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En México dos de cada tres mujeres han sufrido violencia física, laboral, psicológica, monetaria y de todo tipo. Los actos de abusos contra la mujer se registran desde el nivel básico escolar. Incluso existen reportes de acoso de mujer contra mujer y de alumnos hacia maestras. La problemática es tan complicada como la que atraviesa el penal de Ciudad Victoria, Tamaulipas.

De una u otra manera para contrarrestar los ataques a las mujeres en México, particularmente en Tamaulipas. La maestra Diana Alejandra León Caloca, de la Escuela Secundaria Técnica Num. 53 «Francisco J. Mujica» en la Ciudad de Altamira, atendió la convocatoria nacional del programa social de emprendimiento «Diseña el Cambio» de la Fundación Educar Uno.

En 2015 durante la sexta edición del concurso, participaron con «Haz que tu voz suene» alcanzando el reconocimiento nacional, pero para este año que se inscribieron por segunda ocasión consecutiva, lograron ganar uno de los 25 primeros lugares de más de 11 mil proyectos inscritos en todo el país, siendo la única secundaria de Tamaulipas que obtuvo dicha distinción al desarrollar a la perfección las cuatro etapas obligatorias que consisten en identificar la problemática social, desarrollar la solución, llevarla a cabo, para posteriormente compartir la experiencia resolutiva.

Fue así que comenzaron a poner en alto el nombre de esta entidad golpeada y ensangrentada por la violencia. «Haz que tu voz suene» está dirigido a la concientización del hombre para disminuir la violencia contra la mujer, problemática identificada primeramente en el plantel educativo donde Diana Alejandra León Caloca es académica desde hace cuatro años.

Pero ahora que volvieron a concursar con el mismo proyecto de «haz que tu voz suene» traspasaron fronteras intermunicipales, estatales e incluso resonaron en países de Europa y Norteamérica, donde publicaron en redes sociales sus muestras de apoyo y afecto a este programa social que tan solo en la zona metropolitana de Tampico impactó a más de 4 mil estudiantes quienes hoy  alzan la voz en protección a quienes no lo han hecho. Por eso Diana y todo su equipo nos invitan a reflexionar y respetar más a las mujeres.

Enseguida quiero compartir un cuento de la escritora poblana, Deysi Sánchez, quien desde su trinchera también ha realizado una fuerte labor por el bienestar de la mujer mexicana.

3:46 pm
Tengo tanto por hacer todavía antes de que llegue Gonzalo, quedó de venir a recogerme a las 6 de la tarde, vamos a ir al cumpleaños de su abuela, es la primera vez que me va a llevar a una fiesta con su familia, la verdad es que tengo mucha vergüenza, no sé cómo debo vestirme. Desde ayer estoy pensando si debo llevar vestido o mejor ese pantalón que compré hace un par de días en coordinación de esa blusa que me regaló mi madre en mi cumpleaños. –piensa mientras se dirige al closet−.
Coge un par de vestidos, ése que le gustó tanto a su novio cuando lo compró, el de color rojo que hace que varios volteen a verla y que debido a eso Gonzalo le prohibió que usara, por lo que queda descartado automáticamente; también saca un negro de corte casual, que le queda arriba de la rodilla, amplio, con suficiente vuelo como para sentirse en libertad de correr y bailar si es necesario, de escote ligero y de mangas tres cuartos, sí, el vestido negro será, de zapatos piensa llevar unos mocasines para verse muy chick y un sombrerito para que le dé el toque final a su look hipster. Deja el outfit sobre su cama y comienza a escribir el ensayo que le dejó la maestra de inglés para acreditar el semestre.
Y mientras escribe comienza a tararear Running up that hill de Placebo y le entra un poco de nostalgia al recordar que hace menos de un mes se presentaron en su ciudad y no pudo ir a verlos… Ni modo, ya regresarán, piensa.

5:12 pm
¡Dios, qué tarde es! Tengo que apresurarme o cuando llegue Gonzalo aún no estaré lista, no quiero que se moleste conmigo, no quiero que empiece a gritar como el domingo porque lo hice esperar cerca de 15 minutos. Lo amo tanto, lo menos que quiero es que se moleste en un día tan importante. ¿El baño tiene agua caliente? ¡Sí, sí tiene!

