Conéctate con nosotros

@dect1608

La acelerada crisis de la religión católica, donde más del 50 por ciento de “fieles” han decidido cambiar o abandonar el catolicismo en México durante los últimos dos años, es consecuencia de la falsedad de quienes constituyen esta iglesia.

Casos de pederastia, impudicia e incluso de sacerdotes sosteniendo relaciones sentimentales con jóvenes menores de edad, son algunos ejemplos de actos realizados bajo el disfraz de una sotana.

Ser sacerdote recto, puro y casto, no es tarea fácil, predicar la palabra de Dios es difícil, pero más complicado es no faltar en memoria del señor. Por eso mismo, hay que dejar muy claro que una ofensa canónica contra el sexto mandamiento del Decálogo, no necesariamente tiene que ser un acto completo de cópula para ser catalogado como acto grave, no necesariamente los sacerdotes abusivos debieron aplicar la fuerza alcanzado un contacto físico con su víctima; por otro lado es una responsabilidad moral acusar ante el tribunal canónico la violación, de mil maneras en que ésta se haya presentado.

El tema viene a colación debido a que llegó a su fin el ciclo de un obispo sordo, ciego y mudo ante los casos de impudicia y más faltas al sexto mandamiento que Dios dictó al hombre, me refiero al clérigo José Luis Dibildox, quien hasta hace 15 días era el jefe de la Diócesis de Tampico, venido a menos por un problema de salud y su edad avanzada, sirvieron para que el Papa Francisco, aceptara su renuncia, designando esta fracción de la iglesia al Arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera, quien deberá ser muy meticuloso en supervisar y atender el informe que le den el Tribunal Eclesiástico, porque no tiene ni idea de qué se dejó de hacer; así que mucho cuidado con el reporte del vicario judicial, Gerardo Clemente.

Sin la intención de abusar del delicado estado de salud de don José Luis Dibildox, pero sí como para dejar muy claro que actuó de manera tibia ante los diversos casos existentes en la diócesis, únicamente hablaremos de los más recientes.

El primero, del padre Alejandro de la iglesia San Pedro y San Pablo, en la ciudad de Tampico; hoy está suspendido para ser investigado al ser acusado por tocamientos a una menor de entre 9 y 10 años; la investigación como en la justicia civil, va igual de lenta que una señora atea llevando limosna a Catedral.

En otra situación igual de vergonzosa, se encuentra el padre Ignacio, de la iglesia del Sagrado Corazón, quien como Vicario fue suspendido y acusado también ante el tribunal, por entablar una relación con una menor de edad, de entre 15 y 16 años.

Para ayudar al catolicismo, el Arzobispo Rogelio Cabrera, uno de los hombres más fuertes de la religión católica en México, deberá ejercer presión en Roma para esclarecer al menos estos dos casos y de ser encontrados como responsables de las acusaciones, pronto volver a estos hombres al estado laico, pero no sólo eso debe hacer, también deberá buscar quedar libre de toda culpa y coadyuvar con los grandes esfuerzos del papa Francisco, un ser humano que lucha hasta el cansancio por recuperar a las ovejas perdidas del catolicismo, pero cuando digo ayudar al Santo Padre, no es oficiando misas bonitas, sino llevando a la Procuraduría de Justicia Local, todo aquel sacerdote abusador, porque de lo contrario también será cómplice por omisión, igual que aquel que se jubiló.

davidcastellanost@hotmail.com

Haga clic para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Más en Opinión