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Operaciones militares de bombarderos rusos en territorio sirio el pasado 30 de siempre de 2015 significaron la intervención directa de Rusia en la Guerra Civil Siria. Vladimir Putin firmaba su alianza con el presidente sirio Bashar Al-Asad, contra el Estado Islámico y diversos grupos armados incluidos Al- Qaeda.

El suelo ruso ha sido víctima de por lo menos 50 atetados terroristas en los últimos 22 años estando detrás de la mayoría de estos los rebeldes chechenos, pero tal parece que el ISIS quiere meterle más tensión y estallido amenazando con atacar el mundial donde se espera la llegada de más de un millón de turistas entre el 14 de junio y 15 de julio de 2018.

A mediados de octubre el Estado Islámico a través de sus medios de difusión comenzó a circular imágenes en las que amenaza directamente la organización del certamen deportivo más popular del mundo, haciendo uso de fotografías de los estadios cedes del mundial, los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump y de Rusia, Vladimir Putin; así como de figuras deportivas relacionadas al fútbol como Didier Deshamps, estratega de la selección de Francia y los jugadores sudamericanos Neymar y Messi, ambos fuertemente identificados con el club catalán Barcelona de la Liga de España que con sus selecciones o clubes actuales, tal es el caso de Messi y la Selección de Argentina o del brasileño quien ya milita en el PSG de Francia.

Antes de su polémica independencia, Cataluña fue atacada por ISIS el 17 de agosto cuando se registró el atropellamiento masivo en el paseo de Las Ramblas de Barcelona.

Anterior al atentado en Barcelona, el Estado Islámico, se adjudicó la explosión en el metro de San Petersburgo, Rusia donde cerca de 20 personas murieron en estos hechos registrados en abril de este 2017, y después el tiroteo en Las Vegas registrado el 1 de octubre, otro ataque masivo que se atribuyó ISIS.

Entonces fue a mediados de octubre que a través de sus agencias de noticas el Estado Islámico comenzó a difundir posters amenazantes con textos como «Esperen por nosotros» o «Solo terrorismo».

Uno de los primeros flayers en el que predomina el color rojo, teniendo como primer plano un soldado yahidista que porta una AK-47 y con su mano derecha el dedo índice indicando que no hay más Dios que Alá, deja ver su reloj de pulsera mientras que el soldado posa alado del logotipo oficial del Mundial de Rusia 2018, seguido de una bomba que en ella tiene la bandera del Estado Islámico.

En la primera fotografía diseñada por ISIS, utilizó la imagen de Trump y Putin,  sin embargo el jugador argentino Lionel Andrés Messi Cuccittini, quien ha vivido más tiempo en España que en su natal Argentina, es el emblema deportivo que hasta hoy más utiliza la propaganda amenazante del yihadismo.

En la primera aparición de «Leo» como víctima del Estado Islámico, se le muestra enrejado vistiendo el típico traje anaranjado de los prisioneros y en el pecho a la altura del corazón su nombre Leonel Messi, abajo un número de cuatro cifras del cual solo se pueden apreciar 98 ¿? 2; pero lo que más ha llamado la atención de este póster que fue acompañado con la leyenda «Solo terrorismo» es el ojo izquierdo del astro argentino, ya que su párpado inferior tiene una hemorragia que simula incluso lágrimas de sangre.

Pero fue en el último fin de semana de octubre que se publicó la que es hasta ahora la última advertencia terrorista. Nuevamente aparece el argentino Messi, en esta ilustración  es acompañado del brasileño Neymar da Silva Santos Junior, quien a diferencia de su amigo el «10» de la albiceleste a quien ya se le aprecia decapitado, el jugador carioca esta hincado con las manos atadas y con un gesto de desgracia mientras su verdugo porta en la mano izquierda la daga con la que se presume también cortara su cabeza.

