Opinión

MÉXICO BRAVO… Por Alberto Ídem / Historias de terror en Tamaulipas – Parte 1

Publicado

el

Grupo Salinas construye un mercado.  Bueno, dos mercados.  Es decir: tres centros de abasto en Tampico.  Una filial del corporativo que preside Ricardo Salinas, dueño de Azteca (la televisora «del Ajusco») desde mediados de la década del 90, es la que obtuvo el contrato para la ejecución del proyecto de reconstrucción del complejo que databa de comienzos del siglo pasado, y una parte del cual, situada en toda una manzana, fue derribada en el verano del 2015.  El ex residente de la obra, que estuvo empleado por una empresa contratista creada sólo para trabajarle a la firma perteneciente a Salinas Pliego, en el proyecto particular de los mercados, reveló a este columnista que los de la gran corporación empezaron a tener diferencias desde el año anterior por la lentitud de las obras, y que la situación ha llegado a un extremo tal que ahora mismo hay apenas una cuarta parte del plano ya realizada, y no ese 35 por ciento del que se habla oficialmente.  La misma fuente afirma que otro factor de falta de entendimiento entre la empresa de Grupo Salinas y la constructora es la carencia de programa alguno de ejecución, como el que debería haber adicional al proyecto ejecutivo y a los planos.  Esto último coincide con esa ausencia de información argumentada por el actual responsable de la obra, cuando la alcaldesa Peraza visitó las obras, en la primera semana de su gobierno.  Así que, por ahora, no hay para cuándo, dado que ni siquiera se ha completado un tercio de esos dos tercios del plan original que presentó el ex alcalde Gustavo Torres Salinas, maqueta incluida, cuando anunció con bombo y platillo la renovación de los mercados Hidalgo, Juárez y Madero, como magna obra de su gestión, que se fue dejando literalmente un tiradero, un desorden en el centro de Tampico.

Como parte de tal desmadre (dirían los españoles), está la insólita rampa estilo juguete de Hot Wheels que el gobierno anterior mandó poner precisamente enfrente del portón principal del palacio municipal porteño, genialidad que de inmediato, apenas en su etapa de construcción, mostró una prueba fehaciente de las mentes brillantes que la idearon: no bien acababan de elevar la plataforma y su respectiva bajada en el lado sur de la misma, como caída lógica para el sentido de la circulación, pero antinatural en términos del desnivel de la arteria, cuando gracias a la lluvia los ingenieros se percataron de que habían pasado por alto el pequeño gran detalle de la acumulación de agua pluvial, en forma de charquerío, justo ahí, frente a la Comuna, lo que les obligó a romper un concreto recién fraguado, el de la resbaladilla vehicular, para hacer todo un dren atravesando el ancho de la rúa y su respectiva coladera.  Nadie entendió nunca el sentido de una elevación del suelo tan horrorosa (en términos tanto estéticos como de seguridad), y sólo los diseñadores de tal espanto sabían su cuento, al grado de que se dieron el lujo de instalar uno idéntico entre la otra plaza, la de la Libertad, y los edificios Sevilla y La Luz, para conectar, como una explanada, tales espacios públicos con la «Hijas de Tampico», plazuela enfrente de la que también existe esa especie de tallador, o tope descomunal, al que sus flamantes constructores llaman, con cínica elegancia, paso peatonal.  Un providencial accidente no tan serio como escandaloso, ocurrido a la vista de presidenta municipal y ediles, ha hecho que los días de al menos la rampa ubicada frente al ayuntamiento, estén ahora contados.

Sin embargo, la plaza principal quedará ya al parejo de las calles laterales: al mismo nivel de la vía pública en las cuadras adyacentes de Capitán Emilio Carranza, al norte, y Salvador Díaz Mirón, por el sur.  En esta última, se retiró un adoquín colocado hace cosa de una década, y el cual estaba en perfecto estado, sólo para elevar precisamente la superficie y revestirla con un horripilante material poroso y quebradizo en forma de losetas, que es el mismo con el cual la gestión del ex presidente municipal Arturo Elizondo cubrió el piso de la Plaza de Armas unos trece años atrás.  La destrucción total de dos inversiones, una nuevecita (la de la rampa), hechas con dinero de la ciudad, de los ciudadanos.  Y todo gracias a las «ideotas» de autoridades pasadas.  (Continuará)

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Populares

Salir de la versión móvil