Cuando Marcelo Ebrard inauguró la línea 12 del metro en la Ciudad de México, ya sabía de las malas condiciones en las que se encontraba. Desde su puesta en operación se emitieron peritajes que señalaban la mala calidad de materiales y diseño, que incluso, llevó a que fuera cerrada para reparaciones a los dos años, hasta que finalmente ocurrió el terrible accidente de anoche en el que perdieron la vida 23 personas y otras 70 resultaron lesionadas.
Una tragedia que enluta a todo México, y que al mismo tiempo llena de indignación, coraje e impotencia, pues es a todas luces resultado de la corrupción y la impunidad con la que se manejaron las autoridades capitalinas. Todos lo ven así y no habrá resultado de investigación que les haga ver lo contrario.
Hoy en la conferencia de prensa de la mañana, el presidente Andrés Manuel López Obrador, aseguró que se investigará a fondo y se dará a conocer con transparencia el resultado.
Por su parte Claudia Sheibaum, jefa del Gobierno de la Ciudad de México, prefirió no adelantar las posibles causas de este accidente y dio a conocer que se contratará a una empresa internacional para que realice el peritaje y se conozcan las causas.
Después del terremoto del 2017 se reportaron serios daños en el tramo en el que ocurrió el accidente, en donde al parecer no se realizaron las correcciones requeridas.
Marcelo Ebrard, ahora como canciller del Gobierno Federal, dijo estar abierto y dispuesto a cualquier investigación y participación de su parte, asegurando que, «El que nada debe nada teme», por aquello de que pudiera ser señalado como responsable directo o indirecto de esta tragedia.
Lo que es cierto, es que todas las autoridades conocían de las deficiencias en la línea 12 del metro, sabían de los posibles accidentes, se enteraron que después del sismo del 2017, la estructura que anoche colapsó, sufrió severos daños y no se corrigió como debería. Ahora ahí están las consecuencias.
EN LA ZONA SUR DE TAMAULIPAS
En lo que corresponde a la zona sur de Tamaulipas, una situación que también ya se conocía desde hace años, es el problema del desabasto del agua que en algún momento se iba a tener.
Desde hace más de 20 años, se habla del tema de la fuga agua dulce o la filtración de agua salobre al sistema lagunario del Chairel, sin embargo, es fecha que no se han destinado los recursos para remediar esta situación, que hoy en día mantiene en momento de crisis a la zona sur de Tamaulipas.
El descenso de los niveles en el sistema lagunario del Chairel, es un problema cíclico que hasta el momento no había representado problemas, puesto que la operación de las plantas procesadoras de agua potable, podían operar con cotas por debajo de la cota de 10 cm, incluso se dice que hasta con cota de 0 cm, la operación de la Comisión Municipal de Agua Potable no se detendría.
A pesar de las advertencias de expertos sobre cambio climático y los periodos de sequía cada vez más largos desde hace 8 años, no se presionó sobre el tema, que siempre se tocaba en cada elección por parte de los candidatos a presidentes municipales de esta zona sur del estado.
Apurados por esta situación hace tres años, en 2019, se presentó un proyecto ejecutivo de manera formal ante las instancias correspondientes del Gobierno Federal, para que fuera contemplado en los presupuestos de la Comisión Nacional del Agua en 2020, sin embargo no fue así.
El problema del estero El Camalote data de hace más de 20 años.
Se esperaba que para 2021, nuevamente se contemplara por parte de las autoridades federales, pero tampoco se tomó en cuenta.
Es así que este año, después de una sequía extendida, el suministro de agua, tanto para la industria, comercio y residencial, se encuentra en riesgo y ya no hay tiempo de espera para la mencionada obra.
La obra para solucionar de manera parcial el problema, es la construcción de un dique de hormigón y acero que contenga el paso de agua salobre y mantenga el agua dulce contenida y libre de fuga, lo cual tiene un costo de 80 millones de pesos.
