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Opinión

La Utopía existe, pero no es para todos

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

En 1516 fue publicada una de las obras más notables a lo largo de los tiempos: La
Utopía, escrita por Tomás Moro, ahí se describía una sociedad ideal, donde no
existe el hambre, hay equidad, seguridad y sus habitantes viven en total plenitud,
este escenario parece irreal para muchos, de ahí que la palabra Utopía ahora se
utilice como descripción de algo que se anhela, pero resulta inalcanzable.
Actualmente con vuelos al espacio de tan solo 11 minutos, ciudades altamente
tecnológicas y monedas digitales que pocos entendemos, resulta verosímil pensar
en un mundo altamente coordinado, con una extrema vigilancia que mantenga el
orden, donde el límite de recursos no sea una preocupación, sin embargo, en
contraste tendríamos un alto grado de desigualdad pues el progreso surge a costa
de dejar atrás a otra parte.
El viaje espacial de Blue Origin, pone en la mira no solo a sus tripulantes mujeres,
entre quienes destacan figuras femeninas con diferentes historias, entre ellas las
más mediáticas, Lauren Sánchez, prometida de Jeff Bezos y Katy Perry. Este viaje
nos invita a reflexionar en dos vertientes, primero el avance tecnológico y la
necesidad de conquistar nuevos territorios por si la tierra fuese insuficiente y
segundo ¿cuál es el verdadero impacto de estos supuestos avances?.
Katy Perry ha sido la figura más señalada, principalmente por su papel mediático
al ser una de las estrellas más reconocidas a nivel internacional, hay quienes
hablan de la importancia de fomentar vocaciones STEM entre las niñas, pues
existe poca representación femenina en estas carreras, pero poco se menciona de
esta inequidad desde mucho atrás, existe poco deseo de participar en estas
carreras porque la desigualdad de género es latente y las oportunidades no se
presentan por igual para niños y niños, así como tampoco llega la justicia cuando
esto es necesario.
Detrás de las figuras llenas de glamour también hay historias como la de Amanda
Nguyen, quien es considerada activista contra la violencia sexual pues ha narrado
en viva voz que muchas mujeres frenan su proceso de estudio precisamente por la
violencia que viven en las aulas sin que esta sea frenada. Si bien también tuvo
declaraciones respecto a cómo quería lucir en el espacio y sus deseos de arreglo
y vestimenta no están peleados con su labor social, estas frases también emitidas
por el resto de tripulantes son las que han banalizado su viaje al espacio.
Las críticas más fuertes giran alrededor del gasto que implicó la misión, su
popularidad en medio de múltiples conflictos armados que dejan a miles de
personas sin recursos, el impacto ambiental y la falta de empatía ante quienes en
este planeta están perdiendo su hogar y si bien ambas perspectivas son correctas

pues también es cierto que esta misión deja múltiples datos biométricos que
servirán para el desarrollo de la ciencia, no podemos negar que prioriza un
desarrollo que sin duda no será para todos, al menos no en el futuro cercano.
Cuando vemos el incremento de la tecnología en nuestros días no estamos
otorgando facilidad a nuestras vidas, al menos no de manera equitativa para todas
las comunidades, sino que estamos implementando nuevas formas de
segregación que permiten el alcance de desarrollo para quienes pueden pagarlo,
no es casualidad que el surgimiento de internet en nuestro país comenzara en una
de las instituciones privadas más reconocidas.
La creación de prótesis, los inventos que prometen un mayor cuidado de nuestros
recursos naturales, son posibles, siempre y cuando existan los recursos
económicos y el financiamiento para los mismos, lo que nuevamente nos lleva a
pensar ¿en manos de quién está realmente el futuro? Quizás los viajes y la
colonización del espacio sean posibles muy pronto, pero sin duda no serán una
posibilidad para todos. ¿lo mismo pasará ante una catástrofe ambiental
inminente? ¿Se harían realidad escenarios donde solo sobrevive quien puede, por
ejemplo, los multimillonarios que han construido espacios aptos para cualquier
catástrofe? De ser así nos toca ser más conscientes de nuestras acciones en el
presente y considerar el impacto que con nuestro consumo estamos dejando al
mundo que habitamos hoy.

