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Tampico Tamps.- Como osamentas alegóricas del Tampico de hoy en día recién exhumadas, o una artística representación de la «Calaca tilica y flaca», esqueletos de papel salen a la luz fantasmagórica del día de muertos, cuando éste se convierte en noche, dentro del rosado redondel del quiosco de la Plaza de Armas.

Es la muerte caricaturizada en «3D», moldeada en cartoncillo, o en periódico vil, cual pelele de año nuevo, que se muestra inerte y pendiendo de un hilo, como auténtica metáfora, al atardecer de un lunes primero del mes, pero 2 de noviembre, en el monumental altar dedicado a los difuntos justo al centro de una ciudad y puerto que este año se ha vestido de Xantolo huasteco, de «mojiganga» del Pacífico y de canoa de Janitzio para recordar a sus finados en medio de un puente vacacional que se antoja el último más largo del calendario cívico, antes del asueto invernal.

02-nov-calaveras de papel

Antonio Corona, escultor y curador, rescatista de monumentos históricos, junto a su esposa e hijos, monta el altar donde se aparece la «parca» de bulto, pero nada voluminosa, en una especie de sátira del momento que vive el país desde hace ya varios años, con sus fosas clandestinas emergiendo a flor de tierra y sus desaparecidos apareciendo en todos los diarios y noticiarios de México y del mundo.

La huesuda como alternativa al «origami»: doblada y desdoblada, «corrugada», hecha bolita, rollito, y metida por donde mejor le acomoda al imaginario popular, salta y baila de gusto entre la tradición nacional que se adereza con calaveritas de azúcar, y con música panteonera, con sepulcros, cempasúchil y una que otra calavera en compuesta en verso como obra literaria a la «salud» póstuma de los difuntos que aún permanecen vivitos y «coleando».

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