Lo que sigue ahora, es esperar que se logre un trasvase de la presa Vicente Guerrero y al abrir las compuertas se logre aumentar los niveles de la laguna, sin embargo también dependerá de qué tan factible es esta situación debido a los niveles en los que se encuentra, hasta el fin de semana pasado en un 40% de captación.
A este problema, se suma la falta de conciencia de pescadores de la zona de Veracruz, en el ejido Mata la Moteada, en donde se ubica el estero El Camalote, pues al parecer son los responsables de la reciente ruptura de las costaleras que se colocaron para mitigar las filtraciones de agua.
Los pescadores desde siempre se han opuesto a esta obra, debido a que ese es un paso corto para llegar a sus casas, pero no se dan cuenta del enorme daño que le hacen a cientos de miles de personas en la zona sur.
En todo caso, las fugas de agua dulce, las filtraciones de agua salobre, los bajos niveles en la laguna, el mal sabor del agua y la posible escases que se presenta, son situaciones o escenarios que ya se sabían, que se pudieron evitar y por lo que no se hizo algo en su momento.
Ahora los políticos y autoridades se culpan unos a otros, mientras que todos estamos con la angustia de que pronto el agua se puede escasear.
Entramos al OBSERVATORIO y apuntamos al sur de Tamaulipas, en donde las ciudades de Tampico y Altamira, vuelven a estar bajo el escrutinio público ahora por el decomiso de 10 millones de litros de huachicol, asegurados por autoridades federales, en lo que fue llamado una operación histórica.
A unos cuantos días de que inicie el periodo vacacional de Semana Santa, esto no le hace bien a la zona sur de la entidad, pues el turista verá una alerta en la planeación de su salida hacia el mejor punto vacacional de la zona noreste de México.
Nuevamente la autoridad local saldrá a decir que esta es una de las zonas más seguras del país, que los índices de seguridad son buenos y que la percepción de la gente es de tranquilidad, sin embargo a nivel nacional la percepción será otra.
El discurso será que estas acciones le corresponden a la federación, sin embargo la presidenta Claudia Sheinbaum, ha insistido en que los alcaldes se tienen que involucrar y por ello las mesas de seguridad, pero al parecer solo han sido para la foto y la nota política.
La autoridad federal seguramente continuará con su trabajo de investigación y procesamiento de estos hechos, lo que debería llevar a eventuales detenciones y con ello una mayor inestabilidad para este punto de Tamaulipas.
Deberá informar cuánto representa en daño económico este aseguramiento, lo incautado en Altamira, si en los puertos de estos dos municipios hay otros involucrados, cuántos eventos de este tipo han pasado por estas aduanas, varias preguntas que deberán ser respondidas.
Duro trabajo tienen los locales para revertir esta imagen que a nivel nacional se fortalece, en una zona sur en la que se presenta una campaña de señalamientos y críticas, al trabajo que realizan los alcaldes morenistas todos.
Desde el OBSERVATORIO daremos seguimiento a este tema esperando que el problema no se agrave en la zona sur de Tamaulipas.
En octubre de 2007, el aseguramiento histórico de 11 toneladas de cocaína en el puerto de Tampico marcó el inicio de una guerra sin precedentes entre los cárteles del narcotráfico por el control de la ruta del Golfo. La ciudadanía tardó en conocer los detalles de la operación, mientras el Gobierno federal mantenía silencio durante dos días, un hermetismo que hoy se repite con el decomiso de 10 millones de litros de diésel en el mismo estado, Tamaulipas.
Las coincidencias entre ambos eventos no pueden ignorarse. Dos decomisos históricos, dos silencios oficiales y un mismo punto geográfico: el estado tamaulipeco, clave en el tráfico de mercancías ilegales.
En 2007, la cocaína incautada por el Ejército pertenecía al Cártel del Golfo y el decomiso fue seguido de un baño de sangre, producto de la pugna entre facciones criminales por la hegemonía en la región. Hoy, 18 años después, el huachicol parece ser el nuevo botín en disputa, con los puertos de Altamira y Tampico como nodos clave de una logística tan lucrativa como sospechosa.
