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Opinión

La varita mágica.

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Mientras, Alejandro Moreno, Marko Cortés Mendoza y Jorge Álvarez Máynez, tres auténticos payasos de la política mexicana, se rasgan las vestiduras en una discusión por ver y conocer quién de los tres renuncia a sus intereses personales y antepone el bien de México, la candidata del PRIAN, Xóchitl Gálvez Ruiz, puso el dedo en la llaga y dijo entrarle a la desalinización del agua y transformar el trabajo del campo, y de la ganadería en el país, con el fin de abastecer del vital líquido a los más de 120 millones de mexicanos.

¿Acaso XGR, tiene una varita mágica? No, pero el proceso de osmosis inversa no es nada nuevo en el mundo, muchos países desarrollados lo hacen; en el sur de Tamaulipas, algunas empresas petroquímicas en la zona industrial ya lo trabajan, es más, así fue como sobrevivieron en el corredor industrial a la invasión de agua salobre en 2021.

Xóchitl realizó una escala técnica en Tampico antes de trasladarse vía terrestre a Pánuco y Tantoyuca,  en Veracruz. Ya casi con un pie en el XóchitlBus, se dispuso a dialogar rápido con los medios de comunicación respecto al escenario hídrico para México si ella gana la contienda electoral.

“Resolver de fondo el tema del agua, donde tengamos que desalinizar, vamos a desalinizar,  tratar el agua; tecnificar el campo, vamos a tecnificar el campo, no podemos seguir consumiendo tanta agua en el campo, tenemos que reparar fugas, pero sobre todo, todo el país está enfrentando su peor crisis hídrica porque cuando llegó este gobierno redujeron de manera importante los recursos a la CNA, ya el último año lo subieron en el 2023, pero en el 2024 volvieron a bajar, con mi gobierno vamos a triplicar los recursos a la Comisión Nacional del Agua y vamos a hacer buenos proyectos para Tampico”, dijo la candidata de la alianza «Fuerza y Corazón por México»

En redes sociales la respuesta fue reventada por los morenistas y fanáticos de Claudia Sheinbaum Pardo. Algunos aseguraron que Xóchitl miente, otros la descalificaron por su dentadura y aspecto físico, sin embargo, ninguno de esos se detuvo un poco para sacudirse o despojarse el saco de “estultos” que Claudia Sheinbaum les profirió el pasado 25 de abril, cuando en rueda de prensa dijo en el Hotel Posada de Tampico: “estamos evaluando este proyecto de poder traer agua del Papaloapan, solamente que estamos evaluando todos los impactos ambientales, sociales, estamos dialogando con todos los estados; tenemos que llegar al gobierno y una vez que estemos ahí definir con las consultas necesarias si es factible o no el desarrollarlo”, declaró Claudia Sheinbaum en un encuentro con medios de comunicación rodeada de sus compañeros candidatos al Congreso de la Unión.

Lo triste es que ninguno de los candidatos, ni siquiera los oriundos del sur de Tamaulipas repararon y tuvieron conciencia de que el Río Papaloapan está a poco menos de 600 kilómetros de distancia del sur de Tamaulipas. En su ignorancia, solo acentuaban con la cabeza los dichos de Sheinbaum Pardo, a ellos no les dio la geografía para tener presente que el «dichoso» Río Papaloapan, desemboca en el Golfo de México, pero allá, muy al sur del estado de Veracruz.

No, Xóchitl no, no tiene una varita mágica, pero tampoco viene a decir tonterías ante un problema tan complejo como es el desabasto de agua en el Sistema Lagunarío del Río Tamesí.

En la intimidad… Por cierto la que ese día se salvó de la quema por no saber de Geografía, fue precisamente Úrsula Patricia Salazar Mójica, pero seguro porque es candidata a diputada local, no estuvo en el templete moviendo la cabecita como esos muñequitos que traen los choferes de la ruta Tampico- Altamira, sino, también hubiera estado diciendo que sí a lo menos viable del mundo, a los dichos sin sentido que salían de la mente ocurrente de Claudia Sheinbaum…

En fin, dice Ú, que la esperanza y el compromiso se hizo sentir en días pasados durante sus recorridos por la zona norte de Tampico.

