotación. El desarrollo no se
mide por el tamaño de la inversión anunciada, ni por la cantidad de turistas o
inversionistas que puedan llegar. Cuando los beneficios quedan en manos de
unos cuantos, y los costos recaen sobre la población local, no estamos frente a
una etapa de crecimiento, es más bien una nueva forma de colonización.
La pregunta no es si México debe recibir inversiones extranjeras. La pregunta es
cómo generar estas inversiones buscando un beneficio mutuo, donde las
empresas se sometan a regulaciones igual o más estrictas que en sus propias
naciones y las fuentes de empleo lleguen con condiciones equitativas de
crecimiento. Lo que sucede en otras partes del mundo es un recordatorio de lo
que no podemos permitir: nuestro propio desplazamiento para beneficio de unos
cuantos y a costa de apropiaciones culturales. Alcemos la voz para defender
nuestras tierras, a la gente y también los ecosistemas. De lo contrario, corremos el
riesgo de repetir la historia que tantas veces hemos condenado: ver cómo
nuestros territorios dejan de pertenecer a quienes los habitan para convertirse en
espacios diseñados para quienes pueden comprarlos.

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Opinión

Abogados chingones 

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¡Qué caray! Mientras muchos siguen litigando como si el tiempo estuviera detenido en los años noventa, en la gloriosa Tamaulipas ya hay quienes van uno, dos o cuatro pasos adelante  h saben ver al futuro. 

La justicia mexicana va dejando atrás montañas de expedientes empolvados, promociones interminables y resoluciones que parecían escritas para ser entendidas únicamente por quienes las redactaban. Pero, la oralidad viene empujando la puerta con fuerza y el nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares no es una reforma más: es un auténtico terremoto institucional que modificará la manera de impartir y procurar justicia en México.

Y frente a ese escenario hay dos tipos de abogados.

Los que esperan que llegue el cambio.

Y los que se preparan para encabezarla.

Por eso no resulta casual que el Colegio de Abogados de Tamaulipas A.C., el organismo gremial más grande, sólido y territorialmente representativo del estado, haya vuelto a colocarse un paso adelante del resto.

Porque una cosa es hablar de oralidad.

Y otra muy distinta es vivirla todos los días desde el estrado.

La Universidad Cultural Metropolitana y el Colegio de Abogados de Tamaulipas lograron lo que pocas instituciones pueden presumir: llenar la totalidad de los espacios disponibles para un diplomado especializado antes incluso de iniciar actividades.

Ochenta abogados.

Cupo agotado.

Lista de espera.

Y una expectativa que difícilmente se genera cuando la oferta académica carece de nivel.

La razón es sencilla.

Los nombres convocados para impartir este diplomado no pertenecen al circuito de conferencistas profesionales que recorren el país repitiendo presentaciones de Power Point. Son operadores reales del nuevo sistema procesal civil y familiar de la Ciudad de México, entidad donde actualmente se prueba, se corrige, se perfecciona y se pone a prueba cada día la reforma que terminará transformando la justicia no penal mexicana.

Jueces.

Magistrados.

Secretarios de acuerdos.

Especialistas en litigio.

Funcionarios que conocen las entrañas del sistema porque forman parte de él.

Ahí aparecen figuras como Jorge Ortega Camacho, juez de etapa postulatoria; Rebeca Yazmín Rodríguez Pujol, secretaria de acuerdos especializada en restitución y adopción internacional; Juan Manuel Becerril de la Llata, referente nacional en amparo y litigio constitucional; María Cruz García Martínez; Rebeca Florentina Pujol Rosas; María del Rocío Martínez Urbina; Miel Anet Silva García; María de los Ángeles Romaní Zavalza; Jennifer Angely Carrillo Rojano y Enrique de Jesús Durán Sánchez.

En otras palabras: quienes se inscribieron no acudirán a escuchar teorías sobre lo que podría pasar cuando llegue el nuevo sistema.

Escucharán a quienes ya lo están aplicando.

Y eso vale oro.

Durante décadas los litigios civiles y familiares fueron construidos bajo una cultura escrita. El expediente era el rey. El papel era la prueba del trabajo. Los tiempos procesales parecían medirse con calendario geológico.

Por eso el mensaje que envía el Colegio de Abogados de Tamaulipas es contundente.

La actualización profesional ya no es un lujo.

Es supervivencia.

Tal vez ahí radique la razón por la cual este organismo continúa creciendo y consolidándose como la agrupación jurídica más numerosa del estado, superando los 250 integrantes activos y manteniendo presencia en prácticamente todas las regiones tamaulipecas.

Porque entendió antes que muchos que los colegios de abogados del siglo XXI no pueden limitarse a entregar reconocimientos, organizar comidas o emitir posicionamientos protocolarios.

Su verdadera responsabilidad consiste en preparar a sus agremiados para enfrentar los cambios que vienen.

Y en ese terreno, hoy por hoy, el Colegio de Abogados de Tamaulipas está marcando la agenda.

No la sigue.

La marca.

En la intimidad… Hay estados que administran su presente.

Y hay estados que construyen su futuro.

Tamaulipas parece decidido a pertenecer al segundo grupo.

Cuando el gobernador Américo Villarreal Anaya afirma que la entidad es una potencia logística, energética y comercial, no está recurriendo a la retórica política habitual. Está describiendo una realidad respaldada por cifras que colocan al estado en una posición privilegiada dentro del tablero económico nacional.

Pocas regiones pueden presumir lo que Tamaulipas tiene frente a sí.

Diecinueve cruces internacionales.

Once puentes dedicados al comercio.

El 42 por ciento del intercambio terrestre entre México y Estados Unidos.

Más de la mitad del movimiento ferroviario binacional.

Puertos estratégicos.

Carreteras que conectan mercados.

Y una ubicación geográfica que cualquier entidad desearía tener.

Pero el dato más interesante no está en la estadística.

Está en la visión.

Porque la apuesta no consiste únicamente en mover mercancías.

Consiste en transformar riqueza en bienestar.

Esa es la diferencia entre crecer y desarrollarse.

Mientras nuevas inversiones energéticas comienzan a tomar forma en Altamira, mientras avanzan proyectos petroleros frente a las costas tamaulipecas y mientras el estado fortalece su liderazgo en sectores industriales de alto valor agregado, surge una pregunta inevitable:

¿Quiénes aprovecharán esas oportunidades?

La respuesta del gobernador apunta hacia la educación.

Formar jóvenes preparados para ocupar esos espacios.

Crear talento local.

Convertir a las nuevas generaciones en protagonistas del desarrollo y no en espectadores del éxito ajeno.

Porque las grandes oportunidades también exigen grandes capacidades.

Y porque ninguna transformación económica tiene sentido si no termina reflejándose en la mesa, el empleo y la calidad de vida de las familias.

Al final del día, los puertos, las carreteras, los ferrocarriles y las plantas de energía son solamente herramientas.

El verdadero objetivo sigue siendo el mismo.

Construir un Tamaulipas más fuerte.

Más seguro.

Más competitivo.

Pero sobre todo, más justo para quienes lo habitan.

davidcastellanost@hotmail.com

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