5:37 pm
Ya me puse el vestido negro, cambié los mocasines por unas botitas y me puse medias caladas, ahora me planchare el pelo, ya se me comenzó a caer el tinte, odio el cabello castaño claro que heredé de mi madre, prefiero el color negro que hace contraste con mi piel blanca y mis ojos color miel, ¿sombras? No, mejor sólo un poco de delineador, rímel, polvo translúcido y el labial vino. –Se para frente al espejo y se encuentra linda, se da vuelta, se mira otra vez al espejo y le gusta lo que éste le regresa, por primera vez desde hace varios días se percibe preciosa.
Ya es hora, el flaco no tarda en venir por mí.

6:17 pm
Ya se siente impaciente porque él no llega, ¿Le habrá pasado algo? Toma su celular y está a punto de marcarle cuando suena el timbre. ¡Es él! Se pone su sombrerito y sale al encuentro de Gonzalo

(…)
He perdido el sentido del tiempo, no sé cuántas horas han pasado desde que lo vi frente a mi puerta. Sólo recuerdo cuando comenzamos a bailar, como sus brazos dirigían cada uno de mis pasos y como me envolvía en una neblina cada vez que daba una vuelta. Ese contoneo que recuerdo vagamente, mi cabello delante de mi rostro caía como una especie de velo. Mis labios pronunciaban palabras que no eran inteligibles, mis sentidos se fueron perdiendo dentro de sus ojos que destellaban de una forma diferente. No recuerdo a nadie más a mi rededor, sólo éramos él y yo, interpretando una pieza inédita, una danza que era una mezcla de frenesí y amor.

22 de abril

8:33 am
Tengo miedo, ¿por qué hay tanta gente en mi recámara? ¿Qué hacen esas personas revisando mis pertenencias? ¿Por qué nadie me dice nada? Actúan como si no estuviera aquí…  ¿Qué pasa? ¿Dónde está Gonzalo?
Es lamentable, una joven tan guapa, universitaria. ¿Cómo pudo haber acabado de esta forma? –Escucho que alguien habla y se refiere a mí.
¡Esto es una pesadilla! ¡Qué pasó, qué pasó!
Como un disparo todo llega a mi cabeza…
− ¡Hola, amor! Por un momento pensé que algo te había pasado, estaba a punto de marcarte al celular.
− ¿Qué haces vestida como una prostituta?
− ¿De qué hablas? Pensé que te gustaría, me puse bonita para ti, crees que le guste a tu familia, es algo discre…
No terminé de decir la última palabra cuando él me aventó hacia el interior del departamento, me comenzó a jalonear de los brazos, sus puños se fueron justo a mi rostro y me comenzó a azotar contra todo lo que se atravesaba a su paso.
− ¿Eso te gusta, zorra? ¿De quién te quieres burlar? ¡No mereces conocer a mi abuela!
Fue lo último que recuerdo, se encontraba encima de mí, lo último que sentí fueron sus manos apretándome el cuello… ya no recuerdo nada más, todo era tan borroso.

12:05 pm
Pamela X, 21 años, estudiante de Psicología. Caso 33 de Feminicidio en Puebla.

Cabe mencionar a los alumnos que han estado involucrados directamente desde que comenzó esta motivante travesía de la maestra Diana. Alejandra Hernandez, Dalia Verdines, Christopher Meneses, Manuel Rojas y Judith Castelan; son los participantes de la sexta edición.

Mientras que Karen Vega, Dulce Silva, Fabian Ortega, Camila Ramirez y Kuri Patiño; son los actuales titanes que alcanzaron a terminar de encumbrar «Haz que tu voz suene» en la séptima entrega del programa social de emprendimiento «Diseña el Cambio».

Felicidades a todos ellos y por supuesto al profesor Javier Hernández Rojas, Director del plantel educativo y a la maestra Blanca Narro, Coordinadora Académica, quienes han respaldado en todo momento a Diana Alejandra León Caloca.

davidcastellanost@hotmail.com

Opinión

El ensayo silencioso del nuevo Tamaulipas 

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El intento de Tamaulipas por seguir creciendo y reposicionarse, obedece en gran medida al enfoque nacional y competitividad internacional que empuja el sector empresaria local, y de los alrededores de la etidad.

Porque mientras buena parte de la conversación nacional sigue concentrada en el Bajío o en el fenómeno “nearshoring” del norte profundo, en la franja del Golfo se está ensayando algo aún más poderoso: la reconstrucción de un territorio que durante años fue funcional para la economía… pero inviable para la inversión.

Por eso la reactivación de la ruta Monterrey–Tampico, y la conexión de Ciudad Victoria con el AIFA no son anuncios de conectividad aérea. Son señales. Y están dirigidas, más que al turista, a quien toma decisiones: inversionistas, operadores logísticos, actores energéticos… y sí, también al poder político en la Ciudad de México.

