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«Australianos, españoles, y la nueva bonanza en Tampico»

«Todos están ya vendidos», le contestan a la joven corredora de bienes raíces, cuando pregunta sobre la disponibilidad de apartamentos para la parte más alta del que será el edificio más elevado de Tampico, el último de tres construidos por cierta compañía desarrolladora no sólo en una misma cuadra de la avenida Faja de Oro, sino a una distancia de escasos metros entre sí.  A ella, como a otros agentes inmobiliarios independientes que trabajan en sociedad, la han provisto de información privilegiada, pero además confidencial, que no todos tienen a su alcance en esta región del país: ni siquiera algunas autoridades municipales.  Datos como el que se refiere al motivo que tuvieron ese inversionista, experto en conjuntos residenciales lo mismo que en complejos turísticos, y otros empresarios que están actualmente erigiendo torres departamentales, así como hoteles y nuevos centros comerciales en esta ciudad y puerto.  Y la razón no es otra que, como era lógico, algo mucho muy grande y bueno que ya avistaron desde hace un par de años ellos y algunos funcionarios de los gobiernos federal y estatal, y que está relacionado, justo como sucedió en las primeras dos décadas del siglo pasado, con el potencial energético de este territorio.

En aquella época del Tampico pos-revolucionario y moderno, fue la explotación petrolera lo que acarreó toda esa bonanza económica que trajeron consigo los industriales llegados, como en desbandada, desde Estados Unidos y Europa, mismos que asentaron aquí, en el sur de Tamaulipas, oficinas corporativas y hasta centros mercantiles y de negocios para no tener problemas ni contratiempo alguno en las transacciones que a escala global realizaban a diario.  Fue así como esta zona y sus habitantes se vistieron literalmente del esplendor de las grandes metrópolis, y se empaparon de la moda, los avances tecnológicos de entonces (como el automóvil, la radio, el teléfono, la aviación comercial), los adelantos en la industria y el comercio en general, con su reflejo más evidente: la mercadotecnia, luciendo ésta en forma de publicidad a su máxima expresión tanto en lo alto de las marquesinas y azoteas, como en los escaparates de las tiendas, al pie de las banquetas y a la entrada de los establecimientos.  Los años de la opulencia que aún saltan a la vista, como un recuerdo latente, en el derroche de lujo y elegancia arquitectónica de docenas de palacios y mansiones que aún se puede ver tanto en el primer cuadro citadino, como en los sectores residenciales que surgieron justamente al cobijo de toda esa riqueza.  Desde Nueva York, Londres, Ámsterdam y Berlín, entre otras capitales del mundo, le llegó a Tampico buena parte de su casi intempestiva transformación urbana, mucha de la cual se dio en forma vertical… justo como ahora.