El aseguramiento del hidrocarburo deja abiertas múltiples interrogantes: ¿cómo es posible que tamañas operaciones criminales logren establecerse con tal nivel de sofisticación sin ser detectadas antes? Más aún, ¿es el huachicol una pantalla para algo más grande, como el tráfico de drogas? El precedente del decomiso de cocaína en 2007 plantea una posibilidad inquietante: si aquella incautación marcó un punto de inflexión en la violencia del narcotráfico en la región, ¿podría este golpe al contrabando de combustibles desencadenar un nuevo episodio de caos?
Tamaulipas ha sido testigo de cómo las rutas del crimen se transforman, pero el negocio ilícito persiste. En 2007, el Ejército enfrentó a sicarios fuertemente armados que resguardaban el cargamento de cocaína. Ahora, en 2025, el decomiso de hidrocarburo se realizó en instalaciones de fletes y en un buque que llegó con una carga presuntamente legal.
La sofisticación de los grupos delictivos ha crecido, al igual que su capacidad para camuflar sus actividades bajo la apariencia de negocios lícitos.
Las rutas de la droga han evolucionado, y los puertos mexicanos son ahora epicentros de un comercio ilícito que parece estar diversificándose. Las drogas viajan en submarinos, en contenedores, ocultas entre productos legales sin que nadie parezca notar su presencia. Desde aquel decomiso histórico de cocaína en 2007, nunca más se ha incautado una cantidad similar. No porque el narcotráfico haya disminuido, sino porque ha refinado sus métodos.
La gran pregunta es si el Gobierno está preparado para enfrentar esta nueva realidad. La estrategia de seguridad ha apostado por grandes golpes mediáticos contra el crimen organizado, pero la historia nos ha enseñado que, tras cada aseguramiento de alto perfil, la violencia y el reacomodo de los cárteles suelen seguir su curso con brutalidad. En Tamaulipas, la historia podría estar a punto de repetirse.
Mientras la opinión pública aplaude estos decomisos, el crimen organizado ya está reconfigurando sus operaciones. Lo que hoy se nos presenta como un golpe histórico al huachicol podría ser solo la antesala de un nuevo ciclo de violencia. Como en 2007, la información oficial llega tarde y con reticencia, dejando espacio para la especulación y el desconcierto. La lección es clara: la batalla no ha terminado, solo ha cambiado de escenario.
En la intimidad… La presidenta del Sistema DIF Tamaulipas, la doctora María de Villarreal, realizó un recorrido por los sectores afectados por lluvias e inundaciones en la ciudad de Reynosa, donde entregó paquetes de limpieza para el hogar e higiene personal, a fin de apoyar a las familias damnificadas en el restablecimiento de sus condiciones de bienestar.
Dando seguimiento a las instrucciones del gobernador Américo Villarreal Anaya de volcar todo el apoyo en favor de las familias afectadas, el Sistema DIF Tamaulipas distribuye en Reynosa 5 mil 758 kits de limpieza e higiene personal.
Los paquetes están conformados de acuerdo a las necesidades de cada hogar en kits de escoba y trapeador; kits de papel higiénico, cloro, jabón en polvo y jabón personal; kits de cubeta, trapeador, escoba, cloro, pinol, jabón, cepillo y franela; kits de crema, shampoo, cepillo dental, pasta, jabón, cepillo para peinar y desodorante.
De manera paralela, el Sistema DIF Tamaulipas, que preside la doctora María de Villarreal, mantiene abiertos los centros de acopio en la capital del estado donde se están recolectando productos de limpieza para el hogar y de higiene personal, principalmente.
Todo lo recaudado será empaquetado y distribuido por los Mensajeros de la Paz en Reynosa y otros municipios que han sufrido afectaciones por las lluvias e inundaciones de la semana pasada.