Tamaulipas está diciendo: ya no somos solo tránsito… queremos ser destino.

El problema es que ese tipo de declaraciones no se validan en conferencias. Se validan en mercado.

Hoy, el estado concentra activos estratégicos que, en cualquier otro contexto, lo colocarían en el centro de la conversación nacional: puertos clave en el Golfo, infraestructura energética, cruces fronterizos de alto flujo y una ubicación geopolítica privilegiada para el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, durante más de una década, esa ventaja competitiva convivió con un factor que la anulaba: la percepción de riesgo.

Ahí está el punto de inflexión.

De acuerdo con cifras oficiales, Tamaulipas ha registrado reducciones sostenidas en delitos de alto impacto en los últimos años. Pero en términos de inversión, la seguridad no se mide en estadísticas… se mide en decisiones.

Y las decisiones toman tiempo.

Por eso la conectividad aérea es relevante, pero no suficiente. Porque ningún fondo de inversión ni ninguna empresa global ajusta su portafolio por la apertura de una ruta. Lo hace cuando identifica condiciones estructurales: certidumbre jurídica, estabilidad operativa, capital humano y, sobre todo, gobernabilidad.

Porque si lo logró, estamos frente a una de las historias de reposicionamiento más importantes del país en los últimos años.
Pero si no, el riesgo es otro: que la narrativa corra más rápido que la realidad.

Y en economía, cuando eso ocurre, el costo es alto.

Hay otro ángulo que en la Ciudad de México no debería pasarse por alto: el energético.

El Golfo de México vuelve a adquirir relevancia en la discusión nacional e internacional. Infraestructura, puertos, logística y cercanía con Estados Unidos colocan a Tamaulipas en una posición que, bien capitalizada, podría convertirlo en pieza clave del siguiente ciclo económico del país.

Pero eso exige algo más que ubicación: exige ejecución.
Hoy, el gobierno estatal apuesta a que el momento es ahora. A que la combinación entre seguridad, infraestructura y narrativa puede atraer lo que durante años se mantuvo al margen.

La apuesta es alta. Y el margen de error, mínimo.

Porque en el tablero nacional, Tamaulipas ya no compite solo con sus vecinos. Compite con regiones enteras que llevan años construyendo condiciones para captar inversión.

Y ahí no hay espacio para improvisación.

En la intimidad…Mientras el reposicionamiento económico busca validación en el centro del país, en la costa tamaulipeca ocurre algo que explica más de lo que parece: orden.

Más de 16 mil huevos de tortuga marina protegidos en la actual temporada no son una anécdota ambiental. Son un indicador de control territorial, coordinación institucional y cambio social.

Altamira, con más de 6 mil 600 huevos, y Playa Miramar, con más de 4 mil, reflejan una tendencia que va más allá de la conservación: la capacidad de una comunidad para respetar reglas.

Y eso, para quien invierte, vale más que cualquier discurso.
Porque el desarrollo no empieza con el capital.

Empieza cuando un territorio demuestra que puede cuidarse a sí mismo.

Tamaulipas quiere ser visto distinto.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Alcohol al volante

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“Accidentes”, sobran, lo que falta es Estado. Al menos 60 siniestros vehiculares asociados al alcohol se registran cada mes en Tamaulipas. Más de 400 al año. No son cifras inventadas: son la quinta causa de muerte en el estado y, al mismo tiempo, una de las formas más claras de morir que pudieron evitarse. Aun así, el fenómeno se repite con una regularidad que se normaliza.

Y esa es la dimensión del problema que obligó a la diputada Úrsula Patricia Salazar Mojica a presentar una iniciativa de reforma al Código Penal, con un objetivo directo: endurecer las sanciones contra quienes conduzcan bajo los efectos del alcohol u otras sustancias y provoquen la muerte de terceros.

Tamaulipas registra un repunte cercano al 45 por ciento en accidentes relacionados con conductores ebrios, particularmente entre jóvenes. Es decir, no sólo no se ha contenido el problema: está creciendo. Y lo hace en un contexto donde la consecuencia jurídica sigue siendo débil o inexistente.

“La conducción en estado de ebriedad no es un accidente”, dijo la legisladora. Y tiene razón. No lo es. Es una decisión. Una cadena de decisiones que comienza con el consumo y termina, muchas veces, con la muerte de alguien más. El problema es que el sistema de justicia sigue tratándolo como si fuera un descuido.

Precisamente esa es la gran falla del sistema. La ley habla de justicia pronta, completa e imparcial —como lo establece el artículo 17 constitucional— pero, la realidad en Tamaulipas muestra otra cosa: conductores que huyen, investigaciones que no concluyen y sanciones que no corresponden a la gravedad del daño.

