Por: Zaira Rosas
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Era 2013 cuando conocí en persona a Rossana Reguillo. Acababa de leer un libro suyo donde analizaba a los policías en México; su narrativa bastó para volverme su admiradora y querer entender el mundo como ella lo hacía.
Ese texto reunía entrevistas con policías en Guadalajara, pero revelaba algo más profundo: la inseguridad en México no es un fenómeno lineal, sino un entramado de voces, contextos y silencios.
Para comprenderla, decía implícitamente, hay que escuchar a todas sus personas, conocer su vida y las motivaciones detrás de cada acto.
La vida intelectual de Reguillo estuvo marcada por una curiosidad inagotable y un compromiso ético con la realidad. Fue catedrática en el ITESO y formó parte del Consejo Consultivo de Comunicación de la IBERO Puebla. Sin embargo, su influencia desbordó las aulas. Siempre se mantuvo cercana a las juventudes, no desde la condescendencia, sino desde el reconocimiento de su potencia crítica y creativa.
Escuchaba, cuestionaba y acompañaba, la primera vez que pude escucharle parecía ser alguien que nos conociera de toda la vida y pese a su gran sabiduría se mostró atenta a nuestras inquietudes y nunca soberbia.
Su mayor acierto —y quizá su legado más poderoso— fue la capacidad de mirar de frente el horror sin simplificarlo. En sus análisis sobre violencia, desapariciones, narcotráfico y desigualdad, evitó las narrativas cómodas.
En lugar de eso, construyó relatos complejos donde cabían el dolor, la resistencia y las contradicciones de México. Supo leer los signos de su tiempo, tanto en las calles como en los espacios digitales.
Por eso impulsó proyectos como el Signa Lab, donde exploró cómo se construyen las conversaciones públicas en internet y cómo circula la información en contextos de crisis.
Reguillo entendía que narrar es también disputar el sentido. Sus textos no solo describían la realidad: la interrogaban. ¿Quién tiene derecho a contar la historia? ¿Qué voces quedan fuera? ¿Cómo se construye el miedo? En sus escritos sobre México, la violencia nunca fue un espectáculo, sino una pregunta abierta que exigía responsabilidad colectiva.
Nos enseñó que detrás de cada cifra hay vidas, y detrás de cada discurso, intereses.
Honrar su legado hoy implica más que recordarla: exige actuar. Para las juventudes, su ejemplo ofrece varias rutas. Primero, informarse con rigor y no conformarse con explicaciones superficiales. Segundo, escuchar activamente, especialmente a quienes han sido históricamente silenciados. Tercero, apropiarse de los espacios digitales con conciencia crítica, entendiendo que también ahí se construye la realidad social. Y, sobre todo, atreverse a cuestionar incluso las propias certezas.
En un contexto saturado de información, mantener la criticidad es un acto político. Reguillo nos enseñó a analizar siempre todas las partes, a desconfiar de las versiones únicas y a buscar las conexiones profundas entre los fenómenos. Su legado invita a mirar más allá de lo evidente y a asumir la responsabilidad de pensar el mundo en colectivo.
La revolución de ideas puede tener lugar en múltiples espacios, incluso en las plataformas digitales donde los discursos pueden desafiar el autoritarismo, cerrar los ojos ante la complejidad de nuevas formas de comunicación, sería traicionar su memoria.
En cambio, honrarla implica sostener la incomodidad de las preguntas difíciles, defender el pensamiento crítico y poner por delante el bien común.
Porque, como ella mostró a lo largo de su vida, entender es el primer paso para transformar la realidad que nos trastoca aunque no siempre parezca que algo lejano también nos afecta.
Liborio Méndez
16 junio, 2016 at 22:54
Excelente entrega Bravo, sobre todo por la fabulosa fuente informativa. Sólo para agregar un dato referente a lo que bien mencionas que no existe nombre original como «Alijadores», pero como sabrás también, soy un aficionado a la pelota caliente; lo único cercano a eso serían los «Dodgers» que originalmente nació en Brooklyn, siendo en su traducción básica «Estibadores» es decir, aquellos trabajadores de muelle que estiban las mercancías o alijan la carga en los puertos. He ahí, una curiosa similitud. Algo así como los Alijadores de Brooklyn o los Dodgers (estibadores) de Tampico. Saludos y un abrazo.
Carlos Nava Carrillo
6 marzo, 2021 at 14:19
En los años 60 si no estoy mal, existió un equipo de béisbol profesional llamados los bravos de Cd. Madero que jugaban en la liga central, filiales de la liga mexicana de beisbol y jugaron en el campo Germán H. Morris del 7 1/2 de refinería Madero.
SALVADOR CASTRO CHONG
6 noviembre, 2024 at 20:16
MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA FUÉ GERENTE DEL CLUB DE BEISBOL BRAVOS DE CD.MADERO EN ESA ÉPOCA,Y NO FUERON MALOGRADOS,PUES FUERON CAMPEONES DE LA LIGA CENTRAL MEXICANA AA(SUCURSAL DE LA LIGA MEXICANA DE BEISBOL AAA)EN 1969, MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA CON UN MUYYY BUEN EQUIPO DE TRABAJO CONSTRUYERON EL PARQUE HERMAN H.MORRIS EN EL SIETE Y MEDIO, DESPUÉS MÍ PADRE FUÉ SUB GERENTE DEL ALIJADORES DE TAMPICO LIGA CENTRAL MEXICANA, LUEGO GERENTE DEL MISMO EQUIPO Y POR ÚLTIMO FUÉ GERENTE DEL CLUB DE BEISBOL ALIJADORES DE TAMPICO LIGA MEXICANA AAA, HASTA QUE FALLECIÓ UN SEIS DE NOVIEMBRE DE 1975,A ESCASOS MESES DE QUE EL EQUIPO FUÉ CAMPEÓN POR ÚLTIMA VEZ ANTES DE SU DESAPARICIÓN DEL BEISBOL,SIN OLVIDARME DE DON NICOLÁS CONO CANAVATI(QUIEN HIZO POSIBLE EL REGRESO DEL BEISBOL PROFESIONAL A TAMPICO.EN PAZ DESCANSEN LOS DOS.RECORDANDO A TODOS ESOS MUYYY BUENOS PELOTEROS, TANTO DE CD.MADERO, TAMPICO,LA REGIÓN,DE DIFERENTES PARTES DEL PAÍS Y EXTRANJEROS.
SALVADOR CASTRO CHONG
6 noviembre, 2024 at 20:25
SE ME PASABA OTRO COMENTARIO: MÍ PADRE SALVADOR CASTRO ARREOLA, FUNDÓ LA LIGA INSTRUCCIONAL DEL GOLFO SEMI PROFESIONAL Y DE AHÍ SURGIERON MUYYY BUENOS PELOTEROS DE LA REGIÓN,QUIENES POSTERIORMENTE JUGARON EN LIGA MEXICANA AAA.