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David Ed Castellanos Terán
@dect1608

Criticados como nadie, castigados y golpeados como ningún otro deportista; así de injusta puede ser la vida del luchador mexicano, hombres que arriesgan la vida en cada función para diversión del espectador.
A casi cinco meses de la muerte del hijo del Perro Aguayo (21 de marzo 2015), «nada ha cambiado» en la lucha libre mexicana que está plagada de promotores «vividores» que lejos de amar este deporte, su única pasión e interés esta puesta en el dinero.
Hace unos días el gobierno municipal de Tampico, organizó una lucha a beneficio de los niños más necesitados de la ciudad, no hubo costo alguno, solo se requería llegar con algún articulo escolar que más adelante seria donado a los estudiantes de escasos recursos; en realidad la lucha tuvo poca concurrencia, si quiere calificarla como un fracaso, así puede hacerlo, pero por respeto a los asistentes y el profesionalismo que ofrecieron los gladiadores, dejémoslo en una maravillosa intención de quienes llevaron algo para donar.
Entre los luchadores de esta cartelera altruista, participaron Zumbido y Centauro, dos internacionales del arte del pancracio nacional. Ambos aprovecharon su estadía para caminar por las calles del centro histórico de Tampico, apreciaron la belleza arquitectónica y la hermosura de la mujer tamaulipeca; se dieron oportunidad de firmar autógrafos y tomarse fotografías con los aficionados a la lucha libre, pero también se dedicaron tiempo para dialoga un poco de la crueldad y los tragos amargos de su castigada profesión, pues coincidieron que es tiempo de cambiar los protocolos luchisticos, ya que las grandes empresas de la lucha libre mexicana, sí tienen interés de protegerlos pero no alcanzan a entender las necesidades de la persona, los requerimientos del luchador, que igual puede tener una carrera corta y fugaz ante las lesiones, por este motivo algunos deciden convertirse en independientes para ganar lo que consideran justo para su familia, pues en cada función, su vida está en riesgo.
Coincidieron que la pérdida del perrito Aguayo, es irreparable y es tan solo otro ejemplo cruel de que lo hecho arriba y abajo del ring no es un juego, es cosa de vida o muerte, por lo que exigen mayor respeto, no solamente para quienes se dedican en el presente, sino también para aquellos que se adelantaron en el camino como es el caso del mismo Hijo del Perro Aguayo, Love Machine y Oro; tres gladiadores que murieron en el cuadrilátero, pues están conscientes cada cuando van a subir al cuadrilátero pero nunca saben si van a bajar, claro que no dejaron de mencionar a don Antonio Peña, un hombre al que le recordaron con amor y respeto, pues ha sido por muchos años el único que se ha preocupado en verdad por todos los luchadores.
davidcastellanost@hotmail.com

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