¿En qué se parecen un tlacuache (o zarigüeya) y un canguro? ¡Pues en nada!  Sobre todo por la talla y la facultad que el segundo tiene para permanecer posado en sus extremidades traseras.  De no ser porque ambos pertenecen a la familia de los marsupiales, ambos animales no tendrían relación en lo absoluto.  Además, uno tiene su hábitat en esta parte del continente americano, principalmente, y el otro al extremo opuesto del planeta y todavía un tramo más hacia abajo, «tras lomita»: allá en Oceanía.  Pues desde ahí, precisamente, de Australia, se nos viene una oleada de inmigrantes, seguramente en edades que oscilan entre los 30 y los 50 años, acompañados en su mayoría de sus respectivas parejas, cuando menos.  Decir «una oleada» no debería sonar exagerado si hablamos de que, según la revelación hecha a los asesores de bienes inmuebles que fueron enterados del caso, se trata justamente de quienes han comprado esas nuevas casas elevadas («pisos», dirían los españoles) que han sido erigidas en forma de torres dentro del área más lujosa de la colonia Petrolera.  Y si, con una operación simple, calculamos el número total de apartamentos contando los que hay en cada piso de tan sólo uno de esos edificios, entonces nos daremos una idea de cuántos son los australianos que se vienen a vivir, en el futuro quizás no inmediato, pero tampoco distante, a la también llamada «capital de la zona Huasteca».  Tampoco afirmar que se trata de adultos relativamente jóvenes es hacer conjeturas.  No se necesita más que echar un vistazo a la edad promedio de los ejecutivos con nivel gerencial en Sidney para dar con la clave.  ¿Y por qué tendrían que ser directivos o personal que ocupe cargos importantes, las personas de nacionalidad australiana que adquirieron dichos departamentos?  «Es elemental, Watson», diría la primera adaptación cinematográfica del personaje Sherlock Holmes.  Un australiano que sea empleado de categoría inferior, o más aún: obrero, difícilmente encontraría hoy en día un solo motivo para invertir en la compra de una propiedad de tales características (tipo apartamento), con valor cercano a los 200 mil dólares (superior a 4 millones de pesos), justo al otro lado del mundo, y todavía peor: en uno de los estados más peligrosos de un país latinoamericano llamado México.  Tiene que tratarse, por fuerza, de funcionarios de primer nivel de un corporativo que tiene expectativas de asentarse acá al menos por un tiempo considerable (mínimo durante una década).  Sólo así se entiende lo de la compra, y no renta, de semejantes y tan onerosos inmuebles.  Pero hay algo más: no sólo viene gente de Australia, sino que también figuran, entre los compradores de bienes raíces en Tampico, personas procedentes de España, y de un país del medio oriente.

Ahora bien: para venir hasta acá por un período indefinido en calidad de residentes, estos australianos tienen que pertenecer a un emporio del sector energético.  Y ahí está el verdadero meollo del asunto.  Uno se pregunta, ¿cómo, pues no que la empresa Petróleos Mexicanos ya no da para más?  Y luego lo del precio internacional del barril, y la crisis del Brexit, y demás circunstancias que echan abajo cualquier esperanza de recuperación de la economía, al grado de ver cómo se ha cancelado una serie de proyectos que se anunciaba de forma más que optimista aún al inicio de este 2016 en territorio tamaulipeco.  Mas, hay que insistir: esa gente que invierte su capital de manera importante aquí en México, dentro del sector inmobiliario y comercial, y aquella que lo hace desde el extranjero en la misma zona, ya vio algo de lo que nosotros ni siquiera tenemos la mínima idea aún, porque en materia económica, claro, nosotros nos hallamos, si no a ras de suelo, a lo mucho un par de escaloncitos arriba, cuando aquellos están contemplándolo todo no solamente desde la altura de un rascacielos, sino incluso en la comodidad de un restaurante panorámico y giratorio, metafóricamente hablando.  Y todo esto mientras, al más puro estilo «Casablanca», un Humphrey  Bogart de actualidad le pide al sujeto que se halla al piano: «Play it again, Sam..»

 

 

