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… Bajo los portales de la calle Ribera sobrevive un añejo y casi descontinuado oficio.

Tampico, Tamps., sábado 18 de junio de 2016.-Un desvencijado módulo de madera anclado bajo un portal, y, a unos cuantos pasos de ahí, dos o tres escritorios más igualmente atados a sillas con cadenas o una simple soga, dan cuenta de una historia ligada al centro de Tampico  que ha estado prolongando su agonía en las últimas dos décadas, haciendo así, de su decadencia, la única imagen que han conocido las actuales generaciones de jóvenes.

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Pero esto no siempre fue así, como bien lo narra a REPORTE NORESTE la joven escribiente Aracely Avilés Martínez, quien es entrevistada durante la hora más intensa de la mañana en solitario, como si fuera una especie de familiar montando guardia al pie del camastro de un paciente en estado vegetativo.

Ella cuenta que heredó la actividad y el espacio entre los arcos de la calle Héroes del Cañonero, antiguamente llamada Ribera, de su padre, quien fue «evangelista», como llaman a los que escriben documentos o cartas bajo el dictado de otros y por una módica suma en ese lugar.

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«Estudié mecanografía saliendo de la secundaria y empecé hace 20 años, entonces éramos diez personas y todavía tenía buena demanda este servicio, ya que empezábamos a las 8 de la mañana o antes y terminábamos a las seis de la tarde, mientras que hora sólo quedamos tres y nuestra labor es únicamente de 9 a 2, con un promedio de 5 clientes al día, cuando bien nos va», relata.

Señala que en la primera gran crisis del escribiente público, cuando se popularizaron el internet y los cibercafés, hace unos quince años, la demanda bajó en un 30 por ciento, pero hoy en día, con dispositivos móviles y redes sociales al alcance de todos, apenas si los requiere una quinta parte de la clientela de antaño.

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Al que se dedica a ese añejo y descontinuado oficio ya nadie le pide escribir cartas de amor o de saludos, si acaso sólo de recomendación, alguna carta-poder o alguna petición específica a la autoridad, pues casi todo trámite, público o privado, se hace ahora por internet, pero aun así los «evangelistas», esas personas-máquina de escribir, se niegan todavía a dejar de existir.

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Desde la redacción.

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