Hasta hoy las imágenes tiene relación con los atentados más recientes; incluso Francia fue la primera víctima cuando en el amistoso entre la selección francesa y Alemania un grupo armado intentó poner diversas bombas en el Estadio de Francia pero fueron rechazados por la seguridad que detectó sus tickets eran falsos, al negarles el acceso decidieron seguir con el plan pero cambiaron la dirección del ataque y abrieron fuego contra algunos bares aledaños al estadio, arrebatándole la vida a más de 100 personas. Ese 14 de noviembre de 2015 también se registró una explosión  y el Estado Islámico se atribuyó los atentados.

Se dice que el Mundial de Rusia será el más caro de la historia y aunque los expertos se refieren a lo económico, ISIS parece tener seguro su pase al mundial mientras que Argentina le sufrió y apenas se vivirá el repechaje.

davidcastellanost@hotmail.com

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Opinión

El ensayo silencioso del nuevo Tamaulipas 

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El intento de Tamaulipas por seguir creciendo y reposicionarse, obedece en gran medida al enfoque nacional y competitividad internacional que empuja el sector empresaria local, y de los alrededores de la etidad.

Porque mientras buena parte de la conversación nacional sigue concentrada en el Bajío o en el fenómeno “nearshoring” del norte profundo, en la franja del Golfo se está ensayando algo aún más poderoso: la reconstrucción de un territorio que durante años fue funcional para la economía… pero inviable para la inversión.

Por eso la reactivación de la ruta Monterrey–Tampico, y la conexión de Ciudad Victoria con el AIFA no son anuncios de conectividad aérea. Son señales. Y están dirigidas, más que al turista, a quien toma decisiones: inversionistas, operadores logísticos, actores energéticos… y sí, también al poder político en la Ciudad de México.

Tamaulipas está diciendo: ya no somos solo tránsito… queremos ser destino.

El problema es que ese tipo de declaraciones no se validan en conferencias. Se validan en mercado.

Hoy, el estado concentra activos estratégicos que, en cualquier otro contexto, lo colocarían en el centro de la conversación nacional: puertos clave en el Golfo, infraestructura energética, cruces fronterizos de alto flujo y una ubicación geopolítica privilegiada para el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, durante más de una década, esa ventaja competitiva convivió con un factor que la anulaba: la percepción de riesgo.

Ahí está el punto de inflexión.

De acuerdo con cifras oficiales, Tamaulipas ha registrado reducciones sostenidas en delitos de alto impacto en los últimos años. Pero en términos de inversión, la seguridad no se mide en estadísticas… se mide en decisiones.

Y las decisiones toman tiempo.

Por eso la conectividad aérea es relevante, pero no suficiente. Porque ningún fondo de inversión ni ninguna empresa global ajusta su portafolio por la apertura de una ruta. Lo hace cuando identifica condiciones estructurales: certidumbre jurídica, estabilidad operativa, capital humano y, sobre todo, gobernabilidad.

Porque si lo logró, estamos frente a una de las historias de reposicionamiento más importantes del país en los últimos años.
Pero si no, el riesgo es otro: que la narrativa corra más rápido que la realidad.

Y en economía, cuando eso ocurre, el costo es alto.

Hay otro ángulo que en la Ciudad de México no debería pasarse por alto: el energético.

El Golfo de México vuelve a adquirir relevancia en la discusión nacional e internacional. Infraestructura, puertos, logística y cercanía con Estados Unidos colocan a Tamaulipas en una posición que, bien capitalizada, podría convertirlo en pieza clave del siguiente ciclo económico del país.

Pero eso exige algo más que ubicación: exige ejecución.
Hoy, el gobierno estatal apuesta a que el momento es ahora. A que la combinación entre seguridad, infraestructura y narrativa puede atraer lo que durante años se mantuvo al margen.

La apuesta es alta. Y el margen de error, mínimo.

Porque en el tablero nacional, Tamaulipas ya no compite solo con sus vecinos. Compite con regiones enteras que llevan años construyendo condiciones para captar inversión.

