Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
Una ideología más conservadora comienza a apoderarse de América, quedando
México y Brasil como los pocos países donde aún se ven tintes progresistas sin
una fuerte inclinación hacia lo que solíamos identificar como la derecha, Colombia,
nación hermana para nosotros, nombró a Abelardo de la Espriella como
presidente desde el pasado 7 de agosto y su llegada al poder tiene mucho que
enseñarnos.
¿Qué tienen en común otros líderes en América? No es la juventud, pues Donald
Trump entra en la lista y es de los más avanzados en edad si le comparamos con
el recién nombrado presidente y Nayib Bukele, sin embargo, lo que les ha puesto
en el centro de la discusión es su control de narrativas y la manera de presentar
su control de naciones.
Hablar del cambio y evolución de ideologías en otras naciones se vuelve
necesario, pues deja para México claves concretas de cómo se está moviendo la
ideología social, hay factores en común como la elección de gobiernos
progresistas con inclinación de izquierda que terminan perdiéndose por una
esperanza fallida, el antecedente a estos gobiernos destaca la presentación de
una transformación inalcanzable que termina dejándose absorber por la
corrupción, la inseguridad y la inestabilidad económica.
No es casualidad que a la par se popularicen narrativas tradicionales que
parecieran ignorar los propios derechos humanos, disfrazando la narrativa bajo
una estética del autocuidado en la que puede resultar fácil envolverse cuando se
vive con la esperanza de una mayor estabilidad. La clave de estos líderes estriba
en saber analizar los miedos sociales, en Argentina la economía, el Chile y
Estados Unidos la migración, en el Salvador y Colombia la búsqueda de
seguridad, mientras tanto México no está distante del desencanto, poco a poco los
líderes que prometían ver primero por los pobres son quienes se están valiendo de
ellos para vivir en opulencia.
El desencanto con las figuras políticas principalmente en espacios locales y
estatales es creciente, donde el nepotismo se hace valer constantemente y las
promesas de transformación han salpicado solo a quienes se han valido del poder,
de ahí que tomemos en cuenta movimientos históricos como un aviso para
detectar ¿cuáles son nuestros miedos colectivos? Pues cualquiera podría valerse
de ellos para dar un giro a nuestra propia narrativa.
La lección no necesariamente consiste en asumir que una ideología es buena y
otra mala. El verdadero aprendizaje está en observar qué sucede después de
años de hartazgo, cómo poco a poco van cambiando las perspectivas sociales en
búsqueda de soluciones a sus propias problemáticas. ¿Qué pasa cuando el miedo
se vuelve un argumento político y en lugar de cuestionar sobre propuestas
elegimos a quien creemos que podrá defendernos?
México tendrá pronto nuevos momentos para hacerse estas preguntas. El proceso
electoral concurrente de 2026-2027 contempla la renovación de la Cámara de
Diputadas y Diputados, gubernaturas, congresos locales, ayuntamientos y, en su
caso, órganos judiciales federales y locales. No será solamente una elección de
nombres o partidos: será también una oportunidad para identificar qué discursos
están ganando terreno y por qué.
Por eso, mirar hacia Colombia, Estados Unidos, Argentina, Chile o El Salvador no
debería llevarnos a copiar modelos, sino a reconocer patrones. Las tendencias
políticas cruzan fronteras con mayor velocidad que antes; llegan mediante redes
sociales, videos, influencers, discursos de campaña y narrativas que pueden
repetirse hasta parecer verdades incuestionables.
Analicemos nuestras posturas y busquemos aquellas de oposición como una
herramienta de libertad, de lo contrario cualquier tendencia puede malinterpretarse
como la única verdad, no dejemos que el exceso de datos y canales termine por
servir como un instrumento más de manipulación.