Dice que ella insistirá en ejercer una política cercana al pueblo, en la que presume haber destacado por complementar en justa medida el legislar y escuchar a la ciudadanía. Úrsula sonríe campante; en cada apretón de manos se da el lujo de frenar su paso y caminar con pausa; en cada mirada que cruza con la gente no deja de agradecer y en cada abrazo que le entregan, dice sentirse más cerca de la victoria.

Gane quien gane la presidencia de Tampico, Úrsula ya se constituyó como una marca, un movimiento más al interior de morena con su propio ADN, así que, si logra esconderse del brillo de Tampico, se lleva el Distrito 21.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Los Anaya del momento

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En México, como en el mundo, hay apellidos que pesan, y en Tamaulipas ni se diga, aunque hay otros que, sin quererlo, se convierten en el tema de conversación de todo un día entero.

Desde hace ya varios meses, en cafés políticos, oficinas de gobierno, pasillos universitarios y en cada rincón de los 43 municipios de la entidad, y mesas empresariales, se repite con mayor constancia una pregunta un tanto incómoda – un poco más normal y entendible; aun así, algunos la formulan en voz baja y los más conocedores con abierta intención de romper los susurros.

¿Ya viste qué tan cerca están Américo Villarreal y Dámaso?

La pregunta parece sencilla, como de un reportero recién egresado de la universidad; de esas que son lanzadas por aquel joven comunicador que busca confirmar los generales y atribución de un personaje de larga y prominente trayectoria: “¿Nombre y cargo, por favor?”, seguida de las risas burlonas del animal político sobre el juvenil entrevistador.

Entonces, responder la pregunta de la evidente cercanía entre Villarreal y Anaya ya no es tan sencillo como el cuestionamiento, y claro, porque quien intente explicar la relación entre el gobernador y el rector únicamente a partir de los apellidos corre el riesgo de equivocarse… aunque, siendo sinceros, seguramente habrá alguno que otro recién arribado al pueblo que no se ha percatado de nada.

En fin… ambos llegaron por rutas distintas.

Américo construyó una carrera que lo llevó del consultorio médico al Senado y posteriormente a la gubernatura.

Dámaso recorrió el camino universitario y la operación política en la capital tamaulipeca hasta alcanzar la rectoría de la institución pública más importante del estado.

¡Es correcto! Ninguno apareció de la noche a la mañana, aunque sus parentescos generan sospechas; sin embargo, sus respectivas trayectorias generan legitimidad, por más que haya quien se esfuerce por encuadrar la relación entre ambos dentro de la definición clásica de nepotismo.

Lo que sí existe es algo mucho más interesante: una sincronía institucional poco común entre el Gobierno de Tamaulipas y la Universidad Autónoma de Tamaulipas, hasta permitir que el gobernador Américo Villarreal Anaya tome protesta al Comité Técnico del Fideicomiso para el Fortalecimiento de la UAT y presidir la primera reunión ordinaria de este nuevo instrumento, que representa un modelo ejemplar de gobernanza, transparencia y responsabilidad financiera que permitirá establecer las reglas de operación e inversiones claras de los recursos de la máxima Casa de Estudios.

El gobernador destacó que la creación de este fideicomiso por parte del Gobierno del Estado es una colaboración creada mediante Decreto Gubernamental del 22 de mayo de 2026, el cual surge como parte de una estrategia humanista que consiste en el entendimiento y acompañamiento con el fin de aplicar los recursos de forma eficiente.

Y la instalación del Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Universidad Autónoma de Tamaulipas es prueba de una gran relación y extraordinaria cercanía.

En la intimidad… Hay funcionarios que tardan años en entender lo que espera de ellos un gobernador.

Y hay otros que lo entienden desde la primera conversación.

Todo indica que Manuel Virués Lozano pertenece al segundo grupo; bueno, eso parece, aunque ha regalado cada bochorno.

Hace apenas unos años, hablar de una actuación histórica de Tamaulipas en el deporte nacional parecía una aspiración más cercana al discurso que a la realidad.

Hoy los números cuentan otra historia. La delegación Tamaulipas logró una actuación sin precedentes en la Olimpiada Nacional 2026, logrando una cosecha de 186 medallas, la cifra más alta en toda la historia para nuestro estado desde la creación del magno evento deportivo organizado por la Comisión Nacional de Deporte, destacando las disciplinas de judo, atletismo y tiro deportivo como las máximas ganadoras de preseas para Tamaulipas.

Y detrás de ese dato hay una lectura política que pocos comentan.