“El hambre mata a más personas que el COVID” fue el dato que ha resonado toda la semana en mi cabeza después de una junta para la realización de una campaña. No dejo de pensar en cómo ante una pandemia movilizamos al mundo entero, pero no hacemos lo mismo para las condiciones de extrema pobreza. ¿por qué? ¿qué hace que unas vidas valgan más que otras? Hay múltiples estudios de economía y sociología que nos hablan de la desigualdad y como aún en sistemas donde públicamente se aboga por una sociedad equitativa, al final el poder y por ende los privilegios terminan cayendo sobre unas cuantas personas. Preferimos la desigualdad, aunque digamos lo contrario, así se titula uno de los ensayos de François Dubet, donde destaca cómo el individualismo nos lleva a pensar en un bienestar personal por encima del colectivo, dejando de lado las necesidades sociales y priorizando la meritocracia. Esta ideología se cruza ante la realidad social donde anhelamos equilibrio, pero no a costa de nuestro desarrollo personal. Lo anterior es importante pues en medio del contexto de México también se vincula a un país cargado de omisiones e indiferencia. ¿Por qué persiste la pobreza? Por el temor a ser desplazados, por discursos separatistas que funcionan para el dominio mediante la desinformación, tal como ha ocurrido en Estados Unidos, pues tendemos a desconfiar de lo diferente y nos compramos la idea de que las oportunidades son limitadas, nos aterra ser los siguientes o no tener suficiente para sobrevivir la semana y es justo en medio de estas ideas que hay huecos que aprovecha el crimen organizado, resulta fácil reclutar con promesas de un futuro mejor a quien de por si nunca ha sido escuchado. En el mundo 44% de la población vive con menos de 6 dólares al día, lo que ya se considera una situación de pobreza, sin embargo 10% vive en situaciones de pobreza extrema. Y ni hablar de quienes se encuentran en situación de calle. Para empatizar un poco con la omisión que desempeñamos de manera cotidiana basta un simple ejercicio que se replica en el Museo de Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México, donde después de ver un video musical te preguntan cuántas personas en situación de pobreza has notado y evidentemente nadie sabe responder al respecto porque rara vez prestamos atención a nuestra realidad. Esas personas que parecieran invisibles son las mismas que con facilidad desaparecen día con día ante nuestros ojos, son un blanco ideal para sumarse a las filas del crimen, para también lo es cualquiera que busque una oportunidad de crecimiento y desarrollo pues con un simple ejercicio de navegación en redes
sociales podremos encontrar infinidad de ofertas con promesas de grandes salarios por trabajos sencillos. Así llegaron más de 400 personas al rancho Izaguirre y con la misma rapidez se deshicieron de ellos. En México no se desaparecen cuerpos solo por la pobreza, se pierden entre la impunidad y la falta de justicia, les desaparecen por conveniencia y aunque haya miles de madres buscándoles, el sistema permite que caminemos entre las cenizas y que después le llamemos montaje. Es un país en el que rápido indagamos quizás por morbo, pero con la misma rapidez se olvida, cada año hay casos mediáticos de feminicidios donde se ubica con claridad a las personas responsables y rara vez aparece la justicia. Es un país sin respuesta porque, aunque nos duela admitirlo las desapariciones comenzaron con el Estado, se ha comprobado que es fácil atentar contra la vida de quienes de por sí ya son invisibles ante los ojos de otros y que los casos pueden durar incluso décadas sin brindar respuesta. ¿Qué podemos hacer para cambiar esto? Dejar a un lado la indiferencia y considerar que la ayuda humanitaria por pequeña que parezca, sí puede representar un cambio en la vida de alguien, compartir oportunidades y denunciar todo tipo de anuncios que puedan incitar a que más crímenes se extiendan. No es tarea del Estado, es tarea de todas y todos sumarnos a luchas sociales para que el equilibrio sea posible, nos corresponde pensar en la colectividad, en el cuidado del otro y actuar en consecuencia. Dejemos de comprarnos el discurso de que eso que puedo hacer por otro le corresponda a alguien más. La desigualdad y la omisión de construyen desde nuestras prácticas cotidianas donde buscamos la superioridad personal, ¿qué pasaría si hoy pensamos en cada pequeña acción en un bienestar conjunto que sirva para el desarrollo de al menos alguien más? Por lo menos por hoy, hagamos esa prueba.