La iniciativa conocida como “Ley Ezequiel” no surge de una súper idea. Surge de un patrón. De casos donde el responsable escapa. De expedientes que se diluyen. De familias que no encuentran justicia.

El planteamiento incluye reforzar operativos de alcoholímetro y campañas de prevención. Pero esos mecanismos ya existen. El problema no es su ausencia, sino su intermitencia. Su aplicación selectiva. Su incapacidad para convertirse en una política constante y efectiva. Al ciudadano se le tiene que dar en donde le duele.

En Tamaulipas, como en buena parte del país, el alcohol al volante no sólo mata. También exhibe. Exhibe la fragilidad de las instituciones, la tolerancia social al riesgo y la falta de consecuencias reales.

El caso que motivó esta iniciativa —la muerte de Ezequiel— es repetición. Es estadística. Es síntoma.

En la intimidad… Mientras el Congreso discute cómo castigar la irresponsabilidad al volante, el gobierno de Américo Villarreal Anaya presume resultados en otra dimensión: la del turismo y la seguridad.

Más de 2.2 millones de visitantes llegaron a Tamaulipas durante Semana Santa. La cifra no es menor. Confirma que, al menos en percepción, el estado logró sostener condiciones de tranquilidad en sus principales destinos, particularmente en el sur, donde la vigilancia se concentró en playa Miramar.

El propio mandatario llamó a no soltar el ritmo. “Hay que consolidar este impulso”, dijo frente a su gabinete. Y los datos lo respaldan: diversificación turística, presencia en Pueblos Mágicos, crecimiento en destinos de naturaleza.

Pero hay un contraste inevitable. Mientras el estado logra atraer visitantes con operativos, logística y coordinación institucional, en las calles persiste una falla más básica: garantizar que quien toma un volante bajo los efectos del alcohol enfrente consecuencias reales.

Porque la seguridad no sólo se mide en turistas que llegan.
También en ciudadanos que regresan a casa.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

La era wellness también puede ser un atentado a la salud

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Propósitos irreales, constantes vitaminas sin un análisis previo del cuerpo, tratamientos milagrosos para regenerar el cuerpo, terapias alternativas sin sustento que prometen erradicar enfermedades terminales, así es la era wellness de la que todos queremos ser parte, es normal añorar nuestra mejor versión, pero,

¿cuánto nos informamos al respecto para no caer en estafas?

El deseo de vivir mejor nunca había sido tan visible como ahora. Redes sociales, publicidad y discursos motivacionales nos repiten a diario que el bienestar está al alcance de cualquier persona: basta con tomar cierto suplemento, someterse a una terapia novedosa o seguir el tratamiento de moda. En teoría, la era wellness promueve hábitos saludables, autocuidado y prevención. En la práctica, también ha abierto la puerta a un mercado poco regulado donde la salud puede convertirse en un negocio riesgoso.

El reciente caso de los sueros vitaminados en Hermosillo, Sonora, donde cuatro personas murieron tras recibir este tipo de tratamiento, puso en evidencia un problema que desde hace tiempo crece silenciosamente: procedimientos médicos o estéticos aplicados fuera de clínicas certificadas y, en muchos casos, por personas que no cuentan con la formación necesaria.

Aunque los sueros intravenosos se promocionan como una forma rápida de “revitalizar” el organismo, lo cierto es que introducir sustancias directamente al torrente sanguíneo implica riesgos importantes si no existe un diagnóstico previo ni supervisión médica durante el mismo tratamiento.

Lo preocupante es que este tipo de prácticas no son aisladas. En distintas ciudades proliferan spas, consultorios improvisados o centros de bienestar que ofrecen desde vitaminas intravenosas hasta terapias “detox”, hormonas antienvejecimiento o tratamientos que prometen regenerar el cuerpo en pocas sesiones. Muchos de ellos se promocionan con testimonios emotivos y una estética atractiva que transmite confianza, pero pocas veces presentan evidencia científica o certificaciones verificables.

Parte del problema es cultural. En una sociedad que premia la productividad, la juventud y la apariencia física, la promesa de soluciones rápidas resulta irresistible. Además, existe una creciente desconfianza hacia la medicina tradicional que algunos discursos aprovechan para posicionar terapias alternativas como si fueran sustitutos absolutos de la atención médica. El resultado es una mezcla peligrosa: desinformación, marketing emocional y falta de regulación.