Américo Villarreal entendió desde el inicio de su administración que el deporte no genera titulares diarios, pero sí construye ciudadanía, reconstruye el tejido social, fortalece la paz y la seguridad y da más alcance a Tamaulipas; es decir, sí hay avances, pero Américo va por más indicadores, más resultados evidentes, más seguridad, más desarrollo y más Tamaulipas que participe y sea motor en el Plan Nacional de Desarrollo que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Y porque quiere más, decidió invertir más de 330 millones de pesos en infraestructura deportiva junto con la federación.

Más de 130 millones en canchas y espacios para la activación física.

Más de 68 millones adicionales en rehabilitación y equipamiento de instalaciones distribuidas en distintos municipios.

Pero una inversión, por sí sola, no garantiza resultados.

Hacía falta alguien que conectara los recursos con los atletas.

Y ahí llegó Virués.

davidcastellanost@hotmail.com
@dect1608

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Opinión

Colonización disfrazada de progreso

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

¿Qué tienen en común Albania, Israel y México? A simple vista hablamos de
territorios aislados entre sí, con culturas e incluso religiones totalmente distintas,
sin embargo, la ocupación de sus territorios es el punto común. Los
desplazamientos de sus habitantes originales disfrazados de progreso, la
justificación publicitaria y por supuesto inversiones millonarias que arrasan con el
hábitat con tal de llevar a cabo su objetivo.
Para los mexicanos no es ajeno el desplazamiento, lo que hoy es México es
resultado de una colonización, pero si bien en la historia aprendimos de cómo se
erradicaron a poblaciones enteras, la opresión, discriminación y múltiples cambios
culturales, pareciera que en la actualidad múltiples autoridades olvidan que la
inversión no justifica el daño que pueden traer consigo las empresas
internacionales.
México es una gran reserva de recursos naturales, con lagunas legales que
múltiples industrias buscan aprovechar y de seguir ignorando la realidad de
distintos puntos podríamos tener consecuencias devastadoras no solo sobre el
medio ambiente sino también sobre nuestra propia población. El ejemplo más
claro fue el complejo turístico de Perfect Day en Mahahual, sin embargo, ahora los
ojos deberían estar en Topolobampo, Sinaloa y su planta de amoniaco, pero no
hablamos lo suficiente de ello.
La narrativa se repite una y otra vez bajo el mismo guion. Primero llegan las
promesas de empleo, crecimiento económico y modernización. Después aparecen
campañas publicitarias que presentan los proyectos como inevitables y benéficos
para todos. Finalmente, cuando las obras avanzan, las comunidades descubren
que el precio a pagar es mucho mayor de lo anunciado: alteración de ecosistemas,
presión sobre recursos naturales, aumento del costo de vida y pérdida gradual de
su identidad cultural.
Surgen las marchas constantes que no vemos en pantallas y poco resuenan,
porque así la indignación no mancha los intereses económicos y políticos, pero
estas deberían ocupar toda agenda pública antes del fútbol, tal como mencionaron
múltiples colectivos, que el entretenimiento no nuble la empatía ante el otro
México y las necesidades igualmente apremiantes de otras naciones. Si bien el
deporte nos une, también deberían hacerlo las necesidades sociales.
Lo mismo ocurre en otras regiones del mundo. La familia Trump ha manifestado
interés en desarrollar proyectos inmobiliarios de lujo en Albania, mientras que
celebridades y grandes inversionistas anuncian complejos exclusivos en Israel
bajo el argumento del desarrollo económico. Aunque los contextos políticos son