En un recorrido por las colonias afectadas por las recientes inundaciones en esta ciudad, el gobernador Américo Villarreal Anaya reafirmó su compromiso con la población damnificada, asegurando que el gobierno no ha abandonado a los afectados. «No están solos», reiteró en su mensaje.
El mandatario estatal, acompañado de la presidenta del DIF Tamaulipas, María de Villarreal, visitó las colonias Ernesto Zedillo, Juan Escutia, Delicias y Lomas del Villar, entre otras. Durante la tarde del domingo, dialogaron directamente con los vecinos, explicando la siguiente fase del proceso de recuperación, que incluirá la entrega de material de limpieza y el inicio de un censo para evaluar las viviendas dañadas.
Villarreal detalló que se busca restablecer la normalidad lo más pronto posible, implementando una estrategia de limpieza integral. «Atrás viene la segunda fase, que viene siendo la limpieza, la recolección de la basura, los insumos que ya la gente lamentablemente perdió por esta contingencia, y la limpieza de las calles y del interior de las casas», puntualizó.
Además, destacó la coordinación con el gobierno federal, asegurando que la Secretaría de Bienestar, bajo la dirección de la presidenta Claudia Sheinbaum, llevará a cabo una evaluación exhaustiva en las 17 colonias más afectadas para determinar el nivel de pérdida de cada vivienda.
Durante su recorrido, Villarreal Anaya reconoció el trabajo de los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, quienes han instalado una cocina comunitaria y un dispensario médico en la colonia Ernesto Zedillo. Asimismo, visitó la casa del señor Marcelo Martínez, a quien ofreció apoyo para atender sus problemas de salud. «Estamos muy orgullosos de lo que hacen por su gente», expresó el gobernador a los militares.
En la intimidad… La vergonzosa conducta de Miguel Ángel Mendiola González
Mientras en Tamaulipas cientos de familias luchan por levantarse tras el desastre de las inundaciones, en otro extremo de la realidad, un personaje sin escrúpulos se hace notar, pero no por buenas razones. Miguel Ángel Mendiola González, sobrino de la regidora y activista Lupita Mendiola Acosta, se ha ganado un nombre en la región potosina, pero no por su trabajo ni por su compromiso con la sociedad, sino por su conducta prepotente y desvergonzada.
En Tampico, este personaje, conocido entre sus allegados como «el exgordito», protagonizó un lamentable espectáculo en el restaurante Asador Terraza. Con un nivel de embriaguez evidente, intentó marcharse sin pagar la cuenta. Solo después de forcejear con el personal de seguridad y reunir lo poco que le quedaba en monedas pudo saldar su consumo. Pero su irresponsabilidad no terminó ahí. En un estado deplorable, se subió a su automóvil deportivo y, a toda velocidad, recorrió la Avenida Hidalgo hasta chocar contra un Attitude blanco en el que viajaba una familia, incluyendo un bebé de apenas dos meses.
Por un milagro, no hubo víctimas fatales, pero la conducta de Mendiola González no solo es irresponsable, sino criminal. Mientras su tía, Lupita Mendiola Acosta, ha dedicado su vida a la búsqueda de desaparecidos y la lucha por los derechos humanos, él ha ensuciado su apellido con acciones vergonzosas. En Ciudad Valles, donde se creen intocables, nadie le dice nada. Pero aquí, en Tampico, su actitud prepotente y su falta de respeto por la vida de los demás quedaron al descubierto.
Las preguntas son inevitables: ¿Seguirá impune? ¿Hasta cuándo su familia protegerá a un personaje tan despreciable? Mientras tanto, las víctimas del choque pueden agradecer que solo fue un susto y no una tragedia mayor. Porque si algo está claro es que Miguel Ángel Mendiola González no merece la más mínima consideración. Su historial de prepotencia y desprecio por los demás lo condena.