Y ahí no hay espacio para improvisación.

En la intimidad…Mientras el reposicionamiento económico busca validación en el centro del país, en la costa tamaulipeca ocurre algo que explica más de lo que parece: orden.

Más de 16 mil huevos de tortuga marina protegidos en la actual temporada no son una anécdota ambiental. Son un indicador de control territorial, coordinación institucional y cambio social.

Altamira, con más de 6 mil 600 huevos, y Playa Miramar, con más de 4 mil, reflejan una tendencia que va más allá de la conservación: la capacidad de una comunidad para respetar reglas.

Y eso, para quien invierte, vale más que cualquier discurso.
Porque el desarrollo no empieza con el capital.

Empieza cuando un territorio demuestra que puede cuidarse a sí mismo.

Tamaulipas quiere ser visto distinto.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

Alcohol al volante

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“Accidentes”, sobran, lo que falta es Estado. Al menos 60 siniestros vehiculares asociados al alcohol se registran cada mes en Tamaulipas. Más de 400 al año. No son cifras inventadas: son la quinta causa de muerte en el estado y, al mismo tiempo, una de las formas más claras de morir que pudieron evitarse. Aun así, el fenómeno se repite con una regularidad que se normaliza.

Y esa es la dimensión del problema que obligó a la diputada Úrsula Patricia Salazar Mojica a presentar una iniciativa de reforma al Código Penal, con un objetivo directo: endurecer las sanciones contra quienes conduzcan bajo los efectos del alcohol u otras sustancias y provoquen la muerte de terceros.

Tamaulipas registra un repunte cercano al 45 por ciento en accidentes relacionados con conductores ebrios, particularmente entre jóvenes. Es decir, no sólo no se ha contenido el problema: está creciendo. Y lo hace en un contexto donde la consecuencia jurídica sigue siendo débil o inexistente.

“La conducción en estado de ebriedad no es un accidente”, dijo la legisladora. Y tiene razón. No lo es. Es una decisión. Una cadena de decisiones que comienza con el consumo y termina, muchas veces, con la muerte de alguien más. El problema es que el sistema de justicia sigue tratándolo como si fuera un descuido.

Precisamente esa es la gran falla del sistema. La ley habla de justicia pronta, completa e imparcial —como lo establece el artículo 17 constitucional— pero, la realidad en Tamaulipas muestra otra cosa: conductores que huyen, investigaciones que no concluyen y sanciones que no corresponden a la gravedad del daño.

La iniciativa conocida como “Ley Ezequiel” no surge de una súper idea. Surge de un patrón. De casos donde el responsable escapa. De expedientes que se diluyen. De familias que no encuentran justicia.

El planteamiento incluye reforzar operativos de alcoholímetro y campañas de prevención. Pero esos mecanismos ya existen. El problema no es su ausencia, sino su intermitencia. Su aplicación selectiva. Su incapacidad para convertirse en una política constante y efectiva. Al ciudadano se le tiene que dar en donde le duele.

En Tamaulipas, como en buena parte del país, el alcohol al volante no sólo mata. También exhibe. Exhibe la fragilidad de las instituciones, la tolerancia social al riesgo y la falta de consecuencias reales.

El caso que motivó esta iniciativa —la muerte de Ezequiel— es repetición. Es estadística. Es síntoma.

En la intimidad… Mientras el Congreso discute cómo castigar la irresponsabilidad al volante, el gobierno de Américo Villarreal Anaya presume resultados en otra dimensión: la del turismo y la seguridad.

Más de 2.2 millones de visitantes llegaron a Tamaulipas durante Semana Santa. La cifra no es menor. Confirma que, al menos en percepción, el estado logró sostener condiciones de tranquilidad en sus principales destinos, particularmente en el sur, donde la vigilancia se concentró en playa Miramar.

