Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com
Al hablar de la historia de las mujeres, tenemos que hablar de lucha, segregación
e imposición, pues durante siglos a lo largo del mundo, ha crecido una gran
desigualdad de género, que tiene diversas raíces en la cultura o la religión, sin
embargo, se ha venido perpetuando pese a la evolución de sociedades.
Actualmente en pleno siglo XXI la religión sigue siendo un pretexto para controlar
el comportamiento de las mujeres, para someterlas a prácticas que incluso
vulneran sus derechos humanos como negar el acceso a educación, obligarlas a
mutilar su cuerpo o hasta forzar un matrimonio a temprana edad.
Si hablamos de los primeros años de una mujer, es común que antes de los 5
años las niñas comiencen a dejar de creer que pueden cumplir sus propios
sueños, ya que la representación que hay de mujeres en diversos espacios es
mucho más escasa comparada con la de los hombres. Los juguetes que las niñas
suelen recibir, ayudan a perpetuar el estereotipo de que las mujeres únicamente
tienen espacio en labores del hogar, donde su mayor aspiración y lo más natural
sería que busquen formar una familia.
Incluso dentro del hogar, la capacidad de decisión puede verse disminuida por
violencia económica, donde el control de todo está a cargo de un hombre. O peor
aún, hay culturas o espacios donde la vida vale más según el género, por lo que
se hace un aborto selectivo en cuanto se sabe que puede nacer una niña. Las
mujeres han sufrido violencia sistemáticamente sólo por el género y enfrentan de
manera continua múltiples historias que en su mayoría pasan al olvido.
En puntos geográficos como Irán, es totalmente legal disminuir el valor de una
mujer, las decisiones que tomen no serán realmente suyas, deben pasar por la
aprobación de un hombre, ya sea un padre de familia, hermano o cónyuge. Esta
realidad no es ajena en comunidades donde una mujer vale lo mismo que la dote
de un animal, donde el padrino es quien debe determinar la valía que tiene en el
matrimonio o incluso un padre puede determinar con quién pasará el futuro una
menor de edad, según convenga a la familia. Estas comunidades pueden estar
dentro de nuestras propias fronteras.
Si bien hay historias de mujeres desaparecidas alrededor del mundo, donde el
género es una amenaza a nuestra existencia, no podemos ignorar que México es
parte de las estadísticas más alarmantes, donde 10 mujeres son asesinadas
diariamente simplemente por su condición de mujeres. Un país donde la culpa es
de la ropa, las aparentes malas decisiones que pondrían a cualquiera sobre
riesgo, pero rara vez se señala como responsable a un violador o asesino.
De acuerdo a distintas asociaciones civiles y a la misma Organización de las
Naciones Unidas, la educación es una de las herramientas más poderosas para
lograr equidad de género, sin embargo, también educativamente sigue existiendo
una gran brecha, pues en comunidades rurales hay limitantes que podrían resultar
absurdas, pero son latentes, como el no poder ocupar un espacio de aprendizaje
debido a la falta de productos básicos de higiene como las toallas sanitarias.
Otro punto que impida el acceso a oportunidades educativas son las tareas del
hogar, la cercanía geográfica y la formación propia del hogar. Dentro de la misma
segmentación del género, hay quienes gozan de ciertos privilegios, pero es
innegable que sigue existiendo una constante diferencia entre la historia de la
mujer y la del hombre. Aún más evidente es el control ejercido desde nuevas
actividades y cómo pareciera que cada una de nuestras historias, pasa
rápidamente al olvido.