También influye la velocidad con la que circula la información. En redes sociales, una recomendación puede volverse viral en cuestión de horas. Influencers, celebridades o creadores de contenido comparten rutinas, suplementos o procedimientos sin necesariamente comprender sus implicaciones médicas. Lo que para algunos puede parecer un simple consejo de bienestar, para otros puede convertirse en una decisión de salud tomada sin la orientación adecuada.

Esto no significa que el interés por el bienestar sea negativo. Cuidar la alimentación, hacer ejercicio, atender la salud mental o buscar terapias complementarias con respaldo profesional son prácticas valiosas. El problema surge cuando el bienestar se transforma en un producto que promete resultados milagrosos sin evidencia ni responsabilidad.

Frente a este panorama, la mejor herramienta sigue siendo la información. Antes de someterse a cualquier tratamiento, es fundamental verificar que quien lo ofrece tenga formación médica o certificaciones oficiales, investigar los posibles riesgos y evitar procedimientos que prometan resultados inmediatos o extraordinarios. La salud no debería depender de modas ni de recomendaciones virales.

Buscar sentirse mejor es legítimo y necesario. Pero el bienestar real no se construye a partir de atajos ni de promesas mágicas. Implica decisiones informadas, profesionales capacitados y un enfoque responsable del cuidado personal. En tiempos donde el wellness se vende como estilo de vida, quizá el acto más saludable sea aprender a cuestionar, investigar y elegir con criterio antes de poner el cuerpo —y la salud— en manos equivocadas.

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Opinión

El despliegue en busca de credibilidad

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En Tamaulipas, la seguridad se anuncia puede anunciar de mil maneras, pero, siempre, invariablemente esta a prueba.

El arranque del operativo de Semana Santa 2026, encabezado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, llega en un momento en el que la confianza pública no admite simulaciones. El mensaje oficial es claro: hay coordinación, hay fuerza operativa y hay condiciones para recibir turismo.

Los números respaldan esa narrativa. Más de dos mil elementos de la Guardia Estatal, despliegue carretero, vigilancia aérea, presencia de la Secretaría de Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional. A eso se suman los cuerpos de auxilio, el sistema de salud y la operación turística con cobertura en miles de kilómetros.

El Estado, en apariencia, está en todas partes.
Pero en Tamaulipas, la presencia no siempre ha significado control.

El gobierno estatal ha insistido en que las playas se encuentran en condiciones óptimas, minimizando la presencia de hidrocarburos en el litoral. El dato no es menor. En plena temporada alta, cualquier señal de contaminación compromete no sólo la afluencia turística, sino la credibilidad institucional.

Y ahí es donde la narrativa oficial enfrenta su mayor desafío: sostenerse frente a la realidad.
Porque la seguridad no se mide en conferencias ni en cifras acumuladas. Se mide en la experiencia concreta del ciudadano: en la carretera sin sobresaltos, en la playa sin riesgos, en la capacidad de respuesta cuando algo falla.
El despliegue anunciado es, sin duda, uno de los más amplios de los últimos años. Pero también es, inevitablemente, una apuesta política. Si funciona, fortalecerá la percepción de gobernabilidad. Si falla, confirmará lo que muchos aún sospechan: que en Tamaulipas la estrategia sigue siendo reactiva, no estructural.
Hoy, el gobierno juega a ganar confianza. Y la confianza —esa sí— no se decreta.
Se construye o se pierde.

En la intimidad… Hay una forma de autoritarismo que se manifiesta con el simple hecho de cerrar una ventanilla.

En México, el derecho de petición está secuestrado. Aunque lo ampara la ley. El artículo 8 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos obliga a toda autoridad a recibir y responder cualquier solicitud por escrito. No es opcional. No es negociable, pero…

Sin embargo, en oficinas públicas de todos los niveles de gobierno, ese derecho se ha convertido en un trámite condicionado. El ciudadano llega con un documento y se encuentra con un filtro ilegal: funcionarios que revisan, cuestionan y, si el contenido incomoda, simplemente niegan la recepción.

Así opera la discrecionalidad.
Se argumentan errores de forma inexistentes. Se exigen requisitos que la ley no contempla. Se condiciona el acceso a derechos fundamentales bajo criterios administrativos inventados.
No es ignorancia. Es control.
Porque impedir que un documento sea recibido es impedir que exista. Y lo que no existe en el sistema, no obliga, no incomoda, no genera consecuencias.

Ese es el verdadero fondo del problema.
Cuando una autoridad decide qué peticiones acepta y cuáles bloquea, deja de ser un ente público y se convierte en un filtro político. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, lo que está en juego no es un trámite, es el Estado de derecho.

davidcastellanost@hotmail.com
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