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Opinión

Disciplina no es violencia: el vacío en las escuelas militarizadas de México

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Dafne Zapata tenía 13 años, la edad de la adolescencia, esa etapa donde muchas
familias, en busca de disciplina o de nuevas alternativas para la formación de sus
hijas e hijos, consideran opciones distintas al modelo educativo tradicional. Entre
ellas se encuentran las llamadas escuelas militarizadas, instituciones que ofrecen
orden, valores y carácter como parte de su proyecto educativo. Sin embargo,
detrás de esa promesa existe un vacío institucional que durante años ha pasado
desapercibido: aunque algunas operan con reconocimiento oficial de estudios por
parte de la Secretaría de Educación Pública, la propia Secretaría de la Defensa
Nacional ha señalado que no las autoriza ni supervisa, dejando sus métodos
disciplinarios fuera de un esquema especializado de control.
Lamentablemente, el caso de Dafne no ha sido el único. Erick Terán, en la Ciudad
de México, y Zamir Pinto, en el Estado de México, son nombres de jóvenes que
también perdieron la vida tras permanecer en instituciones de este tipo. Aunque en
su momento parecieron casos aislados, hoy la muerte de Dafne reabre un debate
que nunca debió cerrarse: ¿qué ocurre al interior de estos planteles y quién vigila
las prácticas que se ejercen sobre niñas, niños y adolescentes?
Los testimonios de estudiantes y familiares coinciden en describir un patrón
preocupante: aislamiento de sus familias, ejercicios físicos extremos, castigos,
humillaciones y distintos tipos de violencia que poco tienen que ver con la
disciplina y mucho con prácticas que, de acreditarse, podrían constituir tratos
crueles, inhumanos o incluso tortura. La disciplina forma; la violencia somete.
Confundir una con la otra no sólo vulnera derechos, sino que pone en riesgo la
integridad e incluso la vida de quienes deberían encontrarse en un espacio
seguro.
Parte del problema radica en la percepción de que estas instituciones funcionan
bajo estándares militares oficiales. La realidad es distinta. La Defensa ha
precisado que no tiene facultades para autorizar ni supervisar este tipo de
escuelas, mientras que la incorporación al sistema educativo únicamente acredita
aspectos académicos, no los métodos de entrenamiento, convivencia o disciplina
que aplican fuera del aula. Ese vacío ha permitido que algunas instituciones
construyan una imagen de rigor y autoridad sin que exista una supervisión efectiva
sobre las condiciones en las que operan.
La madre de Dafne recibió llamadas avisándole que su hija no estaba bien, incluso
un video donde se le veían los golpes, todo por un accidente según le habían
comentado, después tuvo que recoger el cadáver de su hija quien según la

institución había desfallecido en las regaderas, aunque la autopsia revela
ahogamiento. Este patrón se repite en los otros casos, donde las madres aún
piden justicia, y tristemente no son los únicos pues ex estudiantes de este tipo de
academias relatan actos atroces que atenta contra derechos humanos.
En medio de este panorama la discusión no puede limitarse en si estamos a favor
o en contra de este tipo de lugares. Sin duda cualquier proceso educativo depería
contemplar valores como disciplina y respeto, lo que resulta inadmisible es que,
bajo ese discurso, se normalicen prácticas que atenten contra la dignidad y los
derechos de las personas y que se cree una especie de pacto de silencio colectivo
en este tipo de academias como resultado del miedo impuesto.
El caso de Dafne obliga a ir más allá de una indignación momentánea, si bien ya
hay una persona detenida, su caso es ejemplo de la irregularidad de muchas
instituciones, mismas que deberían contar con mecanismos permanentes de
supervisión, más allá de sus programas académicos, ¿quién regula el resto de
prácticas? Cómo es posible que con más de un caso reportado de abuso no se
haya dado continuidad a las investigaciones, al momento la presidenta Claudia
Sheinbaum ya pidió la revisión de estos espacios en Tamaulipas donde tuvieron
lugar los hechos, pero estas supuestas escuelas operan en otras entidades y
requieren del mismo rigor que tanto promueven para aprobar su existencia.
Las prácticas físicas que se promueven son un gancho atractivo para juventudes
que buscan moldear el carácter e incluso adquirir otras habilidades, sin embargo,
es indispensable que su realización esté sujeta a prácticas corroboradas y
supervisadas donde la salud no esté en riesgo.