distintos, la lógica es similar: territorios convertidos en mercancía para atraer
capital y consumidores de alto poder adquisitivo. Los habitantes originales rara vez
participan en la toma de decisiones y con frecuencia terminan adaptándose a
proyectos diseñados para otros.
Se trata de una forma de colonización más sofisticada que la de siglos anteriores.
Ya no llega necesariamente mediante ejércitos o conquistas territoriales, sino a
través de contratos, inversiones y campañas de relaciones públicas. El resultado,
sin embargo, puede ser parecido: comunidades desplazadas, culturas relegadas y
recursos explotados para beneficio de quienes concentran la riqueza.
Defender el desarrollo no significa aceptar cualquier proyecto sin
cuestionamientos. El verdadero progreso debería medirse por la capacidad de
mejorar la calidad de vida de quienes habitan un territorio, sin desplazarles ni
disfrazar el progreso como una máscara más de la explotación. El desarrollo no se
mide por el tamaño de la inversión anunciada, ni por la cantidad de turistas o
inversionistas que puedan llegar. Cuando los beneficios quedan en manos de
unos cuantos, y los costos recaen sobre la población local, no estamos frente a
una etapa de crecimiento, es más bien una nueva forma de colonización.
La pregunta no es si México debe recibir inversiones extranjeras. La pregunta es
cómo generar estas inversiones buscando un beneficio mutuo, donde las
empresas se sometan a regulaciones igual o más estrictas que en sus propias
naciones y las fuentes de empleo lleguen con condiciones equitativas de
crecimiento. Lo que sucede en otras partes del mundo es un recordatorio de lo
que no podemos permitir: nuestro propio desplazamiento para beneficio de unos
cuantos y a costa de apropiaciones culturales. Alcemos la voz para defender
nuestras tierras, a la gente y también los ecosistemas. De lo contrario, corremos el
riesgo de repetir la historia que tantas veces hemos condenado: ver cómo
nuestros territorios dejan de pertenecer a quienes los habitan para convertirse en
espacios diseñados para quienes pueden comprarlos.

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Opinión

Abogados chingones 

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¡Qué caray! Mientras muchos siguen litigando como si el tiempo estuviera detenido en los años noventa, en la gloriosa Tamaulipas ya hay quienes van uno, dos o cuatro pasos adelante  h saben ver al futuro. 

La justicia mexicana va dejando atrás montañas de expedientes empolvados, promociones interminables y resoluciones que parecían escritas para ser entendidas únicamente por quienes las redactaban. Pero, la oralidad viene empujando la puerta con fuerza y el nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares no es una reforma más: es un auténtico terremoto institucional que modificará la manera de impartir y procurar justicia en México.

Y frente a ese escenario hay dos tipos de abogados.

Los que esperan que llegue el cambio.

Y los que se preparan para encabezarla.

Por eso no resulta casual que el Colegio de Abogados de Tamaulipas A.C., el organismo gremial más grande, sólido y territorialmente representativo del estado, haya vuelto a colocarse un paso adelante del resto.

Porque una cosa es hablar de oralidad.

Y otra muy distinta es vivirla todos los días desde el estrado.

La Universidad Cultural Metropolitana y el Colegio de Abogados de Tamaulipas lograron lo que pocas instituciones pueden presumir: llenar la totalidad de los espacios disponibles para un diplomado especializado antes incluso de iniciar actividades.

Ochenta abogados.

Cupo agotado.

Lista de espera.

Y una expectativa que difícilmente se genera cuando la oferta académica carece de nivel.

La razón es sencilla.

Los nombres convocados para impartir este diplomado no pertenecen al circuito de conferencistas profesionales que recorren el país repitiendo presentaciones de Power Point. Son operadores reales del nuevo sistema procesal civil y familiar de la Ciudad de México, entidad donde actualmente se prueba, se corrige, se perfecciona y se pone a prueba cada día la reforma que terminará transformando la justicia no penal mexicana.

Jueces.

Magistrados.

Secretarios de acuerdos.

Especialistas en litigio.

Funcionarios que conocen las entrañas del sistema porque forman parte de él.

Ahí aparecen figuras como Jorge Ortega Camacho, juez de etapa postulatoria; Rebeca Yazmín Rodríguez Pujol, secretaria de acuerdos especializada en restitución y adopción internacional; Juan Manuel Becerril de la Llata, referente nacional en amparo y litigio constitucional; María Cruz García Martínez; Rebeca Florentina Pujol Rosas; María del Rocío Martínez Urbina; Miel Anet Silva García; María de los Ángeles Romaní Zavalza; Jennifer Angely Carrillo Rojano y Enrique de Jesús Durán Sánchez.

En otras palabras: quienes se inscribieron no acudirán a escuchar teorías sobre lo que podría pasar cuando llegue el nuevo sistema.

Escucharán a quienes ya lo están aplicando.

Y eso vale oro.

Durante décadas los litigios civiles y familiares fueron construidos bajo una cultura escrita. El expediente era el rey. El papel era la prueba del trabajo. Los tiempos procesales parecían medirse con calendario geológico.