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Opinión

Colonización disfrazada de progreso

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

¿Qué tienen en común Albania, Israel y México? A simple vista hablamos de
territorios aislados entre sí, con culturas e incluso religiones totalmente distintas,
sin embargo, la ocupación de sus territorios es el punto común. Los
desplazamientos de sus habitantes originales disfrazados de progreso, la
justificación publicitaria y por supuesto inversiones millonarias que arrasan con el
hábitat con tal de llevar a cabo su objetivo.
Para los mexicanos no es ajeno el desplazamiento, lo que hoy es México es
resultado de una colonización, pero si bien en la historia aprendimos de cómo se
erradicaron a poblaciones enteras, la opresión, discriminación y múltiples cambios
culturales, pareciera que en la actualidad múltiples autoridades olvidan que la
inversión no justifica el daño que pueden traer consigo las empresas
internacionales.
México es una gran reserva de recursos naturales, con lagunas legales que
múltiples industrias buscan aprovechar y de seguir ignorando la realidad de
distintos puntos podríamos tener consecuencias devastadoras no solo sobre el
medio ambiente sino también sobre nuestra propia población. El ejemplo más
claro fue el complejo turístico de Perfect Day en Mahahual, sin embargo, ahora los
ojos deberían estar en Topolobampo, Sinaloa y su planta de amoniaco, pero no
hablamos lo suficiente de ello.
La narrativa se repite una y otra vez bajo el mismo guion. Primero llegan las
promesas de empleo, crecimiento económico y modernización. Después aparecen
campañas publicitarias que presentan los proyectos como inevitables y benéficos
para todos. Finalmente, cuando las obras avanzan, las comunidades descubren
que el precio a pagar es mucho mayor de lo anunciado: alteración de ecosistemas,
presión sobre recursos naturales, aumento del costo de vida y pérdida gradual de
su identidad cultural.
Surgen las marchas constantes que no vemos en pantallas y poco resuenan,
porque así la indignación no mancha los intereses económicos y políticos, pero
estas deberían ocupar toda agenda pública antes del fútbol, tal como mencionaron
múltiples colectivos, que el entretenimiento no nuble la empatía ante el otro
México y las necesidades igualmente apremiantes de otras naciones. Si bien el
deporte nos une, también deberían hacerlo las necesidades sociales.
Lo mismo ocurre en otras regiones del mundo. La familia Trump ha manifestado
interés en desarrollar proyectos inmobiliarios de lujo en Albania, mientras que
celebridades y grandes inversionistas anuncian complejos exclusivos en Israel
bajo el argumento del desarrollo económico. Aunque los contextos políticos son

distintos, la lógica es similar: territorios convertidos en mercancía para atraer
capital y consumidores de alto poder adquisitivo. Los habitantes originales rara vez
participan en la toma de decisiones y con frecuencia terminan adaptándose a
proyectos diseñados para otros.
Se trata de una forma de colonización más sofisticada que la de siglos anteriores.
Ya no llega necesariamente mediante ejércitos o conquistas territoriales, sino a
través de contratos, inversiones y campañas de relaciones públicas. El resultado,
sin embargo, puede ser parecido: comunidades desplazadas, culturas relegadas y
recursos explotados para beneficio de quienes concentran la riqueza.
Defender el desarrollo no significa aceptar cualquier proyecto sin
cuestionamientos. El verdadero progreso debería medirse por la capacidad de
mejorar la calidad de vida de quienes habitan un territorio, sin desplazarles ni
disfrazar el progreso como una máscara más de la explotación. El desarrollo no se
mide por el tamaño de la inversión anunciada, ni por la cantidad de turistas o
inversionistas que puedan llegar. Cuando los beneficios quedan en manos de
unos cuantos, y los costos recaen sobre la población local, no estamos frente a
una etapa de crecimiento, es más bien una nueva forma de colonización.
La pregunta no es si México debe recibir inversiones extranjeras. La pregunta es
cómo generar estas inversiones buscando un beneficio mutuo, donde las
empresas se sometan a regulaciones igual o más estrictas que en sus propias
naciones y las fuentes de empleo lleguen con condiciones equitativas de
crecimiento. Lo que sucede en otras partes del mundo es un recordatorio de lo
que no podemos permitir: nuestro propio desplazamiento para beneficio de unos
cuantos y a costa de apropiaciones culturales. Alcemos la voz para defender
nuestras tierras, a la gente y también los ecosistemas. De lo contrario, corremos el
riesgo de repetir la historia que tantas veces hemos condenado: ver cómo
nuestros territorios dejan de pertenecer a quienes los habitan para convertirse en
espacios diseñados para quienes pueden comprarlos.

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Opinión

Abogados chingones 

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¡Qué caray! Mientras muchos siguen litigando como si el tiempo estuviera detenido en los años noventa, en la gloriosa Tamaulipas ya hay quienes van uno, dos o cuatro pasos adelante  h saben ver al futuro. 

La justicia mexicana va dejando atrás montañas de expedientes empolvados, promociones interminables y resoluciones que parecían escritas para ser entendidas únicamente por quienes las redactaban. Pero, la oralidad viene empujando la puerta con fuerza y el nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares no es una reforma más: es un auténtico terremoto institucional que modificará la manera de impartir y procurar justicia en México.

