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Tampico Tamps.- A las oficinas del obispado acudió una vez un hombre pidiendo, como parte interesada, iniciar el proceso de nulidad matrimonial, alegando a favor suyo la disolución del contrato civil y que tenía el deseo de contraer casamiento religioso nuevamente con su pareja en turno, ante lo cual la iglesia citó a comparecer, como indica el procedimiento, a la mujer con quien se había unido en un principio frente el altar.

Una vez ahí, en la sede diocesana, la dama de quien el interesado quería separarse religiosamente expuso que ese tipo, su esposo, le había sido infiel en varias ocasiones cuando aún vivían juntos, y que de hecho, aparte de padecer maltrato físico, ella sufrió al final el abandono del individuo que, cínicamente, acabó confesándole su falta precisamente como el motivo principal para abandonarla.

Frente a esa situación, y sabiendo por la contraparte que el individuo se quería liberar así de toda responsabilidad para con ella y los hijos que habían procreado, la iglesia le rechazó la petición sin que hubiera habido siquiera necesidad de llevar el caso ante el tribunal eclesial, relató a este reportero un sacerdote de quien se reserva el nombre.

El aspirante a la nulidad matrimonial, dijo quien narró el caso a modo de ejemplo, término enfadándose con el catolicismo y yéndose de plano a cumplir su cometido de obtener la unión religiosa en un templo evangélico, donde en efecto lo consiguió, pero sólo para que al poco tiempo su nueva mujer, que también había sido católica, acudiera arrepentida al mismo obispado pidiendo ser admitida de nuevo como feligresa y el apoyo para separarse del sujeto, a lo que la diócesis accedió aclarándole que, en sí, su unión con esa persona jamás fue reconocida por la iglesia, y que el perdón es parte de la esencia del cristianismo genuino.

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