Por eso el mensaje que envía el Colegio de Abogados de Tamaulipas es contundente.

La actualización profesional ya no es un lujo.

Es supervivencia.

Tal vez ahí radique la razón por la cual este organismo continúa creciendo y consolidándose como la agrupación jurídica más numerosa del estado, superando los 250 integrantes activos y manteniendo presencia en prácticamente todas las regiones tamaulipecas.

Porque entendió antes que muchos que los colegios de abogados del siglo XXI no pueden limitarse a entregar reconocimientos, organizar comidas o emitir posicionamientos protocolarios.

Su verdadera responsabilidad consiste en preparar a sus agremiados para enfrentar los cambios que vienen.

Y en ese terreno, hoy por hoy, el Colegio de Abogados de Tamaulipas está marcando la agenda.

No la sigue.

La marca.

En la intimidad… Hay estados que administran su presente.

Y hay estados que construyen su futuro.

Tamaulipas parece decidido a pertenecer al segundo grupo.

Cuando el gobernador Américo Villarreal Anaya afirma que la entidad es una potencia logística, energética y comercial, no está recurriendo a la retórica política habitual. Está describiendo una realidad respaldada por cifras que colocan al estado en una posición privilegiada dentro del tablero económico nacional.

Pocas regiones pueden presumir lo que Tamaulipas tiene frente a sí.

Diecinueve cruces internacionales.

Once puentes dedicados al comercio.

El 42 por ciento del intercambio terrestre entre México y Estados Unidos.

Más de la mitad del movimiento ferroviario binacional.

Puertos estratégicos.

Carreteras que conectan mercados.

Y una ubicación geográfica que cualquier entidad desearía tener.

Pero el dato más interesante no está en la estadística.

Está en la visión.

Porque la apuesta no consiste únicamente en mover mercancías.

Consiste en transformar riqueza en bienestar.

Esa es la diferencia entre crecer y desarrollarse.

Mientras nuevas inversiones energéticas comienzan a tomar forma en Altamira, mientras avanzan proyectos petroleros frente a las costas tamaulipecas y mientras el estado fortalece su liderazgo en sectores industriales de alto valor agregado, surge una pregunta inevitable:

¿Quiénes aprovecharán esas oportunidades?

La respuesta del gobernador apunta hacia la educación.

Formar jóvenes preparados para ocupar esos espacios.

Crear talento local.

Convertir a las nuevas generaciones en protagonistas del desarrollo y no en espectadores del éxito ajeno.

Porque las grandes oportunidades también exigen grandes capacidades.

Y porque ninguna transformación económica tiene sentido si no termina reflejándose en la mesa, el empleo y la calidad de vida de las familias.

Al final del día, los puertos, las carreteras, los ferrocarriles y las plantas de energía son solamente herramientas.

El verdadero objetivo sigue siendo el mismo.

Construir un Tamaulipas más fuerte.

Más seguro.

Más competitivo.

Pero sobre todo, más justo para quienes lo habitan.

davidcastellanost@hotmail.com

@dect1608

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Opinión

Chiquita y al pie, de Peña Nieto a Sheinbaum

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Más allá de que en estados como Tamaulipas, hay un antes y un después en materia de seguridad. Los mexicanos, y más los amantes del futbol, pero, en general, el país entero le debe un golazo al expresidente Enrique Peña Nieto.

Para los que no le saben a los deportes, y mucho menos al futcho, hay una regla no escrita que solo los conocedores y las grandes aficiones respetan: Los goles se gritan con toda la fuerza y energía, pero también se recuerdan para siempre.

Aquí no importa si quien los anotó ya no viste la camiseta, si salió del club por la puerta de atrás o si parte de la tribuna decidió convertirlo en villano; nada de eso es considerado. Cuando una jugada termina con el balón al fondo de la red y cambia el rumbo del juego, pero, además, marca la historia del club, el nombre de ese futbolista jamás se borra.

En México se experimentará lo que ninguna otra nación ha conseguido.

El 11 de junio, cuando el silbatazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 marque el arranque de la máxima fiesta del fútbol, nuestro país será el primero en albergar tres Copas del Mundo. ¡Dios bendito, santo, glorioso y poderoso…! ¡Viva México!

Es imposible que las emociones no invadan al individuo. Este momento marca una época, y lo estás viviendo; eres testigo de algo que no sabemos cuándo será, ni quién será el siguiente país que pueda decir lo mismo que los mexicanos. Tres veces, tres, ¡ptm!

