Opinión

La basurita de la fiesta

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Se agotó la esperanza, murió la fe de la misma forma en la que fueron masacrados los estudiantes en Tlatelolco, así como todos los muertos generados por los movimientos de la izquierda en México, y entre los millones de mexicanos sin nombre que hacen la interminable lista de duelos y dolores también están los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

50 años han transcurrido sin que nadie sepa  a ciencia cierta quién fue el responsable de la tragedia del 2 de octubre de 1968; cuatro años han transcurrido sin encontrar a los responsables de la desaparición forzada de los 43 integrantes de la normal rural “Raúl  Isidro Burgos” y para algunos identificados con la ideología izquierdista, Andrés Manuel López Obrador, aún sin ser presidente de México representa la realidad de que no existe, ni existirá un cambio; esperaban más incluso de sus diputados y senadores para ir en busca de esas verdades archivadas por el priianismo.

Particularmente para los perredistas que están en peligro de extinción por lo prostituido de sus siglas en algunas entidades del país, el Gobierno entrante es una mezcla de todos aquellos que fueron saliendo de otros partidos y de otras ideologías, personalidades que no tienen que ver con la izquierda; porque son tajantes en su pensar y subrayan que de entrada la izquierda sabe que los derechos humanos no se ponen a consulta, porque esos derechos humanos son logros de los propios movimientos ciudadanos que han costado muertos en este país y el mundo.
Para Elizabeth Pérez Valdez, Secretaría de Política de Alianzas del Comité Ejecutivo Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), es correcto el pensar que no existirá un cambio, pues su organismo político fue sobajado cuando AMLO era candidato a Presidente de la República y postuló, guiado por la cerrazón a los Abarca para Ayotzinapa, y Ángel Aguirre, como gobernador de Guerrero.
Ese es un ejemplo claro, contundente y real de cómo el perredismo en todos los rincones de México ha sido prostituido de una u otra forma. En esta penosa y dolorosa situación de luto nacional, doblegar los ideales partidistas ante los amarres y deseos del candidato presidencial los llevó  a admitir un porcentaje de culpa, culpabilidad compartida entre la necedad de Andrés, la tibieza del entonces Comité Ejecutivo Nacional del PRD y el brazo ejecutor de la desaparición que cargará AMLO, como sucede con la familia  Calderon Zavala en relación a la tragedia de la Guardería ABC.
Pero así como ellos cargan sus respectivas responsabilidades en la conciencia, la defeña Elizabeth Pérez Valdez, llegó a Tamaulipas para averiguar la situación partidista y salvar de los proxenetas políticos a la suripanta perredista tamaulipeca, una longeva y decadente víctima del actual regidor de Tampico, Alberto Sánchez Neri, Jorge Valdez, Cuitláhuac Ortega Maldonado, todos ex dirigentes estatales, quienes con su socio “el padrote” Salvador González y “las weras” Magdalena Pedraza y Elvira Salazar, han acabado con la moral e incluso, la esquina laboral del PRD en la entidad que solo alcanzó unas cuantas regidurias en 43 municipios.
Esta pandilla de trata de capital político, ahora es perseguida por la justicia perredista por lo que todo indica serán expulsados y si antes de eso se van a ir, que se vayan rápidito, porque  casi nadie los quiera en el PRD, y que bueno que por fin alzaron la voz para quitárselos de encima al presupuesto público, al fin, que ellos como Sanchez Neri, presenta procesos judiciales por apología del delito, presunto enriquecimiento ilícito y desvío de recursos públicos.
En verdad nada mal le haría una limpieza a este partido político tratado como prostituta; porque para que todos lo entiendan, ni son ellos el PRD y son lo menos de lo menos, es decir algo así como… pobre aquel que dialogue con la basurita de la fiesta.

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