El propio mandatario llamó a no soltar el ritmo. “Hay que consolidar este impulso”, dijo frente a su gabinete. Y los datos lo respaldan: diversificación turística, presencia en Pueblos Mágicos, crecimiento en destinos de naturaleza.

Pero hay un contraste inevitable. Mientras el estado logra atraer visitantes con operativos, logística y coordinación institucional, en las calles persiste una falla más básica: garantizar que quien toma un volante bajo los efectos del alcohol enfrente consecuencias reales.

Porque la seguridad no sólo se mide en turistas que llegan.
También en ciudadanos que regresan a casa.

davidcastellanost@hotmail.com
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Opinión

La era wellness también puede ser un atentado a la salud

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Por: Zaira Rosas
zairosas.22@gmail.com

Propósitos irreales, constantes vitaminas sin un análisis previo del cuerpo, tratamientos milagrosos para regenerar el cuerpo, terapias alternativas sin sustento que prometen erradicar enfermedades terminales, así es la era wellness de la que todos queremos ser parte, es normal añorar nuestra mejor versión, pero,

¿cuánto nos informamos al respecto para no caer en estafas?

El deseo de vivir mejor nunca había sido tan visible como ahora. Redes sociales, publicidad y discursos motivacionales nos repiten a diario que el bienestar está al alcance de cualquier persona: basta con tomar cierto suplemento, someterse a una terapia novedosa o seguir el tratamiento de moda. En teoría, la era wellness promueve hábitos saludables, autocuidado y prevención. En la práctica, también ha abierto la puerta a un mercado poco regulado donde la salud puede convertirse en un negocio riesgoso.

El reciente caso de los sueros vitaminados en Hermosillo, Sonora, donde cuatro personas murieron tras recibir este tipo de tratamiento, puso en evidencia un problema que desde hace tiempo crece silenciosamente: procedimientos médicos o estéticos aplicados fuera de clínicas certificadas y, en muchos casos, por personas que no cuentan con la formación necesaria.

Aunque los sueros intravenosos se promocionan como una forma rápida de “revitalizar” el organismo, lo cierto es que introducir sustancias directamente al torrente sanguíneo implica riesgos importantes si no existe un diagnóstico previo ni supervisión médica durante el mismo tratamiento.

Lo preocupante es que este tipo de prácticas no son aisladas. En distintas ciudades proliferan spas, consultorios improvisados o centros de bienestar que ofrecen desde vitaminas intravenosas hasta terapias “detox”, hormonas antienvejecimiento o tratamientos que prometen regenerar el cuerpo en pocas sesiones. Muchos de ellos se promocionan con testimonios emotivos y una estética atractiva que transmite confianza, pero pocas veces presentan evidencia científica o certificaciones verificables.

Parte del problema es cultural. En una sociedad que premia la productividad, la juventud y la apariencia física, la promesa de soluciones rápidas resulta irresistible. Además, existe una creciente desconfianza hacia la medicina tradicional que algunos discursos aprovechan para posicionar terapias alternativas como si fueran sustitutos absolutos de la atención médica. El resultado es una mezcla peligrosa: desinformación, marketing emocional y falta de regulación.

También influye la velocidad con la que circula la información. En redes sociales, una recomendación puede volverse viral en cuestión de horas. Influencers, celebridades o creadores de contenido comparten rutinas, suplementos o procedimientos sin necesariamente comprender sus implicaciones médicas. Lo que para algunos puede parecer un simple consejo de bienestar, para otros puede convertirse en una decisión de salud tomada sin la orientación adecuada.

Esto no significa que el interés por el bienestar sea negativo. Cuidar la alimentación, hacer ejercicio, atender la salud mental o buscar terapias complementarias con respaldo profesional son prácticas valiosas. El problema surge cuando el bienestar se transforma en un producto que promete resultados milagrosos sin evidencia ni responsabilidad.