Pero, hablemos con honestidad intelectual, sin filias partidistas y sin las pasiones que suelen contaminar cualquier análisis; hay un nombre que no puede quedarse en la banca de la historia: Enrique Peña Nieto.

Hace ocho años, el 13 de junio de 2018, cuando faltaban apenas unos días para que concluyera su sexenio y cuando la atención nacional estaba puesta en la contienda presidencial, el entonces mandatario anunció una noticia que terminaría cambiando la posición de México en el mapa deportivo mundial.

A las 07:09 horas comunicó que la FIFA había elegido la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá para organizar el Mundial de 2026.

Aquella mañana no se ganó una elección.

Se ganó una sede.

Y en términos futbolísticos, conseguir una Copa del Mundo equivale a ganar la final más complicada que existe fuera de la cancha.

La candidatura norteamericana compitió, negoció, convenció y terminó levantando el trofeo antes de que se disputara el primer partido, y sí, fue gracias a su gabinete, a él, a su visión primer mundista.

Usted acaba de aprender que las sedes mundialistas no se sortean. Se conquistan. Se trabaja durante años. Se construyen con relaciones diplomáticas, infraestructura, credibilidad internacional y capacidad logística.

La FIFA no entrega la organización de su torneo más importante a países improvisados.

La pone en manos de quienes considera capaces de recibir a millones de visitantes, garantizar seguridad, mover economías enteras y proyectar una imagen de estabilidad ante el planeta.

Por eso, cuando Peña Nieto afirmó que la decisión representaba un reconocimiento y un voto de confianza para México, no estaba pronunciando una frase protocolaria.

Estaba describiendo exactamente lo que había ocurrido y lo que él dejaba como legado. México aquel año marcó un gol de media cancha ante el mundo, o fue algo así como ese remate que va al fondo de la red en el último segundo para el campeonato.

Hoy todos los celebran.

Ahora, cuando las cámaras internacionales enfoquen el Estadio Azteca, cuando los narradores recuerden que ningún otro país ha organizado tres mundiales y cuando los aficionados extranjeros recorran nuestras ciudades, estarán observando el resultado de una candidatura obtenida durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

En la actualidad, su figura sigue dividiendo opiniones, ah sí, pero, cuando la FIFA buscó sede para 2026, México estaba en la alineación titular.

Cuando se negoció la candidatura, Peña Nieto ocupaba la dirección técnica del país.

Y si, quizá el expresidente nunca levante la Copa.

Quizá nunca aparezca en los homenajes oficiales.

Quizá ni siquiera sea mencionado durante las ceremonias que veremos esta semana.

Pero eso no cambia el resultado.

Cuando México entre al terreno de juego para inaugurar su tercer Mundial, él ya lo había anunciado desde hace ocho años, y esto lleva la firma de Enrique Peña Nieto.

Ah, por cierto… Fue el mismo Peña Nieto quien impulsó el regreso de la Fórmula Uno a la Ciudad de México en 2015, después de veintitrés años de ausencia, pero, esa es otra historia.

¿ya entendiste su ausencia?

En la intimidad… Mientras el planeta entero se acomoda frente al televisor para seguir la Copa Mundial de 2026, Tampico decidió mirar también hacia sus propias vitrinas.

Porque antes de los estadios llenos, de los patrocinadores multimillonarios y de las figuras internacionales, el fútbol se construye con memoria.

Por ello, la alcaldesa Mónica Zacil Villarreal Anaya anunció la exposición “Más de un Siglo de Fútbol en Tampico”, una muestra que promete convertirse en una auténtica cápsula del tiempo para quienes crecieron escuchando historias de la Jaiba Brava, de los viejos campeonatos y de los héroes locales que hicieron rodar el balón en esta región.

Más de cien jerseys, trofeos, fotografías y objetos históricos permitirán recorrer la evolución de un deporte que durante más de un siglo ha sido parte del ADN tampiqueño.

La exposición estará abierta del 23 de junio al 10 de agosto en Expo Tampico.

Entrada libre.
Porque los mundiales duran unas semanas.
Los campeonatos algunos años.

Pero las pasiones que nacen alrededor de una pelota pueden sobrevivir generaciones enteras.

davicastellanost@hotmail.com
@dect1608

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