Y frente a ese escenario hay dos tipos de abogados.

Los que esperan que llegue el cambio.

Y los que se preparan para encabezarla.

Por eso no resulta casual que el Colegio de Abogados de Tamaulipas A.C., el organismo gremial más grande, sólido y territorialmente representativo del estado, haya vuelto a colocarse un paso adelante del resto.

Porque una cosa es hablar de oralidad.

Y otra muy distinta es vivirla todos los días desde el estrado.

La Universidad Cultural Metropolitana y el Colegio de Abogados de Tamaulipas lograron lo que pocas instituciones pueden presumir: llenar la totalidad de los espacios disponibles para un diplomado especializado antes incluso de iniciar actividades.

Ochenta abogados.

Cupo agotado.

Lista de espera.

Y una expectativa que difícilmente se genera cuando la oferta académica carece de nivel.

La razón es sencilla.

Los nombres convocados para impartir este diplomado no pertenecen al circuito de conferencistas profesionales que recorren el país repitiendo presentaciones de Power Point. Son operadores reales del nuevo sistema procesal civil y familiar de la Ciudad de México, entidad donde actualmente se prueba, se corrige, se perfecciona y se pone a prueba cada día la reforma que terminará transformando la justicia no penal mexicana.

Jueces.

Magistrados.

Secretarios de acuerdos.

Especialistas en litigio.

Funcionarios que conocen las entrañas del sistema porque forman parte de él.

Ahí aparecen figuras como Jorge Ortega Camacho, juez de etapa postulatoria; Rebeca Yazmín Rodríguez Pujol, secretaria de acuerdos especializada en restitución y adopción internacional; Juan Manuel Becerril de la Llata, referente nacional en amparo y litigio constitucional; María Cruz García Martínez; Rebeca Florentina Pujol Rosas; María del Rocío Martínez Urbina; Miel Anet Silva García; María de los Ángeles Romaní Zavalza; Jennifer Angely Carrillo Rojano y Enrique de Jesús Durán Sánchez.

En otras palabras: quienes se inscribieron no acudirán a escuchar teorías sobre lo que podría pasar cuando llegue el nuevo sistema.

Escucharán a quienes ya lo están aplicando.

Y eso vale oro.

Durante décadas los litigios civiles y familiares fueron construidos bajo una cultura escrita. El expediente era el rey. El papel era la prueba del trabajo. Los tiempos procesales parecían medirse con calendario geológico.

Por eso el mensaje que envía el Colegio de Abogados de Tamaulipas es contundente.

La actualización profesional ya no es un lujo.

Es supervivencia.

Tal vez ahí radique la razón por la cual este organismo continúa creciendo y consolidándose como la agrupación jurídica más numerosa del estado, superando los 250 integrantes activos y manteniendo presencia en prácticamente todas las regiones tamaulipecas.

Porque entendió antes que muchos que los colegios de abogados del siglo XXI no pueden limitarse a entregar reconocimientos, organizar comidas o emitir posicionamientos protocolarios.

Su verdadera responsabilidad consiste en preparar a sus agremiados para enfrentar los cambios que vienen.

Y en ese terreno, hoy por hoy, el Colegio de Abogados de Tamaulipas está marcando la agenda.

No la sigue.

La marca.

En la intimidad… Hay estados que administran su presente.

Y hay estados que construyen su futuro.

Tamaulipas parece decidido a pertenecer al segundo grupo.

Cuando el gobernador Américo Villarreal Anaya afirma que la entidad es una potencia logística, energética y comercial, no está recurriendo a la retórica política habitual. Está describiendo una realidad respaldada por cifras que colocan al estado en una posición privilegiada dentro del tablero económico nacional.

Pocas regiones pueden presumir lo que Tamaulipas tiene frente a sí.

Diecinueve cruces internacionales.

Once puentes dedicados al comercio.

