Opinión

MÉXICO BRAVO… Por Alberto Ídem

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“Las extrañas locuras de un lunes bisiesto”

Un mexicano en Hong Kong a las 6 de la mañana de hoy, primero de marzo de 2016, tiempo de China, y su conversación por chat grupal con sus hermanos de este lado del mundo, a las 4 de la tarde de este mismo día, inusual día 29 de febrero de 2016, inspiran al autor de MÉXICO BRAVO a perderse en esta suerte de auténtico salto cuántico en el que difícilmente una gallina se atrevería a poner un huevo, considerando que, ya de por sí, al iniciar la semana hábil ni las gallinas ponen, según decimos todos en nuestro país.

El hermano viajero alejado de la familia por cuestiones de trabajo, salido hace días de Guatemala, donde radica, para entrar al “Guatepeor” asiático en plenas celebraciones del año nuevo chino, vivió desde el momento mismo de llegar hasta la China un verdadero “jetlag” de tierra firme, al caer en la cuenta de que ese fin de ciclo anual que apenas hace menos de dos meses celebraba en familia por acá, en su Tampico de origen, estaba siendo festejado por millones y millones de chinos en su propia versión dragonesca y roja, lunar y cuasi-primaveral. A la descompensación del reloj biológico por el grande y prolongado brinco aéreo y transcontinental, el personaje de esta historia debió agregar la fatigante idea de una disritmia en el calendario, con forma de viaje a un futuro realmente distante en lo referente al espacio. Y no sólo un porvenir lejano en cuanto a distancias, sino también lleno de gente un poquito distinta. Eso, de entrada, resulta fuerte, por más que haya estado ya ahí en alguna otra ocasión, cercana (sólo en el aspecto tiempo) cualquier mexicano. Ahora bien, enterarte de que en unas horas estarás viajando de regreso en el tiempo y espacio a tu propio continente, y a tu lugar de residencia que está algo cerca de la línea ecuatorial, para al final percatarte de que no has sino aterrizado en el mismo día en que partiste volando desde allá, es algo complicado mucho muy complicado como para asimilarlo fácilmente. Digo, un maníaco-depresivo cualquiera, como el que escribe esta columna, igual y se cicla a la primera.

La charla, más que de un simple “whatsap” (“¿quihubo?”, diríamos en mexicano), iba de los cumpleaños. Que quién o quiénes cumplían esta semana de la familia, preguntaba mi brother. Otro de los hermanos le contestó: “Iesus (mi hijo de 5 años entrados a 6) cumple en tu presente y cumplirá en nuestro futuro (su cumpleaños es el 1 de marzo). ¡Qué bien!, pienso yo mientras leo semejante chat: “ahora los chats grupales no sólo reducen distancias, sino que le introducen a uno en cápsulas temporales alejadas de toda lógica”. Pero la conversación interdimensional prosigue: “Es correcto”, contesta José de Jesús, el hermano viajero, “… recuerdo que (el cumpleaños del pequeño Iesus) era un mes antes de su mamá, quien es del primer día del mes del cumple del papá, Chuy (o sea: yo), bajo ese trabalenguas es que recordé su cumple… mañana, en mi futuro, regreso a Guatemala, y vuelo en dirección inversa al giro de la tierra, literal, jeje, si volara más rápido el avión, como supermán en la película, regreso una semana antes y no sólo 14 horas, jeje…” ¡Aaah, bárbarooos! Bendito Dios que los chinos, al adoptar el calendario occidental, lo adoptaron también en Gregoriano, y no juliano, sino, ¡el lío gordo que se nos arma a todos con la invasión de los artículos que hay hoy en día!

Bien, pues en efecto: mi hermano hablaba en presente con mis otros hermanos desde un futuro lejano hasta el pasado de él mismo en China, que era el tiempo actual aquí, en México, mientras nosotros lo leíamos como mensajes escritos en una fecha aún por venir, aunque para él ese mañana no sea ya mañana, sino pretérito, o sea: el ayer… o quién sabe, porque como vuelve mañana, 2 de marzo en China, al continente americano, y como lo ha dicho él: lo hará en sentido inverso a las manecillas del reloj, ese mañana de él, que también lo será de nosotros, y que será ya “chivo pasado” para los chinos en cuanto a fechas, volverá a ser realmente su presente de hoy, pero hasta otro día, por estas tierras: 1 de marzo de 2016. ¡Aunque usted, no lo crea!

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