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Opinión

El ladrillito de AVA

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La administración del Gobierno del Estado de Tamaulipas tiene un amplio catálogo de problemas, algunos de estos convertidos ya en expedientes, mientras que otros apenas comienzan a conocer la luz del escrutinio público, pero, así como tiene toneladas de inconvenientes, también tiene buenas puntadas.

En su más reciente diálogo en ese programa dominical, el gobernador Américo Villarreal Anaya volvió a hablar de infraestructura como eje de su administración.

Subrayó que, al rededor del 95 por ciento de la inversión estatal en obra pública haya quedado en manos de empresas constructoras tamaulipecas, significa que buena parte del recurso permanece circulando dentro de la economía local. También enalteció la coordinación con el Gobierno Federal para desarrollar proyectos carreteros de alcance nacional; modifica, además, la posición estratégica de Tamaulipas dentro del intercambio comercial con Estados Unidos.

El llamado Arco Carretero del Golfo no es solamente una carretera. Si llega a ejecutarse como fue concebido, representará una redefinición logística para el noreste del país.

Por cierto, el gobernador Américo Villarreal Anaya habló de mediciones del INEGI que colocan a Tamaulipas entre las entidades con mayor crecimiento en percepción de bienestar,  y en ese sentido la obra pública juega un papel importante debido a que logra traspasar en el tiempo.

En la intimidad…  Mientras buena parte de la conversación pública sigue atrapada entre la polarización política y las redes sociales, una estudiante de doctorado de la Universidad Autónoma de Tamaulipas trabaja en silencio para resolver un problema que afecta a millones de productores agrícolas.

Aracely Martínez Bautista desarrolló CempaNeem, un biopesticida elaborado con extractos de cempasúchil y neem capaz de eliminar hasta el cien por ciento de la mosca blanca y reducir significativamente el desarrollo de uno de los hongos más agresivos para los cultivos de tomate.

No es un invento para ganar un concurso. Es ciencia con posibilidades reales de llegar al campo mexicano.

Ese quizá sea el verdadero rostro de una universidad pública: laboratorios donde el conocimiento deja de ser teoría para convertirse en soluciones.

Cuando la investigación logra proteger la tierra, reducir químicos y abaratar costos para quienes producen alimentos, entonces deja de pertenecer únicamente a la academia.

Empieza a pertenecerle a todos.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Érase una vez… PTM

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En la política mexicana, hubo una época muy estulta en la que los funcionarios veían los humedales como terrenos improductivos. Sí, eran bien tontos, y según esa visión miope del desarrollo para ellos, identificaba un espacio natural inservible: simples pantanos que había que rellenar, drenar o convertir en fraccionamientos, vialidades y estacionamientos. ¡PTM! Así fue durante décadas; esa ignorancia ambiental se tradujo en millones de toneladas de concreto sobre ecosistemas cuya verdadera función nunca entendieron.

Después de toda esa ignorancia e irresponsabilidad, hoy seguimos conviviendo con alcaldes y/o legisladores que prometieron drenes que no han podido construir, y por consiguiente, ciudades con riesgo de inundaciones, acuíferos cada vez más agotados, temperaturas urbanas que aumentan año con año y una biodiversidad reducida a pequeños islotes rodeados por esa feroz expansión inmobiliaria.

Sin embargo, como si fuera un milagro, la  Laguna La Escondida, en Reynosa, será intervenida por el Gobierno de Tamaulipas que encabeza Américo Villarreal Anaya, quien dirige un proyecto urbano estilo europeo.

Sí, además, el Plan Maestro Integral para la regeneración de La Escondida estará alejado de la improvisación política y de los tiempos electorales porque el jefe del ejecutivo quiere que Tamaulipas convierta este espacio en un ejemplo nacional sobre cómo recuperar un humedal urbano sin condenarlo al cemento.

La recuperación de La Escondida tampoco será exitosa por retirar 325 toneladas de residuos sólidos y lirio acuático. Ese dato demuestra voluntad operativa, pero apenas representa el inicio de una tarea mucho más compleja: devolverle al ecosistema su capacidad para regular agua, temperatura, fauna y calidad ambiental en una de las ciudades fronterizas con mayor presión demográfica del país.

