Noreste

Padres de los 43 sufren deterioro grave en su salud desde su desaparición.

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“Mientras no me dé el sol, todo está bien”, dice don Margarito Guerrero sobre la picazón que siente en el cuerpo desde hace un par de años. Él es  padre de Johsivani Guerrero de la Cruz, uno de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa desaparecidos entre el 26 y 27 de septiembre de 2014.

Desde entonces es uno de los padres más activos en las protestas para reclamar la aparición de su hijo y los otros 42 estudiantes. Pero su enfermedad, una alergia al exponerse demasiado al sol que le provoca comezón y malestar, amenaza su activismo. No ha podido atender su malestar, debido a estar de viaje para seguir en su lucha.

Él, como otros padres del movimiento, ha reflexionado sobre el tema de la salud, sobre todo tras la muerte de Minerva Bello Guerrero el pasado 4 de febrero, quien murió víctima de cáncer sin saber qué ocurrió con su hijo Everardo Rodríguez Bello.

Los padres de familia relacionan el deterioro en su salud con la espera y la angustia de no conocer el paradero de sus hijos.

Luego de tres años y cuatro meses, los padres han sufrido graves deterioros en su salud, con nuevas enfermedades y otras que se han agravado.

La diabetes y la hipertensión, son las enfermedades más comunes entre los padres; atacaron a más de la mitad, según Felipe de la Cruz, uno de los voceros del movimiento, quien resumió el estado de muchos de ellos que con los años y las omisiones de las autoridades “les ha cobrado la factura”.

Fuente: La Silla Rota.

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