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Cuando inició el bloqueo económico a Cuba, se hizo desde fuera: teniendo como objetivo principal el de hacer colapsar, reventar, la economía y estabilidad social de esa isla caribeña, los Estados Unidos dejaron de enviar e impidieron de hecho a sus aliados el envío de ayuda y cualquier clase de suministro que pudiera no sólo abastecer al comercio local, sino además satisfacer el consumo interno.  Así, todo iba a ser cuestión de tiempo para que la paciencia de la población acabara por agotarse y entonces el estallido social hiciera su aparición en escena a una escala de guerra civil.  De ese modo, una intervención directa de los cascos azules, y eventualmente también del ejército norteamericano, encontrarían justificación a los ojos del mundo en aquel instante de la historia: cuando apenas se había derrumbado la hoy extinta Unión Soviética, y el liberalismo económico era una tendencia que había ganado la guerra fría y que parecía quedarse para siempre.  Pero ni el capitalismo en su más feroz expresión ha tenido descanso un solo día (aunque ciertamente sigue ganando la batalla), ni esa la ínsula antillana se vino abajo, antes bien: la familia Castro se afianzó en el poder, y fue mucho más fácil que los estadounidenses tuvieran por presidente a un afroamericano, que por cierto ya visitó el territorio cubano y reanudó las relaciones, y que los latinoamericanos tuviéramos a un Papa, en la figura de Francisco, como lo había pronosticado irónicamente Fidel desde muchos años atrás.

Me dijeron que en el reino del revés (cantaba Chabelo):  En Oaxaca, y ahora también en otros estados mexicanos como Michoacán y Chiapas, se padece un bloqueo igualmente sofocante y dañino para la economía, pero desde adentro.  Y, de manera paradójica, no es para combatir a una potencia exterior, ni con el fin de proteger a la población de una invasión o amenaza, y mucho menos para imponer un régimen gubernamental distinto en esos territorios estatales en particular, sino totalmente al revés: los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), las otras organizaciones que los apoyan y por supuesto el partido Morena, de Andrés Manuel López Obrador, quieren hacer caer al gobierno de la república que preside Enrique Peña Nieto, en el más extremo de los casos, y al mismo tiempo afectar psicológica, emocional y patrimonialmente a los habitantes todos de esas entidades federativas para que, una vez dañados severamente de esa forma, se conviertan ellos mismos, junto con quienes los hayan llevado a tan difícil situación, en la peor pesadilla y la más grande fuerza de choque y oposición que haga implantar un estado a modo y acorde al interés muy particular, exigente e igualmente intolerante de aquellos que mantienen así, en vilo, a las poblaciones de aquellos terruños y, en una de esas también, al resto de la república.

“Vamos a ver cómo es el reino del revés…”, seguiría diciendo el eterno amigo de todos los niños: una reportera de televisión del estado de Puebla fue literalmente levantada mientras ejercía su labor, cuando vecinos de un área habitacional afectada por las inundaciones la cargaron, cual torero tras faena, para que no se fuera a mojar ella los pies, y a un “amigo” y compañero de profesión suyo le resultó de lo más gracioso capturar el instante en una foto, pero además de eso compartírselo no en privado, sino a través de una red social que, todos sabemos, es más pública que la propia república y que la damisela que trabaja en la esquina de esa vieja zona de tolerancia tampiqueña llamada “El Triángulo”.   A partir de ahí todo fue cuestión de minutos para que la imagen le diera la vuelta al país y la reputación de una profesional se volviera de trapo como el criterio, la intención y conciencia de todos cuantos hicieron memes al por mayor y los compartieron, y de aquellos que colgaron comentarios, casi todos, de denostación para la joven comunicadora que, apenas este jueves, menos de 48 horas después de que empezó su viacrucis virtual, ha tenido que “subir” a la red un breve material audiovisual en el que se la ve ofreciendo disculpas, achacándose ella sola la responsabilidad, con valentía, y exponiendo de manera llana los motivos que la llevaron a aquel instante.  Pero lo que más llama la atención es que, si usted, amable lector, visitante y seguidor de REPORTE NORESTE, pone atención, son mujeres, sí, mujeres, las que más despotrican, se acaban y devoran, se tragan por las redes sociales, como hienas enfurecidas, a Lydia Cumming, el actual objeto del muy “valiente” escarnio público (vía redes), cuyo “genial” apodo no se repetirá aquí, porque de cualquier manera cualquiera ya se lo sabe.  Para muestra, están todas esas coleguitas que, en el estado tamaulipeco, se olvidaron de aquel feminismo combativo, ácido y hasta rústico, folklórico, que todo el tiempo suelen enarbolar, para hacer garras con sus críticas y denuestos a la colaboradora de Azteca, e incluso describían sus propias “hazañas” y “profesionalismo” reporteril al compararse y hacer leña del árbol caído, al más puro estilo del hipócrita fariseo que agradecía a Dios no ser como el pecador que tenía a su lado mientras ambos se hallaban en el mismo templo.

 

 

Desde la redacción.

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