El 42 por ciento del intercambio terrestre entre México y Estados Unidos.

Más de la mitad del movimiento ferroviario binacional.

Puertos estratégicos.

Carreteras que conectan mercados.

Y una ubicación geográfica que cualquier entidad desearía tener.

Pero el dato más interesante no está en la estadística.

Está en la visión.

Porque la apuesta no consiste únicamente en mover mercancías.

Consiste en transformar riqueza en bienestar.

Esa es la diferencia entre crecer y desarrollarse.

Mientras nuevas inversiones energéticas comienzan a tomar forma en Altamira, mientras avanzan proyectos petroleros frente a las costas tamaulipecas y mientras el estado fortalece su liderazgo en sectores industriales de alto valor agregado, surge una pregunta inevitable:

¿Quiénes aprovecharán esas oportunidades?

La respuesta del gobernador apunta hacia la educación.

Formar jóvenes preparados para ocupar esos espacios.

Crear talento local.

Convertir a las nuevas generaciones en protagonistas del desarrollo y no en espectadores del éxito ajeno.

Porque las grandes oportunidades también exigen grandes capacidades.

Y porque ninguna transformación económica tiene sentido si no termina reflejándose en la mesa, el empleo y la calidad de vida de las familias.

Al final del día, los puertos, las carreteras, los ferrocarriles y las plantas de energía son solamente herramientas.

El verdadero objetivo sigue siendo el mismo.

Construir un Tamaulipas más fuerte.

Más seguro.

Más competitivo.

Pero sobre todo, más justo para quienes lo habitan.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

Chiquita y al pie, de Peña Nieto a Sheinbaum

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Más allá de que en estados como Tamaulipas, hay un antes y un después en materia de seguridad. Los mexicanos, y más los amantes del futbol, pero, en general, el país entero le debe un golazo al expresidente Enrique Peña Nieto.

Para los que no le saben a los deportes, y mucho menos al futcho, hay una regla no escrita que solo los conocedores y las grandes aficiones respetan: Los goles se gritan con toda la fuerza y energía, pero también se recuerdan para siempre.

Aquí no importa si quien los anotó ya no viste la camiseta, si salió del club por la puerta de atrás o si parte de la tribuna decidió convertirlo en villano; nada de eso es considerado. Cuando una jugada termina con el balón al fondo de la red y cambia el rumbo del juego, pero, además, marca la historia del club, el nombre de ese futbolista jamás se borra.

En México se experimentará lo que ninguna otra nación ha conseguido.

El 11 de junio, cuando el silbatazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 marque el arranque de la máxima fiesta del fútbol, nuestro país será el primero en albergar tres Copas del Mundo. ¡Dios bendito, santo, glorioso y poderoso…! ¡Viva México!

Es imposible que las emociones no invadan al individuo. Este momento marca una época, y lo estás viviendo; eres testigo de algo que no sabemos cuándo será, ni quién será el siguiente país que pueda decir lo mismo que los mexicanos. Tres veces, tres, ¡ptm!

Pero, hablemos con honestidad intelectual, sin filias partidistas y sin las pasiones que suelen contaminar cualquier análisis; hay un nombre que no puede quedarse en la banca de la historia: Enrique Peña Nieto.

Hace ocho años, el 13 de junio de 2018, cuando faltaban apenas unos días para que concluyera su sexenio y cuando la atención nacional estaba puesta en la contienda presidencial, el entonces mandatario anunció una noticia que terminaría cambiando la posición de México en el mapa deportivo mundial.

A las 07:09 horas comunicó que la FIFA había elegido la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para organizar el Mundial de 2026.

Aquella mañana no se ganó una elección.

Se ganó una sede.

Y en términos futbolísticos, conseguir una Copa del Mundo equivale a ganar la final más complicada que existe fuera de la cancha.

La candidatura norteamericana compitió, negoció, convenció y terminó levantando el trofeo antes de que se disputara el primer partido, y sí, fue gracias a su gabinete, a él, a su visión primer mundista.