Frente a este panorama, la mejor herramienta sigue siendo la información. Antes de someterse a cualquier tratamiento, es fundamental verificar que quien lo ofrece tenga formación médica o certificaciones oficiales, investigar los posibles riesgos y evitar procedimientos que prometan resultados inmediatos o extraordinarios. La salud no debería depender de modas ni de recomendaciones virales.

Buscar sentirse mejor es legítimo y necesario. Pero el bienestar real no se construye a partir de atajos ni de promesas mágicas. Implica decisiones informadas, profesionales capacitados y un enfoque responsable del cuidado personal. En tiempos donde el wellness se vende como estilo de vida, quizá el acto más saludable sea aprender a cuestionar, investigar y elegir con criterio antes de poner el cuerpo —y la salud— en manos equivocadas.

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Opinión

El despliegue en busca de credibilidad

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En Tamaulipas, la seguridad se anuncia puede anunciar de mil maneras, pero, siempre, invariablemente esta a prueba.

El arranque del operativo de Semana Santa 2026, encabezado por el gobernador Américo Villarreal Anaya, llega en un momento en el que la confianza pública no admite simulaciones. El mensaje oficial es claro: hay coordinación, hay fuerza operativa y hay condiciones para recibir turismo.

Los números respaldan esa narrativa. Más de dos mil elementos de la Guardia Estatal, despliegue carretero, vigilancia aérea, presencia de la Secretaría de Marina, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional. A eso se suman los cuerpos de auxilio, el sistema de salud y la operación turística con cobertura en miles de kilómetros.

El Estado, en apariencia, está en todas partes.
Pero en Tamaulipas, la presencia no siempre ha significado control.

El gobierno estatal ha insistido en que las playas se encuentran en condiciones óptimas, minimizando la presencia de hidrocarburos en el litoral. El dato no es menor. En plena temporada alta, cualquier señal de contaminación compromete no sólo la afluencia turística, sino la credibilidad institucional.

Y ahí es donde la narrativa oficial enfrenta su mayor desafío: sostenerse frente a la realidad.
Porque la seguridad no se mide en conferencias ni en cifras acumuladas. Se mide en la experiencia concreta del ciudadano: en la carretera sin sobresaltos, en la playa sin riesgos, en la capacidad de respuesta cuando algo falla.
El despliegue anunciado es, sin duda, uno de los más amplios de los últimos años. Pero también es, inevitablemente, una apuesta política. Si funciona, fortalecerá la percepción de gobernabilidad. Si falla, confirmará lo que muchos aún sospechan: que en Tamaulipas la estrategia sigue siendo reactiva, no estructural.
Hoy, el gobierno juega a ganar confianza. Y la confianza —esa sí— no se decreta.
Se construye o se pierde.

En la intimidad… Hay una forma de autoritarismo que se manifiesta con el simple hecho de cerrar una ventanilla.

En México, el derecho de petición está secuestrado. Aunque lo ampara la ley. El artículo 8 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos obliga a toda autoridad a recibir y responder cualquier solicitud por escrito. No es opcional. No es negociable, pero…

Sin embargo, en oficinas públicas de todos los niveles de gobierno, ese derecho se ha convertido en un trámite condicionado. El ciudadano llega con un documento y se encuentra con un filtro ilegal: funcionarios que revisan, cuestionan y, si el contenido incomoda, simplemente niegan la recepción.

Así opera la discrecionalidad.
Se argumentan errores de forma inexistentes. Se exigen requisitos que la ley no contempla. Se condiciona el acceso a derechos fundamentales bajo criterios administrativos inventados.
No es ignorancia. Es control.
Porque impedir que un documento sea recibido es impedir que exista. Y lo que no existe en el sistema, no obliga, no incomoda, no genera consecuencias.

Ese es el verdadero fondo del problema.
Cuando una autoridad decide qué peticiones acepta y cuáles bloquea, deja de ser un ente público y se convierte en un filtro político. Y cuando eso ocurre de manera sistemática, lo que está en juego no es un trámite, es el Estado de derecho.

davidcastellanost@hotmail.com
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