Pero, para lograrlo, viene la integración de universidades, especialistas, cámaras empresariales, organizaciones civiles y dependencias estatales dentro de un mismo consejo consultivo, que, representa, quizá, la mejor noticia del proyecto. La naturaleza necesita menos discursos y más instituciones capaces de sobrevivir a los cambios de administración.

Ojalá La Escondida no termine convertida únicamente en un parque bonito para la fotografía oficial.

Ojalá termine siendo el primer caso mexicano donde la política entendió, al fin, que el agua vale mucho más que el concreto.

En la intimidad…  Un grupo de estudiantes de preparatoria de la Universidad Autónoma de Tamaulipas decidió hacer exactamente lo contrario: mirar hacia donde casi nadie mira.

No diseñaron una aplicación para conseguir miles de seguidores. No buscaron viralizar un video de treinta segundos. Se encerraron en un laboratorio para intentar responder una de las preguntas más difíciles de la medicina contemporánea: ¿es posible combatir el cáncer sin destruir al mismo tiempo el tejido sano?

Fernando Aguiñaga García, Leslie Flores Rodríguez y Sofía Covarrubias, asesorados por la doctora Karely Anaya Garza y el doctor Enrique Rocha Rangel, desarrollaron un nanocompuesto de apenas 32 nanómetros, cerca de mil 700 veces más delgado que un cabello humano, capaz de reconocer el microambiente de tumores de mama y pulmón para activar un mecanismo de muerte celular selectiva.

Traducido al lenguaje cotidiano: Mientras la quimioterapia convencional golpea indiscriminadamente células sanas y enfermas, estos jóvenes buscan que el tratamiento ataque únicamente al enemigo.

Hay otro detalle que vuelve extraordinaria la investigación.

El material nace del bagazo de caña de azúcar y del quitosano obtenido del exoesqueleto del camarón. Es decir, residuos agroindustriales y pesqueros convertidos en ciencia de frontera.

Eso también es economía circular.

Eso también es desarrollo sustentable.

Y eso también debería ocupar los titulares nacionales.

Obtuvieron el primer lugar estatal en la Feria de Ciencias e Ingenierías Tamaulipas 2026 y representarán al estado en la competencia nacional del próximo año.

La pregunta ya no es si tienen talento.

La pregunta es si México tendrá la inteligencia suficiente para no perderlos.

Porque el verdadero desarrollo de un país no comienza cuando inaugura una obra pública.

Comienza cuando decide cuidar a quienes algún día serán capaces de cambiar el mundo desde un laboratorio.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

¡Maldito pez Diablo hdtpm!

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Hoy comienzo dirigiéndome a quienes tienen 16, 17 o 18 años. Tal vez todavía no sepan qué estudiar. Y está bien. Lo que no estaría chido es creer que una profesión sirve únicamente para ganar dinero.

Eso es demasiado poco para una vida completa.
Un ingeniero puede construir un puente.
Un médico puede “devolverle años” a una persona.
Un abogado puede impedir una injusticia.
Un contador puede rescatar una empresa familiar.
Un científico puede cambiar la economía de toda una región con una idea que nació en un salón de clases.

Ninguna de esas cosas ocurre por accidente. Ocurren porque alguien decidió estudiar en serio.

También quiero decirles otra cosa. No permitan que les roben la capacidad de asombro.

Nadie sabe cuántos amigos tenía Alexander Fleming cuando descubrió la penicilina. Pocos podrían decir cuántos aplausos recibió Norman Borlaug antes de revolucionar la agricultura moderna. Muy pocos recuerdan cuántas entrevistas concedió Mario Molina antes de demostrar que la capa de ozono estaba siendo destruida. A todo mundo le valdrá madre cuántos pinches seguidores o likes alcanzaste hoy.

¿Verdad que la historia es injusta con la popularidad? Ah, pero eso sí, extraordinariamente generosa con la utilidad, y quizá ni siquiera tengas edad para entenderlo y ese es el mayor desafío que enfrentas en tu edad adulta, y más la juventud mexicana.

A mí no me crea, pero dicen los expertos que estamos ante la primera generación que tiene el conocimiento de la humanidad completo dentro del bolsillo y, paradójicamente, también es la primera que corre el riesgo de pasar horas enteras sin hacerse una sola pregunta importante. #THDSPM

Atención aquí. El algoritmo recompensa al que entretiene, pero la vida recompensa al que resuelve. Son dos cosas completamente distintas.