Usted acaba de aprender que las sedes mundialistas no se sortean. Se conquistan. Se trabaja durante años. Se construyen con relaciones diplomáticas, infraestructura, credibilidad internacional y capacidad logística.

La FIFA no entrega la organización de su torneo más importante a países improvisados.

La pone en manos de quienes considera capaces de recibir a millones de visitantes, garantizar seguridad, mover economías enteras y proyectar una imagen de estabilidad ante el planeta.

Por eso, cuando Peña Nieto afirmó que la decisión representaba un reconocimiento y un voto de confianza para México, no estaba pronunciando una frase protocolaria.

Estaba describiendo exactamente lo que había ocurrido y lo que él dejaba como legado. México aquel año marcó un gol de media cancha ante el mundo, o fue algo así como ese remate que va al fondo de la red en el último segundo para el campeonato.

Hoy todos los celebran.

Ahora, cuando las cámaras internacionales enfoquen el Estadio Azteca, cuando los narradores recuerden que ningún otro país ha organizado tres mundiales y cuando los aficionados extranjeros recorran nuestras ciudades, estarán observando el resultado de una candidatura obtenida durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

En la actualidad, su figura sigue dividiendo opiniones, ah sí, pero, cuando la FIFA buscó sede para 2026, México estaba en la alineación titular.

Cuando se negoció la candidatura, Peña Nieto ocupaba la dirección técnica del país.

Y si, quizá el expresidente nunca levante la Copa.

Quizá nunca aparezca en los homenajes oficiales.

Quizá ni siquiera sea mencionado durante las ceremonias que veremos esta semana.

Pero eso no cambia el resultado.

Cuando México entre al terreno de juego para inaugurar su tercer Mundial, él ya lo había anunciado desde hace ocho años, y esto lleva la firma de Enrique Peña Nieto.

Ah, por cierto… Fue el mismo Peña Nieto quien impulsó el regreso de la Fórmula Uno a la Ciudad de México en 2015, después de veintitrés años de ausencia, pero, esa es otra historia.

¿ya entendiste su ausencia?

En la intimidad… Mientras el planeta entero se acomoda frente al televisor para seguir la Copa Mundial de 2026, Tampico decidió mirar también hacia sus propias vitrinas.

Porque antes de los estadios llenos, de los patrocinadores multimillonarios y de las figuras internacionales, el fútbol se construye con memoria.

Por ello, la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya anunció la exposición “Más de un Siglo de Fútbol en Tampico”, una muestra que promete convertirse en una auténtica cápsula del tiempo para quienes crecieron escuchando historias de la Jaiba Brava, de los viejos campeonatos y de los héroes locales que hicieron rodar el balón en esta región.

Más de cien jerseys, trofeos, fotografías y objetos históricos permitirán recorrer la evolución de un deporte que durante más de un siglo ha sido parte del ADN tampiqueño.

La exposición estará abierta del 23 de junio al 10 de agosto en Expo Tampico.

Entrada libre.
Porque los mundiales duran unas semanas.
Los campeonatos algunos años.

Pero las pasiones que nacen alrededor de una pelota pueden sobrevivir generaciones enteras.

davicastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

La UAT metió en problemas a Dámaso y al gobernador

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—¿Qué pasaría si nunca muero y no tuviera la oportunidad de volver a nacer de nuevo? Ese es el verso o cuestionamiento principal de la famosa canción «Amores perros», interpretada por Control Machete y Ely Guerra.

¿Cuántas veces? —continúa la interrogante.

Y quizá esta canción del año 2000 debería estar en la playlist de la comunidad universitaria de la UAT.

¿Qué pasa cuando una universidad logra que sus estudiantes conozcan el mundo? —No, tonto, esto ya no es la canción.

Cuando el universitario viaja, la sensación no siempre es la óptima; a veces, solo una coincidencia provoca un viaje exponencial, pero nunca se sabe; la realidad es que, cuando un joven sale de su ciudad, de su estado o de su país, regresa distinto. Regresa con nuevas referencias, nuevas comparaciones y nuevas exigencias. Descubre que existen otras formas de enseñar, de investigar, de emprender y hasta de gobernar. Y una vez que eso ocurre, difícilmente vuelve a conformarse con lo que antes consideraba normal.

