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HOY me permito parafrasear la siguiente historia que cautiva: “El Maestro tenía una natural educación y un amable trato con los demás. Una noche, uno de sus alumnos llevaba al Maestro a su casa en automóvil, el joven discípulo se mostró grosero con un agente de tránsito, y en su propio descargo le dijo a su Maestro:

–– Me gusta ser yo mismo y que la gente sepa exactamente cómo me siento… la cortesía no es más que aire.

–– Eso es verdad, –dijo en tono conciliador el Maestro–-, pero recuerda que también aire es lo que llevamos en los neumáticos… y fíjate cómo suaviza los baches.”

La moraleja es formidable: “Un Maestro es el que te enseña a suavizar los golpes que te da el camino de la vida” Como dijo el brillante sacerdote jesuita Anthony de Mello: “Hay dos tipos de educación, la que te enseña a ganarte la vida… y la que te enseña a vivir”

Cuando se llega el 15 de mayo, recuerdo con veneración y respeto a cada uno de mis maestros, a los presentes y también a los que partieron a rendir cuentas al hogar paterno, lo hago con la gratitud de saberme embebido por la fuente de su sabiduría, por haber tenido el honor de que modelaran mi alma, el privilegio de haber sentido el oficio divino de su trabajo.

HOY, millones de Maestros por toda la geografía nacional, hacen patria desde la escuela, para que sus alumnos accesen al inagotable universo del discernimiento y el conocimiento, sabiendo que la violencia y el desorden no entusiasman a sus alumnos; trabajan en construir los cimientos de una nación reconciliada en el acuerdo.

Benditos sean los Maestros de México que tienen la virtud de dejar huella para la eternidad; nunca se puede decir cuándo se detiene su influencia, es el magisterio, la más noble profesión y vocación de vida que puede poseer el hombre, ilustra a sus semejantes, siembra en sus alumnos la semilla de la esperanza, de que cada nuevo amanecer siempre será mejor; esa esperanza de verlos escalar alto y merecer mucho.

Los viejos sabios de Güémez –Maestros por derecho propio– dicen que “a las plantas las endereza el cultivo; a los hombres, la educación; cuando se es un educador siempre se está en el lugar apropiado en el tiempo correcto, jamás habrá horas malas para aprender”

A todos aquellos que ejercen el apostolado y la eminente profesión de Maestro, su amigo el Filósofo de Güémez, les envía mil bendiciones, mi gratitud y respeto que simplifico en una frase: ¡FELIZ DÍA DEL MAESTRO!

El Maestro es también forjador de conciencias, promotor social, actor que con su ejemplo invita no a sembrar para sí, sino para México. Con tal motivo comparto contigo la siguiente reflexión.

ORACIÓN DEL MAESTRO
“Señor, HOY que la luz del alba ilumina mi vida,

permíteme que te encomiende  mi trabajo,

ser Maestro es la vocación de mi vida,
dame la paciencia de Job y la sabiduría de María

para formar nuevos y mejores mexicanos,

enséñame a aprender y también a enseñar,

permíteme querer y respetar a mis alumnos,

con la misma ternura que tú nos amas a nosotros,
Padre, soy la extensión de tu trabajo,

dame sabiduría para conducirlos por el camino del bien,

pon en mi boca las sabias palabras que les guíen  y les enseñen para la vida,

que  desarrollen sus sentidos, inteligencia y espíritu,

permíteme reconocer sus capacidades y habilidades,

a darles ánimo para la vida y que no quebranten su espíritu, reconociendo sus éxitos,

motivándolos para seguir adelante,

enséñame a descubrir y potenciar sus aptitudes,

a enseñarles más que con mis palabras, con mi ejemplo,

al luchar contra la ignorancia, permíteme proponer, no imponer;

acompañarlos y cuidarlos en su crecimiento,

permíteme enseñarles a simplificar sin restar esencia,

enciende fuego en mi alma, para llevar luz en mi corazón,

cuando enseñe a mis alumnos haz que mire mi corazón,

gracias Padre por permitirme cooperar para crear un mejor mundo para el mañana”

Desde la redacción.

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