Mientras millones de jóvenes compiten todos los días por unos cuantos segundos de atención en las redes sociales, tres universitarios de El Mante decidieron competir contra algo infinitamente más difícil: un problema que llevaba años derrotando a cientos de familias.

Los estudiantes de Contaduría Pública, Adrián Hernández Nieto, Sebastián., Fernández Rivera y Judith de León Sánchez, asesorados por el Dr. Alejandro Trujillo Jiménez, diseñaron un método de procesamiento viable y seguro.

El proceso consistió en recolectar ejemplares de pez diablo y someterlos a una cocción controlada para conservar sus propiedades nutricionales. Posteriormente, los filetes se mezclaron con zanahoria y chayote para elaborar un alimento húmedo óptimo para felinos; el resto se pulverizó en harina para integrarse a una mezcla balanceada con melaza, sales minerales y maíz, consolidando bloques sólidos para el ganado.

Ellos no buscaron hacerse virales; lo que pretenden es hacerse útiles. Tomaron una especie invasora que durante años ha destruido el equilibrio de ríos y lagunas, reducido las capturas de pescadores y afectado la economía de comunidades enteras, y decidieron convertir el problema en solución, y justamente así comienza casi toda revolución científica.

No con respuestas. Con preguntas.

Bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, la Universidad Autónoma de Tamaulipas parece estar apostando precisamente por esa ruta: dejar de entender la investigación como un ejercicio académico para convertirla en una herramienta que dialogue con el campo, con los productores, con el medio ambiente, con la economía y con las necesidades de la sociedad.

Esa visión no produce aplausos inmediatos. Produce algo mucho más importante.

Confianza.

Mientras afuera el país discute quién tiene la razón, dentro de muchas aulas universitarias hay jóvenes que están intentando resolver los problemas que todos los demás solamente comentan.

Y esas aulas también merecen ser noticia.

Vale la pena defenderlas.
Vale la pena cuidarlas.

Vale la pena reconocer que existen espacios donde todavía se puede debatir una idea sin miedo, investigar con libertad y equivocarse para volver a intentar.

Nunca subestimen el valor de un campus universitario donde la mayor preocupación de un estudiante siga siendo terminar un experimento y no sobrevivir al camino de regreso a casa.

Eso también habla de un país.
Eso también construye futuro.

Dentro de veinte años, nadie recordará cuántos seguidores tenía el creador de contenido más famoso de este verano.

Pero es muy probable que algún productor del campo siga alimentando su ganado gracias a una idea que nació una tarde cualquiera en un laboratorio de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Esa es la diferencia entre hacerse famoso por un rato…
…y hacerse indispensable.

En la intimidad… Déjenme pedirles un último favor, especialmente a los más jóvenes.

No hereden el vicio de creer que toda obra pública es propaganda ni la ingenuidad de pensar que toda obra pública merece aplausos.

Observen.
Caminen su ciudad.
Pregunten.
Comparen fotografías de hace diez años con las de hoy.

Aprendan a distinguir cuándo una calle cambió una colonia y cuándo solamente cambió el discurso.

Esta semana, en el Tampico residido por Mónica Villarreal Anaya, la calle Privada Miramar dejó de ser una promesa de campaña para convertirse en una obra terminada. Después de más de cuarenta y cinco años de espera, llegaron el concreto hidráulico, la renovación de la red hidrosanitaria, las banquetas, las luminarias y una inversión superior a tres millones de pesos. Para una familia que durante décadas convivió con el polvo o el lodo, la política dejó de ser un concepto abstracto: empezó a parecerse a una mejora concreta en su vida diaria.

Eso no significa que el gobierno deba recibir cheques en blanco.

Significa exactamente lo contrario.

Que ahora la ciudadanía tiene más elementos para preguntar cuánto costó, cuánto durará, quién la construyó y qué colonia será la siguiente.

Ahí comienza la democracia adulta.
No en el aplauso automático.
Tampoco en la descalificación permanente.

Comienza cuando una generación entiende que el dinero público no pertenece a los gobiernos, sino a los ciudadanos.

Y cuando esa generación aprende a exigir con argumentos, los gobernantes dejan de administrar la opinión pública y empiezan, por fin, a administrar resultados.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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