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@dect1608

El Concilio Vaticano II de la iglesia católica convocado por el Papa Juan XXIII y al que asistieron incluso miembros de otras religiones; es muy claro y tajante, exclusivamente el Santo Padre, Cardenales y Obispos pueden ser sepultados en el templo. Pero en México, no solo se violenta este canon, sino que es clasista y jerárquico en el catolicismo de occidente.

Apenas el viernes próximo pasado, la  Secretaría General de la Conferencia del Episcopado Mexicano, comunicó el fallecimiento  de Monseñor José Luis Dibildox Martínez, Obispo Emérito de la Diócesis de Tampico, sus restos recibieron cristiana sepultura en la Catedral, reviviendo el dolor y enojo de los feligreses de la Colonia México, al norte de la ciudad, quienes cuatro semanas antes solicitaron ayuda a Monseñor Elías Gómez Martínez, Vicario de la Catedral, para que los restos del sacerdote Isaac Jaramillo descansaran eternamente en la parroquia del Carmen, donde ofició misa durante años. La solicitud no les fue concebida y su postura fue “algunas personas quieren que se entierre aquí pues les digo yo se los dejo -el cuerpo del padre muerto-, ya si los acusan de entierro clandestino…”, los dejó al garete.

Monseñor Dibildox Martínez, libraba una dura batalla desde hace años por un problema de salud, y el viernes fue llamado por el Señor; sus fieles, políticos, empresarios, integrantes de la iglesia católica del sur de Tamaulipas, se proclamaron por la nueva vida en la resurrección, y pusieron su segura esperanza en que el Buen Pastor Jesucristo, lo recibió y llevó a reposar a los verdes campos y praderas de la eternidad junto a Él.

El obispo emérito era muy querido, siempre fue escuchado, cercano al periodismo tamaulipeco y bastante respetado por políticos, adinerados y todos los niveles de poder, todos los que conforman una sociedad; to-dos por igual, indiscutiblemente encomendaron a Dios el alma del Obispo y la Conferencia del Episcopado Mexicano ofreció 3 misas por su eterno descanso.

El jefe del catolicismo local tampiqueño, nació en Matehuala, San Luis Potosí; el 20 de julio de 1943. Fue ordenado Sacerdote en el 68 y durante 25 años de Ministerio Sacerdotal desempeñó algunos cargos en el gobierno eclesiástico mexicano.

El gran Santo Padre Juan Pablo II, elevó el Vicariato Apostólico de la Tarahumara a rango de Diócesis, y nombró como su Primer Obispo de la Diócesis a Mons. Dibildox, en el no menos importante 24 de diciembre de 1993; sin embargo, recibió la Ordenación Episcopal el día 25 de enero de 1994, mismo año en el que surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Así, dos años antes de que se viviera el punto de quiebre del EZLN, cuando no se apoyó la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador,  el 27 de diciembre de 2003, Su Santidad Juan Pablo II, lo designó a la Diócesis de Tampico, donde toma posesión el 11 de febrero del 2004, fue hasta el 20 julio del 2018, que el Papa Francisco aceptó su renuncia al oficio de Obispo de Tampico, y terminó su tarea en la tierra de los hombres, el 31 de agosto que fue llamado a la Casa del Señor. Descanse en Paz.

Y lástima que la partida de este gran hombre, oveja de Dios en la tierra, haya sido empañada por la grilla católica, por decisiones de orgullo y su aparente envidia, posturas que recuerdan los Diez Mandamientos, pues en verdad tan solo en los últimos 10 años los restos de tres sacerdotes han sido depositados en sus respectivas iglesias, igual que el Obispo Dibildox, a diferencia de su jerarquía, nivel y clase, él sí tiene derecho según el Concilio Vaticano II, no así los tres padres a los que no se les negó su entierro como al padre Isaac Jaramillo, a quien Monseñor Elías y la Diócesis de Tampico dejaron a suerte y eso, definitivamente no es de la iglesia de Dios.

davidcastellanost@hotmail.com

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