En este caso, la rectoría del MVZ Dámaso Anaya Alvarado, la administración del presidente municipal de su municipio —me refiero al de los estudiantes viajeros— y el rumbo de Tamaulipas en manos del gobernador Américo Villarreal Guerra, son y serán juzgados.

Sí, la Universidad Autónoma de Tamaulipas pasó de registrar alrededor de 80 estudiantes en programas de movilidad académica a más de 600 jóvenes participando en intercambios, estancias de investigación y experiencias formativas fuera de sus campus.

Tamaulipas poco a poco giró de la inseguridad, la migración, las crisis económicas o la falta de oportunidades a la oportunidad de que cientos de universitarios estén cruzando fronteras académicas; eso sin duda alguna es un cambio de fondo. Quizá uno de los más importantes.

El rector Dámaso Anaya Alvarado y todo su equipo tienen toda la razón al destacar este crecimiento. La movilidad académica amplía horizontes, fortalece competencias y acerca a los estudiantes a realidades que difícilmente podrían conocer desde una sola aula. Negarlo sería absurdo.

Ah, pero eso sí, los jóvenes que participan en programas de investigación, intercambios internacionales o experiencias como el Disney Cultural Exchange Program no vuelven únicamente con fotografías y certificados. Regresan con expectativas distintas sobre el mercado laboral, la innovación, la competitividad y las oportunidades profesionales, y ese es uno de los grandes desafíos para el Estado.

Definitivamente, la movilidad académica es una extraordinaria herramienta de desarrollo regional. Pero también puede transformarse en una fábrica involuntaria de talento para otros estados y otros países si no existen condiciones suficientes para retener a quienes regresan.

Así que a trabajar se ha dicho, al doble, y a pensar en grande, Tamaulipas, ya basta de pensar en chiquito, porque los más de 42 mil estudiantes matriculados no son prestados para las estadísticas.

En la intimidad…  Esta semana, la Federación reconoció la estrategia «Cero Rechazo» impulsada por la Secretaría de Salud de Tamaulipas para la atención de mujeres con cáncer de mama y cáncer cervicouterino. El reconocimiento provino de Ricardo García Gaeta, director del Programa Cáncer de la Mujer del Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva, una voz con autoridad técnica para evaluar resultados más allá de discursos políticos.

Detrás de ese reconocimiento existe una realidad que merece destacarse.

El cáncer de mama y el cáncer cervicouterino continúan siendo dos de las principales amenazas para la salud de las mujeres mexicanas. Frente a ello, la administración estatal decidió apostar por una lógica sencilla, pero profundamente humana: ninguna paciente debería quedar sin atención por cuestiones administrativas.

La titular de la Secretaría de Salud, Adriana Marcela Hernández Campos, ha insistido en que la coordinación entre instituciones debe estar por encima de las diferencias burocráticas. No parece una postura menor cuando se habla de enfermedades donde el tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las más de 79 mil acciones preventivas registradas durante 2025 muestran que la estrategia no se ha quedado en el discurso. Mastografías, pruebas de VPH, citologías y exploraciones clínicas representan miles de oportunidades para detectar a tiempo una enfermedad que sigue cobrando vidas todos los días.

Los resultados todavía deberán medirse a largo plazo. Así ocurre con cualquier política pública seria. Pero cuando la Federación reconoce un modelo estatal y cuando diversas instituciones de salud se sientan en la misma mesa para coordinar esfuerzos, vale la pena señalarlo.

En una época donde abundan los anuncios espectaculares, la doctora Adriana Hernández Campos parece haber optado por una ruta menos vistosa, pero más importante: fortalecer los mecanismos que permiten que una mujer reciba atención cuando más la necesita.

Y en materia de salud pública, pocas cosas tienen mayor valor que eso.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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